..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4, Nro.157, Viernes, 5 de enero del 2007

Libro de visitas

 

Crónicas de la lucha revolucionaria
Preparando la guerra XI Parte a XIII
Por William Gálvez:

30 DE NOVIEMBRE (9)

Matanzas

Dos o tres días antes, Ricardo González Tejo y otros dirigentes del Movimiento se reunieron con Aldo Santamaría en Matanzas. Debían estar listos para distintas acciones, cuando él indicara. A González le dio instrucciones de que se trasladara para Jovellanos, donde era fuerte el núcleo del Movimiento dispuesto a atacar el cuartel de aquel lugar si- contaban con armas.

Los Villas

Santiago Riera y Carlos Martínez, de regreso de Oriente a Santa Clara, hicieron un alto en Camagüey. Allí se entrevistaban con la dirección del Movimiento, informando lo que se esperaba. La carencia de armas, como en las demás provincias, los limitaba a acciones de poca importancia. En la capital villareña y después de poner al tanto de los futuros acontecimientos, a los restantes dirigentes del 26 de Julio, planificaron distintos sabotajes, la confección de proclamas y como la más importante, localizar a los ex oficiales del Ejército para conminarlos a actuar y designar a un compañero que se trasladara a Cienfuegos con iguales propósitos.

Camagüey

La dirección camagüeyano recibió por cuatro canales la noticia del desembarco el 29; por el viaje que hizo Lázaro Artola a Santiago, la visita de Riera y por los telegramas desde Santiago de Cuba en horas de la mañana y desde México por la noche Joaquín Agramonte y García Peláez determinaron el acuartelamiento de los grupos de acción y de las Brigadas Juveniles. Artola jefe de acción, cumpliendo instrucciones que le diera Frank en su viaje del pasado 28, decidió situar tres potentes bombas en las vías de comunicaciones terrestres entre Oriente y Occidente. Para apoyar la voladura de la línea férrea central, se situaría un comando en una casa cercana, con instrucciones de tirotear a los militares que allí concurrieran.

Puerto Padre

Por la necesidad de buscar dinamita para las acciones del próximo día, Guillermo Domínguez, jefe de acción del Movimiento en Puerto Padre, planteó a los militantes de aquella zona, Alfonso Zayas. Raúl Castro Mercadé y Orlando Pupo, asaltar el polvorín de la Cadena, custodiado por una pareja de soldados, a siete kilómetros de la ciudad. Todo quedó arreglado para las diez de la noche del 29. Pero el plan de apresar al guardia que estaba de vigilancia --pues el otro no se encontraba--, amarrarlo y llevarse en un vehículo toda la  dinamita posible, se vino abajo porque algunos vecinos se acercaron al lugar cuando se disponían a inmovilizarlo y el prisionero trató de escapar a toda carrera. Los tres revolucionarios le dispararon y debieron abandonar la zona, llevando consigo los dos fusiles y un revólver. El soldado resultó herido de gravedad y pudo identificar a sus atacantes, que lograron escapar.

Guantánamo. 21.00 horas

Los guantanameros de 26 de Julio se reunían en la casa de los Preval. Su misión: impedir el acceso de las fuerzas militares de Guantánamo hacia Santiago, cortando las comunicaciones por carretera y ferrocarril y atacando varios cuarteles. Desde el 28 recibieron la ratificación de las acciones acordadas para el 30 dándose a la tarea de localizar el personal y recoger las armas. Tocaba ahora indicar los puntos a atacar y los encargados de hacerlo: al cuartel de Jamaica iría Demetrio Monseny (Villa), el de Caimanera, Enrique Soto, y a Ermita, Julio Camacho, para cortar el acceso por ferrocarril y carretera a Santiago. Octavio Louit y Ñico Torres paralizarían las actividades laborales.

FRANK PAIS: “Por la noche nos acuartelamos. La ciudad parecía normal, pero por la madrugada muchas familias empezaron a notar la ausencia de sus hijos, esposos o hermanos, y la población se sobrecogió de temor, presintiendo que algo iba a suceder."

Comando de Léster Rodríguez. 20.00 horas

Desde que anocheció, quienes estaban dispuestos a luchar se encaminaron la los puntos de acuartelamiento. Sobre las ocho de lo noche en la casa de los hermanos de Quesada, en la calle Cañedo 8 entre Escario y Garzón, a poca distancia del Regimiento Maceo, ya se encontraba la dotación designada para manipular y proteger al mortero de 81 mm, Léster Rodríguez responsable de accionarlo; de amunicionador, Khaleb de Quesada (traidor), Josué País manejaría la ametralladora trípode 30.06 con Orlando Regalado (Regaladito) y Camilo Oliva de ayudantes. La misión: morterear el Regimiento Maceo (Cuartel Moncada) desde el emplazamiento escogido, a tres cuadras, detrás del colegio Sagrado Corazón, en el reparto Terraza de Vista Alegre. Sería la señal para iniciar las acciones. Una vez lanzados todos los proyectiles abandonarían el lugar para reforzar con la ametralladora a quienes bloquearan los alrededores de la fortaleza militar,

Dentro del maletero de un automóvil parqueado frente a la casa se encontraban el mortero y la ametralladora, cubiertos por una lona. Como Léster recibió una llamado de Héctor Delfín, quien le dijo que su hermano, miembro de la policía, se despidió de su mamá haciéndole ver que se esperaban ataques de los revolucionarios, salió en busca de Frank, pero no pudo verlo.

Comando de Enzo Infante

En Cuartel del Pardo 311, donde funcionaba la pequeña escuela particular Desiderio Fajardo, de los hermanos Infante, pernoctaron los miembros de la célula dirigido por Enzo, para entrar en acción la mañana siguiente. Sólo dos de sus trece integrantes no pudieron ser localizados.

Comando de Pepito Tey. 21.00 horas

Muy cerca de la Placita de Crombet, en Habana 404 entre Santo Tomás y San Pedro, estaba la residencia de los Tey Saint-Blancard. Desde por la tarde Pepito habló con sus padres y les dijo que necesitaba la casa por esa noche. Accedieron a la petición de su hijo; sería la última vez que le vieran con vida. Pasadas los nueve de la noche se encontraban en la casa todos los jefes de células y algunos de sus miembros que participarían en el ataque a la unidad policíaca, en la Loma del Intendente, bajo las órdenes de Pepito. Las armas y los uniformes fueron sacados de sus escondites y situados sobre la mesa del comedor.

Antes del inicio de la explicación, uno de ellos abandonó el local, autorizado por el jefe; otro, Santiago Montes de Oca (Chago), pidió permiso para ir o su casa a buscar un abrigo, pero no regresó. El máximo responsable hizo referencia a dos compañeros que mandó a ciertas gestiones fuera de la ciudad, con el fin de que no participaran en la acción, uno por ser padre de varios niños y otro por indisciplina. Alrededor de las once de la noche explicó a los presentes el plan de ataque, sobre un croquis en el suelo. Uno dijo que se debía escuchar la opinión de los demás sobre lo expuesto, antes de aceptarlo, a lo que Pepito respondió: "Las acciones revolucionarias no se llevan a cabo por asambleas, ya que por ese camino nunca se harían." Posteriormente les habló en voz baja, pero con gran emoción:

    --Fidel ya está en camino y debemos cumplir con nuestra misión, por muy difícil que sea.

    Todos asintieron con la cabeza o con un sí muy quedo. Pepito los miro con satisfacción, agregando:

    --Vamos a tomar un poco de tilo, que es bueno para los nervios --finalmente propuso-: Si estamos todos de acuerdo, ahora cantemos el Himno en voz baja: Al combate corred, bayameses, / que la patria os contempla orgullosa. / No temáis una muerte gloriosa / que morir por la patria es vivir. / En cadenas vivir es vivir / en afrentas y oprobio sumido. / Del clarín escuchad el sonido / A las armas valientes, corred.

    A pesar de que no se oía más allá de los paredes de la casa, aquel coro de los jóvenes del Centenario sería uno de los más conocidos en toda Cuba al correr del tiempo.


PREPARANDO LA GUERRA  12ª Parte

30 DE NOVIEMBRE (10)

Comando de Otto Parellada

En los altos del, Lido Club, morada de Emiliano Corrales, a las diez de la noche ya estaban los insurreccionalitas, las armas y los uniformes de cada uno de los integrantes del grupo de apoyo para el ataque al cuartel de la policía en la Loma del Intendente, comandado por Otto Parellada. Parado frente a una pizarra con un croquis dibujado. Este explicaba los pormenores de la misión a los combatientes. Las palabras del bravo jefe se grababan en sus memorias y aquella firme voz continuaría resonando en ellas por siempre. Entre las responsabilidades de ellos estaba obtener vehículos para el grupo de Pepito. A las seis y treinta de la mañana debían dirigirse en los dos autos a su disposición al garaje de Wiloro, en Avenida de Céspedes y Garzón y apoderarse de cuatro máquinas, luego trasladarse a la casa cuartel de la calle Habana entre Santo Tomás y San Pedro. Al terminar la explicación, Otto dio a conocer que en caso de caer él, su sustituto sería Casto Amador y si también éste, caía, lo reemplazaba en el mando Emiliano.

Comando de Jorge Sotús

Antes de la media noche, dos de los diecinueve miembros del grupo designado para tomar la unidad de la Policía Marítima, en el puerto, se habían retirado. Los nervios los traicionaron al enterarse de la inminencia del combate. El resto permaneció en la casa de calle 3ra. Nº 217 esquina a 10, en el reparto Sorribes, alquilada con ese fin a nombre de Enrique Chacón Estrada. Su jefe, Jorge Sotús, fue en busca de Frank con la misma noticia de Léster, recibida por la misma persona. Se encontró con Puchete Infante, al que dijo que le diese a Frank la información. De regreso a la casa cuartel, ordenó ponerse los uniformes verde olivo y la entrega de las armas, 1 Thompson, 1 escopeta calibre 12, 7 fusiles calibre reducido, 1pistola, 5 revólveres y varios cocteles Molotov. Luego, frente a un plano, explicó en detalles la misión: tomar la unidad Marítimo. Para su traslado contaban con dos autos.

Comando de Enrique Hermus

En la noche del 29 cuando Hermus fue a avisar al responsable de la célula escogida para el cumplimiento de su misión, observó que estaba en tragos y nada le dijo. Por tal motivo habló con Tin Navarrete, dirigente del grupo, que se había desprendido del suyo, para que le enviara la célula de Hermes Salmón. Acordaron que aquellos compañeros se dirigieran a la casa de Hermus, en calle D, 363 del reparto Portuondo antes de las 12 de la noche.

Comando de Ignacio Alomá

Era Ignacio el mayor de los jefes de grupo de acción, con 41 años. Su hermano Tony formaba parte de una de las células de Pepito. En la viviendo de Ignacio (en calle 4ª Nº 16, entre Carretera Central e Independencia, del Reparto Sorribe), él y sus militantes esperaban la madrugada para trasladarse a la vivienda de Felipe Parra (en 1ª Nº 22, del mismo reparto), donde una pareja de compañeros aguardaba con 2 fusiles, Mendoza, 2 de calibre reducido, 1 escopeta, varios cartuchos de dinamita y granadas de mano.

Comando de José Cala

El personal de José Cala, con escasas armas, se concentró en la casa alquilada para su próximo matrimonio, en Santa lucía 619. Por la tarde fue utilizado para imprimir los 10 000 volantes. Terminaron la impresión a las 10 de la noche. Las proclamas permanecieron allí para ser recogidas y distribuidas al otro día por las Brigadas Juveniles. Poco después llegaron Emilio Lamela, Alfonso Verdaguer, Leonel Duarte, Lorenzo Reina y otros, los demás integrantes del grupo se encontraban en la casa de Raúl Barrera, calle A entre 6 y 7, Reparto Portuondo; y en la de San Agustín 8, esquina a Calle Nueva.

    En una salida que realizó Cala se encontraría con Clergé en el Parque Céspedes. Esperaba que lo recogieran, pero como era pasada la media noche, decidió irse con Cala, quien iba a buscar unos cocteles Molotov. Resultando que los compañeros responsables de entregárselos no fueron localizados. Aquel recorrido se hizo en la máquina manejada por Verdaguer, acompañado por Lamela.

Comando de José Álvarez (Nene)

Los integrantes del grupo de Nene Álvarez pasaron la noche en General Wood Nº 14 en un depósito de madera, en la misma calle, a una cuadra de la Avenida. Martí, y en 5ª Nº 105. Reparto Mariana de la Torre, en la casa de Darío Mitchel, donde estaba la ametralladora calibre 30, además de 6 fusiles Mendoza 1 M-1, 3 pistolas y granadas. En la vivienda de Norge Niubó, en Escario entre Hernán Cortés y Pedrero, se encontraban 5 fusiles Mendoza. Eran más de 20 hombres. Los carros para trasladarse debían incautarlos por la mañana.

Comando de Emiliano Díaz

En la casa de Raúl Perozo, calle 6ta. 112. casi esquina a Aguilera, Reparto Santa Bárbara, se acuarteló el grupo de Nano Díaz con 11 hombres entre ellos Reinero Jiménez y Abelardo Colomé, (Furry), contaba con 1 ametralladora calibre 30 de trípode, 2 fusiles Mendoza, 3 escopetas y 3 armas cortas. Un jeep esperaba en la puerta.

Brigadas Juveniles bajo la dirección de Félix Pena

En la calle San Joaquín Nº 111, entre San Antonio y San Ricardo, vivía Mario Chong, miembro de las Brigadas Juveniles. Por su estrecha amistad con Félix Pena, éste le pidió la casa para las reuniones y confeccionar cocteles Molotov. Dos o tres días antes del 27 de noviembre, Pena jefe de las Brigadas Juveniles, citaba a los distintos responsables de brigadas que eran estudiantes y les dijo que estaba prohibido participar en actos o manifestaciones públicas que se realizaran en esa fecha. A partir de la tarde del 27 en la casa de Mario se inició la fabricación de los cocteles por miembros de las brigadas. Entre ellos, el propio Pena, Chong, Fernando Prol, Luis Argelio González Pantoja, el autor de estas crónicas y otros, Se pasaron toda la noche en esa tarea, pues era necesario preparar muchos para los grupos participantes en las acciones.

    A primeras horas del 29 llegaban los jefes de brigadas, Pena les señaló su misión que era apoyar el bloqueo al Regimiento, que las armas eran escasas, y fueron destinadas a los grupos de acción. Los brigadistas se encargarían de construir barricadas, protegidos por quienes estuvieran armados, indicando a cada uno que buscaron lugares para acuartelarse; debiéndolo informar por la tarde, momento en que se les diría a qué grupo habrían de apoyar y si contarán con armas. A los integrantes de las brigadas se les informaría que era para una práctica.

    Sobre las cinco de la tarde Pepito Tey y César Perdomo llegaron en un carro a recoger una buena cantidad de cocteles. Por la noche los brigadistas se trasladarán con Pena para la case de Pepín Lupiáñez, en Avenida 12 de Agosto Nº 4. Lupiáñez acababa de regresar de La Habana, adonde viajó la mañana del 28 por instrucciones de Pena a buscar unas armas que, según Antonio Fernández Arbelos, Temistocles Fuentes había dejado en el hotel Cecil antes de irse de Cuba. Pena, informó de esto a Frank, quien autorizó el viaje. De las armas anunciadas sólo quedaban varias granadas brasileras, algunas docenas de balas y cargadores de distintos calibres.    

    Una parte de los cocteles se distribuyó utilizando un carro de repartir leche, manejado por Walfrido Iglesias. Pasadas las nueve de la noche, los brigadistas se fueron retirando para la Escuela Activa, en San Gerónimo Nº 475, lugar de concentración de los militantes bajo las órdenes de Félix Pena.


PREPARANDO LA GUERRA 13ª Parte
Por William Gálvez:

30 DE NOVIEMBRE (11)

Los integrantes de la brigada de Manuel Juantorena escogieron, como punto de encuentro el cine Rex, en Aguilera entre Hernán Cortés y San Miguel. Se les indicó que terminada la función se dirigieran a calle Heredia esquina a Blanco. En el patio de la pequeña panadería de la familia Muñiz, 10 jóvenes esperarían el amanecer para trasladarse a la Avenida Garzón y calle Hernán Cortés y, con el grupo de Cala, construir las barricadas. Una vez allí, Juantorena y Jorge Romero sacaron de encima del horno de la panadería unas 10 granadas brasileñas que horas antes les entregara Pena, pero cuando fueron a cogerlas no pudieron por la alta temperatura que habían cogido. No explotaron quizás por su inutilidad. Haberlos colocado en ese lugar expresaba la total ignorancia bélica de la mayoría de los combatientes revolucionarios.

    Los brigadistas que debían repartir las 10 000 proclamas revolucionarios bajo las órdenes de Víctor González Yasell y Arnaldo Yasell, pasaron la noche en San Agustín Nº 8, a media cuadra de Martí, en la casa de Gumersindo Riera. Como al frente moraba un sargento del Ejército quien tal vez, sospechara si notaba la cantidad de muchachos que allí se encontraban, Gumersindo organizó un despojo santeril para que se creyeran que ése era el motivo de a presencia de los jóvenes en su casa. Uno de los combatientes acuartelados, un mes más tarde sería el "Niño Héroe de la Revolución", William Soler.

Vilma. 21.00 horas

Sobre las nueve de la noche Vilma Espín y Asela de los Santos, queriendo aparentar un paseo normal, caminaban vigilantes de un lado a otro de la acera, para prevenir de alguna persona extraña, que pudiera sorprender o escuchar la alocución que dentro de la casa se estaba grabando. Varias veces le llamaron la atención por lo alto que hablaban, pues los vecinos de esa cuadra que estuviesen despiertos o con sueño ligero, escucharían claramente las voces de Haydeé, Hart, Gloria Cuadras y, Ramón Álvarez leyendo el llamamiento para que todo el pueblo se incorporara a la lucha armada contra él régimen castrense. Se sumaba el trasiego de jóvenes de las Brigadas Juveniles que acudían a acuartelarse en la Escuela Activa, al lado de la casa de los Espín Guillois. la grabación iba a ser recogido a las seis de la mañana por un empleado de la CMKC-que operaba los equipos de transmisión, comprometido a posarla.

Frank. 21.00 horas

Cuando Frank solía del Carrusel con otros compañeros, se encontró con dos jóvenes camagüeyanos que conversaban con Pepito, la razón de su viaje fue hablar con él sobre las armas que les correspondían a ellos.

    GREGORIO JUNCO: "Allí, en un intercambio rápido, nos indicó que nos dirigiéramos a la florería Los Ángeles, lugar que no conocíamos porque no éramos santiagueras, designando a un compañero que se montara con nosotros para que nos guiara. En aquel lugar nos comunicó que el alzamiento sería en la mañana siguiente, que se decidió por la Dirección Nacional que el armamento comprado para Camagüey se desviara para donde se realizaría un fuerte golpe, y éste era Santiago de Cuba, y nos ordenó, que nos trasladáramos para Camagüey."

 RAFAEL INFANTE (PUCHETE): “Después de las diez de la noche sacamos las últimas armas y las llevamos para la casa de Susette Bueno, regresando a El Carrusel. Frank, Taras y yo fuimos los últimos que lo cerramos. De ahí nos trasladamos a la casa de Luis Felipe Rosell y le llevamos un arma. Frank entró y Tara y yo nos quedamos afuera. Regresamos por la calle Carmen y Santo Tomás. Ahí yo sigo para la casa de Susette y ellos dos continúan rumbo a Trocha. No sé a qué lugar. En el camino me encuentro con Léster, quien buscaba a Frank para informarle lo de la llamada de Delfín y que Gelasio López (Lopito), un ex miembro de la Marina, le dijo que la gente de ese cuerpo ratificaba que no se iban a meter  en nada, pero también que el Ejército sospechaba de algo. Con esas noticias volví a la casa donde antes dejé las armas y las trasladé para la de los Martínez Anaya, al frente. Luego pasé a saludar a una amiga y seguí hasta el lugar del acuartelamiento."

Frank. 23.00 horas

Poco antes de las once de la noche Frank llegó a la casa de las Aguiar, en Princesa Nº 666 entre Reloj y Clarín. Conversó brevemente con América, dejando a su cuidado el álbum de sellos y varios documentos personales. Luego fue a la residencia de Vilma, donde con los demás compañeros se puso a escuchar la grabación. Posteriormente dio la orden de recoger para partir hacia Punto Gorda.

    --Oye Vilma, ¿tú no vas con nosotros para allá?

    --Pero... ¿Tú no me dijiste que me encargara, de entregar lo grabación? ¿Cómo voy a estar aquí a las seis si...?

    --Es verdad, que tú y Asela se queden a dormir aquí, para llevar la cinta y dar las instrucciones de lo que tienen que hacer. Recuerda, que la grabación debe estar en el aire a las siete...

       Frank puso en el maletero del carro varios paquetes. Además de él montaron Haydeé, Hart y Gloria. Asencio aguardaba en el auto junto a Taras, después de regresar de su casa, adonde había ido a buscar un abrigo. A unas dos cuadras Frank mandó a detener el auto. En una pequeña bodega, adquirió galletas para el desayuno y luego continuaron hasta la casa de Punta Gorda. Antes Bilito Castellano trasladó en su carro a María Antonio y Ramón Álvarez. Además estaban Roberto Blanco Pujol, Ernesto Lazo e Hidecto Castillo. Los restantes jóvenes que trabajaron en la confección de las granadas, asesorados por Vilo Sánchez, el armero, se habían retirado junto a éste, horas antes con la mayor parte de las granadas.

El enemigo

Por el colonial y caribeño Santiago de Cuba, tal como ocurrió sesenta y un años atrás, los herederos de los Maceo, Moncada, Bandera y un sinnúmero de bravos cubanos se movían de un lado a otro de la ciudad, bajando y subiendo las asfaltadas lomas, en auto y a Pie, por las angostas y curvilíneas calles, ocultos en viviendas, sótanos o barbacoas, conformando cada cual la pieza que sería parte de lo maquinaria revolucionario que dentro de pocas horas echaría a andar. Sin embargo, no era posible que para el enemigo pasara inadvertido aquel constante trasegar de carros, hombres y mujeres con armas, parque uniformes, botiquines, y el engrase y traqueteo de la manipulación de ametralladoras, fusiles, escopetas, pistolas y revólveres.

CONTINUARÁ

 

 


© Biblioteca Nacional "José Martí" Ave. Independencia y 20 de Mayo. Plaza de la Revolución.
Apartado Postal 6881. La Habana. Cuba. Tel*fonos: (537) 555442 - 49 / Fax: 8812463 / 335938