..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4, Nro. 205, Viernes, 7 de diciembre del 2007

Con Alejo Carpentier, en la memoria
Por Mercedes Santos Moray

Hay algunos recuerdos que evoco, y que me devuelven a la adolescencia, cuando me inscribía en dos bibliotecas, la de la Sociedad Económica de Amigos del País, y en la juvenil de la Biblioteca Nacional José Martí, escenarios ambos de algunos encuentros que, en cierta medida, también definieron mi vocación y sobre todo mi pasión por la escritura desde la primaria y siempre esencial condición de lectora.

En aquellas instituciones conocí, e incluso llegué a tratar hasta poblar con esas relaciones algunos momentos inolvidables, a muchas de las más destacadas personalidades de nuestras letras, como Fina García Marruz y Cintio Vitier, Juan Marinello, Eliseo Diego, y a Alejo Carpentier, todos amigos y asiduos de esa amplia casona entronizada sobre la avenida de Rancho Boyeros, en La Habana, en la que hoy se custodian, también muchos archivos con la papelería de grandes de la cultura cubana, como el propio Alejo.

La Biblioteca Nacional José Martí atesora la anchurosa huella del pensamiento y la laboriosidad carpenterianas, ejemplo que se manifiesta luego en su escritura, y que nos revela cómo y cuánto investigaba, previamente, y hasta el más mínimo detalle, en sus plurales contextos, desde la historia hasta las tradiciones y costumbres, para darnos la revelación de sus fábulas, en el entramado de aquellas narraciones suyas pobladas no sólo por sucesos y personajes, sino y sobre todo, por las atmósferas.

Porque cuando nos acercamos a Carpentier, y degustamos sus descripciones, junto al narrador y a sus criaturas podemos también reconstruir aquellas vivencias, apetitos, deseos, múltiples sensaciones que, desde las imágenes se nos entregaban, para darnos desde la subjetividad de la existencia, el perfil ambicioso de toda una sociedad, como sucede desde las primeras páginas de una de sus mayores obras, esa novela que conocemos como El siglo de las luces, y que hoy revisitamos cuando acudimos, en cualquier momento, ya por actividades culturales o simplemente para consultar su biblioteca, en la casona habanera que guarda aquellos fantasmas, y que sirve de sede en la Habana Vieja, a la Fundación Alejo Carpentier, presidida desde su creación por quien fue y es compañera del novelista, su esposa Lilia Esteban.

Entre arcabuces y velámenes, bajo el trueno de los cañones y en medio de la voracidad de los mamelucos que sirven al emperador Napoleón, allí y sobre los muros, entre los fusilamientos del 2 de mayo, captados para siempre con la mirada de Goya, se mueve el escritor, despieza cada segundo de los acontecimientos, reconstruye la historia y da a esta nueva vida gracias a su imaginación, la del primer Cervantes que tuvo la lengua española, galardón que se le entregó en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, hace ya tres décadas.





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