..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4, Nro.158, Viernes, 12 de enero del 2007

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¿Crisis en la Biblioteca Nacional?

Mientras se cuestiona el trabajo de Horacio González y se tilda de “burlona” su respuesta, uno de los títulos de estos artículos que les presentamos, coloca entre comillas la palabra “dolido”, al referirse a González: ¿simple evidencia de una cita textual, o pura insidia? Hemos tratado de ser imparciales y para ello exponemos varios puntos de vista: aunque nos solidarizamos con el Director de la Biblioteca Nacional, coincidimos con algunos colegas en la idea de que todo puede llevarse a buen término si las ideas pasan, de opuestas, a complementarias:

EL HISTORIADOR HORACIO TARCUS LE ENVIO UNA CARTA AL SECRETARIO DE CULTURA DE LA NACION

Biblioteca Nacional: renunció el vicedirector y hay polémica
En el escrito a Nun manifestó diferencias con el actual director Horacio González. Dice que a la actual conducción le asusta modernizar el sistema bibliotecológico.
Por María Luján Picabea

La Biblioteca Nacional como Centro Cultural o como reserva de la actividad editorial y cabeza del sistema bibliotecario nacional. La renuncia de Horacio Tarcus a la vicedirección de la Biblioteca Nacional, dada a conocer ayer a través de una extensa carta dirigida al secretario de Cultura de la Nación, José Nun, dejó al descubierto los dos modelos de gestión en puja entre los dos titulares de esa casa.

"Mis desacuerdos con el director –Horacio González– respecto del perfil y de la misión de la Biblioteca Nacional no son un secreto para nadie", sentencia Tarcus en su texto de renuncia, en el que además da cuenta de la ausencia de respaldo a su proyecto de modernización e informatización de la institución.

"A González le interesa la actividad cultural y a mi lo bibliotecológico", comentó a Clarín Tarcus que tras el alejamiento de su cargo hizo énfasis en la crítica situación de la institución. "El presupuesto crece de modo exponencial y al mismo tiempo el patrimonio crece de modo vegetativo y la cantidad de lectores cae de modo exponencial".

Hasta este año la Biblioteca no contaba con un inventario completo de libros que componen su patrimonio –tarea que dirigió Tarcus– y la información se encontraba dispersa entre 77 bases de datos, cargadas en diferentes formatos, muchos de ellos anacrónicos.

"El objetivo que guió mi gestión a lo largo del año fue la búsqueda por consolidar una política de transparencia respecto de las prácticas administrativas y bibliotecológicas que lleva a cabo la institución. Para lograr transparencia y restablecer así la confianza es indispensable la modernización", explicó Tarcus.

Al mismo tiempo afirmó que hasta el momento dicha modernización no fue posible porque la sola palabra genera ciertos temores". Según el hasta ayer subdirector, "la informatización lo que hace es blanquear y eso genera gran resistencia entre los diferentes grupos del sindicalismo burocrático que existen en la Biblioteca".

"Para llevar adelante actividades culturales basta con un pequeño grupo de personas que trabajen en la puesta y en la difusión, pero generar una renovación estructural en términos bibliotecológicos implica modificaciones en las relaciones de poder y por consiguiente fuertes resistencias", disparó el historiador.

González, por su parte, reconoció que existen diferencias pero negó el desinterés denunciado por Tarcus. "La vida de la Biblioteca sigue sus fases normales, se está trabajando sobre muchos de los temas que Tarcus menciona en su carta. Es una pena que no se haya quedado para ver los resultados de un trabajo común que estaba, de algún modo, ya delineado", concluyó.

La renuncia fue recibida con preocupación por la Asociación de Bibliotecarios (ABGRA). Su presidenta, Claudia Rodríguez, comentó que teme por la continuidad de los proyectos bibliotecológicos que el vicedirector tenía a su cargo.

Nun, por su parte, dijo sentirse sorprendido por la drástica decisión de Tarcus. "Hasta el jueves –dijo– confiaba en que las diferencias entre el director y el vice pudieran resolverse". Sin embargo, Nun reconoció que las disputas entre ambos funcionarios no eran recientes. Habían comenzado en diciembre de 2005 y en setiembre de este año solicitaron su mediación . Pese a ello, Nun quitó fuerza a la dicotomía: "González pone el énfasis en la Biblioteca como Centro Cultural pero eso no quiere decir que se desentienda de lo bibliotecológico. Tarcus pone énfasis en lo bibliotecológico pero también se interesa en lo cultural".

"La Biblioteca tiene que poder contar con ambas cosas –continuó Nun–, tiene que desarrollar la vida cultural porque eso es enriquecedor, pero su eje debe estar puesto en atender a las necesidades del lector, cuidar su patrimonio y atenderlo". Se verá.

http://www.clarin.com/diario/2006/12/30/sociedad/s-01336629.htm


La crisis en la Biblioteca Nacional
Intelectuales apoyan las críticas de Tarcus: Avalaron las razones de su renuncia
Por Susana Reinoso

La crisis en la Biblioteca Nacional, producida a partir de la renuncia del subdirector Horacio Tarcus, un reconocido archivista que llevaba a cabo varios programas bibliotecológicos en el organismo, sigue generando alarmadas reacciones por parte de intelectuales e investigadores.

Ayer se conoció un documento dirigido al secretario de Cultura de la Nación, José Nun, firmado por más de 120 intelectuales y profesionales que ponen de relieve "el certero diagnóstico sobre el sombrío estado de la Biblioteca Nacional que detalla Horacio Tarcus en su renuncia, lo que cada uno de nosotros puede avalar por su propia experiencia como lectores e investigadores".

Muchas de las firmas recogidas en el documento, que llegó a la Redacción de LA NACION por correo electrónico, son prueba elocuente de la repercusión que la dimisión de Tarcus ha provocado en el mundo de la cultura.

Entre los adherentes se hallan Luis Alberto Romero, Hilda Sabato, Sylvia Saítta, Beatriz Sarlo, Silvia Sigal, Oscar y María Terán, Mirta Varela, Diana Wechsler, Susana Zanetti, José Emilio Burucúa, Adrián Gorelik, Claudio España, Fabio Espósito, Rafael Filippelli, Silvia Finocchio, Andrea Giunta, Mónica Gluck, Marta Goldberg, Rosana Guber, Alejandro Katz, Ignacio Llovet, Eduardo Migues, José Miguel Onaindia, Felipe Pigna, Irina Podgorny y Sergio Pujol.

Además de coincidir con el diagnóstico de Tarcus, los firmantes están de acuerdo en las necesidades señaladas por el funcionario en su renuncia. Y reclaman "sistemas que garanticen el acceso de los lectores e investigadores a los libros, de modo de convertir a la Biblioteca Nacional en el centro de un moderno sistema bibliotecológico nacional y en el reservorio principal de la producción editorial".

En diálogo con LA NACION, Adrián Gorelik dijo ayer que el voluminoso informe de Tarcus sobre su gestión "sienta un precedente excepcional y certero que González no pudo rebatir. Por eso atacó a Tarcus burlonamente. Esto no ha pasado inadvertido para el mundo de los investigadores".

Gremios en alerta

Los sindicatos que agrupan al personal de la Biblioteca Nacional -ATE, UPCN y Soeme- están en estado de alerta. En su renuncia, el ex subdirector Tarcus puso de relieve la poderosa intervención que los gremialistas tienen en la estructura y funcionamiento del organismo.

En un extenso documento que anoche llegó a esta Redacción por correo electrónico, ATE se atribuye haber plantado la semilla del inventario que el ex director de la Biblioteca y actual legislador porteño Elvio Vitali puso en marcha. El texto, poco amable con Vitali, le critica "haberse apropiado del inventario como elemento de rédito propagandístico personal". Si bien no cuestiona varios de los reclamos estructurales formulados por Tarcus, queda claro que se trata de una carta de apoyo a la gestión de González. Sobre todo, porque la relación del director con los gremios le ha permitido en 2006 una gestión sin obstáculos.

Link permanente: http://www.lanacion.com.ar/872443


CUESTIONAN LA GESTION DEL DIRECTOR DE LA BIBLIOTECA NACIONAL
Horacio González, "dolido" por una carta de intelectuales
Por Diego Erlan
 
Se pliegan a las polémicas denuncias del ex subdirector Horacio Tarcus. Firman, entre otros, Beatriz Sarlo y los historiadores Felipe Pigna e Hilda Sabato.

<< FIRME. Horacio González le dijo ayer a Clarín que no hay ninguna posibilidad de que presente su renuncia. (Sergio Goya)

Carlos Altamirano, Felipe Pigna, Hilda Sábato, Luis Alberto Romero y Beatriz Sarlo son algunos de los prestigiosos investigadores que firmaron e hicieron pública una carta en la que manifestaron su preocupación sobre la suerte de la Biblioteca Nacional, tras la salida de su subdirector, Horacio Tarcus, cuya renuncia abrió el debate sobre el estado de la institución y sus modelos de gestión (Ver Lo que).

La carta, que circuló ayer por Internet, lleva la firma, además, de Gonzalo Aguilar, Martín Bergel, Alejandro Katz, María Teresa Constantín, Luis Priamo, Jorge Gelman, Adrián Gorelik, María Teresa Gramuglio, Mirta Zaida Lobato, Diana Wechsler, Graciela Silvestri, Juan Suriano, Oscar Terán, Sylvia Saítta, Juan Gabriel Tokatlian, Andrea Giunta y José Emilio Burucúa, entre muchos otros. Todos ellos acordaron con "el certero diagnóstico sobre el sombrío estado de la Biblioteca Nacional que detalla Tarcus".

Los intelectuales basaron el apoyo en sus experiencias "como lectores e investigadores", y destacaron, como Tarcus, la necesidad de trabajar en la "modernización de la gestión bibliotecológica, inventario e informatización del patrimonio de la Biblioteca". Asimismo pidieron por una política que apueste a "convertir a la Biblioteca en el centro de un moderno sistema bibliotecológico nacional y reservorio principal de la producción editorial".

Con el mismo espíritu la historiadora Hilda Sábato, una de las firmantes que hasta el momento integraba el Consejo Consultivo de la Biblioteca, también presentó su renuncia debido a su adhesión al proyecto promovido por Tarcus, que, según expresó, Horacio González ridiculiza.

—En este contexto, ¿Pensó en renunciar?

—No, para nada. Me sorprende la pregunta —contestó firme González.

"No son tiempos de alarma para la Biblioteca, pero de todas maneras agradezco la preocupación de los investigadores y la justifico plenamente, porque la Biblioteca es un eslabón cultural del que no se puede prescindir; es el sostén intelectual de una gran cantidad de actividades", señaló González en respuesta al difundido comunicado.

Finalmente, el director dijo saber que cuenta con el apoyo de otros tantos especialistas y confesó sentirse dolido porque este grupo de investigadores, a quienes conoce desde hace tiempo, elaboraran un documento en el que no se lo menciona, "como si en este tiempo no hubiera hecho nada por la Biblioteca, como si fuera un desconocedor de temas que me desvelan".

Además, observó que quienes firman la carta "pasan por alto que la Biblioteca no está en la sombra, sino que hizo muchos avances que no dependen de una sola persona y que por lo tanto seguirán su curso. Hay un estilo alarmista muy argentino que en este caso no cabe", comentó.

En tanto, también alzaron su voz desde la junta interna de delegados de ATE de la Biblioteca, en reclamo por un nuevo debate sobre una profunda reestructuración orgánica de la institución: "Hoy existen las condiciones para definir los cargos ejecutivos, vacantes desde hace décadas, y que a partir de allí se establezcan las políticas organizativas."

Lo que denunció Tarcus

  • "El énfasis puesto por algunos de nosotros (...) en la necesidad de modernizar la Biblioteca Nacional incorporando nuevas tecnologías informáticas fue reiteradamente resistido por Horacio González."
  • "Al asumir como director el Dr. Horacio González, se invirtió la relación de fuerza, perdiéndose el impulso de modernización tecnológica y saneamiento administrativo que Vitali había logrado comenzar a imprimir en la Biblioteca Nacional. El proyecto de la Biblioteca como Gran Centro Cultural pasó a ocupar el primer plano."
  • "Los objetivos de transparencia y modernizacón encontraron al interior de la Biblioteca apoyos de algunos sectores y la obstinada resistencia de otros."
  • "El problema no consistió en estas previsibles resistencias, sino en la defensa teórica y práctica, no tan previsible, que hizo el director de la existencia y del funcionamiento de estos micropoderes y microsaberes."
  • "Nuestra Biblioteca cuenta entre su personal con apenas un poco más de 50 bibliotecarios, una docena de informáticos y otra docena de licenciados en Letras y Ciencias Sociales. Aproximadamente el 75% de su personal no tiene calificaciones profesionales para trabajar en una biblioteca."

http://www.clarin.com/diario/2007/01/04/sociedad/s-04201.htm


Biblioteca Nacional: sigue la polémica (Argentina)
Por María Luján Picabea

No es posible hablar de un discurso cultural y otro bibliotecológico. En la Biblioteca Nacional no puede aceptarse una escisión de esa  naturaleza", señaló Horacio González, director de la institución, en respuesta a las afirmaciones que acompañaron la renuncia de Horacio Tarcus a su cargo de subdirector, de las que se desprendía que ambos funcionarios adherían a diferentes modelos de gestión.

"Por supuesto que hay división de las tareas y transversalidad y a la Dirección le cabe la articulación permanente de ellas", enfatizó González luego de definir a la Biblioteca Nacional como "una Institución enraizada en la conciencia simbólica de la cultura argentina".

Ante la alerta encendida por Tarcus sobre el supuesto desinterés del director en llevar adelante la modernización e informatización de la biblioteca, González dijo que en estos momentos se está llevando a cabo la discusión sobre la elección de un software integral para la gestión, catalogación y circulación del material de la biblioteca que, según explicó, se implementará este año.

El director aseguró que se dará continuidad a las tareas iniciadas por Tarcus y si bien admitió, como señaló su segundo, que en la biblioteca hay sindicatos fuertes que ejercen presiones, señaló que las formas sindicales pertenecen a la composición misma de la administración pública del país.

González discrepó con el ex subdirector en que el 75 por ciento del personal no esté capacitado para trabajar allí: "Objeto que se hable así y en todo caso apostamos a la capacitación", resumió.

También defendió el aumento de salarios puesto en discusión por Tarcus y la edición de la revista La Biblioteca y la colección Los raros, que, aseguró, "en gran medida se autofinancian".

Fuente: http://www.clarin.com/diario/2007/01/03/sociedad/s-03202.htm


Hilda Sabato renunció al Consejo Asesor de la Biblioteca Nacional
González y Tarcus, protagonistas del conflicto.
La polémica suma un nuevo capítulo

La polémica que desató la renuncia del subdirector de la Biblioteca Nacional, Horacio Tarcus, continúa. Después de leer la carta del director, Horacio González, publicada el domingo en Página/12, la historiadora Hilda Sabato decidió presentar su renuncia indeclinable al Consejo Asesor de Investigadores. “Dado que comparto en buena medida el proyecto institucional que promovía el subdirector y que usted ridiculiza, encuentro que mi participación en el Consejo Asesor de Investigadores carece de sentido”, señaló la historiadora.

Por otra parte, en un comunicado de la junta interna de delegados de ATE, los trabajadores del organismo advirtieron que “es paradójico que sea justamente la renuncia del subdirector, básicamente por incomodidad en el cargo, la que hoy nos presente la oportunidad de volver a revisar algunos hechos de la historia reciente institucional”. Con afán de aclarar “algunos equívocos que al reiterarse en el texto de renuncia de Tarcus, se corre el riesgo de quedar fijados en la memoria colectiva como hechos indiscutibles”, los trabajadores sostienen que el Inventario “no fue una concesión graciosa de ningún funcionario”. “Que Tarcus ahora o en su momento Elvio Vitali lo apropiaran como elemento de rédito propagandístico personal desdibuja la realidad. El inventariado del patrimonio nacional es un derecho ciudadano, y como tal fue reclamado, junto con una serie de medidas concretas, al gobierno nacional en una carta que hacia mayo del 2004 esta junta interna de Delegados dirigió, suscrita por más de 250 personalidades de la cultura, incluso los propios Horacio: Tarcus y González. Hasta entonces jamás se había denunciado la ausencia de inventarios confiables del patrimonio édito custodiado en el organismo.”

En cuanto a las partidas asignadas a la institución, ATE subraya que “recién hoy se cuenta con un presupuesto que le permite a la BN asumir compromisos con la sociedad, implementar un software adecuado, rehabilitar sus procesos técnicos, comenzar a ofrecer contrataciones mejores a mejor personal técnico, intervenir en el mundo editorial con ediciones propias, adquirir material bibliográfico y documental faltante”. Hacia el final del comunicado, los delegados agradecen que Tarcus reconozca en el texto de su renuncia a un sector gremial que comprende la necesidad de fortalecer un nuevo sindicalismo. “Los problemas están para ser enfrentados y resueltos, y hoy la BN tiene muchas mejores condiciones para su recuperación que las de hace dos años”.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-4986-2007-01-
04.html


Horacio Tarcus dejó la Biblioteca Nacional por diferencias 
“Una serie de desacuerdos” que terminó en renuncia         
Buenos Aires, Télam.

El subdirector de la Biblioteca Nacional, Horacio Tarcus, renunció el viernes a su cargo por “una serie de crecientes desacuerdos” con el actual director, Horacio González, respecto del perfil y la misión de esa institución, según expresó en una carta.

“Mis desacuerdos con el director respecto del perfil y de la misión de la biblioteca no son un secreto para nadie”, señaló el saliente funcionario en un extenso texto dirigido al secretario de Cultura de la Nación, José Nun, que circuló por correo electrónico. “Mientras Horacio González defendió enfáticamente una Biblioteca Nacional centrada en sus actividades de difusión cultural, otros miembros del Consejo insistimos en poner el eje en la modernización de la gestión bibliotecológica”, justificó Tarcus.

En su carta, el ahora ex subdirector mencionó que “la necesidad de modernizar la biblioteca incorporando nuevas tecnologías informáticas fue reiteradamente resistido por González argumentando que dichas tecnologías vulnerarían las tradiciones culturales que condensaba la institución”.

“Existen diferencias sobre distintos énfasis de trabajo, pero ninguna de las cosas que menciona como espacios que originan desinterés de mi parte son efectivamente así”, respondió el director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, en diálogo con Télam.

Tarcus concluye que se ve “obligado a señalar que el cuadro crítico presentado en septiembre de 2004 por la gestión de Vitali aún permanece, en sus líneas generales, crudamente vigente. El presupuesto de la Biblioteca Nacional crece de modo exponencial y al mismo tiempo el patrimonio crece de modo vegetativo y la cantidad de lectores cae de modo exponencial”.

Con respecto al decrecimiento de lectores, “estamos trabajando en muchas actividades que ojalá den resultados, pero es algo que ocurre en todas las bibliotecas que yo conozco y ocurrió en el país también. Son temas delicados, profundos, que exigen conocimientos técnicos y formas de sensibilidad y de respeto hacia la hondura de los temas”, dijo González.

Para González: “La vida de la biblioteca sigue sus fases normales, se está trabajando sobre muchos de los temas que Tarcus menciona en su carta. Es una pena que no se haya quedado para ver los resultados de un trabajo común que estaba de algún modo ya delineado”.

Sabía que... 

La Biblioteca Nacional cuenta en la actualidad con un presupuesto de diecisiete millones de pesos, alberga 400 trabajadores, entre empleados de planta y contratados, y dispone de 763 mil volúmenes, según el último inventario realizado en 2005. Posee entre sus libros más valiosos veinte incunables, como las “Quaestiones de potentia Dei” de Santo Tomás (Venecia, 1476) y un ejemplar de la “Divina Comedia” de Dante Alighieri (Venecia, 1484).      

http://www.elliberal.com.ar/secciones.php?nombre=home&file=verarchivo&id_
noticia=0612318O8


APOYO DE DAVID VIÑAS AL DIRECTOR Y CONTRAATAQUE DE HORACIO TARCUS
Cartas cruzadas por la Biblioteca Nacional

La discusión sobre la Biblioteca Nacional excede al ámbito de sus paredes", concluye Horacio Tarcus en una carta dada a conocer ayer. Efectivamente, la discusión sobre la situación de la institución y sus modelos de gestión dejó de estar ceñida al edificio de Agüero desde el pasado viernes, cuando con un extenso texto de renuncia a su cargo de subdirector, Tarcus la llevó a la calle.

Desde entonces han circulado dichos y entredichos, apoyos y acusaciones. Luego de que un amplio grupo de intelectuales, entre los que contaba a Felipe Pigna, Hilda Sabato, Carlos Altamirano y Beatriz Sarlo, expusieran su adhesión al diagnóstico de Tarcus y su preocupación sobre el futuro de la Biblioteca, ayer otro grupo de destacados intelectuales, encabezados por David Viñas, no hicieron esperar su apoyo a la gestión actual.

Además de Viñas, León Rozitchner, Christian Ferrer, María Pía López, Guillermo Korn, Verónica Gago, Diego Stutwark, Gabriela García Cedro, Susana Cella y Daniel Freidemberg firmaron una carta titulada "Apoyo a la Biblioteca Nacional", en la que sostienen que la institución no atraviesa un momento sombrío. "La oposición unilateral entre modernización y tradición empobrece problemáticas mucho más ricas y complejas y retrotrae el debate a una dicotomía que no hace justicia al presente de la Biblioteca Nacional".

Asimismo puntualizaron que no hay ninguna oposición entre biblioteca y actividad cultural, entre atención a los investigadores y apertura al público amplio, entre excelencia técnica y mejora de la situación laboral y económica del personal de la institución; y enfatizaron: "Todo esto no depende de una persona, de este o aquel nombre propio, sino de los acuerdos, discusiones y el trabajo de una comunidad integrada."

Una vez más en formato epistolar, y en un texto que firma desde Villa Gesell, Tarcus volvió sobre algunas de las consideraciones que había expresado en su renuncia y rebatió las declaraciones de González.

"Intenté con mi carta de renuncia provocar un debate público porque entendí que el destino de la Biblioteca Nacional no podía quedar atado a las negociaciones entre los grupos de poder que la atenazan y los funcionarios que lo toleran", destacó el ex subdirector.

http://www.clarin.com/diario/2007/01/05/sociedad/s-06020.htm


SOLICITADA EN DEFENSA DE LA BIBLIOTECA NACIONAL

La oposición  unilateral entre modernización y tradición empobrece problemáticas mucho más ricas y complejas, y retrotrae el debate a una dicotomía que no hace justicia al presente de la Biblioteca Nacional. Sabemos que la Biblioteca Nacional no está atravesando un momento "sombrío" y queremos expresar que sus trabajos de actualización, y su activa y renovada presencia e inserción en la sociedad, alientan a pensar que se superarán sus carencias y se proseguirán los compromisos para recrear la fuerza cultural que debe caracterizarla. Su momento actual está signado por la continuidad y avance de estas transformaciones. No hay ninguna oposición, al contrario, entre biblioteca  y actividad cultural, entre atención a los investigadores y apertura a un  público  amplio, entre excelencia técnica  y mejora de la situación laboral y económica del personal de la institución. Todo esto no depende de una persona, de éste o aquel nombre propio, sino de los acuerdos, discusiones y el trabajo de una comunidad integrada por lectores, investigadores, bibliotecarios y el conjunto de los trabajadores de la Biblioteca:

Adhesiones:

David Viñas, Osvaldo Bayer, Gerardo Gandini, Horacio Verbitsky, Juan Sasturain, María Seoane, Pino Solanas, Juana Bignozzi, León Rozitchner, Norberto Galasso, Antonio Dal Masetto, José Pablo Feiman, Josefina Ludmer, Tomás Abraham, Christian Ferrer, Cristina Banegas, Hebe Clementi, Jaime Sorin, Patrice Vermeren, Alcira Argumedo, Carlos Nine, Daniel Divinsky, Hugo Trinchero, Osvaldo Baigorria, Jorge Laforgue, María Pía López, Alejandro Kaufman, Américo Cristófalo, Alejandro Horowicz, Diego Tatián, Jorge Aulicino, Leopoldo Brizuela, Eduardo Jozami, Ana María Zubieta, Ricardo Forster, Gregorio Kaminsky, Wilbur Ricardo Grimson, Comisión Permanente de Homenaje  a Bibliotecarios Desaparecidos y Asesinados por el Terrorismo de Estado, Juan Carlos Volnovich, Tamara Kamenszain, Stella Calloni, Noemí Ulloa, Nora Dottori, Elsa Drucaroff, Jorge Dubatti, Alberto Szpunzberg, Jorge Accame, Daniel Freidemberg, Eduardo Grossman, Susana Cella, Liliana Heer, Miguel Vitagliano, Guillermo Korn, Enrique Carpinterio, Liliana Lukin, Adolfo Colombres, Aurelio B. R. Narvaja, Alfredo Carlino, Colectivo Situaciones, Lila Pastoriza, Ulises Gorini, Mónica Bueno, Diego Stulwark, María Eugenia Mudrovcic, María Cristina Zuker, Daniel Muxica, Cristian Aliaga, Pablo Montanero,  Roberto Retamoso, Sebastián Hernaiz, Guillermo David, Rubén H. Ríos, Juan Carlos Cena, Adriana Imperatore, Pablo A. Pozzi, Adriana Litwin, Alberto Guilis, Claudio E. Mamud, Cristian Palacios, Daniel Mundo, Alberto Marani, Alcira Bonilla, Blanca Moscato, Chela Grossman Torterola, Diego Poggiese, Eduardo Bigorri, Elena Bossi, Elsa Kalish, Esteban Vernik, Fundación Bartolomé Hidalgo, Gabriela García Cedro, Gisela Catanzaro, Hugo Rapoport, Graciela Ferrás, Eduardo Vior, Graciela Guilis, Nora Lia Sormani, Cesar Hazaki, Alejandro Vainer, Hernán Brienza, Hernán Sassi, Hugo Echave, Carlos Juárez Aldazabal, Jonás Braguinsky, Jorge Ramos, Juan Carlos Bettanin, Gabriel Erdmann, Juan Marcelo Warjchuk, Lisandro Kahan, Marcel Bertolesi,  Marcelo  Brodsky, Marta Rojzman, Marta Elena Grussac, Miriam Pino, Mónica  B. Cragnolini, Nathalie Goldwaser, Nora Strejilevich, Olinda Canetti, Osvaldo Piccardo, Pablo Valle, Perla Sneh, Raquel Angel, Sebastián Artola, Sebastián Carassai, Silvia Yankelevich, Teresa Gatto, Verónica Gago, Daniel Massei, Fernando Baez, Fernando Rubio, Pablo Accame, Marcelo Percia, Marcia Scrimini, María Isabel Fernández, Claudio Guevara, Claudio L. Pérez, María Rosa Balducci, Mariana Garber, Hugo García, Diego Molina, Marisa A. Muñóz, María Cristína Belge, Héctor Agnelli, Rafael Calviño, Jorge Ariel Madrazo, Julián Pérez, Ernesto Guitierrez, Graciela Hidalgo, Jorge Garrido, Fernando Perrone (solicitud pagada con el aporte de los firmantes)

Reenviar sus adhesiones a direccion@red.bibnal.edu.ar  y a privada1@correocultura.gov.ar

Fuente: Página/12 del Domingo 7 de Enero del 2007 (pp. 15).

*

Desde Cuba adherimos a la solicitada:

Como bibliotecaria cubana, me adhiero a la Solicitada en apoyo al Director de la Biblioteca Nacional Argentina, Sr. Horacio González

Todo lo que conozco sobre la gestión de Horacio es positivamente un trabajo por no sólo darle valor al trabajo de gestión bibliotecaria, si no por el salvamento del patrimonio, el reconocimiento de quiénes dieron su vida por una mejor argentina, por una vida mas plena culturalmente...

Me pregunto: ¿Cuánto ha hecho ABGRA [u otras asociaciones bibliotecarias del patio] por lograr ese trabajo mancomunado? ¿Cuántos de los que critican su gestión de trabajo, han dado el máximo de su apoyo para ayudarlo a ejercer con total eficacia? ¿O será que justo lo que intentan es conducirlo a una mala gestión?

Abogamos por la gestión de bibliotecarios calificados, pero la experiencia nos ha dado a un Director como Eliades Acosta Matos, que siendo historiador, ha conducido CON NUESTRO APOYO IRRESTRICTO a la Biblioteca Nacional de Cuba a sus mejores años de gestión bibliotecaria y cultural.

Creo que los bibliotecarios argentinos deben sacudir la modorra de los "aristócratas" de la cultura y dar su apoyo a Horacio, que evidentemente ha puesto su mejor empeño en el avance de la Institución.

Atte., desde Cuba
Lic. Rosa C. Báez
J’ Edición y Redacción de los Boletines
“LIBRÍNSULA” y “La Polilla”

*

Estimados señores:

 Tuve la suerte de participar, en representación de mi país, en una reciente reunión de trabajo de bibliotecas del Mercosur, que tuvo por sede la Biblioteca Nacional de Argentina. La impresión que recibí, tras sostener entrevistas y conversaciones privadas con sus directivos y trabajadores, incluyendo activistas sindicales, es que la institución marcha por una senda de recuperación, tras atravesar una larga agonía.

Lo que palpé allí, desde los encuentros con Horacio González hasta las palabras intercambiadas con el personal bibliotecario, es que, a pesar de problemas complejos y dificultades heredadas, existe un clima de trabajo positivo y se va recuperando la confianza y el entusiasmo de la gente, sin lo cual, ninguna obra humana llega a buen fin. En consecuencia, he leído con extrañeza acerca de las acerbas críticas que se hace a una gestión, como la de Horacio González, que cuenta con el aval de la Asociación de Estados Iberoamericanos para el desarrollo de las Bibliotecas Nacionales(ABINIA), precisamente, cuando el prestigio internacional de la Biblioteca Nacional de Argentina comienza a restablecerse, para alegría de todos. Quienes de verdad desean que los argentinos tengan la Biblioteca Nacional que merecen, por su historia y cultura, piensen y actúen primero de manera constructiva, y agregaría, hasta elevada, antes que arremeter contra una gestión que ha demostrado eficacia, y que no puede resolver, de inmediato, males acumulados de larga data, desde ese tiempo en que tales impulsos críticos hubiesen tenido toda justificación y no se escucharon. la pregunta final que dejo a quien desee responder es: ¿Por qué precisamente ahora?. Y otra más: ¿Para qué?

 Reitero, irrestrictamente, de manera personal e institucional, a Horacio González y a su magnífico equipo de trabajo, mi apoyo y el de la Biblioteca Nacional "José Martí", de Cuba.

Cordialmente:
Lic. Eliades Acosta Matos
Director de la Biblioteca Nacional "José Martí"
La Habana, Cuba


Apreciaciones sobre una renuncia
Por Horacio González *

La renuncia del subdirector de la Biblioteca Nacional manifiesta la doble ignorancia de quien desconoce la naturaleza de esta institución –cuya complejidad técnica, simbólica y cultural es evidente– y de quien hace pasar a primer plano un razonamiento lineal en un ámbito de delicados tejidos institucionales. La Biblioteca Nacional es una e indivisa. Nadie es dueño de sus trabajos y avances actuales. Tiene muchos proyectos en su interior y discusiones sobre cómo realizarlos, pero no admite –como no lo admite ninguna institución pública– una partición presupuestaria y una doble dirección. Entre tantos otros borbotones de ira infundada, se queja Tarcus de que publicamos importantes revistas y libros, o de que propiciamos la segmentación de la Biblioteca para transformarnos en monarcas. Leyó mal la historia de la Edad Media: debe volver a su Marc Bloch o Georges Duby. Dar a luz La Biblioteca, una revista argentina de reflexión, investigación y debate, no sólo no se contradice con ninguna de las demás tareas bibliotecológicas, sino que las sustenta y enriquece.

Trabajar en instituciones que protagonizan su reconstrucción siempre implica el diálogo permanente y respetuoso, que lejos de sectorializar una entidad genera nuevas convocatorias al compromiso colectivo. Una institución pública tiene tanto de división de trabajo formal, de proyectos transversales como de archipiélago de ideas y situaciones. Y como es obvio, aumentar el salario es parte de la sensibilidad que toda institución debe tener –¿no es absurdo tener que aclararlo?– lo que en nada se contrapone a comprar libros, como de hecho se ha estado haciendo en la mayor proporción de los últimos tiempos. Un pensamiento lineal, con temas de izquierda pero con resultados reales de derecha, con el infantil lenguaje de un capitalismo tecnocrático, no es la solución para nuestras bibliotecas, y sobre todo para la Biblioteca Nacional. Desconocer que la Biblioteca Nacional fue fundada hace ya casi doscientos años y pretender fundarla otra vez con un cientificismo lejano a la verdadera ciencia es un error y un desprecio. Confundirla con un mero centro de documentación es una imprudencia de principiante. La Biblioteca Nacional tiene en su interior centros de documentación, pero los excede en su complejo encadenamiento de símbolos, memorias y legados.

Debo decir que la Biblioteca Nacional seguirá su tarea serenamente y con creatividad. Devolverle su rol rector como institución cultural nacional es nuestro objetivo permanente, tal como se ha asumido en el comienzo de esta gestión en 2004, y aunque constituye una tarea que llevará años, estamos abocados a la misma desde una perspectiva integral, que comprende la catalogación de todos sus acervos, la preservación y el enriquecimiento del patrimonio bibliográfico, y se extiende hacia todo el campo cultural en general. El doctor Tarcus pudo haber participado con sus ideas, siempre valoradas, en muchos de los aspectos que aluden a carencias bien conocidas, en vez de cultivar exasperadamente una de las tendencias más irrelevantes de su estilo, la injuria sin fundamentos, el espíritu de mercería y un arrebato de soberbia que no mide consecuencias ni se atiene a responsabilidades asumidas. No es compatible estar en una institución y denigrarla a diario. No es elegante proponer que una institución particular de documentación histórica, que él fundara, sería más buscada por los lectores que la institución en la que era su subdirector. Enfrentarse a la mayoría del personal nunca garantiza la eficiencia, aunque se la invoque. Lleva a profundas equivocaciones, en la medida en que no hay realización, eficiencia y racionalidad sin ideas amplias sobre los pliegues complejos de la cultura. Un mesianismo de cuño gerencial, con nulo respeto por la vida democrática de una institución, pone en riesgo su condición de entidad homogénea, desde luego con muchas instancias y entrecruzamientos. La Biblioteca Nacional no precisa salvadores abstractos, tiene los textos bibliotecológicos de Groussac, la teoría de la biblioteca de Borges y el esfuerzo técnico y cotidiano de los bibliotecarios y bibliotecarias de la casa. La Biblioteca Nacional se extenderá hacia la ciudad con nuevas construcciones y se halla en una reflexión profunda para desarrollar el mejor camino para su actualización tecnológica, en consulta permanente con técnicos argentinos y extranjeros, además de hallarse en la inminencia de definir su software para los próximos tiempos. Ahí sí lectores e investigadores podrán percibir un adelanto palpable, sin infantilismos ni arrebatos. Ajeno a estos temas, el subdirector se preocupaba por publicar el índice de una importante revista de los años ’40 –que entre tantas otras publicaciones está prevista para salir en el mes de abril de 2007– y pensaba que era posible aceptar con liviandad el proyecto Google para hacerse cargo de toda la bibliografía latinoamericana, sin siquiera considerar ciertas reticencias que otros países han presentado frente al mismo. Lamento personalmente que una relación que pudiera haber sido otra tuviera este tropiezo que de todas maneras no alterará el rumbo de la Biblioteca Nacional. La construcción de una perspectiva estratégica, que parta de considerar la Biblioteca Nacional como una institución única y articulada, y retome sus grandes tradiciones, renovándolas y proyectándolas hacia el futuro, es lo que seguirá inspirando nuestros pasos, junto a sus lectores, sus investigadores y sus trabajadores.

  • Director de la Biblioteca Nacional.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-78471-2006-12-31.html


Repercusiones tras la renuncia de Horacio Tarcus
La Biblioteca Nacional no admite dos directores, afirmó González
Le respondió así al subdirector dimitente; renunció además la asesora Hilda Sabato
Por Susana Reinoso, de la Redacción de LA NACION

La renuncia del subdirector de la Biblioteca Nacional, Horacio Tarcus, la semana pasada, ha dejado al director, Horacio González, enojado y tenso. Ayer, durante una entrevista con LA NACION en su despacho -pese a que el organismo está en receso de verano-, González no pudo disimular su nerviosismo. Ello fue visible en la enjundia con que reiteró que la Biblioteca no cambiará el rumbo y que habrá una continuidad de los proyectos que Tarcus, uno de los archivistas más respetados del país, tenía bajo su responsabilidad.

"Lo que ha ocurrido reclama una reflexión de todos -dijo González-. Con Tarcus nos llevábamos mal. Algo ocurrió que salió de las expectativas de ambos y produjo una situación inesperada. No estuvimos en condiciones de remontar un diálogo. Pero ninguna de esas diferencias era fundamental." Y subrayó: "Este organismo es indiviso. No se pueden plantear dos direcciones y dos presupuestos. No se puede aceptar escindir esta institución".

-Pero Tarcus nunca planteó esa escisión en su renuncia.

-Nadie lo diría con esas palabras, pero en los hechos es así. Hay una discusión en el mundo sobre cómo se dirigen las instituciones públicas. El viejo esquema director-subdirector es heredado de la Argentina clásica.

Ayer, en medio de la polémica que se extendió entre los investigadores, la reconocida historiadora Hilda Sabato presentó su renuncia indeclinable al Consejo Asesor de Investigadores que funciona en la Biblioteca. En el texto enviado a González, Sabato dejó clara su "preocupación por la renuncia de Tarcus, pues sus razones resultan por demás elocuentes respecto de las dificultades para llevar adelante tareas indispensables para que la institución cumpla con sus funciones sociales y culturales".

La historiadora agregó que su preocupación "se convirtió en alarma" cuando leyó la respuesta de González a Tarcus. "Usted no sólo desestima las cuestiones planteadas por Tarcus, sino que descalifica sin mayores argumentos y de manera reiterada su persona y su gestión. Dado que comparto en buena medida el proyecto institucional que promovía el subdirector y que usted ridiculiza, encuentro que mi participación en el Consejo Asesor de Investigadores carece de sentido", subrayó Sabato.

Consultado al respecto, González intentó poner paños fríos a la cuestión: "A Hilda la propuse yo, porque a pesar de que no piensa exactamente como yo, era un gesto interesante que creáramos un espacio común. Lamento que haya renunciado, porque esto contribuye a aumentar la imagen de desconcierto de la Biblioteca".

Cuestiones de gestión

González se defendió de las observaciones formuladas por Tarcus en su texto de renuncia. Entre otras cuestiones, el funcionario dimitente puso de relieve las deficiencias en la gestión político-administrativa de la Biblioteca Nacional.

"Esa división entre un director sólo interesado en Paul Groussac y un subdirector interesado en los inventarios es injusta. La Biblioteca es un entrelazamiento de opiniones y tradiciones culturales que hay que reactualizar. Por lo tanto, descarto totalmente el malentendido que me hace estar del lado de una frágil consideración de la cuestión técnica de la institución", dijo González.

-Eso último no se entiende.

-Es que se pretende hacerme aparecer como un personaje totalmente "groussaquiano", que pasa por alto la modernización de la Biblioteca, y no es así. Acompañé todo el año lo que la subdirección hizo. Y quiero pedirle que enfatice lo relativo al nuevo software que estamos en vísperas de decidir. Es un sistema integrado que atenderá el tamaño de la Biblioteca y que constituye el eje de la discusión bibliotecológica.

Al referirse al reparto del presupuesto de $ 17 millones de pesos asignados en 2006, con un adicional de $ 1,8 millones, González puso de relieve que la mitad se gasta en salarios y que la Biblioteca "es una institución costosa de gestionar". Admitió, además, la notable caída en los lectores: de 3000 usuarios al día en los años 90 se pasó a 600 en 2006. Pero relativizó la baja del 20% en el último año señalada por Tarcus en su renuncia.

"La recuperación de lectores es parte de los proyectos inmediatos de la Biblioteca. Estamos pensando en un programa de atracción de lectores y de estímulo de la lectura de los clásicos argentinos", dijo González, para quien hay que mantener "al lector vocacional que sostiene con fuerza ética a la Biblioteca". Anticipó que se creará un "instituto de investigación para acompañar a los investigadores", que son "personajes con muchas exigencias; sus quejas son atendibles".

González dijo que la Biblioteca Nacional "no ofrece los mismos servicios que, por ejemplo, una biblioteca norteamericana, porque todavía no es el centro de las operaciones bibliotecológicas del país, cuyo sistema es muy caótico".

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Enfrentamiento con Horacio González
Renunció con graves acusaciones el subdirector de la Biblioteca Nacional
Horacio Tarcus dijo que el 75% del personal no reúne condiciones para trabajar allí

Sobre el filo del Año Nuevo, el sudirector de la Biblioteca Nacional, Horacio Tarcus, amargó el brindis del secretario de Cultura de la Nación, José Nun, y del director del organismo, Horacio González, al presentar su renuncia indeclinable con un texto en el que denuncia graves deficiencias en la gestión.

En diálogo con LA NACION, Tarcus advirtió que este año se registró una caída del 20% en las consultas de los usuarios y que se mantiene la influencia de sectores gremiales en la selección del personal contratado en la Biblioteca, entre otros cuestionamientos. Nun admitió a este diario que recibió la renuncia como un bofetón.

El alejamiento de Tarcus, doctor en historia, archivista y especialista en organización de acervos documentales, saca a la luz el enfrentamiento en torno del modelo de gestión del organismo. El renunciante dijo que González había priorizado la asignación de recursos hacia un perfil de difusión cultural, en detrimento de la investigación y la modernización de la biblioteca.

Tarcus formuló duras acusaciones contra González, cuya versión de los hechos no pudo ser obtenida por LA NACION pese a las sucesivas llamadas telefónicas. El actual director, un intelectual identificado con sectores de izquierda, quedó al frente de la Biblioteca Nacional el año último, al suceder al actual legislador porteño Elvio Vitali, quien propuso su nombramiento. El secretario Nun, en tanto, sostenía para el cargo al ahora renunciante Tarcus.

La renuncia sacó a la luz desacuerdos que venían de larga data. Tanto es así, que vino a saberse ayer que la renuncia de Ana Sanllorenti, ex directora del área de atención al usuario que se fue durante la gestión de Vitali, tuvo que ver con "desinteligencias" con González.

"Mientras el director defendió una Biblioteca centrada en sus actividades de difusión cultural, otros insistimos en poner el eje en la modernización de la gestión bibliotecológica", reveló Tarcus. La modernización, dijo, incluye la informatización, lo que fue resistido por González. Y se quejó de que los programas que propuso no recibieron asignación presupuestaria adecuada.

La Biblioteca consiguió este año un presupuesto récord de $ 17 millones, más un refuerzo de tres millones adicionales pedidos por el director, contra los magros $ 7 millones y $ 12 millones de los períodos 2004 y 2005. "La mayoría de los recursos se destinó a mejorar la situación salarial y una ínfima parte, a enriquecer el patrimonio", denunció.

Entre otras cuestiones, Tarcus señala que de los 450 empleados que tiene el organismo sólo 50 son bibliotecarios y que el 75% del personal no tiene calificación profesional para trabajar en la Biblioteca. La respuesta de los gremios que operan en el organismo no se hizo esperar y el edificio fue empapelado con consignas contra el funcionario renunciante. "El ausentismo del personal alcanzó en 2005 el 30% y es muy débil el control de permanencia del personal en los puestos de trabajo", dijo.

Las cifras recogidas en la renuncia son significativas si se considera, según otros datos aportados por Tarcus, que superan los 422 empleados de la Biblioteca Nacional de Brasil en 2001, cuyo acervo bibliográfico es de 4,3 millones de volúmenes, contra sólo 800.000 de la Biblioteca Nacional local.

Gestión conciliadora

El secretario Nun aclaró que supo de la renuncia por vía electrónica, pero que no había recibido oficialmente el texto de Tarcus. No obstante, admitió que hubo un acta de compromiso, apenas González asumió, para dividir acciones entre el director y el subdirector.

Hace cuatro días, confirmó Nun, Tarcus le hizo saber su voluntad de irse. Un día después, el secretario se reunió con González para pedirle un informe de situación y una división presupuestaria que asegurara la convivencia pacífica de las acciones de cada uno. Nun encaró entonces una gestión oficiosa para tratar de conciliar posiciones.

"Recibí la renuncia como un bofetón. Vitali había propuesto a González como director. Yo tenía la impresión de que en el tema bibliotecológico no era muy ducho y no sabía si estaba en condiciones de gestionar la Biblioteca. Elvio me convenció de que había aprendido muchísimo. Yo acepté a cambio de que Tarcus se ocupara de la parte especializada. El modelo de González es el de Paul Groussac [ex director de la Bibioteca]. Lo natural es que yo mantenga mi confianza en el director hasta que se pruebe lo contrario", dijo Nun.

Algunos de los hechos revelados por Tarcus fueron ayer corroborados por la titular de la Asociación de Bibliotecarios Graduados de la República Argentina, Claudia Rodríguez, y la representante de la entidad en el consejo consultivo de la Biblioteca, Rosa Monfasani. Ambas advirtieron: "La falta de bibliotecarios graduados y de informatización integral de la Biblioteca es un tema grave".

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La polémica en la Biblioteca Nacional
"No se precisa un salvador abstracto"
Horacio González respondió a Tarcus
 
El director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, respondió con munición gruesa a la renuncia del subdirector Horacio Tarcus, que se alejó formulando graves acusaciones a la gestión del organismo, como informó ayer LA NACION. Tras achacarle al funcionario dimitente "un espíritu de mercería y un arrebato de soberbia", González dirigió su respuesta mucho más a la persona de Tarcus que a su gestión, en un comunicado titulado "Apreciaciones sobre una renuncia".

"Un pensamiento lineal, con temas de izquierda pero con resultados reales de derecha, con el infantil lenguaje de un capitalismo tecnocrático, no es la solución para la Biblioteca Nacional, que no precisa salvadores abstractos", dijo González. Agregó que "la Biblioteca Nacional es una e indivisa. Nadie es dueño de sus trabajos y avances actuales. Tiene muchos proyectos en su interior y discusiones sobre cómo realizarlos, pero no admite una partición presupuestaria y una doble dirección".

En su contestación, González elige el matiz irónico para "retar" a Tarcus porque "leyó mal la historia de la Edad Media" y "debe volver a su Marc Bloch o Georges Duby". Ello, debido a las quejas del subdirector sobre que González orientó recursos a la publicación de libros, en detrimento de catálogos e índices bibliotecológicos necesarios para la atención de los usuarios.

El futuro

Las diferencias entre González y Tarcus eran insalvables mucho antes de la renuncia de este último, lo que deja fuera de juego a la gestión del secretario de Cultura de la Nación, José Nun, que puso manos a la obra para tratar de conservar a ambos funcionarios con funciones divididas y asignaciones presupuestarias aseguradas para los distintos programas.

Frente a la queja de Tarcus respecto de que González privilegió el perfil de difusión cultural por sobre el estrictamente bibliotecológico en la conducción del organismo, el director señaló: "Desconocer que la Biblioteca Nacional fue fundada hace ya casi 200 años y pretender fundarla otra vez con un cientificismo lejano a la verdadera ciencia es un error y un desprecio. La Biblioteca seguirá su tarea serenamente y con creatividad". Y refirmó su voluntad de "devolverle" a la institución "su rol como institución cultural nacional".

En declaraciones a Télam, González dijo que la renuncia de Tarcus es "un hecho penoso", al tiempo que reconoció que la Biblioteca Nacional tiene, entre sus problemas, la desactualización técnica y su incorporación al gran debate de ideas en la sociedad argentina", así como la caída en el número de lectores. Pero "es algo que ocurre en todas las bibliotecas que yo conozco", dijo.

Entre las repercusiones recogidas por la renuncia de Tarcus, Josefina Delgado, ex subdirectora de la Biblioteca Nacional, señaló que "una vez más se pone de manifiesto la ausencia de un sistema bibliotecario nacional y la obcecada ignorancia acerca de la misión de custodia patrimonial de la Biblioteca".

Subrayó que "la inversión al servicio de los adelantos técnicos ha sido suplantada por una tarea de difusión cultural que podría realizar cualquier otro organismo. Esto tampoco significa la puesta en valor de los tesoros de la biblioteca, que deben ser protegidos, microfilmados y digitalizados. Esto no se suple con conferencias ni con mesas redondas ni con ediciones".

Ante una consulta de LA NACION, el legislador porteño Elvio Vitali, ex director del organismo, dijo: "Hoy la Biblioteca tiene recursos para definir su perfil y pueden coexistir el aspecto cultural y el bibliotecológico. Creo que González y Tarcus no pudieron ponerse de acuerdo en repartir los recursos para lo que es bueno en cada caso. Los programas propuestos por Tarcus fueron buenos. Y su formación técnica y experiencia le permitían llevarlos adelante".

Por Susana Reinoso
De la Redacción de LA NACION

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Debates en la Biblioteca Nacional
Por Horacio González Director de la Biblioteca Nacional

Estilos intelectuales y modos diferentes de intervención política están condensados en las actuales discusiones sobre las técnicas de archivo y el uso público de libros y documentos.

Las discusiones que tienen lugar en torno a la Biblioteca Nacional son de vital importancia para el país. El actual debate nos conduce a dos ámbitos específicos. Primero, en relación a cómo proceder frente a la elección de las tecnologías. Y luego, cómo definir los espacios propios de la actuación intelectual. En todo caso, se nos lleva a la realidad de los modelos tecnológicos en nuestro país y de los estilos con que se ejerce la vocación cultural e intelectual. Ambos temas se hallan intervinculados.

La técnica no es exterior al mundo humano, nos constituye y la constituimos. Surge de debates, opciones, apuestas de conocimiento. La técnica debe siempre ser pensada, preguntada. El debate tiene entonces, también, una dimensión ética, en el sentido de que es permanentemente electiva. Las personas y grupos que se pronunciaron en el debate de la Biblioteca Nacional también hacen elecciones en términos de sus estilos de trabajo, de sus artesanías intelectuales y de sus relaciones con el entorno tecnológico. Aquí también, partiendo de la revolución técnica que nos habita, hay una interesante discusión sobre la manera en que los nuevos conceptos de información y comunicación ingresaron en el terreno del saber con una potencialidad sugestiva, proponiendo nuevos tratos a la materia escrita, a los estilos de citar y hasta de pensar. El papel de libro, su propio concepto, también está en el trayecto de esta discusión.

Las viejas artes, oficios y disposiciones intelectuales no desaparecen en su lenguaje específico sino que al contrario, dejan el fuerte sello de sus lenguajes en el mundo digital como éste los deja en ellas. Pues se halla asimismo en debate la idea misma de soporte, que traduce la evolución misma de la materia sensible, tanto natural, arquitectural o abstracta, y que objetiva la imaginación humana. Vemos a menudo que la compleja noción de soporte permite escribir la historia de la civilización desde las inscripciones sobre piedra o arcilla hasta los llamados mensajes de texto. Esta idea de soporte es una de las conquistas del lenguaje civilizatorio a la luz de las grandes mutaciones técnicas. Pero si se la mira con atención, es necesario advertir que el desarrollo de la cultura humana no es una simple sucesión lineal de soportes homogéneos entre sí. No hay modernización lineal. La hay en medio de distintas decisiones sobre la sociedad, con sus divisiones y complejidades.

Por ejemplo, el libro no puede ser un objeto sometido a un simple juicio sobre una sucesión indiferenciada de soportes técnicos. El libro es una categoría permanente en la historia de la cultura material y la imaginación humana. Los nuevos soportes prescinden del nombre "libro" y utilizan la expresión "texto", siempre disponible en la historia cultural, pero que ahora tiene un valor operativo novedoso que habrá que investigar, como lo obliga la redacción de millones de microcartas con sinopsis lingüísticas a través de la telefonía celular. Por lo tanto, no es que haya tecnologías cerradas y por una cómoda elección cultural nos apropiamos de tal o cual aspecto que pasaría a favorecer nuestra vida de una manera fija. Cada metamorfosis tecnológica entra en relación viva y abierta con simultáneas capas de historia. No hay capítulos definitivamente cerrados en el pensar técnico.

Del mismo modo, aun sin abusar de la ampliación del concepto de tecnología —como la que hizo conocer Foucault bajo conceptos como "tecnologías del yo"— debemos decir que también hay procederes propios del pensar moral y cultural. Y por esa vía pueden redefinirse actitudes del tejido intelectual cuando se debe optar frente a la reserva de textos, de documentos, de diccionarios y de documentos disponibles en el conjunto de la experiencia humana, a fin de realizar su examen.

Los modos de cita, la elaboración del lenguaje con sus infinitos modos de expresión, la elección escritural, son también decisiones éticas —no en el sentido trascendentalista, sino como forma íntima que mueve nuestras opiniones profundas—, que influirán decisivamente sobre los infinitamente diversos estilos de investigación. ¿Cómo investigan hoy Viñas, ayer Groussac? ¿Cómo hacían historia Mitre o Vicente Fidel López, y hoy Galasso, Bayer o Roger Chartier?

El archivo encierra viejos combates que sólo con una alianza entre imaginación técnica y tecnologías emancipadas se puede desentrañar. Una Biblioteca Nacional está fundada por estos debates, estilos y éticas de la consulta y de la cita. En la catalogación en red late el viejo fichero y detrás de éste el bibliorato del copista. Y a veces todo se vierte en una simultaneidad asombrosa sobre la complejidad del presente, como lo muestra el lenguaje de las computadoras, que cuando dicen barra de herramientas están apuntando hacia los gabinetes científicos virtuales y también hacia la trastienda de los antiguos metalúrgicos.

Sería bueno que a partir de los debates que en estos días atravesamos —y esto nos desafía a todos— se comprendiera que según definamos estas cuestiones se eligen los estilos intelectuales, y también los de la lucha política. No es que primero somos eruditos, pensamos diáfanamente y luego opinamos sobre las bibliotecas. Sino que en relación a cómo opinamos sobre esas milenarias maquinarias, las bibliotecas, seremos buenos o pasables intelectuales preparados para la controversia.

http://www.clarin.com/diario/2007/01/09/opinion/o-02701.htm








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