..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.147, Viernes, 27 de octubre del 2006

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Un nombre justo
Por Luis Pavón

El profesor Salvador Bueno no pudo tener un nombre más justo: Salvador de muchos escritores que siempre agradecerán sus oportunos y certeros señalamientos. Y Bueno con todos los que lo rodeaban en cada sitio frecuentado por él.

Un escritor deja como natural testimonio de su vida, una obra. Si, como en el caso de Salvador Bueno —cuya ausencia lamenta la literatura y todo el pueblo de Cuba desde el pasado lunes 23 de octubre– esta obra es especialmente valiosa y extensa, queda a las generaciones actuales y futuras un legado especialmente rico.

Salvador Bueno, quien había nacido el 18 de octubre de 1917 —cumplió hace unas semanas los 89 años de edad–, deja tras sí una intenso y continuado quehacer de historia y crítica de la literatura cubana y latinoamericana.

Fue, como pocos —el maestro José Antonio Portuondo y algunos otros más— acucioso anotador de cuanto de interés ha producido la literatura cubana y latinoamericana en el siglo XX y a lo largo de toda su historia.

Deja tras sí, junto a cada comentario, el criterio orientador que lleva, más allá de la obra de un autor, al centro mismo del arte, la sugerencia que nos descubre las dimensiones verdaderas de lo propio.

Además de una literatura nutrida, Salvador nos deja algo que los libros reflejan pero que solo la vida logró decir en su rica y múltiple expresión. Algo que en Salvador fue constante, punto cardinal de su ejecutoria y de su criterio: era una persona de inagotable bondad, de generoso carácter, de noble esencia.

Y ese perfil es difícil sostener cuando como él no se deja de ejercer la crítica a lo largo de las décadas en que desempeñó su oficio. En el libro o en la cátedra, en la conferencia o en el escrito periodístico, Salvador supo valorar con ecuanimidad, sopesar criterios, buscar en la selva de las palabras el hallazgo brillante o la rendija por donde entra la luz prometedora.

Así fue en su Cátedra de la Universidad de La Habana, en la de la Escuela de Bibliotecarios y en cuanto lugar ejerció su saber. Entre las múltiples tareas que desempeñara, fue Director de la Academia Cubana de la Lengua desde 1995; su gestión se destacó por dar nuevo aliento y crear nuevas iniciativas, según consignara en el periódico Granma Luis Suardíaz, en una institución que languidecía hasta entonces. Al otorgarse por vez primera, en el 2001, el Premio de Investigaciones Literarias, él fue la lógica selección. Tres años después se hizo merecidamente acreedor del Premio Nacional de Ciencias Sociales, ambos por la obra de toda su vida.

Le debemos indagaciones relevantes. Su estudio sobre "El negro en la literatura cubana y latinoamericana", constituye un ejemplo de síntesis expositiva tanto como de brillantez. Por primera vez aparecen ante nosotros, al mismo tiempo que detalles de nuestra "Cecilia Valdés" no siempre tenidos en cuenta, el mundo de los negros tal como vibra en la romántica "María" del colombiano Jorge Isaacs, invitándonos a una lectura novedosa del clásico de la novela latinoamericana. O su estudio de la poco conocida entre nosotros "Matalaché", del peruano López Aldujar, novela que el español Ramiro de Maetzu calificó de "horrenda" porque planteaba los amores de un esclavo negro y una mujer rica y blanca, tema que por cierto rozó a su manera "Sab", de nuestra Gertrudis Gómez de Avellaneda. Maetzu mostraba un racismo básico, que sin embargo Miguel de Unamuno rechazaba al punto de saludar con la conocida carta la poesía de Nicolás Guillén, como hizo el salmanquino.

Esta monografía, que se basa en su tesis de grado, es un breve y completo estudio sobre el tema que abarca desde la mexicana "Periquillo Sarmiento" hasta la novela antiesclavista cubana.

En pocas páginas, Bueno supo darnos todo un panorama de un tema siempre actual. Así lo hizo en sus estudios sobre Gabriel de la Concepción Valdés "Plácido", y desde sus primeros libros y mientras la salud le acompañó no dejó de investigar y dar fruto de sus estudios. Estimo especialmente sus análisis sobre la novela breve de Alejo Carpentier que son una valiosa introducción a la obra del gran novelista.

Entre sus últimas publicaciones recordamos sus trabajos sobre Carlos Manuel de Céspedes y Enrique José Varona, y el prólogo a la edición mexicana de "Antología de la poesía cósmica de Pita Rodríguez", publicado en México por el Frente de Afirmación Hispánica.

La última cátedra de Salvador fue el "Ágora", tertulia sabatina que fundaran el escultor José Delarra y el poeta Suardíaz y ha dirigido siempre la entusiasta mayor Xiomara Inenáraty, en la Casa Central de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Allí, un público heterogéneo, oía, entre las canciones de Mayito y las ocurrencias de otros, a Salvador, siempre justo, siempre magistral y siempre en consonancia con su público. Al maestro lo entendían y amaban todos, doctos y quienes recién se estrenaban en temas específicos de la cultura. A su lado, siempre Ada, su esposa.

Con Xiomara recuerdo cuando allí se celebraron los 80 de Salvador. Hubo canciones, palabras, homenajes.

La palma se la llevó, como era de esperarse, el Indio Naborí, quien le dijo estos versos, en presencia de la esposa, sus hijos Ada y Salvador y tantos amigos:

Salvador Bueno, profesor y hermano,
resumes en tu nombre y apellido
la esencia de su vida, el contenido
de lo divino en nexo con lo humano.
Desmiente tu esbeltez el color cano,
tu memoria feliz niega el olvido;
libro que de la mano te ha surgido
perpetúa la gloria de tu mano.
Ada y tus hijos te lloviznan flores
y los alumnos y los escritores
agradecen libros a tu inteligencia.
Así salvaste, capitán risueño,
el larguísimo mar de tu existencia
más vencedor, más salvador, más bueno.

Hoy, cuando no está, el sonetillo de Naborí, que el poeta llamó barroco, es un buen retrato del inolvidable profesor, siempre presente.

Fuente: EXCLUSIVO, 26/10/06

Tomado de http://www.cubahora.co.cu/index.php?tpl=principal/ver-noticias/
ver-not_ptda.tpl.html&newsid_obj_id=1015620

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Intelectual sin tacha: Sepultado ayer el erudito cubano Salvador Bueno
Por SONIA SÁNCHEZ

A los 89 años falleció en esta capital, Salvador Bueno, intelectual sin tacha, portador de una importante contribución a los estudios literarios de nuestro país.

"Este intento mío por apresar la policromía y el sabor de los costumbristas cubanos conlleva en sus propósitos una afirmación de cubanía, una acentuación de los valores esenciales de lo cubano. Tenemos, sí, nosotros los cubanos de hoy, que defender enérgicamente lo que constituye nuestra personalidad, hábitos, costumbres, idioma, existencia colectiva. Contra los empeños exóticos, desvirtuadores de nuestras cosas, contra las proyecciones banales que quitan al cubano su propio carácter ha sido escrito el presente trabajo (¼ )". Ese exacto concepto de fidelidad ya lo exponía en 1953 en su obra Policromía y sabor de costumbristas cubanos.

Nació en La Habana el 18 de agosto de 1917, de madre cubana y padre venezolano. A los 25 años, tras "devorar" innumerables libros nuevos o de uso, se graduó de Doctor en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana, esencial punto de partida para erigirse en profundo promotor de conocimientos: tenaz investigador especialmente de la creación ensayística del siglo XIX, la primera mitad del XX, la crítica literaria de ese período, la literatura costumbrista y la narrativa cubana en general.

Profesor de la Escuela de Artes y Letras de la Universidad de La Habana junto a otras instituciones, imprescindible asesor literario de la centenaria Biblioteca Nacional José Martí y renombrado periodista cultural con numerosas publicaciones en nuestro país y el exterior, tiene entre su patrimonio escrito varias ediciones de Historia de la Literatura cubana; Contorno del modernismo en Cuba (1950); Temas y personajes de la literatura cubana (1964); De Merlín a Carpentier, (1977); El negro en la novela hispanoamericana (1986); La obra literaria de Enrique José Varona (2001) y Carlos Manuel de Céspedes (2004).

La vida podría haberle otorgado quizás mucho más, pero no dejó de darle lo que por justicia le correspondió. Su alto nivel de erudición lo mantuvo desde 1995 hasta el 2004 como director de la Academia Cubana de la Lengua; sus méritos le concedieron la Medalla Alejo Carpentier, la Réplica del Machete del Generalísimo Máximo Gómez, la Cruz de la República de Hungría, la Orden Félix Elmuza, y los premios José Vasconcelos, Fernando Ortiz, el Nacional de Investigación Cultural y recientemente, en el 2005, el Nacional de Ciencias Sociales.

Salvador Bueno fue por muchos años colaborador del semanario Granma Internacional.

http://www.granma.cu/espanol/2006/octubre/mar24/bueno.html

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Sobre su vida y su obra.
Parte I

(…) Como el término creación no implica sólo a los géneros de ficción, Salvador Bueno ha sido un creador eficiente en su área de trabajo: el ensayo y la crítica literarios, que ha cultivado con profusión. Ha sido además un periodista cultural muy destacado, con numerosísimos artículos de reseñas, comentarios críticos y notas divulgativas publicados extensamente en revistas y periódicos cubanos, españoles, mexicanos, estadounidenses y de muchos otros países de Europa y América.

Pero sobre todo, Salvador Bueno se ha destacado como un investigador tenaz. Y sus esferas de investigaciones son bastante “personales”: aquellas en las que no se han inmiscuido mucho los críticos literarios cubanos, tales como el ensayismo del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX, la literatura costumbrista, la crítica literaria de ese mismo lapso y sobre todo la narrativa cubana, acerca de la cual ha aportado numerosas ideas para su mejor comprensión contextual.

La contribución del doctor Salvador Bueno a los estudios literarios cubanos es de peso. Su labor creativa no ha sido meramente ancilar, o sea, en función de otras obras y otros autores, como una suerte de parasitismo crítico; lejos de ello, sus aportes son raíces creativas, porque no se atuvieron al comentario de reseña, a la cualidad descriptiva o la simple presentación, sino que él puso en juego su sabiduría, sus bienes profesionales, que son los bienes de la cultura, y sobre todo su sensibilidad, con la carga subjetiva que ello entraña. Ha sabido elegir el campo de referencia, más apropiado a esa sensibilidad suya, y también hizo de su ensayística, de sus mejores textos, arte de la palabra.

Virgilio López Lemus: Revista de la Biblioteca Nacional José Martí.


Queremos dejar, como justo homenaje a nuestro profesor y compañero, estos versos de Francisco Henríquez, colaborador de nuestro boletín y de su amigo Fredo Arias, a quien agradecemos su aporte:

SALVADOR BUENO (1917-2006)

Era bueno Salvador
era todo un caballero
era un amigo sincero
era persona de honor.
Este insigne profesor
de Carlos Manuel hablaba
y aquel prócer señalaba
como el Hidalgo de Cuba
que dio su vida sin duda
por su patria bien amada.

Fredo Arias
Octubre 2006

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Salvador Bueno (1917-2006

Es lamentable la muerte
de este genial Salvador
¡pero debe estar mejor
donde ahora se divierte!
Salvador tuvo la suerte
de vivir una existencia
de bienes sin opulencia
y fue más rico que nadie.
Ojalá que Dios lo irradie
en su última residencia.

Un hombre con ese nombre
y con un alma tan buena
se va dejando una pena
tras el recuerdo del hombre.
Quizás a muchos asombre
del hombre esa despedida,
pero después que la herida
se hermane del sufrimiento
la herida es un monumento
que le hace honor a la vida.
Salvador Bueno se muda
de la casa de la Tierra
–la tierra que nos aterra
si la miramos desnuda–.
Salvador tuvo la duda
entre el aquí y el allá,
y no entiendo si se va
–quiero decir si se fue–
como quien va con la fe
que fue su tesoro acá.

Aquí me asalta la idea
–una idea sin sentido–
que se fue pero no ido
del hondo de su tarea.
Es que todo sabio crea
compromisos con su yo
y Salvador Bueno abrió
tanto camino a la mente
que se quedará presente
tras la puerta que cerró.

Francisco Henríquez Octubre 21, 2006




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