..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4, Nro.157, Viernes, 5 de enero del 2007

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Resumen de la incipiente historia del Centro Cultural América Libre
(Primeras líneas escritas con lápices artesanales)

Nuestros lectores habituales conocen de nuestro apoyo a los Centros Culturales Argentinos: conocen a Compadres del Horizonte, conocen a Zanon; hemos hablado de Nicolás Contreras y la Biblioteca recuperada por la Asamblea Barrial de Ciudadela Sur; de la tarja en homenaje al Che en Venado Tuerto; del ingente trabajo que realizan en el teatro La Cochera, en La Matanza... Hoy, nuestra amiga Marta Speroni nos hace llegar una hermosa historia de solidaridad y de amor, y nos trae el nombre de un nuevo amigo, Carlos Medina, del que podemos conocer un poco más en nuestra sección de Entrevistas. Veamos ahora como surgió el Centro Cultural América Libre:

Unos amigos mexicanos, con muchos siglos de lucha, nos enseñaron que se pueden explicar algunas cosas de manera simple, aunque parezcan complejas. Pensamos que podíamos intentar explicar de este modo la incipiente historia del Centro Cultural América Libre, ya que sabemos que muchos están interesados en conocerla. Intentemos un resumen. Digamos que lo que ocurrió fue más o menos así...

Pasó que algunas organizaciones sociales de la ciudad pensaban, desde hace mucho tiempo, que era importante recuperar una nueva idea de cultura, que incluyera, además del arte, toda creación y conocimiento social. Pensaban, además, que si esta cultura, así pensada, no era concebida como una herramienta de transformación entonces que la hagan otros, pero que si era posible pensarla como herramienta para cambiar el mundo, entonces que si, que la queríamos hacer nosotros. Y resultó que se escribió un proyecto contando esto, con una propuesta concreta, la creación de un Centro Cultural con el nombre “América Libre”, porque se creía en ideales de unidad de los pueblos latinoamericanos para la libertad de América, como soñaban Simón Bolívar, José Martí o el Che.

La sorpresa fue que, a poco de caminar y hablar sobre esto, ya no eran dos o tres las organizaciones sociales que pensaban así, sino que eran ya diez o veinte, y entonces se entregó una carpetita muy linda que armaron compañeros que saben de diseño, que le hicieron al sueño del Centro Cultural un logo y todo. Entonces las organizaciones dijeron que sí, que les parecía que estaba bueno, que había que hacerlo. Y a alguien se le ocurrió que, entonces, además de Centro Cultural, se le llamara “casa del pueblo”, para que sea el hogar de todos estos grupos que coincidían en crear el Centro Cultural como herramienta de transformación... Y el sueño fue creciendo y se soñó además con un espacio de encuentro  para que las organizaciones sociales coordinen sus prácticas, sus luchas, sus experiencias, sus sueños.

Un compañero llegó un día con un papel dónde decía que el 1º Congreso Nacional de Cultura, realizado en nuestra ciudad hacía pocos días, organizado por el propio gobierno, había declarado en sus conclusiones que había que “recuperar espacios públicos en desuso para promover la creación de Centros Culturales que preserven el patrimonio histórico y promuevan la participación socio-cultural”. Ahí dijimos que si el propio gobierno lo dice ¿por qué no hacerlo?. Que sabemos que el gobierno dice y no hace, pero que nosotros sí somos capaces de hacer lo que decimos y que si el pez por la boca muere, entonces aprovechemos las conclusiones del congreso y adelante.

Algunas organizaciones sociales, abogados, estudiantes, artistas se pusieron a trabajar en comisiones. Los compañeros que tenían experiencia en organizar formaron la de organización, los que sabían arreglar cosas o pintar armaron la de mantenimiento, los abogados armaron la de jurídica, los que sabían limpiar la de limpieza, los que podían dar talleres o tenían contactos para realizar actividades artísticas armaron la de cultura, y así... Todo era con la idea de recuperar algún edificio que nadie esté usando para construir ahí el sueño colectivo. Y entonces alguien leyó por ahí esto de que no es que no nos atrevemos porque las cosas son difíciles, sino que las cosas son difíciles porque no nos atrevemos y entonces algunos decidieron atreverse y lo hicieron. Se vieron muchos lugares y finalmente había uno grande, estatal, que según nos contaron los vecinos hacía 9 años que estaba deshabitado, juntando ratas, mugre y palomas muertas. Entonces se dijo que estaba bien recuperar eso para abrirlo y crear ahí el sueño; y las comisiones empezaron a coordinarse y a realizar propuestas y a tomar iniciativas en vistas a que, en pocos días, íbamos a tener lugar para poner el sueño en marcha.

Se trabajó durante dos meses y a un grupo de compañeras de la comisión de cultura se les ocurrió la idea de que junto al volante que se iba a repartir a los vecinos del barrio -contando que se abría un nuevo espacio para la cultura e invitándolos a participar-, se entregara un presente artesanal, realizado por nosotros. Pusieron manos a la obra porque es más o menos como hacemos acá, si la idea es buena, pues bueno, a trabajar. Las compañeras tardaban mucho y hacían de a poquitos lápices. Habían comprado pintura y porcelana fría y la productividad no era de lo más veloz. Muchos dijeron que no iban a llegar, porque trabajaban demasiado en cada lápiz, cada lápiz tenía su diseño original, ninguno era igual a los otros. Se les sugirió ¡háganlos en serie!, todos iguales y más rápido, que se nos viene el día encima y no van a estar los lápices para los vecinos!!. Por alguna razón ellas insistieron en lo artesanal del tema y cada lápiz fue realizado con un diseño único y particular...

Finalmente las compañeras llegaron a hacerlos y pudieron ser entregados a muchos vecinos, junto con los volantes. Cada lápiz con su diseño particular terminó contribuyendo al objetivo común. Tardamos mucho en darnos cuenta que en ese acto se estaba anticipando algo más que el futuro de unos lápices. Parecía que se estaba concibiendo el proyecto del Centro Cultural, en donde la decisión fue también respetar las particularidades y los tiempos individuales o grupales de cada uno de los compañeros u organizaciones que se iban sumando, para poner por delante el proyecto colectivo.

Llegó un día en que dijimos ¡basta de ensayar, vamos a estrenar la obra!, y así lo hicimos. Y nos fuimos para XX de septiembre y San Martín, y nos encontramos al mediodía de un domingo, con carteles que decían que había que recuperar espacios públicos en desuso para crear Centros Culturales, y llevamos una gran bandera con un mural de la conquista española en dónde Colón tiene la cara de Bush, para mostrar que el sometimiento de nuestro pueblo tiene más de 500 años. Y había una clonesa en zancos y muchos malabaristas, y muchos compañeros y compañeras con muchas expectativas.

Se empezó a cantar y entonces alguien avisó que la puerta estaba abierta, que la encontraron así, que se había abierto, que la habían abierto, que nunca hubo candado, o que lo hubo y se quitó, en realidad qué importaba, porque la verdad era que estaba ya accesible para que el sueño entre corriendo por la puerta que se abría. Y el sueño corrió para adentro. Corrió y cantó. Y saltó. Y se abrazó. Y luego se juntó en una gran asamblea de la alegría en donde se decidieron los pasos a seguir. Llamar a más amigos y organizaciones, a las que se había entregado la carpetita y a las que no, mandar un comunicado a los medios de comunicación, salir a hablar con los vecinos, llevarles los volantes y los lápices, contarles que un nuevo espacio para la cultura se abría en las ruinas que el estado despreciaba. Y la gente nos animó. Y los vecinos nos alentaron. Y más organizaciones fueron llegando. Y ya la asamblea era muy grande y ya decidimos ponernos manos a la obra y empezar a limpiar y ordenar. Y, mientras, se pensaba donde iría el teatro, y donde el cine, y donde las muestras de obras de arte. Y se limpió mucho, pero como éramos muchos se limpió rápido. Y seguimos discutiendo y trabajando, discutiendo y trabajando. Y en eso vino un burócrata a preguntar que qué hacíamos. Y contestamos que recuperábamos para la cultura algo que estaba abandonado por el estado. Y el burócrata dijo que eso era de un organismo estatal llamado ANSES, y se fue corriendo a meternos una denuncia por usurpación, que es lo que hace el poder cuando no sabe qué hacer, habla con los jueces para que nos metan procesos, causas penales o cárcel...

Y nosotros explicamos que no estábamos usurpando, porque estábamos usando un lugar publico para fines públicos, que era tarea que el estado no estaba haciendo y que entonces para qué esperar a que lo hagan si no lo hacen, que lo hacemos nosotros y listo.
 
Entonces, a pesar de la denuncia, empezamos a ponerlo en funcionamiento, de a poco, con muestras de artistas y empezamos a armar los primeros talleres de arte. Luego discutíamos en asamblea como seguir y preguntábamos a abogados de esos que se comprometen con el pueblo cómo teníamos que hacer para que no nos caigan con la ley y ellos nos decían y nosotros discutíamos lo que nos decían y veíamos que más convenía para la lucha.

Hasta que un día, fue el 27 de septiembre, se nos vienen encima un subcomisario muy cabrón con otros agentes de la policía federal, con un papel firmado por un juez, diciendo que venían a inspeccionar el lugar y a identificar a los ocupantes. Los atendimos afuera y les dijimos que para qué nos querían identificar si no éramos delincuentes, que queríamos poner un centro cultural para cambiar la sociedad, que no merecíamos que nos metan una causa por eso. Nos dijeron que nos daban 10 minutos para abrirles las puertas. Les dijimos que nos den 5 minutos para discutirlo y que luego les abríamos. Nos dijeron que bueno. Nos encerramos 5 minutos y resultó que cuando lo discutimos entre todos, vimos que no teníamos porqué darles nuestra identidad a los querían meternos causas penales y que entonces nos encerrábamos fuerte y que vayan a identificar al juez, a los funcionarios o al burócrata, porque acá no  identificaban a nadie, que nosotros no abríamos las puertas y no nos movíamos de ahí.

Y un grupo de compañeros armó una barricada con cosas bien pesadas que había adentro y ya el cabrón y sus policías se pusieron nerviosos que porqué nos encerrábamos, dijimos que acá nadie daba nombres y nos pidieron que abramos porque tiraban la puerta abajo y nos sacaban a palos y dijimos que no teníamos miedo, que la decisión de todos era esa, que no nos iban a identificar para meternos procesos judiciales. Y entonces hablamos con los celulares de adentro y de afuera y nos avisaban que empezaron a acercarse los vecinos y las organizaciones sociales  que apoyaban la lucha y la recuperación del lugar para el Centro Cultural América Libre. Y empezamos a escuchar cantos de apoyo afuera. Y la casa del pueblo fue por primera vez defendida por sus dueños, es decir, el pueblo mismo. Fue ahí que  nos convencimos de que teníamos razón los que estábamos atrincherados y que entonces no entraba nadie. Y afuera hasta armaron un cordón humano para impedir que la policía se nos meta. Adentro seguíamos preparándonos para la posible represión pero, mientras, cantábamos y nos abrazábamos, y sacábamos carteles para fuera.

Los teléfonos nos avisaban que llegaron los medios de comunicación que seguro que venían buscando sangre o algo así, pero que encontraron resistencia y solidaridad. Y la filmaron. Y entonces el cabrón, sus policías, los funcionarios y el burócrata no sabían qué hacer. Y llamaron al juez, a ver qué hacían y el juez tuvo que ceder, así que terminó diciendo que nos pregunten si podían entrar a sacar fotos del lugar pero sin pedirnos nombres. Nos propusieron eso y nos volvimos a reunir todos juntos adentros en asamblea y decidimos que bueno, que lo mejor era abrir, porque habíamos logrado que no nos identifiquen para no meternos una causa. Abrimos. Y el burócrata lo llamó al juez y el juez se enojó y dijo que él mismo venía para el lugar porque había mucha prensa y estaba presionado.

Cuando vino lo retó fuerte al burócrata, al funcionario, al cabrón y a los policías, que cómo unos jóvenes en asamblea les habían impedido hacer el trabajo. Y entonces dijo a los medios de prensa algo así como que por inútiles se levantaba y archivaba la causa, que ya no había delito de usurpación. Y entonces abrimos la puerta para que el juez, el funcionario, el burócrata, el cabrón y sus policías se fueran. Y se fueron. Pero también la abrimos para que los compañeros, las organizaciones y los vecinos entraran a festejar, cantar juntos y abrazarnos fuerte. Y entraron.

Luego de cantar hicimos una asamblea, se comunicó lo acordado, y se concluyó que había sido esa la primera batalla ganada del Centro Cultural. Nos hemos ganado el derecho a empezar, dijimos. Y la batalla se ganó entre todos. Al otro día, aprovechando la repercusión mediática alcanzada y el apoyo recibido, se decidió que se abrieran las puertas principales, que se inaugurara el sueño, lo que se hizo con un gran Festival de bandas que hizo circular alrededor de 500 personas en una larga jornada...

Todos los días se va avanzando un poco más. Se reciben donaciones, se arreglan los baños, se limpia, se rasquetean paredes, se hacen muestras y más talleres, y se reciben miles de firmas de apoyo y cientos de adhesiones, se habla con funcionarios, con la prensa, se sigue también atento a lo judicial con los abogados del pueblo y se sigue discutiendo en asamblea. Y el poder no entiende esto, y los funcionarios quieren averiguar quién está detrás de esta toma, qué partido o grupo, y algunos medios se suman a ellos y quieren saber quién dirige, y piden nombres. Nosotros tratamos de rotarnos para hablar y les explicamos que no hay un solo grupo, sino muchas organizaciones, que el proyecto no le pertenece a ninguna en particular, sino a todos, porque es un proyecto colectivo y autónomo, y que no tenemos dirigentes en el sentido tradicional, sino compañeros con responsabilidades eventuales y que todo lo importante lo decidimos entre todos en asambleas, en comisiones o en lugares donde coordinamos estas cosas con delegados y voceros. Se lo decimos. Pero igual, no entienden.

El Centro Cultural América Libre, la casa del pueblo, se fue haciendo con los días una realidad, y crece cada vez. Las actividades siguen y luego nos desordenamos un poco por esto de funcionar muy descentralizados y entonces nos pusimos de acuerdo en un día discutir entre todos y todas como organizarnos y coordinar mejor para aprovechar más los recursos, y las posibilidades, para que no se superpongan las cosas y para que nadie se desgaste, porque somos muchos y no hace falta. Y entonces vamos a organizarnos mejor. Por otro lado, se siguen haciendo reuniones con más organizaciones para hacer crecer el proyecto, para que lo conozcan, lo apoyen y pueda participar más y más gente. Para que siga creciendo este proyecto abrazado cada vez por más pueblo.

Hasta acá una partecita muy chiquita de esta historia, apenas el principio, porque la historia sigue más. Las compañeras de la comisión de cultura pueden ver si sobraron algunos lápices, quizás si nos ponemos de acuerdo y nos gusta el sueño y el proyecto, agarramos y las paginas que vienen las podemos ir escribiendo entre todos, palabra a palabra, párrafo a párrafo.

Porque esta historia sigue, está abierta a todo el que quiera ser parte de ella, el sueño se está escribiendo y difícilmente estos lápices artesanales dejen de escribir algún día…





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