..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.147, Viernes, 27 de octubre del 2006

 

Librerías vacías
Por César Hildebrandt

Como un desesperado grito de alerta nos llega este artículo. ¡Cuán diferente para nosotros el panorama!! Cuando leemos y pensamos en nuestras Ferias del Libro, [en la foto] en las librerías repletas, incluso ahora que los libros han subido un poco de precio para aquéllos a los que estábamos acostumbrados, no cambia la afluencia de público a las mismas…; cuando vemos los resultados de nuestro Programa Nacional por la Lectura, los Concursos Leer a Martí y nos llegan textos como estos, pensamos ¿cómo pueden acusar a Cuba??

La lectura está desacreditada. Las librerías son antros donde se pasean unos tipos raros que ojean lo que no compran, que hojean lo que sólo pueden mirar, que sueñan con atracos libreros que jamás se atreverán a realizar.

Para alguien como el que escribe estas líneas no hay nada más desolador que una librería deshabitada. Cuando entro a una librería y veo más empleados que lectores, más estantes que clientes, imagino de inmediato que esos cientos de libros rehusados son parte de una misma pesadilla: la de los periodistas que preguntan imbecilidades por la mañana y por la noche, la de los congresistas que masacran la sintaxis, la de los miles de cretinos que dicen "aperturar", la de los universitarios que dicen "haiga", la de los alumnos de secundaria tarados por el desuso cerebral, la de los catedráticos que escriben con zeta lo que debería ser con ese: la pesadilla, en fin, de un mundo en el que el internet es un pretexto para no leer, la cultura es esa cosa arrimada que ya no sirve y el amor por la ordinariez es un tsunami de alcance universal.

La galaxia de Gutenberg ha estallado en mil pedazos. Y no es que esa colosal explosión haya producido un big bang regenerativo. Es que el humanismo, tal como lo hemos conocido, se está muriendo.

Nos paseamos por esa agonía como si no pasara nada. Pero hay cada vez más señas. Basta comparar, por ejemplo, la naturaleza de los premios Nobel entregados en estos últimos tiempos a las distintas ramas de la ciencia –incluida la dudosa ciencia de la economía– con los mundos que nos ayudaron a descubrir, en el primer tercio del siglo XX, Planck, Einstein, Heisenberg o Keynes, para concluir que en estos años recientes la Academia Sueca ha debido levantar pedestales urgentes para premiar hazañas infladas del pensamiento light, hazañas académicas que, por especializadas, pragmáticas y reduccionistas, poco hacen para la construcción de una conciencia universal sobre el ser humano y el drama en que parece empantanado.

Se trata, en fin, de premios dados por mandato del calendario de la fundación Nobel y no, por lo general, por merecimientos intrínsecos de las tesis presentadas, muchísimas de las cuales están dirigidas a ser consumidas por el mercado intelectual de la prospección económica o por el más voraz de las novedades tecnológicas.

Cuarenta años atrás, la literatura latinoamericana –cito otro ejemplo– era un prado fértil que produjo el prodigio del boom. ¿Serán sucesores de Cortázar, García Márquez o Vargas Llosa estos inventos de Alfaguara, estos reclutas de Norma, estas nimiedades de entrecasa que Peisa suele restregarnos?

¿Serán sucesores de Lezama Lima o Arguedas los premios sudamericanos de Planeta de la última década? ¿Cuándo se jodió Zavalita? ¿Se jodió cuando la literatura latinoamericana, con las excepciones que todos más o menos intuimos, se aplicó al mercado de la lectura en subway y subió el puntaje de la tipografía al mismo tiempo que bajaba al subsuelo segundo –piso de las decoraciones, pase usted– sus horizontes y sus exigencias para con el lector?

¿En qué momento perdió la literatura latinoamericana la desazón que todo lo crea? ¿En qué momento contrajo esa sonrisa salivosa de idiota que no quiere herir el sistema? ¿Y en qué momento Oviedo –para hablar del Perú–, el acre y el exacto Oviedo, fue reemplazado por los críticos pagados de sí mismos que hoy alaban casi todo porque ellos escriben igual de mal y son igual de insignificantes?

La derrota del humanismo viste un disfraz indulgente y trata de llamarse cultura de masas. No existe la cultura de masas. La cultura de masas es la televisión, que crea criminales en potencia; los deportes multimillonarios, que lobotomizan con láser y de modo incruento; y la religión, que riega siempre la misma enredadera: la del terror a la libertad, ave María.

Está naciendo un mundo nuevo que vocifera como en un coliseo donde Madonna se tocara el pubis. Bush se pasea por el mundo travestido de negra sumisa (Rice), como antes lo hizo de negro anuente (Powell).

La galaxia de Gutenberg revienta en un billón de trocitos gaseosos. Las librerías se vacían. Pasan los días como eslabones de la misma cadena. Deberíamos gritar en las calles para deponer este silencio que pretende desarmarnos.




© Biblioteca Nacional "José Martí" Ave. Independencia y 20 de Mayo. Plaza de la Revolución.
Apartado Postal 6881. La Habana. Cuba. Teléfonos: (537) 555442 - 49 / Fax: 8812463 / 335938