..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4, Nro.157, Viernes, 5 de enero del 2007

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El año que termina (III) Estados Unidos
por Eduardo Dimas

Ver I y II partes en
http://www.bnjm.cu/librinsula/2006/diciembre
/156/colaboraciones/colaboraciones1075.htm

Estados Unidos

Es difícil encontrar en la historia de Estados Unidos otro gobierno que haya hecho tanto daño como el de George W. Bush a su propio país. Es difícil también que cualquier otro mandatario haya cosechado tantos fracasos en su política en un solo año. En realidad, lo que sucedió es que las consecuencias de una política prepotente y hegemonista hasta el absurdo se manifestaron de forma contundente en solo 12 meses.

La atención se centra, desde luego, en los descalabros en Irak y Afganistán; en la pérdida de apoyo al presidente cuyo índice de aprobación apenas rebasa el 28 por ciento; en la renuncia de Donald Rumsfeld y su sustitución apresurada por el exdirector de la CIA, Robert Gates; en el rechazo a John Bolton; en la pérdida de la mayoría republicana en las dos cámaras del Congreso; en el triunfo de varios candidatos de izquierda en América Latina; pero hay otros muchos.

Además de ser considerado como el gobierno más peligroso del planeta, alcanzar un nivel de desprestigio internacional difícil de igualar, perder toda credibilidad, incluso entre sus aliados más cercanos, la Administración Bush logró colocar la economía norteamericana al borde del colapso. Son muchos los economistas, de todas las tendencias posibles, los que han augurado un desastre económico que puede conducir a una gran crisis mundial.

El dólar ha dejado de ser una moneda confiable, como resultado del enorme déficit presupuestario y en cuenta corriente, que se acumulan desde el 2002, y que ha llevado a que Estados Unidos se convierta en una gran aspiradora de los recursos internacionales: entre tres mil y 6 mil millones de dólares diarios para poder enfrentar los gastos. El dólar se devalúa ante el resto de las monedas del mundo, en especial frente al euro, la libra esterlina y los metales preciosos, y nadie sabe hasta dónde podrá bajar su valor sin crear un gran caos. Los bancos centrales de sus principales socios comerciales, como China, Japón y la Unión Europea, se ven precisados a adquirir cada vez mayor cantidad de dólares para impedir su caída vertiginosa.

La deuda pública, empresarial y privada nortemericana alcanza ya los 37 millones de millones de dólares, más de tres veces su producto interno bruto anual.

Los economistas predicen ya el desinfle de la llamada burbuja inmobiliaria, que ha elevado sustancialmente el precio de las casas, edificios y terrenos, y que ha servido para que millones de norteamericanos se endeuden todavía más. En caso de que esa burbuja estalle, decenas de millones de personas quedarían sin recursos y provocaría, por extensión, la caída de los valores de las acciones en la Bolsa, y la ruina también de otros millones de estadounidenses. Es un callejón sin salida que puede poner en peligro la existencia misma del propio sistema y del imperio.

Tal vez por eso, los neoconservadores han hecho lo posible, con la ayuda de los dos partidos en el Congreso, para crear las bases de un estado policial, con mecanismos de coerción y represión muy superiores a los que existían antes. La renovación del Acta Patriótica uno, aprobada a raíz de los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001, la propuesta de un Acta Patriótica dos, todavía en estudio y más represiva; el uso de medios de espionaje contra la propia población estadounidense y la reciente aprobación de la Ley de Comisiones Militares, que autoriza la tortura, mantener a personas detenidas por tiempo indefinido sin ser presentadas ante un juez, entre otras, no están dirigida a la lucha contra el terrorismo, sino contra el propio pueblo norteamericano.

No por gusto el gobierno de W.Bush ha solicitado la suspensión de la ley Posse-Comitattus de 1878, que prohibe el uso de las fuerzas armadas dentro del territorio nacional, salvo en caso de agresión externa. Una pregunta que se hacen algunos observadores norteamericanos de diferentes tendencias, es para quiénes son los campos de concentración que se construyen en diferentes lugares apartados de los Estados Unidos a un costo de 285 millones de dólares. ¿Para los indocumentados, cuya mayoría es devuelta a sus países de origen, o para los propios ciudadanos del país?

Todas esas medidas inclinan a pensar que la elite de poder norteamericana prepara las condiciones para una dictadura de corte fascista, a los efectos de defender sus intereses, en caso de que sea necesario. El partido demócrata, que alcanzó la mayoría en el Congreso en las elecciones de noviembre pasado, no se ha pronunciado contra ninguna de ellas.

Por el contrario, sus miembros en el Congreso, las han aprobado, salvo excepciones, y se han apresurado a anunciar que no darán ningún paso para realizar un juicio político a W. Bush y sus principales colaboradores, sistemáticos violadores de la Constitución que juraron defender y cumplir y de las leyes y convenciones internacionales. Parece que todo queda en manos del propio pueblo norteamericano.

Al momento que escribo este resumen, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó por unanimidad una resolución que sanciona a Irán por continuar con el enriquecimiento de uranio en sus instalaciones. Irán, por su parte, anunció que no acataría el acuerdo del Consejo de Seguridad. Esta resolución llevaba dos meses discutiéndose, pues tanto Rusia como China se negaban a aceptar que las medidas sentaran las bases para una acción militar contra la nación persa o fueran desproporcionadas en lo económico. Es decir, que no afectaran sus intereses. Sin embargo, de un modo o de otro, abre el camino para nuevas medidas coercitivas que pueden ser tomadas como base por Estados Unidos e Israel para algún tipo de medida de fuerza.

Por lo pronto, son varias las voces que se han alzado para alertar sobre una posible agresión de Estados Unidos, o de Israel, o de ambos contra Irán, que abriría una nueva página, seguramente nefasta, para la humanidad. Hace unos días, el gobierno norteamericano anunció que reforzaría su presencia militar en el Golfo Arábigo-Pérsico, con vistas a disuadir a Irán de cualquier acción contra Israel.

En realidad, hace ya varios meses que la Administración de W. Bush concentra fuerzas en esa región y en el Mediterráneo Oriental, con vista a lanzar un ataque sorpresivo contra Irán. Además, le ha entregado a Israel una gran cantidad de bombas de penetración “inteligentes”. De ser cierto lo que suponen algunos observadores, esa agresión tendría lugar a finales de enero o comienzos de febrero del 2007.

Con la llegada del portaviones Eisenhower y sus buques de escolta, ya tienen una fuerza naval y aérea capaz de asestar un golpe quirúrgico sobre las instalaciones nucleares y militares de Irán, a lo que unirían los bombarderos de largo alcance situados en la isla de Diego García.

Una agresión a Irán, que no está desarmada como Irak, podría provocar un caos inmenso en esa región, y el cierre del Estrecho de Ormuz, por el que sale entre el 25 y el 40% del petróleo de esa región. Algunos analistas calculan que el precio del petróleo podría llegar a 150 o 200 dólares el barril, lo que significaría un fuerte golpe para la economía mundial.

Semejante locura, no descartable, podría estar a punto de cometerse, como resultado de la desesperación del inquilino de la Casa Blanca y su camarilla, que ven como su política es un total fracaso. De otra parte, podría provocar una respuesta de los chiítas en Irak, Líbano, Siria, y quién sabe en qué otros países. Al mismo tiempo, provocaría un incremento de las acciones terroristas de las organizaciones extremistas islámicas.

Y creo que, al margen de que semejante acción está condenada al fracaso, debemos tener en cuenta que asistimos al deterioro de un imperio y de un modelo económico y de gobierno basado en el egoísmo, la ambición, la inmoralidad, la prepotencia, la dominación hegemónica y, sobre todo, en la absoluta falta de humanidad.

Su debilitamiento no lo hace menos peligroso. Por el contrario, en la medida que la elite de poder sienta amenazados sus privilegios, se hará más descaradamente agresiva. Lo irónico del caso es que esa elite es la principal culpable de su propio proceso de destrucción. La pregunta que cabe hacerse es hasta dónde será capaz de llegar en pos de evitar lo inevitable. La respuesta se las dejo a ustedes.
Fuente: Cubarte
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LA DICTADURA DE LAS EMPRESAS TRANSNACIONALES
por Alina M. Fernández Arias

En principio, la finalidad de las Empresas Transnacionales es la obtención de la mayor cantidad de beneficios económicos mediante la reducción de los costos de producción, en un marco económico donde la competencia mercantil ínter imperialista desempeña un rol esencial.

En conjunto, estas Empresas realizan el 85% del total de las inversiones y el 66% del comercio internacional. Por su parte, las doscientas mayores (pertenecientes a sólo 17 países) concentran el 26,3% de la producción mundial, con un volumen de negocios que excede el PIB de los 29 países industrializados de la OCDE y sobrepasa el del conjunto de 182 Estados que no integran esa agrupación.

Sin embargo, las mayores empresas han rebasado el marco económico y su esfera de influencia a nivel mundial se ha extendido más allá del dominio de la producción, el comercio y las finanzas. Los tentáculos de las grandes transnacionales –algunas de ellas más poderosas que muchos Estados-, abarcan también los ámbitos político, social y militar.

La acumulación de capital y el poder político logrados por las Empresas Transnacionales alcanza un nivel sin precedentes en la historia. En aquellos países donde se aplican con mayor fuerza medidas neoliberales, el extraordinario poderío económico obtenido por estas compañías rinde mayores tributos, al estar acompañado por un alto grado de influencia política sobre gobiernos y partidos de cualquier tendencia.

En las naciones donde impera el neoliberalismo, las transnacionales actúan con total impunidad amparadas por gobiernos que no ponen reparos en crear un marco legal adecuado para la realización de sus intereses, ya sea mediante la ejecución de políticas, la instrumentación de leyes y tratados como en la UE, o emprendiendo guerras como es el caso de EEUU.

En ese sentido, las cincuenta principales Empresas Transnacionales de la UE se han convertido en un actor económico y político de primer orden, capaz de influir de manera notable –y valiéndose de todos los recursos y vías posibles- en el escenario político de la Unión, en el contenido de legislaciones y en general en todas las acciones de la organización y de los gobiernos de los países miembros.

La mayores Empresas Transnacionales europeas están situadas entre los lugares tres y noventa y nueve de las quinientas grandes compañías existentes a nivel mundial. En la distribución por países, 14 corresponden a Alemania, 10 al Reino Unido, 10 a Francia, 4 a Países Bajos, 4 a Suiza, 3 a Italia, 1 a Bélgica, 2 a España, 1 a Bélgica-Países Bajos y 1 de Noruega.

A diferencia de los gobiernos, que pueden ser sancionados o respaldados por los electores según su actuación, el trabajo de lobby (cabildeo) de las Empresas Transnacionales se efectúa de manera solapada, y sus actuaciones por lo general se mantienen tras bambalinas, por tanto no son objeto de cuestionamientos.

Los estrechos vínculos existentes entre estas corporaciones con gobiernos, fuerzas políticas, instituciones comunitarias y medios de comunicación masiva, en todos los casos no interesadas en difundir las acciones de las transnacionales, explican lo anterior.

No obstante, por su magnitud y alcance resulta imposible ocultar todos sus movimientos. Por ejemplo, se conoce que en el caso de Bruselas, sede de las instituciones comunitarias, por cada miembro del Parlamento (732 en total), existen alrededor de cinco lobbistas ejerciendo presión sobre ellos, a fin de ajustar las políticas interior y exterior a los intereses de sus correspondientes empresas transnacionales.

El grupo de presión europeo más influyente es la ERT (Mesa Redonda Europea de Industriales) creado en 1983, que congrega a los presidentes de las 47 principales Empresas Transnacionales de la Unión con un objetivo fundamental: aunar intereses que son posteriormente "trasmitidos" al poder político para que estos sean "tomados en cuenta" en su proyección política.

La posibilidad de actuar con ese nivel de presión está dada por su fortaleza económica y financiera. Las empresas pertenecientes a la ERT emplean a 4 millones de trabajadores, tienen una producción total ascendente a 950 mil millones de euros (correspondiente al 60% de toda la producción industrial de la Unión), y el presupuesto de algunas de ellas es equivalente al PIB de algunos países europeos.

A nivel comunitario, los informes elaborados por la ERT son tenidos en cuenta en los debates de la Comisión Europea -de la que se comenta es su aliado natural y con la que se sienta a negociar-, del Consejo de Ministros y del Parlamento Europeo, y han sido ejecutados en su momento por la UE.

Ejemplo de lo anterior, es que en 1985 la ERT elevó un documento a la UE en el que sugirió que en un plazo de cinco años la Unión eliminara las barreras comerciales y lograra la armonización de las regulaciones entre los estados miembros. Al siguiente año se aprobó el Acta Única Europea que instauró la creación del Mercado Único.

De igual forma, en 1991 la ERT propuso la implantación de una moneda común con un calendario de adopción de la misma por parte de los países miembros. Ese mismo año tal propuesta fue recogida prácticamente de manera literal en el Tratado de Maastricht.

En ese sentido también, la Estrategia de Lisboa con su eslogan de convertir a la UE en la sociedad del conocimiento más competitiva a nivel mundial, obedeció a otra insinuación de la ERT formulada acorde con los intereses hegemónicos de sus empresas. En la actualidad los documentos emanados de esa organización advierten a las instituciones comunitarias sobre el atraso de dicha Estrategia.

También la deslocalización empresarial y la liberalización de los servicios, legalizadas por las instituciones comunitarias y por los gobiernos de los países miembros, constituyen otros ejemplos del dominio que ejerce el empresariado sobre el destino de la UE.

El propio texto del tratado constitucional, cuyo contenido es fundamentalmente económico, es un compendio que refleja de manera primordial los intereses de las grandes transnacionales europeas y las élites gobernantes, relegando a un segundo plano los aspectos sociales de interés de los ciudadanos.

Así mismo, la relación de los directivos de la ERT con los políticos es muy estrecha. Por ejemplo, justo antes de llevarse a cabo el referéndum sueco con vista a su incorporación a la UE, la ERT se reunió con el entonces primer ministro de Suecia Ingvar Carlsson para intercambiar intereses.

En el 2004 Peter Hartz, ejecutivo de la Volkswagen -una de las principales empresas europeas e integrante de la ERT-, diseñó para el Canciller Gerhard Schröeder el plan de medidas conocido como Hartz IV que consistió en la aplicación de recortes sociales a los desempleados y en el sistema de seguridad social, que le costó al Canciller no ser reelegido en los posteriores comicios.

Los costos del contubernio entre los representantes del capital, las instituciones europeas y los políticos son enormes para las sociedades, que están viviendo el desmontaje progresivo de los Estados de Bienestar, en aras de la satisfacción de los intereses de los capitalistas.

El incremento de la precariedad laboral y los recortes de las pensiones, y en general de las prestaciones sociales, y también el aumento de las privatizaciones del sector público, son signos elocuentes de la decadencia de estos Estados, florecientes cuatro décadas atrás.

Sin embargo, el costo no sólo es social, es también enorme para la socialdemocracia europea. La aplicación de políticas neoliberales que asumen los intereses de las grandes transnacionales y las élites, haciendo dejación del bienestar social como núcleo de su política, ha marcado su desplazamiento hacia posiciones de centro y cierto declinar de esta fuerza política.

En resumen, en el análisis de hacia adónde va Europa y cuáles son las principales fuerzas que operan en ella, la observancia del rol que desempeñan las empresas transnacionales es crucial, sobre todo en un contexto internacional signado por la globalización neoliberal.
Fuente: Centro de Estudios Europeos
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LA SEGUNDA INDEPENDENCIA DE AMÉRICA LATINA
por Jose Miguel Arrugaeta

 Los círculos más reaccionarios del poder norteamericano estrenaron el siglo lanzándose a la peligrosa aventura de intentar gobernar el mundo ellos solos. La guerra, la amenaza y el chantaje abierto han sustituido a la diplomacia, el sentido común y la inteligencia que se debe esperar de la potencia más poderosa que ha existido en la historia de la humanidad, aunque sólo fuera por economizar recursos y esfuerzos para obtener resultados similares.

Los EEUU han acabado por enredarse en conflictos bélicos e injerencias, sin haber medido bien sus consecuencias, y todo va anunciando que estas aventuras no van a tener un final feliz para ellos; a estas alturas de la película las dificultades que enfrentan para poder mantener un control mínimo de estas situaciones es una muestra en sí misma de las grietas y los límites de su poderío.

Mientras esto ocurría, y sigue sucediendo en lo que para nosotros es el Este y el Oriente del mundo, en América Latina iba surgiendo una seria amenaza y desafío a su hegemonía en la zona, en la que su dominio siempre se consideró como incontestable. Este subcontinente, especie de patio trasero, fue gobernado durante décadas por el imperio norteamericano a base de presiones directas y sin disimulos, golpes de estado y un tutelaje casi directo sobre gobiernos, ejércitos y oligarquías de espíritu extranjero, generalmente sordos y ciegos a las más elementales necesidades de sus pueblos.

Desde mediados de la década del 80, y con la excepción de la siempre rebelde y resistente Cuba, el resto de la región aparecía como tierra segura para el poder norteamericano. Tanto fue así que se sometió a pueblos y naciones, por cierto con la inestimable colaboración de algunos socios europeos como España, a una explotación sin límites mediante la aplicación de políticas neoliberales químicamente puras, apoyándose en una clase política corrupta, antinacional y descarada en sus prácticas de robo y enriquecimiento personal.

Los crecimientos macroeconómicos que anunciaban el Banco Mundial y el Fondo Monetario iban de la mano de una distribución escandalosamente injusta de la riqueza, mientras surgía un rechazo creciente de amplios sectores sociales a lo que parecía una venta a plazos de sus países, como si toda América Latina fuese un mercadillo de liquidaciones.

Nadie en Washington parece haberle prestado demasiada atención a las claras señales que anunciaban un descontento evidente, y la profundidad que esta situación de rechazo iba adquiriendo en medio de una manifiesta ingobernabilidad, rebeliones populares, militares nacionalistas, y un largo etc.

En apenas diez años lo que parecían simples síntomas se han ido convirtiendo en piezas de un puzzle que van encajando como una especie de mapa de la rebelión. Hoy, de Norte a Sur, encontramos un México en camino de hacerse ingobernable, la sumisa Centroamérica rota por la victoria del Frente Sandinista en Nicaragua, y la estratégica Panamá presidida por un hijo del general nacionalista Torrijos. La revolución bolivariana de Chávez en Venezuela, y por la costa del Atlántico, como en cadena, los gobiernos progresistas o de izquierda de Lula en Brasil, Tabaré Vázquez en Uruguay y Néstor Kirchner en Argentina.

En el mismo corazón de América del Sur, la revolución indígena de Bolivia encabezada por Evo Morales, y extendiéndose hacia el Pacífico la reciente victoria de Rafael Correa en Ecuador, con su clara posición anti-neoliberal, los espectaculares resultados de Oyanta Humala en Perú a la cabeza de un movimiento de inspiración popular e indígena, y si me apuran hasta el gobierno de tradición socialdemócrata de la chilena Michele Bachelet (primera presidenta electa en América) que derrotó a una derechona de espíritu pinochetista, símbolo de los viejos tiempos recientes. Sin olvidar la zona de las Antillas con la digna Revolución Cubana, la valiente actitud independiente de los pequeños estado del Caribe, y hasta la empobrecida y humillada Haití, que eligió al progresista Rene Preval como presidente.

Claro que, todos estos procesos de cambios sociales y políticos que he señalado, no son homogéneos ni están exentos de contradicciones o debilidades, poseen diferentes intensidades, radicalismos y trascendencia social, pues no han nacido como parte de un proyecto preconcebido sino como reacciones nacionales a realidades insostenibles, pero en su diversidad comparten algo más que la geografía.

Y si hay que destacar sus puntos de unión yo señalaría las políticas de cambios sociales y estructurales a favor de las mayorías, la irrupción con un protagonismo propio de sectores sociales tradicionalmente excluidos (el caso de los indígenas es el más evidente pero no el único), la conciencia de que la integración y cooperación regional es imprescindible para abrir la puerta al futuro, y la apropiación, en diferentes escalas, de sus recursos naturales como base de un desarrollo económico que intenta mirar a lo social.

La reciente victoria de los sectores demócratas en las legislativas de los EEUU ha servido también para que los círculos del poder imperial echen una mirada reflexiva a su entorno cercano y se alarmen seriamente ante esta especie de rebelión y afirmación generalizada de independencia latinoamericana. Los nuevos inspiradores de la política exterior norteamericana ya han anunciado iniciativas y cambios en su práctica, y una especial atención hacia el sur del continente.

No hace falta ser adivino para intuir que esta política será guiada por la vieja divisa imperial romana de «divide y vencerás», así que los sectores progresistas y de izquierda latinoamericanos tienen un serio reto por delante, que será incentivar los cambios sociales que beneficien a las mayorías, promover las políticas de integración regional y articular el rechazo al proyecto de asociación de libre comercio con los EEUU (ALCA), impulsar el diálogo como fórmula para abordar los problemas bilaterales entre sus diferentes países, y evitar por todos sus medios que la política norteamericana consiga aislar a los más radicales y rebeldes, como son Cuba, Venezuela y Bolivia.

El recién elegido presidente de Ecuador Rafael Correa declaraba a una conocida cadena de televisión norteamericana después de su aplastante victoria que «Latinoamérica no está viviendo una época de cambios sino un cambio de época», y ésta parece ser efectivamente la clave de la segunda independencia latinoamericana que va tomando cuerpo y alma.
Fuente: Aporrea
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PARAGUAY: LA IZQUIERDA COMIENZA A LEVANTARSE
por Carmen Moreno

 Los vaticinios del ex presidente del Senado paraguayo Carlos Filizzola de que esta nación tarde o temprano tomará el carril de la izquierda que mueve a Sudamérica, se repiten hoy como eco en el ámbito político y en el sector campesino.

"El electorado busca el cambio" que incorpore a Paraguay a ese viraje, aseveró el sublíder del partido País Solidario (PS) en la Cámara Alta, durante un análisis sobre la crítica situación interna, dominada por el desempleo, la inseguridad y la pobreza.

Esa organización, de tendencia izquierdista, resolvió tomar distancia del gobierno de Nicanor Duarte y asumir "una posición más crítica, cuestionadora y de confrontación".

En Paraguay, el gobernante Partido Colorado (PC) lleva más de medio siglo en el poder, incluidos los años de la dictadura de Alfredo Stroessner.

Sorpresivamente, el nacimiento del movimiento Tekojoja (Unidad, en lengua guaraní) amenaza con poner en pie aquí la corriente renovadora de pensamiento social que arrastra hoy a Brasil, Bolivia, Nicaragua, Venezuela, Chile, Uruguay, Ecuador y Argentina.

Integrada por varias organizaciones campesinas, sindicales y grupos de izquierda, esa fuerza alza las banderas de la revolución agraria, la recuperación de la soberanía energética, el rechazo de tropas extranjeras y la no criminalización de la lucha social.

Sus miembros tienen un nombre para las elecciones presidenciales de 2008: el obispo católico Fernando Lugo, de 55 años, quien mantiene ventaja sobre Duarte en intención de votos, según sondeos de opinión recogidos por el diario ABC Color.

El sacerdote es conocido aquí por su destacada defensa de los pobres y la crítica al estado burgués, y cuenta con el apoyo del partido Patria Querida, tercera fuerza política en Paraguay.

Como la Constitución le impide acceder a cargos eleccionarios, el ex prelado de la norteña diócesis de San Pedro, la región más pobre y convulsa del país,  solicitó su renuncia a la vida religiosa.

Tekojoja tiene representación en Asunción y bases en 11 departamentos: Misiones, Itapúa, Caaguazú, Concepción, San Pedro, Guairá, Alto Paraná, Central, Amambay, Canindeyú y Cordillera.

Hasta el momento, contaban como representantes de la fragmentada izquierda paraguaya el Partido Patria Libre (PL), el Partido de los Trabajadores, el Partido Comunista y el Partido Socialista.

Forman parte del débil tejido social que se proyecta contra las políticas neoliberales la Corriente Gremial Campesina (que reúne a unas 20 organizaciones), el Movimiento por la Igualdad y la Libertad (también de labriegos), y el Movimiento Indígena 19 de Abril.

Pese a esfuerzos, sus líderes no consiguieron hacer sentir el proyecto Izquierda Unida, "para avanzar en la consolidación de las luchas por el poder popular, la liberación nacional y la perspectiva de conquistar el socialismo".

La plataforma de ese plan lo declara como "única opción de los trabajadores, los campesinos, los pueblos indígenas y sectores populares para salir del atraso, la miseria y el hambre al que someten al pueblo paraguayo la burguesía y oligarquías gobernantes".

Ninguno de estos partidos cuentan incluso en el bloque opositor representado en el Parlamento, del que forman parte cinco grupos: Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), Patria Querida, Encuentro Nacional, Unión Nacional de Ciudadanos Eticos y PS.

Uno de los más conocidos, el Patria Libre, sufre el deterioro de su imagen pública a partir de la vinculación de algunos de sus ex miembros en el secuestro y asesinato de Cecilia, la hija mayor del ex presidente Raúl Cubas.

Fundada en 1990, la organización considera que generalizar las posibles culpas de unos hacia el grupo forma parte de los esfuerzos gubernamentales para desacreditarlos y desviar la atención de problemas sociales.

De ese mismo grupo político proceden Juan Arrom y Anuncio Martí, refugiados en Brasil luego de que la justicia los vinculara en 2002 al rapto de María Edith Bordón, esposa de un acaudalado empresario, hijo de un ministro durante el gobierno de Alfredo Stroessner (1954-1989).

Sobre el caso, del que aún se ciernen grandes sombras de dudas por la cantidad de incoherencias, Arrom y Martí aportaron pruebas de haber sido secuestrados y torturados durante el cautiverio de Bordón.

El asunto originó la dimisión de dos ministros y tres jefes policiales y llevó a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a amonestar al Gobierno paraguayo.

Pese a las divisiones que todavía subyacen, la mirada de los paraguayos, como sucede en casi toda la geografía latinoamericana, está enfocada en las naciones que buscan alternativas más allá de las fracasadas políticas neoliberales y discriminatorias.

Y los ejemplos, sobre todo tan cercanos, a veces resultan muy influyentes. 
Fuente: Prensa Latina
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Cubarte, 2006.

[Entorno] Boletin Entorno (Año 4 Número 106)





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