..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.140, Viernes, 8 de septiembre del 2006

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“Amauta”: Ese Editorial Del Nº 17
Por Winston Orrillo

Llamado muy justamente, Aniversario y Balance, el editorial del Nº 17 (setiembre de 1928) de la revista Amauta, es una suerte de vademécum de las principales ideas que, en su radiosa madurez, coronó José Carlos Mariátegui (1894-1930).

Escrito apenas al segundo cumpleaños de su publicación paradigmática (el primer número apareció, precisamente, hace 80 años, en setiembre de 1926) el editorial que estudiamos da cuenta del cuasi naufragio de aquélla, que no sucumbe y, más bien, subraya su condición de tarea histórica, que asume a la sombra de admoniciones tan perspicuas, como las de don Miguel de Unamuno: “revista que envejece, degenera”.

Por ello, una de las claves de “Amauta, es su afianzamiento en el tiempo, su permanencia.

“La primera obligación de toda obra, del género de la que Amauta se ha propuesto, es durar. La historia es duración. No vale el grito aislado, por muy largo que sea su eco; vale la prédica constante, continua, persistente”. (MARIÁTEGUI, Jose´Carlos: Obras completas. Tomo 13. Ideología y Política. Biblioteca Amauta. Lima, 1969. Pág. 246).

Tema cardinal, si tenemos en cuenta que, lo nuestro, es la conocida sociedad de la improvisación, de los impromptus, en desmedro de la constancia, de una tozuda fe en la mutación social.

Asimismo, leemos, aquí, una admonición contra el idealismo de las perfecciones, de los absolutismos, de las abstracciones, que muchos desarrollan al margen de lo concreto, dialéctico, operante y pleno de voluntad de movimiento, vale decir, de cambio incoercible.

Por ello, viene lo que podríamos definir como la poética de Amauta, manifestada cuando José Carlos Mariátegui expresa que su revista

“no es una diversión ni un juego de intelectuales puros”, y que, más bien, ella profesa “una idea histórica, confiesa una fe activa y multitudinaria, obedece a un movimiento social contemporáneo”. (Ibid)

El horno está listo para que se haga el pan de las definiciones, de los necesarios, fundamentales, esclarecimientos.

Allende tercerismos apócrifos, que aún ahora medran en nuestro entorno, ya en aquel tiempo, con visión zahorí, Mariátegui blande la Colada y la Tizona, y nos dice lo que era previsible que diga, y con lo que se convierte en gonfalonero de un tiempo realmente nuevo:

“En la lucha entre dos sistemas, entre dos ideas, no se nos ocurre sentirnos espectadores ni inventar un tercer término. La originalidad a ultranza es una preocupación literaria y anárquica” (Ibid)

Y llegó la hora de la verdad, de decirnos –sin ambages, tapujos ni pusilánimes reticencias- su “filiación y su fe”.

“En nuestra bandera inscribimos esa sola, sencilla y grande palabra: Socialismo”.

Sí, así, con mayúscula.

Pero la definición, la filiación y la fe no bastan. Luego, en un cardinal paréntesis, nuestro máximo pensador social señala su “absoluta independencia” frente a la idea de “un Partido Nacionalista, pequeño burgués y demagógico”. (Ibid)

¿A alguien le cabe duda que se trata del APRA, con la que José Carlos había tenido algunos contactos, rápidamente deodorizados?

A continuación, la breve historia de la onomástica de la revista, y su adentrarse, para ello, en la tradición peruana: “ya que Amauta no debía ser un plagio ni una traducción” ( Ob. Cit. Pág. 247).

Por ello, él toma una palabra inkaika “para crearla de nuevo”

Y ¿por qué era esto necesario, preguntarán algunos intonsos?

Pues, por algo decisivo. José Carlos Mariátegui quería, como Martí, levantar al indio, y que, de este modo, Amauta fuera su revista:

“Para que el Perú indio, la América india, sintieran que esta revista era suya”

Así, Amauta devenía en “la voz de un movimiento, de una generación”

De allí que la publicación haya sido, en sus dos años de vida (recuérdese que este número es de 1928, y ella había aparecido en 1926):

“una revista de definición ideológica” que ha recogido las varias voces que hablaron –y escribieron- “a nombre de esta generación, de este movimiento”.

A Mariátegui le parecen suficientes dos años para completar el trabajo de ”definición ideológica”.

De este modo, con las ideas y las opiniones categóricas y solícitas” concluye lo que él llamara “la primera jornada de Amauta”.

Basta, pues, de tanteos entre “nueva generación”, “vanguardia” e “izquierda”. Ahora, para serle fiel a la Revolución, de la que ella quiere ser vocero, “le basta ser una revista socialista”.

El trabajo de definición ideológica está, pues, claro, meridiano.

El Primer Marxista de América (como lo llamara Antonio Melis), sin embargo, pasa revista a todos los marbetes ad usum: “nuevo espíritu”, “nueva sensibilidad”- “vanguardia”, “izquierda”, “renovación” y los declara envejecidos, “demasiado genéricos y anfibológicos”.

Pues, por ellos -antaño como hogaño, decimos nosotros- “empiezan a pasar gruesos contrabandos”. Ya que resulta que, bajo su manto, se ocultan tartufos y arrepentidos, reconvertidos y posmodernos de hogaño.

Por eso, como tarea esencial, a la nueva generación (a la que él pertenece, a la que pertenecemos) le asigna, para ser nueva en efecto, la misión de ser adulta, es decir, “creadora”. (“Crear es la palabra de pase de nuestra generación”, había escrito el Héroe Nacional de Cuba, José Martí”).

Y en la creación, que es gonfalón del tiempo actual, que está muy en boca de todos, reposa el pivote mariateguiano, aquel que se sintetiza en el conocido lema:

“No queremos, ciertamente, que el Socialismo sea en América calco ni copia. Debe ser creación heroica.” (Ob. Cit. Pág. 249. Subrayado nuestro).

De allí se desprende que a ese Socialismo había que darle vida:

“con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje”.

Porque ése será, en definitiva, el socialismo indo-americano, creado como misión digna de una generación nueva”.

Pero antes, en el presente, holístico, editorial del Nº 17 de Amauta –denominado, lo repetimos, muy atinadamente, Aniversario y Balance- había desmitificado a la propia palabra Revolución “en esta América de las pequeñas revoluciones”. Había, como tarea perentoria, señalado la necesidad de reivindicarla, “rigurosa e intransigentemente”.

Era necesario, pues, según sus palabras admonitorias, restituirle, al término Revolución ”su sentido estricto y cabal”.

Y, para que todo quede claro, el ensayista señala:
el sentido de la revolución latino-americana (sic), y dice que ésta será “nada más y nada menos que una etapa, una fase de la revolución mundial” Y que ella será, de este modo, “simple y puramente la revolución socialista”.

A ella se le podrán –lo dice no sin cierta ironía- poner todos los adjetivos (o apellidos, diríamos nosotros) “antiimperialista, agrarista, nacionalista-revolucionaria”.

Poco importa, pues: “El socialismo los supone, los antecede, los abarca a todos”.

Asombra, en fin, cómo, en tan poco espacio, el genio político y ensayístico de José Carlos Mariátegui, haya podido hundir su escalpelo y definir, tan meridianamente, las faces, la urdimbre sociopolítica de las dos Américas: “Norte América, capitalista, plutocrática, imperialista” a que la solo es posible oponer eficazmente “una América Latina o Ibera, Socialista”. (Ob. Cit. Pág. 248).

He aquí, pues, la urdimbre del verdadero peligro que significa José Carlos Mariátegui; he aquí la amenaza urticante, flamígera, de su pensamiento militante.

Nuestro autor va más allá. No se detiene donde, por el tiempo histórico, se detuvieron Bolívar y Martí. Mariátegui preconiza, diáfanamente, bien que “sin calco ni copia”, una América Latina definidamente socialista, como la única que podía enfrentar a ese “Norte revuelto y brutal que nos desprecia” (Martí dixit).

Esto es lo que jamás le perdonarán los revisionistas, diversionistas y tergiversadores, tránsfugas y travestis de toda laya al pensamiento y a la prédica del autor de los 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana.

La profunda mirada del creador peruano, su sólida formación teórica, unida a su visión zahorí, le permitieron columbrar que la economía capitalista ya culminó su ciclo de la libre concurrencia, y que se vive –ya en su tiempo- en la era de los monopolios, “vale decir de los imperios”, y que, en ese sentido, el triste destino de nuestros países (los de América Latina) es el de “simples colonias”. (Ob. Cit. Pág. 248).

En este ángulo –lo dice meridianamente- la oposición entre una América Latina idealista y una América sajona materialista, es ridícula. A este y otros planteamientos les llama “tópicos irremisiblemente desacreditados” (se incluye, por cierto, el mitó de Rodó y de su obsolescente Ariel).

Todo esto lo lleva a concluir:

“Descartemos, inexorablemente, todas estas caricaturas y simulacros de ideologías, y hagamos las cuentas seria y francamente con la realidad” (Ibid)

Su siguiente punto de vista es esclarecer que el Socialismo no es, ciertamente, una doctrina indoamericana, pero ello no obsta para su proyección ecuménica; tal como tampoco nació –según su perspectiva- la Independencia en nuestros predios; lo que no tiene la menor importancia, porque el venero del socialismo está “en la tradición americana” y “La más avanzada organización comunista primitiva, que registra la historia, es la inkaika”. (Ob. Cit. Pág. 249)

Finalmente, la clave está en esta meridiana, definitiva, espeluznante (para los reaccionarios de todo pelaje) conclusión mariateguista:

“Capitalismo o Socialismo. Este es el problema de nuestra época.” (Subrayado nuestro)

Se comprende, ahora, cómo, casi ochenta años después, sigue desvelando el verbo y el pensamiento admonitorios de José Carlos Mariátegui: no sólo a los ahistóricos de aquende, sino a los variopintos defensores del Establisment, allende,en el orbe entero.

Éstos y aquéllos son a los que él llama “espíritus incapaces de aceptar y comprender su época”.

Mas, también, para la alharaquienta subespecie de los que pretenden seguirnos descalificando por haber optado por una posición materialista, el autor de los 7 Ensayos les responde:

“El materialismo socialista encierra todas las posibilidades de ascensión espiritual, ética y filosófica. Y nunca nos sentimos más rabiosa y eficaz y religiosamente idealistas, que al asentar bien la idea y los pies en la materia”. (Ibid. Subrayado nuestro).

Nada, pues, que añadir.

Finalmente, este Editorial del Nº 17 de Amauta lo paragonamos, en su esencia y trascendencia latinoamericanista, al inmortal texto Nuestra América, de José Martí, pero obviamente aquél tiene todos los avances de nuestra época, la del socialismo “sin calco ni copia”.

Enviado por su autor




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