..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.146, Viernes, 20 de octubre del 2006

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Una lección de Socialismo y Humanismo
Por Nirma Acosta y R.A. Hernández

La segunda edición de Cien horas con Fidel, del escritor y periodista francés Ignacio Ramonet, fue presentado este sábado en la Plaza de Armas de la capital cubana, con la asistencia de miles de lectores ávidos por el encuentro con este volumen que surge a partir de las conversaciones sostenidas durante los años 2003 y 2005 entre el Comandante en Jefe Fidel Castro y el director de Le Monde Diplomatique.

En el lanzamiento, calificado de “excepcional” por el intelectual francés, se encontraban presentes el destacado intelectual cubano Alfredo Guevara, Iroel Sánchez, Presidente del Instituto Cubano del Libro, así como escritores, cineastas, teatristas, investigadores y artistas de la plástica.

Los cerca de cinco mil ejemplares presentados se agotaron totalmente. Cientos de libros fueron autografiados además por el autor y hasta pasadas las ocho de la noche permanecía aún una larga fila de personas en la Plaza.

Ignacio Ramonet afirmó que “Fidel es el principal revolucionario de los últimos sesenta años y es el latinoamericano más universal desde Simón Bolívar”, en un ameno intercambio que se desarrolló en el corazón del Centro Histórico de La Habana Vieja. Definió claramente que "esta segunda edición no constituye una visión censurada de la primera impresión del libro, sino todo lo contrario, fue enriquecida por el mandatario cubano con gran sentimiento de responsabilidad profesional y por respeto a los lectores. Se multiplicaron las precisiones en lo referente a lugares, fechas, acontecimientos, detalles y Fidel logró una versión mucho más precisa históricamente. Hizo nuevas adiciones, como la hermosa página sobre su madre —nunca antes publicada—, y la inclusión de importantes documentos políticos que ven la luz por primera vez".

Por ejemplo, la correspondencia enviada al presidente de Iraq, Saddam Hussein, a raíz de la invasión a Kuwait, y en las que incluyó consejos para evitar la destrucción de la nación iraquí —lo que posteriormente sucedió—, demostrando así su capacidad de previsión y análisis sobre sucesos ocurridos muy lejos de las fronteras cubanas.

Otros documentos trascendentes son las misivas cruzadas con Nikita Jruschov con motivo de la Crisis de Octubre, en 1962, que culminó con la decisión unilateral de la entonces Unión Soviética de retirar de suelo cubano los misiles colocados a petición de ese gobierno.

"Resulta extraordinario —añade Ramonet—, que Fidel haya realizado estas revisiones en circunstancias realmente excepcionales de tiempo —solo cinco meses—, y en medio de obligaciones y compromisos de trabajo sin abandonar jamás sus responsabilidades, consagrándole infinidad de horas a la relectura del texto para lograr, en esta ocasión, el verdadero libro que se propusieron en un comienzo, un libro sobre el presente pero que da indicaciones muy importantes hacia el futuro, un libro que constituye una lección de humanidad".

"Aparece en estas páginas, una persona intelectualmente honesta, indiscutiblemente impresionante en materia de rigor ético, en la permanencia de la fidelidad a los mejores valores humanos, con sentimientos de justicia y respeto y una visión fijada hacia un mundo mejor. En Fidel se refleja como nadie, la articulación entre Socialismo y Humanismo", puntualizó.

Por su parte, el ministro de Cultura, Abel Prieto, reveló que en un recorrido por el país que suma ya más de “36 horas con Ramonet”, a propósito de las presentaciones del libro, pudo palpar junto al periodista francés la materialización de los programas sociales que utilizan la educación y la cultura como un instrumento de emancipación; la gran cantidad de dirigentes jóvenes, de alto nivel educacional, que responden con su capacidad y entrega a muchas de las preguntas formuladas por Ramonet en este libro. Aseguró la trascendencia y repercusión de este texto imprescindible para conocer más sobre el hombre, el revolucionario que es Fidel, y "para acabar con la idea de mucha gente en el mundo que sigue pensando en una Cuba detenida en los años sesenta".

Este es un libro de los porques de la Revolución, son las respuestas del hombre que nos ha guiado y llevado adelante. Las reflexiones de Fidel no responden solo a las interrogantes de los amigos de Cuba, son también las respuestas para quienes durante años han esgrimido todo tipo de acusaciones contra nuestro país.

Pedro Alvarez Tabío, editor del libro, señaló que Fidel es el protagonista principal de esta segunda versión pues "con el enriquecimiento del texto, lo convirtió en una herramienta imprescindible, en un arma de combate más poderosa, para cubanos y amigos de Cuba en el mundo". Informó además que, gracias a un intenso esfuerzo, esta segunda edición de Cien horas con Fidel tendrá una tirada record para satisfacer la demanda cada vas más creciente.

Al final de la disertación numerosos asistentes hicieron preguntas a Ramonet y expresaron su agradecimiento por la nueva edición de este libro que resulta una lección, sin duda, del ideario estético y humano que ha construido Fidel y la Revolución; la solidaridad, el internacionalismo, la sencillez y la transparencia del proceso que lleva adelante nuestro país, no solo con pasión, sino con argumentos, con profundidad acendrada.

A una interrogante de la revista de Cultura Cubana La Jiribilla sobre las revoluciones personales de Ramonet como periodista e intelectual luego de Cien horas con Fidel, respondió: “Jorge Luis Borges decía —recordando la frase de un filósofo griego— ‘una persona nunca se baña dos veces en el mismo río porque cuando se baña por segunda vez el agua ya no es la misma y la persona ya no es la misma’, entonces evidentemente, al cabo de tres años de haber realizado estas entrevistas, probablemente ya no soy el mismo tampoco. Porque esta larga conversación, esta larga elaboración y organización que ha demandado el libro, esta aproximación reflexiva de un análisis político tan particular sobre tantos momentos históricos, indiscutiblemente han tenido una influencia importante. No puedo decir que sea un ‘nuevo’ Ramonet porque ya tengo un hábito muy antiguo de leer muy seriamente la producción intelectual de Fidel, sus discursos, sus textos, desde hace 40 años, pero indiscutiblemente este libro tiene una importancia considerable en mi propia reflexión intelectual”.

http://www.lajiribilla.cu/2006/n283_10/283_19.html

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CAPÍTULO XXIV DE CIEN HORAS CON FIDEL
Las claves de las batallas por venir

Por Orlando Oramas León • Granma


Nuevos aires soplan en América Latina. La frase, del Comandante en Jefe, está contenida en el capítulo XXIV del libro Cien horas con Fidel, en su segunda edición revisada y enriquecida, que comenzó a circular en formato de tabloide en todo el país.

Y no es casual que la difusión de tamaña obra se inicie, de forma masiva, con el referido capítulo. América Latina es nuestro entorno geográfico, cultural y político, pero resulta sobre todo el área planetaria que puede estar marcando soluciones a grandes crisis globales, precisamente allí donde peor se distribuye la riqueza.

Baste pasar la vista a algunos de los temas enunciados en ese acápite: Hugo Chávez, el golpe de Estado en Venezuela, las luchas indígenas, Evo Morales, el subcomandante Marcos, Kirchner, Lula, la deuda externa, el enfrentamiento al neoliberalismo, la integración, Torrijos, Caamaño; acontecimientos, personajes que denotan y son protagonistas o cuya impronta pervive en estos nuevos tiempos.

Se trata de un encuentro con la historia, desde la historia misma, de la sabiduría, experiencia, incluso la intuición de quien conoce las potencialidades de los pueblos, del hombre, y anticipa el ataque y las mañas del enemigo.

Ahí está Chávez, "...nos visitó en 1994, nueve meses después de salir de prisión y cuatro años antes de su primera elección como Presidente."

Y líneas más adelante el testimonio vivo de aquellas trágicas horas del golpe de la contrarrevolución y la mano sucia y larga del gobierno de Estados Unidos contra Venezuela.

Recuerdo como hoy aquellos días de abril del 2002, las primeras noticias que hablaban del apresamiento de Chávez y mentían sobre su dimisión, luego los primeros atisbos de que la marea popular venía en camino desde los cerros de Caracas, la represión de la Policía Metropolitana para cortarle el paso... la incertidumbre, la esperanza. En la redacción de Granma, frente a la computadora, intentando descifrar entre líneas aquellas noticias y preguntándonos cómo estará Chávez, cómo estará Fidel.

Mucho se supo después, pero cuando Ramonet pregunta sobre aquellos acontecimientos el lector no podrá desprenderse del testimonio que sigue, para comprobar que la historia pudo ser otra, incluso teñida de sangre. "Nosotros en ese instante solo podíamos actuar usando los recursos de la diplomacia", explica el Comandante con la modestia innata y la percepción entonces de que habría que preservar la vida del mandatario bolivariano, seguro de que "en muy poco tiempo, estaría de regreso en hombros del pueblo y de las tropas".

"Yo me había convertido en una especie de reportero de prensa que recibía y transmitía noticias y mensajes públicos...Era testigo del formidable contragolpe del pueblo y las Fuerzas Armadas Bolivarianas de Venezuela", afirma.

Experiencia, lealtad, un celular y una grabadora, fueron los principales recursos, sobre todo a la hora de revertir la ofensiva mediática enemiga y denunciar que Chávez era un presidente prisionero, cuya vida estaba en peligro.

Resultó una victoria cuya trascendencia rebasó las fronteras de Venezuela y del propio continente. La trinchera de ideas volvía a valer más que la de piedras. La verdad, asistida con pocos recursos salvo su propia condición, derrotaba a la mentira sustentada en el monopolio al servicio de la barbarie fascista. Esas páginas de Cien horas con Fidel resultan testimonio de ello.

Antes y después, en el decursar del capítulo, se abordan otros asuntos de gran actualidad. Bolivia, "encarna la confirmación de la quiebra del sistema político aplicado tradicionalmente en la región, y la determinación de las grandes masas de conquistar la verdadera independencia".

Evo, "se proyecta hacia el futuro como una esperanza para la mayoría de su pueblo", consigna el entrevistado.

La deuda externa latinoamericana, "nadie la puede pagar, y eso hace imposible toda política seria de desarrollo", apunta sobre otro tema de plena vigencia.

Y al final una pregunta incisiva del entrevistador ¿Terminó la era de las revoluciones y de la lucha armada en el continente?

Y en esa y otras respuestas, la crónica de nuestras luchas, pero más que ello, las claves de nuestro pasado y presente, y la justeza de las batallas por venir.

http://www.lajiribilla.cu/2006/n284_10/284_20.html

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Intervención de Alfredo Guevara en la presentación de la segunda edición de "Cien horas con Fidel"

Yo ansiaba desde hace mucho tiempo, y sentía, que le faltaba a Fidel un texto como el que tenemos ahora en las manos, y que le faltaba a Fidel porque —y me expongo a decir algo que no sé si diré con exactitud—… porque ni Fidel ni nadie es eterno, y porque nuestra Revolución, que es la Revolución más cercana a nosotros, pero que es parte de una Revolución de una dimensión mucho mayor, dimensión que tiene porque es, en nuestra época, revolución en la mente de la gente, revolución en el saber, revolución en el conocimiento, revolución en el dominio / no dominio del mundo, revolución en la conciencia de si somos y seremos o si no seremos, etcétera, etcétera; y las revoluciones y los procesos históricos —y el nuestro no escapa de esto que pienso— son de un carácter tan laberíntico, tan complejo, tan sujeto a incidencias de diversidad casi infinita, que dejar para el futuro, es decir, para las nuevas generaciones, oscuridad en algunas zonas de nuestra historia y de nuestras acciones, no era justo. Y me preguntaba ¿por qué?, por qué no llegábamos al punto de reformularnos el conjunto de esas acciones para un período que ya no era tan corto pero tampoco era tan largo, pero yo creo que las cosas han llegado cuando tenían que llegar; y que no era bueno, no hubiera sido bueno que cuando más fuertemente sentí —hablo de mi persona, pero creo que reflejo el sentimiento que tuvieron mucha gente de mi edad en el momento de la desaparición del falso campo socialista, y por lo tanto el derrumbe de un marco de posibilidades para nuestra propia revolución, aunque aquello fuera falso— que era necesario replantearnos todo, porque si el socialismo era aquello, el socialismo no valía la pena y, por lo tanto, si el socialismo valía la pena en nuestro país, si valía la pena en nuestra dirección que fue capaz de reformular una estrategia para las supervivencia y para seguir avanzando, y para seguir defendiendo las ideas que habían inspirado nuestras vidas, yo sentía que era necesario reformularlo y creo que toda mi generación y las generaciones que nos seguían sentían esa necesidad. De ahí tanto pesimismo que invadió como una marea el mundo entero, y yo diré que a nosotros también aun cuando hayamos salido airosos de la peor prueba.

Pero tal vez replantearse —replantearse no es renegar, replantearse es revisar todas las ideas y ver qué es lo válido, por qué han pasado las cosas que han pasado, por qué el socialismo llegó al nivel de deformación, por qué llegó al nivel de debilitamiento que le hizo desmoronarse, etcétera, etcétera. Ese análisis que ha faltado acaso necesitaba primero que Fidel acabara de comprender que tenía que hacer su propia autobiografía, su propia memoria, y en el espíritu en que se ha estado remarcando, que él mismo lo ha ido declarando, de la verdad, la verdad, la verdad. La verdad con análisis, porque la verdad sin análisis a veces no es la verdad. Y pienso que hemos tenido la suerte, que no es solo suerte. Yo me acuerdo que cuando éramos muy jóvenes, un día Fidel me argumentaba una serie de cosas en privado y usó la palabra intuición, de buenas a primeras se detuvo, y dijo: cuidado, no me entiendas mal, intuición en mí es el acumulado de toda la experiencia reelaborada etcétera, etcétera, y entonces se produce como intuición.

Yo creo que era necesario este libro —que comenzó como comenzó, que ha llegado a donde ha llegado, y que yo creo que va a llegar mucho más lejos—, porque tal vez lo más maravilloso que ha pasado es que Fidel comprendió releyendo y releyendo el libro que algo como el libro, o más que el libro, era necesario, porque no somos eternos; y que su mensaje tenía que quedar estructurado y elaborado del modo más coherente posible, y es posible en él; y por eso, pienso, y tal vez dudaba si iba a ser capaz de decirlo como quisiera, ahora sí es posible la refundación del socialismo con la autenticidad del socialismo. De lo contrario, el socialismo no vale la pena. Él ha abierto ya la compuerta a partir de la sistematización de la experiencia que en el libro aparece, de saltar a esa etapa porque sin ese mensaje su obra no estará conclusa.

En las primeras páginas del libro, versión última, leo algunas cosas que a pesar de estar unido a Fidel desde los 19 años, no tenia muy claras, y era…, las conocía, pero no las tenía muy claras, sistematizadas recién de otro modo, y es cuánto sufrimiento, cuántas experiencias, cuántos dolores, cuántos desgarramientos estaban ya en su vida, aquel día de septiembre de nuestros 19 años en que ingresamos en la Universidad y tuve el privilegio de conocerle. Entonces tuve una opinión, que creo que fue lúcida, y que afortunadamente trasmití —aquí cerca tengo a alguien de los que me escuchó decir aquello—. Dije: ha entrado en la Universidad un joven que es un volcán…, y dije otra partida de cosas que no es del caso repetir…, que va a ser José Martí o Dios nos coja confesados. Fue José Martí. No lo comprendí al minuto, y no voy a hacer anécdotas ahora del proceso de observación y el intento de captación que tontamente hacía porque al final fui captado. Pero ahora, leyendo esas páginas, me doy cuenta que me escapó una experiencia, me escapó una observación, por qué aquel joven era tan serio, por qué aquel volcán también daba un golpe de tomarlo todo demasiado en serio. En alguna ocasión contando aquellos días, semanas, meses, primeros años de nuestras vidas en la Universidad, jugué un poco —en un aniversario de la Universidad contaba yo aquellas cosas— de los aspectos un poquitos frívolos, juguetones, de nuestra vida juvenil, las muchachas, los lugares donde nos reuníamos, etcétera, etcétera…, pero transitaba en aquel personaje tomar todo en serio, demasiado en serio, demasiado… dándole demasiada trascendencia a las cosas. El arco de la vida nos ha puesto entre los 19 y los 80, y yo creo que aquel muchacho, porque era un muchacho, éramos unos muchachos, que todo lo tomaba en serio, ha tomado en serio de verdad la vida, y cuando la vida se toma en serio de verdad es cuando uno es de verdad un ser humano. Y esa calidad de ser humano es, aunque parezca un salto conceptual, ser un revolucionario. A Fidel le falta cumplir un deber con todos nosotros y con las futuras generaciones, y es dejar claro que el socialismo es socialismo de veras y no caricatura del socialismo.

(Intervención de Alfredo Guevara en la presentación de la segunda edición, revisada y enriquecida con nuevos datos de Cien horas con Fidel. Conversaciones con Ignacio Ramonet, Palacio de las Convenciones, La Habana, 4 de octubre, 2006)

 




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