..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4, Nro. 205, Viernes, 7 de diciembre del 2007

Libro de visitas

 

Dibujar para vivir
Entrevista a René de la Nuez
Por Ana Ofelia Diez de Oñate

Como “la fama no se le ha subido a la cabeza”,  leit motiv de un personaje de la TV, su condición de Premio Nacional de Artes Plásticas 2007  no le impidió acudir gentilmente, desde su querido San Antonio de los Baños, a la Biblioteca Nacional,  para esta entrevista. Su conversación, como sus dibujos, precisa, rica en contenido y llena de humor,  propició el intercambio con el reconocido creador del Loquito.

P: ¿Cómo fueron sus inicios en la caricatura?
RN: Siempre me gustó dibujar,  empecé con los comics para entretenerme y después pasé a admirar a Walt Disney, hasta que adquirí conciencia de lo que se podía hacer con estos dibujos y  comencé a caricaturizar lo cotidiano, como la demora del transporte para llegar a La Habana. Entonces  ya tenía dieciséis  años y  decidí ir con mis dibujos a ver a Miguel Miqueli, gran promotor cultural y director de la revista Páginas del Círculo, nombre que se debía al Círculo de Artesanos, responsable de su edición, que reunía a trabajadores de la clase media, pero en sentido general progresistas.  Bueno,  al director de esta revista le gustaron mis trabajos y me quedé haciendo este tipo de caricatura crítica. La satisfacción que yo sentí entonces al ver por primera vez mis trabajos publicados, la sigo teniendo ahora cada vez que se publica algo mío.

P: ¿Cuáles fueron sus impresiones al enterarse de que había recibido el Premio Nacional de Artes Plásticas?

RN: Fue una gran sorpresa, porque sabía que estaba propuesto, pero ya lo había sido en otras ocasiones y cuando pregunté quiénes eran los otros propuestos no pensé que tuviera posibilidad. Cuando me llamaron para ver mi estado de ánimo, yo lo que dije fue que iba a poner una vela por si acaso.  Pero fue todo muy lindo, me entregaron un ramo de girasoles, fue la  TV a mi casa, todo muy lindo, aún estoy impactado.
Fue un jurado muy conciente, muy capaz, y a Zayda, una de las propuestas, la considero una de las mejores dibujantes de Cuba,  es muy genuina... y eso es lo importante en el arte. Por otra parte, yo lo que hago es trabajar,  antes de venir para acá  ya había hecho cinco caricaturas para mí.  Dibujo todo el tiempo, pero si no tiene calidad lo rompo. Yo sigo dibujando a la manera antigua, con puntas de pluma, que a veces se me dificulta conseguir, porque el dibujo en computadora me parece muy frío. A veces muerdo el pincel y así pinto, en busca de nuevos efectos. Lo que me interesa es la línea, no el estilo, si acaso, el estilo de dibujar como a uno le dé la gana, porque si no,  uno se encierra. Soy un gran experimentador y esa es una de las cualidades más relevantes en mi dibujo. O como se den las circunstancias, por ejemplo el Loquito y el Barbudo llevan las figuras que deben llevar. Mira, el dibujo es una de las primeras manifestaciones del hombre y el hombre es también hijo de la cultura. Cuando encontró el dibujo lo empleó como concepto mágico, para la lluvia, la caza, etc.; y para transmitir el lenguaje hubo de emplear el dibujo. En fin de cuentas la escritura no es más que dibujos,  las letras son dibujos, ¿no se ha fijado?

P: Dicen que el Loquito estuvo inspirado en las pinturas egipcias
RN: (riendo) Puede ser...

P: ¿Cómo surgió la idea de este personaje?
RN: A principios del 57 ya hacía caricaturas para Zigzag.  En ese entonces todos utilizaban al personaje de Liborio para representar al pueblo cubano, pero como joven (estaba estudiando en el Instituto de la Habana), a mí no me servía, era una imagen derrotada, de campesino sin rebeldía y yo quería un personaje que expresara rebeldía y como a todos los revolucionarios les decían locos (“¡ ah, pero tú estás loco!“, “¡eso es una locura!”), entonces  pensé: “bueno, yo lo que necesito hacer es eso, un loco”. Fíjate que está hecho a base de triángulos, de puntas de flecha (me viene a la mente también el cursor de las computadoras), que aparte de dar un sentido de agudeza,  no recordaba al Bobito de Abela, que es de líneas redondeadas. Y me dio la idea de que hablara en clave. Era una aventura semanal. Yo hacía doce dibujos en la semana para ver cual sobrevivía a la censura (que por cierto la hacía un hombre del Ministerio de Gobernación con traje de calle, pero armado, que a veces metía la trincha y entonces salía el Loquito con esa marca de la censura) Bueno, este hombre a las tres semanas entendía la clave  y había que cambiarla. Por ejemplo,  una vez me dijo que tenía que quitar a Batista, lo quité y pinté un indio (como también se le apodaba) y a las tres semanas vino y me dijo: tienes que quitar al indio, entonces pinté un sol (que también le dicen el indio) y le puse unas plumitas para reforzar la imagen, bueno, pues me hizo quitar hasta las plumitas.
Mira, una cosa que aprendí con este personaje, fue que, como tenía un espacio muy pequeño, debía trabajar en pequeños espacios, porque en el dibujo humorístico es muy importante la composición.

P: Usted ha creado otros personajes como Cizaño, Mogollón y el Barbudo, hábleme de estos “hijos” suyos.
RN: A Cizaño me lo enterraron.  Sí, mira, él representaba a la prensa reaccionaria y la Universidad hace un entierro simbólico con esta prensa y uno de los ataúdes fue para él, por lo que me dije:”bueno, ya lo enterraron, así que no puede volver a aparecer”. En cuanto a Mogollón, representaba la vagancia y cuando apareció la Ley contra la Vagancia, ya no tenía sentido seguir con él.  En cuanto al Barbudo, fue mi solución para pintar a Fidel,  decía lo que Fidel decía, fíjate que al principio fumaba tabaco y cuando Fidel dejó de fumar, desapareció el tabaco del Barbudo. Te voy a contar una anécdota en relación con la Biblioteca Nacional: El 1º de mayo de 1964 se acordó que las vallas que rodeaban la plaza fueran ilustradas por distintos artistas y a mí me tocó la que estaba aquí, en la biblioteca, y debía ser contra la burocracia, advirtiéndome que no podía poner al Barbudo. Pero yo dije que si no estaba, no hacía nada, y entonces me dejaron y lo pinté arrancando a un burócrata de raíz

P: Conocemos su defensa de la caricatura, ¿usted considera que el humor, en sus distintas manifestaciones, tiende a ser considerado como “de segunda fila”?
RN: La caricatura es arte y el humor gráfico es un arte si lo tomas con seriedad; pero estoy en contra de lo chabacano, lo grosero; estoy a favor del intelecto, porque no hay “arte menor” ni “arte mayor”, hay cosas muy malas en el “arte mayor”. Lo que define no es el género, sino la calidad. Igual que no creo en música culta y popular, hay música. Actualmente todo se convierte en mercancía y hablan de la obra de arte por lo que vale en el mercado, no por su disfrute en sí. El valor económico no debe ser  mayor que el valor espiritual, porque entonces se convertiría en una lata de refrescos.

P: ¿Alguna anécdota o recuerdo que considera inolvidables?
RN: Pues te digo: La única caricatura que ha ido al cosmos es la mía. Cuando Tamayo realizó su viaje, entre las cosas que llevaba había una caricatura realizada por mí. También dibujé para los sandinistas, para la Gaceta sandinista (clandestina, cuando Somoza) y una muchacha llamada Sonia me informaba sobre las acciones de ellos y en base a eso yo hacía los dibujos (pintaba a Somoza como un cochinito). Al triunfo de la revolución me invitaron a Managua y resultó que la tal Sonia era la Comandante Doris Tijerino. También guardo buenos recuerdos de Bosch, el presidente de República Dominicana, gran admirador de mis caricaturas y gran amigo. Y mis experiencias en Viet Nam, cuando la guerra, donde sufrí mucho al ver saltar por los aires un búfalo con su conductor: un niño, que son los que los manejan. Pero recuerdo también la cortesía de ese pueblo aún en medio de la guerra.  Conmigo tenían deferencias como la de darme de comer pollo mientras ellos comían serpiente, porque sabían que esa es una comida a la que nosotros no estábamos habituados; o que me cuidaban tanto que no querían que yo fuera al frente de batalla, por temor a que me mataran. Y tan trabajadores que en plena guerra tenían los mercados llenos de productos…

P: ¿Cómo definiría usted a René de la Nuez?
RN: Un dibujante obsesivo, compulsivo. Cuando dibujo por el placer de dibujar es como respirar, como vivir. Hace un año estuve grave en el Hospital Ameijeiras, incluso en una silla de ruedas. Un día mi esposa me llevó los artículos de dibujar y el director del periódico Por Esto, Mario Menéndez, me llamó y me dijo: “déjate de pendejadas y ponte a dibujar”, y empecé con mucho trabajo a emplear mis manos. A los pocos días ya me había recuperado.





© Biblioteca Nacional "José Martí" Ave. Independencia y 20 de Mayo. Plaza de la Revolución.
Apartado Postal 6881. La Habana. Cuba. Teléfonos: (537) 555442 - 49 / Fax: 8812463 / 335938