..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.147, Viernes, 27 de octubre del 2006

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Entregan medalla Haydeé Santamaría a personalidades cubanas

(AIN) La medalla Haydeé Santamaría fue otorgada el Día de la Cultura Nacional, a Armando Hart, Eusebio Leal, Harold Gramatge, Alfredo Guevara, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, durante una ceremonia en la Casa de las Américas.

El alto reconocimiento les fue entregado por los miembros del Buró Político del Partido Comunista de Cuba, Esteban Lazo, Ricardo Alarcón y Abel Prieto, y por el poeta Roberto Fernández Retamar, presidente de la Casa de las Américas.

Fernández Retamar destacó que esta medalla fue instituida por el Consejo de Estado de la República de Cuba en el aniversario 30 de la institución cultural, para distinguir a intelectuales y artistas de Nuestra América, destacados por promover los mejores valores humanos.

Precisó que anteriormente el único cubano que la había recibido fue el pintor Mariano Rodríguez, quien presidió la Casa, después del deceso de su fundadora Haydeé Santamaría Cuadrado, Heroína del Moncada.

Agregó que esta es la primera vez que se entrega a un grupo de creadores cubanos, quienes han tenido una estrecha vinculación con la Casa de las Américas y realizado grandes aportes a la cultura integral de la nación.

En hombre de los homenajeados, el cantautor Silvio Rodríguez expresó que llevar a Haydeé sobre el pecho es una invitación a ser honestos y cabalmente humanos.

Palabras de agradecimiento de Silvio Rodríguez

Hermanas y hermanos queridos:

Llevar a Yeyé sobre el pecho es una invitación a ser honestos, a ser humanos cabalmente y acaso disparar verdades a la redonda, como el Che la quiso a ella y se lo dijo.

En los fueros de cada uno de nosotros, llevar a Yeyé sobre el pecho tiene un extra o varios, que cada cual sabrá. En el mío consiste en hundir más, si cabe, aquella única dedicatoria que me hizo en vida:

‘Silvio, compréndeme y quiéreme’.

Para los que invariablemente la quisimos, causa regocijo que exista una distinción con el nombre de Haydée Santamaría Cuadrado, aún cuando pensemos que la gloria de Haydée trasciende las medallas.

Su nombre dignifica al país que tanto amó, si la honra se trata de dimensión humana. Abel, Haydée, Aida, Aldo y Adita. Estirpe acaso trágica por avatares de la suerte, mujeres y hombres de un patriotismo y una fidelidad ejemplares. Y si resulta insólito ver a Hyadée convertida en este tipo de símbolo, es por su personalidad sencilla, a veces incluso juguetona. Ahora mismo me parece que está aquí, a mi lado, diciéndome: no te lo creas Silvio, no me cristalices, yo no soy algo inmóvil, yo sigo siendo un alma creadora. Y pienso entonces que Haydée, nuestra Yeyé, sin dudas no es un símbolo inerte, como tampoco lo sería, para quines le conocieron, el activo párroco Félix Varela, o aquel ardoroso joven universitario, llamado Julio Antonio Mella.

Llevar a Yeyé en el pecho me conduce a Rubén, por aquello de que ‘el Gran Culpable se alberga tras la sabia protección de la frente’. Y es que la dimensión de Haydée se nutre de muchos manantiales. Junto a la Heroína del Moncada reluce su contribución a la unidad latinoamericana, con la gran obra de su vida, que es esta Casa de las Américas.

Cada vez que un cubano cante a Violeta Parra, ahí estará Haydée -y también siempre que un artista no sea estigmatizado por criterios mediocres-. Quizá algún día la Argentina inaugure la medalla Francisco Urondo. Puede que en El Salvador llegue a existir la distinción Roque Dalton, no sólo para los mejores poetas de su tierra sino también para sus mejores hijos. En toda esa y en mucha otra justicia por venir, estará Haydée Santamaría Cuadrado. Todo ese y mucho otro bien que podríamos enumerar, representa esta medalla que, por cierto, no entiendo cómo Roberto Fernández Retamar no lleva entre los primeros.

Llevar a Yeyé sobre el pecho, estoy seguro, va más allá de lo imaginado por cualquiera y mucho más allá de lo que yo creo merecer. Lo acepto respetuoso de algunas costumbres, pero la verdad es que prefiero seguirla llevando un poco más adentro, vigilante de las miserias que puedan acecharme -propias o ajenas-, para seguir atendiendo sus regaños maternos y sus alertas amorosas.

No importa si discutimos. Con un ser semejante, lo mismo da quien tenga la razón. Dice Alfredo Guevara que le gustaría faltar alguna vez a la promesa que le hizo, para poder sentir como Yeyé le hala los dedos de los pies alguna madrugada y, aunque sea de esa forma, seguir conversando con ella.

Todos los que conocimos su honestidad quemante, su esencia piadosa y su pasión por la justicia estamos en las mismas. El vacío que nos dejó tiene una dimensión irremplazable. Por eso estamos todos contigo, Alfredo, esperando que la transparente hermandad de Yeyé se nos aparezca. Ojalá que sea pronto.

Muchas gracias.

http://www.ain.cubaweb.cu/2006/octubre/octubre20iggmedallacasa.htm




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