..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4, Nro.158, Viernes, 12 de enero del 2007

 

Irán y Siria: dormir con el enemigo
Por Jorge Gómez Barata

No me asombra la opción norteamericana de aproximarse a Siria e Irán para involucrarlos en la “pacificación” de Irak. Más llamativa es la disposición de persas y árabes para comprometerse en semejante empresa. Todo resulta  paradójico cuando Estados Unidos no cesa de acusar y de hostilizar a Siria e Irán.

Por otra parte, resulta obvio que ambos países no serán otra cosa que compañeros de viaje, a los que Bush presionará para tratar de obtener el máximo, haciendo concesiones mínimas, sin ofrecer garantías ni honrar luego ninguno de sus compromisos.

De hecho, a cambio de nada, Estados Unidos avanzó un trecho cuando Siria reconoció al gobierno iraquí, paso que también puede dar Irán, lo que implica otorgar legitimidad a las autoridades surgidas de la ocupación norteamericana e incluso normalizar las relaciones diplomáticas con ellas, hecho que entraña delicados compromisos.

Para Estados Unido, que nunca ha reconocido la entidad nacional de la resistencia iraquí, es vital lograr que tanto Siria como Irán sellen sus fronteras de aproximadamente 800 y 600 kilómetros respectivamente y únicas vías por la que los luchadores contra las tropas de ocupación pudieran recibir ayuda exterior.

Seguramente los norteamericanos cuentan también con la influencia que pueden ejercer los ayatolas de Irán sobre las comunidades religiosas de Irak, a las que los norteamericanos procurarían neutralizar y eventualmente desarmar, dispersando sus milicias. El llamado para detener las luchas interconfesinales, es el primer paso para detener todo tipo de resistencia armada.

Al margen de las dudas y expectativas, el hecho de que Estados Unidos se proponga un esfuerzo colectivo al que seguramente se sumarán otros  países de la región, entre ellos Egipto, Arabia Saudita y Jordania, probablemente Turquía y Argelia, no deja de ser una oportunidad, no sólo para la paz en Irak sino para el examen de los más graves conflictos que afectan al Medio Oriente, entre ellos el problema palestino y el respeto a la soberanía libanesa.

En ese orden de cosas, el principal obstáculo no proviene de los países cuyas políticas están distantes de las de Estados Unidos, sino paradójicamente, de su más estrecho aliado: Israel.

Vencer la resistencia del Estado judío para que acepte las reglas de una convivencia pacifica en el Medio Oriente, principalmente la creación del Estado palestino, el regreso de los refugiados y la devolución de los territorios  ocupados, parece harto difícil, entre otras cosas porque Estados Unidos carece de voluntad política para semejante tarea.

Por otra parte, es de prever que Irán plantee a los norteamericanos condiciones respecto al tema nuclear, área que se levanta como el más formidable obstáculo para aproximar las posiciones de ambos países.

Se trata de una materia en la que por su sensibilidad estratégica, por el nivel de la retórica norteamericana y el involucramiento de varios países europeos, así como de la ONU, los espacios para la diplomacia son limitados y, en cualquier caso, es un tema requerido de largas y complejas negociaciones que pueden tardar meses e incluso años.

Siria y sobre todo Irán están gobernados por líderes que aunque han mostrado flexibilidad, son poco dados a las concesiones, no tienen un pelo de tontos y conocen muy bien a los Estados Unidos a los que difícilmente otorguen ventajas gratuitas.   

De momento es difícil percatarse ¿Qué ayuda pueden Siria e Irán prestar a Estados Unidos? ¿Cómo lo harán? y ¿Cómo se formará la ecuación: costos-beneficios?
Gratis no habrá nada de ninguna de las partes. Es la regla

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