..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4, Nro. 205, Viernes, 7 de diciembre del 2007

El 2007, un año loyniciano, el de Dulce María
Por Mercedes Santos Moray

“Poesía y amor piden paciencia. Amor es espera y sajadura. Poesía es sajadura y espera. Y los dos, una vigilia dolorosa por unas gotas de resina…” Así afirma en el poema CXVII, de su cuaderno Poemas sin nombre, nuestra Dulce María Loynaz, mujer que transitó por la vida con el apoyo de ambas pasiones, desde la sustancia íntima de su lirismo.

Escritora a quien rendimos tributo en este 10 de diciembre, el día de su natalicio, y que hubiera cumplido en el 2007 nada menos que 105 años, en este espacio temporal que es tan suyo como que nos recuerda que hace 20 años que Cuba le rindió honores, al entregarle el Premio Nacional de Literatura, en reconocimiento a su obra, y también a su decoro, al orgullo tan personal de aquella hija de un general de nuestras guerras de independencia, don Enrique Loynaz, apasionada por su Isla.

Como, y además, debemos recordar que en este año se cumplen 15, nada menos que tres lustros ya, de habérsele otorgado el Premio Cervantes de Literatura, el único que ostenta, desde esta orilla del Atlántico, una escritora de nuestra lengua, y también el de la segunda mujer en recibirlo, puesto que la primera lo fue una buena amiga suya, y de Cuba, aquella andaluza que fue María Zambrano, la misma que al emprender la ruta del exilio, y cruzar la frontera de España con Francia, abandonó su auto, y continuó a pie la empinada cuesta, acompañando a don Antonio Machado.

Y, nota al margen, duele ciertamente ver cómo y todavía la presencia femenina no es reconocida, en toda su valía, dentro de los espacios oficiales que conceden los premios. Así y con el Cervantes, cuyo primer otorgamiento fue en el 1977 (por cierto, a otro cubano, Alejo Carpentier) y hasta nuestros días, sólo cuenta en su ya abultada nómina con los nombres de Loynaz y Zambrano, a manera de escuálida representación del discurso femenino en las letras hispanas.

Igual, lo recordamos porque aquí publicamos un comentario sobre el hecho, sucede con el Nobel, entregado en más de una centuria, sólo once veces a mujeres, y de nuestro idioma a una, a Gabriela Mistral.

Bueno, si algo podría consolarnos es que las tres, la cubana, la chilena y la andaluza no fueron, nunca, segundas de nadie, desde su intelecto, su agudeza crítica, su compromiso social con las ideas más avanzadas y solidarias de su época, sus calidades artísticas, literarias y estéticas en los diversos géneros que cultivaron desde la poesía al ensayo.

Con palabras de Dulce María, en este año tan loyniciano, quiero concluir, porque ella, imantada como estaba por el amor y la vida, también solía ser lapidaria en sus juicios, los que muy bien todos y todas podemos suscribir: “Para el que sabe ver la sombra es sólo tránsito de luz a luz.”





© Biblioteca Nacional "José Martí" Ave. Independencia y 20 de Mayo. Plaza de la Revolución.
Apartado Postal 6881. La Habana. Cuba. Teléfonos: (537) 555442 - 49 / Fax: 8812463 / 335938