..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.146, Viernes, 20 de octubre del 2006

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“Los filósofos van y vienen: los bibliotecarios quedan”
ENTREVISTA A ELIADES ACOSTA MATOS
Por Rosa C. Báez

Eliades: En este mes de octubre en que alcanza la Biblioteca Nacional José Martí (BNJM) su 105 aniversario, se cumplen ya 9 años de su gestión como Director de la misma y quisiéramos que le narrara a nuestros lectores algunos datos alrededor de este hecho:

1. ¿En qué tarea se desempeñaba antes de convertirse en nuestro director? ¿Qué sintió cuando conoció la propuesta de ocupar este cargo?

Bueno, en aquel momento, -te estoy hablando de 1997- yo era el Presidente del Ateneo Antonio Bravo Correoso, una institución cultural no gubernamental creada gracias a la aspiración de rescatar este tipo de Instituciones, -ésta fue una idea del Dr. Armando Hart- que tuvieron su época de esplendor en las décadas del 40 y el 50 del pasado siglo. Hart solicitó mi liberación como Director de Cultura de Santiago de Cuba para que me incorporara a esta tarea, dada la importancia estratégica y el alcance nacional que tendría. Puse todo me empeño en ello, en medio del período especial, e incluso un año de mi vida dediqué a la restauración de la ruinosa casa natal de Bravo Correoso, donde radicaría el Ateneo. Logramos una Institución cultural muy completa, muy prestigiosa, que llegó a tener en aquellos momentos a tener alrededor de 300 miembros entre los intelectuales, artistas, promotores culturales, más importantes de la ciudad; esto sin contar los servicios que daba al público general, con una intención de rescatar las raíces, la memoria, el pensamiento cubano más autóctono, más cercano a nuestro devenir nacional. Allí trabajaba, repito, cuando recibí la visita de Armando Méndez Vila, Viceministro de Cultura ya fallecido, y me trasmitió una propuesta de nuestro Ministro Abel Prieto para que asumiera la dirección de la Biblioteca Nacional.

Me preguntas que sentí… Frío. No pudiera decir que fue miedo pero si algo así como un frío, no sé… Acababa de culminar prácticamente la tarea bastante… titánica, digamos, de rescatar un inmueble en ruinas y convertirlo en un centro cultural floreciente, me enfrentaba a la posibilidad de alejarme de los sitios que conocía, de parte de mi familia, de arriesgar –en una empresa casi desconocida para mí- el prestigio profesional que comenzaba a alcanzar… Le pedí una semana para pensarlo, porque conocía algo de los problemas que atravesaba la BNJM a través de amigos de la Capital que nos visitaban: debía consultar con mi familia que también debía someterse al cambio… pero, pensé en mis impetuosos 37 años, después de lo que acabo de vivir, en pleno período especial, ¡¡no le tengo miedo a nada!!

Le pedí una semana para pensarlo y si hubiera sabido todos los problemas que me esperaban, le hubiera pedido un mes… pero creo que mi respuesta hubiera sido la misma. Creo que fue una decisión osada en su momento, pero de la cual no me arrepiento. Por eso al cabo de 9 años, sigo aquí.

2. ¿Qué significaban las bibliotecas para Eliades Acosta, antes de su llegada a la BNJM?

Mucho y poco. La “Elvira Cape”, en primer lugar. Cuando me acerqué a ella fue un deslumbramiento: un lugar lleno de libros, lleno de luz en aquella primera planta rodeada de ventanales, ¡¡permitiéndome llevar a casa hasta 3 libros!! Eso fue para mi un hallazgo; recuerdo que llegué hasta a sacar un libro y devolverlo, después de leído y releído, de un golpe, en el mismo día! Eso para mi fue un hallazgo tremendo.
¿De qué edad hablamos?

¿De qué edad hablamos?

De 6, 7 años. Allí, en la Elvira Cape, me recibió una excelente bibliotecaria ya fallecida llamada Guarina: una mujer muy culta, muy paciente, con mucho amor por los niños y me recomendaba libros, me decía: “mira, mira éste, o en aquel montoncito seguro encuentras algo que te guste” Fue un lugar donde, verdaderamente, descubrí los autores… Y descubrí también un “muñequito” francés, Tintín, del cual me hice un verdadero fanático: Las Joyas de la Castafiori, Tintín en la luna… Siempre que llegaba un nuevo número de la serie, Guarina me avisaba, lo reservaba para mí, me distinguía de alguna forma entre los otros niños… tal vez, con visión bibliotecaria, no haya visto en mi al futuro Director de la Biblioteca Nacional, pero sí a un niño al que le interesaban los libros de verdad… Luego, me hizo conocer a Salgari, a Verne, a tantos y tantos autores, ganándome para siempre para el mundo de los libros.

Cuando empecé mis estudios secundarios, en los Camilitos, una de las primeras cosas que hice fue sacar el carnet de la Biblioteca. Y yo recuerdo que cuando a los 11 años fui con la escuela a la Zafra del ’70, en mi mochila iba “El Tábano”, de Ethel L. Voynich, que leía con una linterna bajo el mosquitero, mientras me duró la linterna y después buscando la luz de los “mechones”, esas lámparas de queroseno, hasta terminarlo. Y esa obra me impresionó mucho, nunca la olvidé. Uno queda marcado, ganado para ese mundo, sobre todo si esto ocurre en la infancia.

3. Nos complace mucho oírle decir, en diferentes foros, eventos o en conversaciones diarias la frase “nosotros los bibliotecarios”, que sabemos sincera: ¿Cómo ha llegado a arraigarse esta certidumbre, este sentimiento en Usted? ¿Por qué ha asumido ese sentido de pertenencia a nuestro gremio?

Por respeto. Yo creo que yo tenía una visión muy pobre de los bibliotecarios… Yo soy filósofo de profesión: es decir,- uno trabaja con abstracciones, con ideas elevadas, categorías complicadas, etc., y un gremio como el bibliotecario, que se encarga aparentemente, visto desde lejos, sólo de conservar libros, organizarlos, sacudirlos y prestarlos, para mi era, nada, como una clase subalterna dentro de la jerarquía elitista que me había construido y en la cual los filósofos estarían, de alguna manera, en la cúspide… ¡¡Error!! Todo eso se ha venido abajo: no hay cúspide, no hay filósofos… los filósofos van y vienen, los bibliotecarios se quedan; estamos hablando de una profesión que uno aprende a respetar cuando convive con ella, y uno sabe que hay pocas profesiones que tengan el sentido de pertenencia , el amor, la nobleza y la entrega de los bibliotecarios.

Eso lo veo yo aquí en la Biblioteca todos los días, gente que lleva 40 años aquí, gente que lucha porque alguien ha maltratado un libro, porque alguien ha robado un libro, gente que se desvive por servir ala persona que viene necesitada de un conocimiento… y eso en el mundo en general se ha perdido mucho, la ética en las profesiones… por lo tanto, yo creo que es un honor para mí decir que soy bibliotecario, poderme presentar así en el mundo porque no he estudiado la profesión pero trato de no estorbar, de asesorarme, para que las cosas marchen lo mejor posible y que la Biblioteca Nacional y las Bibliotecas avancen en la medida de lo que se puede en las condiciones de Cuba.

4. ¿Qué piensa Eliades Acosta, como Director de la BNJM y como cubano de la respuesta que han dado los bibliotecarios cubanos, tanto del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas (SNBP) como en general de todos los Subsistemas de Información del país, al mito de las mal llamadas “Bibliotecas Independientes”

Ha sido una respuesta ejemplar, en primer lugar, porque ha pesar de que en Cuba hay más de 10 000 bibliotecarios de diferentes subsistemas, esta campaña, ni siquiera poniendo dinero sobre la mesa ha podido captar a ninguno de ellos. Han tenido que “fabricar”, han tenido que inventar “bibliotecarios”, entre comillas, porque no son bibliotecarios; han tenido que inventar caricaturas de bibliotecarios, y remedos de bibliotecarios.

En ese sentido, esa sería la primera gran respuesta. La segunda respuesta es que donde quiera que este tema lo hemos discutido con amplitud, ha habido una absoluta identificación de los bibliotecarios cubanos con las posiciones de la Revolución, que son las de promover la lectura, todas las lecturas, lo mejor de la Literatura cubana y universal sin ningún tipo de persecución ni restricción por las preferencias de las personas; a fin de cuentas, nuestra misión es incentivar el afán de conocimiento y de lectura, de saber en la población, y brindar acceso a esa información. Por lo tanto, las leyendas negras que circulan sobre nosotros censurando, persiguiendo, es todo un absurdo, del cual además nos reímos a mandíbula batiente, porque estamos ante una cosa que es espantosamente ridícula, para el que conozca al bibliotecario cubano y el que conozca a Cuba en general.

De todas formas, la posición nuestra, a la vez, es de defensa de la Soberanía nacional, de defensa de la cultura nacional, de defensa de la Revolución. En eso no hay ambigüedades. Y creo que ambas posiciones son absolutamente compatibles.

5. Sin querer establecer ningún tipo de comparación, ¿cómo valora Usted el desarrollo de nuestra Institución y del SNBP durante estos últimos 9 años?

Yo creo que no me toca a mi pronunciarme sobre eso, sobre mi persona ni sobre mi etapa ni sobre el trabajo que hemos hecho… le toca al público y le toca a los bibliotecarios; lo que sí te puedo decir es que han sido años muy intensos, de mucho trabajo, y de un sacrificio grande, porque hemos tenido que trabajar en condiciones difíciles y bajo presión, por que la BN, a diferencia de otros Centros del mundo, no se ha cerrado para reorganizarse; aquí ha habido que hacer todo eso sobre la marcha, sin dejar de darle servicios al público, a veces fallando la electricidad, que es lo elemental; a veces fallando los montacargas que trasladan los libros; a veces no habiendo agua en la Institución… estamos hablando de cosas elementales, ya no de computadoras, ni de softwares, ni de Internet. Y yo creo que se ha venido ganado en agilidad en el servicio, en nuevos servicios, en profesionalidad, porque también el país va avanzando, el país ya no es el mismo de diez años atrás, aunque todavía falte mucho por hacer. Por lo tanto, creo que han sido años muy intensos y que ojalá todos los recuerden, los que hemos trabajado juntos con el mismo amor con que yo los he recordado y los voy a recordar en el futuro.

Agradecemos estos minutos robados a su bien cargada agenda y lo felicitamos –¡¡más bien nos felicitamos!!- por este aniversario de su llegada a la BNJM.




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