..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.143, Viernes, 29 de septiembre del 2006

 

¿La ONU de todos?
Por Jorge Gómez Barata

La diferencia entre el liderazgo y la hegemonía radica en que el primero se otorga mientras la segunda se conquista. El liderazgo necesita del prestigio de donde se deriva el acatamiento y la hegemonía es producto de una fuerza obvia. Para ejercer el liderazgo mundial de posguerra, Estados Unidos necesitó del consenso que le proporcionó la ONU, de la que ahora puede prescindir.

La historia de cómo se construye esa hegemonía está a la vista. Hay países ex comunistas y firmantes del Pacto de Varsovia que militan en la OTAN, antiguas repúblicas soviéticas albergan bases militares norteamericanas y China envía a sus soldados al Líbano. India y Brasil no ocultan las aspiraciones de ingresar al Consejo de Seguridad y entre Rusia y occidente ya no existen fronteras ideológicas. Son perfiles políticos de la globalización.

Acompañada por la unipolaridad, la globalización entraña la hegemonía, que no consiste en una dominación de Estados Unidos sobre el mundo al viejo estilo colonial, sino en la disposición de la mayor parte del resto del mundo para existir, medrar e incluso progresar sin cuestionar el sistema en el que los países, como los monos, pueden hacer todas las maromas que quieran, menos salirse de la jaula.

Las excepciones en estos casos son las áreas que cuentan con recursos estratégicos, que el imperio necesita controlar directamente: petróleo, gas, agua, uranio y naturalmente las vías de acceso. En ese campo el imperio no admite flexibilidad ni excepciones.

Si bien al final de la II Guerra Mundial hubo líderes europeos que se percataron de la necesitad unirse para confrontar a los Estados Unidos, los de hoy estiman que juntos tampoco pueden, entre otras cosas, porque Europa carece de reservas naturales, recursos tecnológicos y financieros, así como de poderío militar para dar semejante batalla. Europa está resignada a su condición subalterna. Otros todavía no.

Rusia, China, Australia, Brasil y la India, a mayor distancia unas que otros, cuentan con premisas naturales y tecnológicas para, a mediano y largo plazo, sumarse al estrecho círculo que acompaña y complementa a Estados Unidos, no para desplazarlo, excepto que los norteamericanos sigan cometiendo errores que comprometan su hegemonía.

Sumándose al pragmatismo que condujo a Europa al placentero sometimiento, la mayoría de los líderes no ocultan sus coincidencias estratégicas e incluso su resignada subordinación a las políticas y a las estrategias norteamericanas, condición que no les impide adoptar posiciones matizadas en asuntos secundarios o intrascendentes para Estados Unidos.

Si bien, durante una etapa, la ONU ha sido necesaria para la construcción del liderazgo del Norte sobre el Sur, para respaldar su hegemonía, Estados Unidos requiere otro tipo de asociación, no masiva, sino súper elitista en la que no se funciona con arreglo a la democracia y a la que no se accede por derechos, sino como dadiva.

Norteamérica no necesita de la ONU excepto para la función policíaca porque no le hace falta elaborar consenso para aplicar sus políticas, que son servilmente acatadas por más de 150 países, incluyendo a los que pudieran ser sus competidores estratégicos

El G7 + Rusia y, en cualquier momento, + China, es esa organización. Esa es la ONU de los ricos que se vale de sus propias agencias: OMC, BM, FMI, Foro de Davos y otras entidades, incluyendo al actual Consejo de Seguridad.

Quienes necesitan a la ONU, al Movimiento de países No Alineados, al Grupo de los 77, al MERCOSUR y a cuantas alianzas políticas, económicas y sobre todo integracionistas puedan crear, son los países del sur, a los que, en el mundo que se diseña, se ha reservado un papel subsidiario y que incluso son prescindibles.

La toma de conciencia de esa realidad y de la necesidad de encontrar juntos una alternativa, es el significado más profundo de la recién finalizada Cumbre no alineada de La Habana y de la actual Asamblea General de la ONU, desde donde se abre paso la certeza de que la unidad es la única oportunidad.

especial para ARGENPRESS.info




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