..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.141, Viernes, 15 de septiembre del 2006

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El Alba de Martí
Por Dra María Caridad Pacheco González, Centro de Estudios Martianos

A fines del siglo XIX, en la época en que surge y se desarrolla el fenómeno imperialista, José Martí advirtió los cambios que esta nueva condición suponía en las relaciones internacionales. En La América, revista mensual dirigida a fomentar el comercio de exportación de los Estados Unidos hacia América Latina, Martí revela su percepción acerca de una tendencia unificadora a escala mundial, cuando expresa: "Cuanto simplifica, facilita. Unificar es abreviar. Cada nueva comunidad, siquiera sea en detalles a primera vista poco graves, aprieta los lazos de los pueblos. Y en esta época estamos: la época de las liga de los pueblos" .

En el contexto de la Conferencia Monetaria Internacional Americana, una de las primeras negociaciones multilaterales entre una potencia y un conjunto de naciones del hemisferio, y en la cual Martí fungió como delegado de la República Oriental del Uruguay, aparece en la Revista Ilustrada de Nueva York un texto martiano esencial, en el cual subraya:[ ..] La unión, con el mundo, y no con una parte de él; no con una parte de él, contra otra"

Pero esta voluntad unificadora, regida por principios y condicionamientos, lo llevó a plantear la unidad e integración de los países de Nuestra América, como fundamento del equilibrio continental y universal. Es útil recordar que su perenne vigilancia del fenómeno imperialista lo llevó a denunciar en 1885 lo que consideró el conjunto de medidas que propiciaría la subordinación económica y financiera del continente latinoamericano a los mecanismos de penetración y dominio del imperialismo norteamericano: " De nada menos se trata- decía Martí- que de ir preparando, por un sistema de tratados comerciales o convenios de otro género, la ocupación pacífica y decisiva de la América Central e islas adyacentes por los Estados Unidos” . Estos incipientes antecedentes de lo que hoy se conoce como Acuerdo de Libre Comercio para las Américas, evaluados y denunciados por Martí, marcaron las bases de una profunda asimetría estructural entre la economía norteamericana y las latinocaribeñas.

Cuatro años más tarde, en 1889, con la Conferencia Internacional Americana, Norteamérica lanzó "el planteamiento desembozado” de la era del predominio de los Estados Unidos, país que miraba ya “como privilegio suyo la libertad, que es aspiración universal y perenne del hombre, y a invocarla para privar a los pueblos de ella" , y ante tales peligros, hace una primera formulación de su estrategia continental revolucionaria, que sería enriquecida después de su caída en combate, por las sucesivas generaciones de revolucionarios cubanos. Llama entonces el Maestro a la América española a declarar su "segunda independencia", concepto que acompaña de otro igualmente medular en su estrategia: "el equilibrio del mundo".

Pero Martí no predica una unidad intangible, sino aquella que se precisa para lograr la segunda independencia y cuya finalidad no estriba únicamente en el combate contra el imperialismo, sino contra el orden social vigente en América Latina. El busca cauces de reordenamiento de la sociedad, así como vías y formas de organización de las colectividades de modo que éstas puedan situarse en el escalón más alto de la dignidad humana. Para Martí la política es “el arte de ir levantando hasta la justicia la humanidad injusta; de conciliar la fiera egoísta con el ángel generoso; de favorecer y de armonizar para el bien general, y con miras a la virtud los intereses”.

El vínculo del problema de la independencia con el establecimiento de una república en revolución, suponía la participación beligerante de las masas populares, y principalmente los trabajadores, en la tarea de construir el nuevo modelo de sociedad. Al respecto el destacado intelectual cubano Juan Marinello apuntaba que no podía ignorarse los propósitos centrales de la Revolución del 95, dirigidos a "lograr la igualdad de los cubanos a través del disfrute de bienes nacionales, y aunque este disfrute no se concibió fuera de los límites de la organización económica capitalista, de no haberse producido la interferencia yanqui, una homogeneidad robusta hubiera permitido la existencia de un Estado popular y democráticamente nacionalista” .

De este modo, el significado de la guerra que se libraría en Cuba no se limitaría a la simple obtención de una independencia que, de hecho, podría nacer amenazada, sino a la construcción de una república basada en ideales democráticos y antiimperialistas, cuyo objetivo final como gobierno sería servir a los desposeídos. Las conquistas de la república en los planos económico, político y social, debían estar dirigidas al mejoramiento humano, no al de una clase o grupo social, sino a toda la sociedad. Martí comprendió tempranamente los grandes obstáculos que se levantarían, tanto dentro como fuera de Cuba, para llevar adelante tan magna obra y por ello previó la implementación de dos condiciones fundamentales: la toma de conciencia de los pueblos de Cuba y demás países de Nuestra América, y la unión de dichos pueblos en un frente común antimperialista. La primera de estas condiciones suponía una gigantesca labor ideológica que él ya había comenzado y que nos dejó en sus artículos y discursos revolucionarios; la segunda, debía ser el resultado del desarrollo de la conciencia nacional y continental, cuya primera etapa radicaría en la lucha armada contra el dominio del colonialismo español.

Ambas condiciones continúan teniendo absoluta vigencia en nuestros días. La existencia progresivamente mundializada del planeta y la aparición, conjuntamente con la creciente hegemonía del imperialismo norteamericano, de graves problemas globales tales como la carrera armamentista, el peligro de guerras preventivas, la crisis ecológica y la pérdida de las identidades, exige de abordajes esclarecedores y de estrategias y alternativas acordes a las necesidades e intereses de nuestros pueblos.

Martí señala con su pensamiento, su sentido poético y su conducta una alternativa que expresa la posibilidad y realidad del cambio revolucionario en un mundo unipolar que trata de imponer su modelo de sociedad como única y última alternativa posible.

Sus convicciones y esperanzas permanecen vivas, nos alientan y ayudan en los combates que estamos llamados a librar contra la globalización neoliberal, por la cultura y por el desarrollo. Martí había anticipado: “Lo que acontece en la América española no puede verse como un hecho aislado, sino como una enérgica, madura y casi simultánea decisión de entrar de una vez con brío en este magnífico concierto de pueblos triunfantes y trabajadores, en que empieza a parecer menos velado el cielo y viles los ociosos. Se está en un alba, y como en los umbrales de una vida luminosa. Se esparce tal claridad por sobre la Tierra, que parece que van todos los hombres coronados de astros”.


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