..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4, Nro.159, Viernes, 19 de enero del 2007

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El programa de alfabetización "Yo, Sí Puedo", declarado de Interés Legislativo en la Ciudad de Buenos Aires.

Con el orgullo de la solidaridad triunfante, cada vez más está Cuba compartiendo con sus hermanos sus conocimientos, su experiencia, su amor…:

Compañeras/os, amigas/os:

Les adjuntamos la Declaración de Interés Legislativo del programa Yo, Sí Puedo, recientemente promulgada bajo el N° 540 en la
Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Lo asumimos a modo de reconocimiento al trabajo que venimos desarrollando desde mediados del año 2003, mediante una red de alfabetizadores conformado por organizaciones culturales, educativas, sociales, sindicales; instituciones educativas, religiosas, ONG´s, movimientos sociales, organismos de DD.HH., etc., con quienes voluntariamente articulamos la labor educativa de inclusión social, con la convicción de asumir solidariamente el reto educativo hacia los sectores mas olvidados y desamparados de nuestra patria, porque trabajamos, luchamos y soñamos con que Un Mundo Mejor Es Posible.

Pedido de difusión de UMMEP (Un Mundo Mejor Es Posible)

Declaración 540

Artículo 1°: Declárese de Interés de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires al programa de alfabetización “Yo, Sí Puedo”, creado y divulgado por el Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño (IPLAC), dependiente del Ministerio de Educación de la República de Cuba.

Artículo 2°: Comuníquese, etc.

Fundamentos

Sr. Presidente:

“Yo, Sí Puedo” es un programa de alfabetización creado por la Cátedra de personas jóvenes y adultas del IPLAC. Éste, con sede en La Habana , es una institución del Ministerio de Educación de la República de Cuba que se creó en el año 1990, por acuerdo de los educadores latinoamericanos. Posee como misión proyectar los resultados de la educación cubana internacionalmente, fomentando los vínculos académicos y científicos con instituciones nacionales y extranjeras, y así contribuir a la superación de los maestros y profesores de la región mediante diversas modalidades de educación posgraduada.

La Cátedra de alfabetización y educación para jóvenes y adultos del IPLAC cuenta con más de 400 (cuatrocientos) especialistas preparados para asesorar y monitorear proyectos de alfabetización. Este personal ha sido seleccionado de las Direcciones Provinciales de Educación y las quince Cátedras de educación de jóvenes y adultos que existen en todas la Universidades Pedagógicas de Cuba.

Esta institución es además, Cátedra UNESCO en Ciencias de la Educación , por acuerdo firmado el 11 de agosto de 1994.

El “Yo, Sí Puedo” cristaliza un método que va de lo conocido (los números) hacia lo desconocido (las letras) y está fundamentado en la experiencia. Es una herramienta integradora que tiene 3 (tres) etapas: adiestramiento, enseñanza de lecto-escritura y consolidación.

Cada fase tiene un carácter global por lo que se recomienda que los participantes la observen primero en su totalidad. El soporte esencial de la enseñanza de la lecto-escritura es el medio audiovisual que se corresponde con la cartilla. Ésta sigue la ruta de 3 (tres) logotipos: oído-ojo (escuchar-ver); oído-libro (escuchar-leer); oído-lápiz (escuchar-escribir).

A mediados de este año el programa recibió el Premio Alfabetización 2006 Rey Sejong de la UNESCO en reconocimiento a los métodos innovadores del proyecto, que ha tenido resultados exitosos en varios países, especialmente en Ecuador y Venezuela. Además el “YO, sí puedo” que consta de 65 lecciones grabadas, ha sido traducido al idioma francés, inglés y portugués y pronto será llevado a varias lenguas amerindias como la aymara y la guaraní.

Cabe destacar que el programa no sólo se implementa en América Latina (Ecuador, Brasil, Nicaragua, México, Cuba, Argentina, Venezuela, Honduras, Perú, Bolivia, Paraguay y República Dominicana), sino también en Mozambique y Nueva Zelanda.

En nuestro país existen, en estos momentos 400 (cuatrocientos) centros de alfabetización con más de 3000 (tres mil) participantes, y 4000 (cuatro mil) graduados, distribuidos ellos en las provincias de: Buenos Aires, Jujuy, Chaco, Corrientes, Santa Fe, Río Negro, Neuquén, Córdoba, Mendoza, Salta, Tucumán y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Los resultados más importantes que se pueden señalar son:

•  Permite que las personas adquieran habilidades y destrezas en el manejo de las letras y los números.

•  Motiva a las personas hacia una superación permanente.

•  Fortalece la importancia de la educación familiar, lo que repercute en el aprendizaje y la retención de los niños en la escuela.

•  Incrementa la voluntariedad.

•  Estimula la reinserción en el sistema educativo.

•  Impulsa la incorporación de la población iletrada a la vida social y económica del país, mediante su participación plena en la vida pública.

•  Eleva la autoestima y la calidad de vida del adulto alfabetizado, y con ella la de su entorno familiar y la sociedad toda.

•  Eleva el nivel cultural del pueblo, de modo que cada ciudadano sea conciente de su dignidad personal y sea capaz de comprender su entorno social.

Los logros obtenidos en todo el mundo y especialmente en nuestra región (recordemos que en América Latina el 12 % de la población es analfabeta), hacen mérito suficiente para fortalecer esta herramienta, que busca promover la educación de nuestros pueblos, convencidos en la importancia de ésta para el desarrollo social y cultural de los mismos.

Por todo ello Sr. Presidente, le solicito la aprobación de este proyecto de Declaración.


LA EXPANSION EN ARGENTINA DEL METODO CUBANO DE ALFABETIZACION

Mi mamá me ama, Fidel me mima

Se llama “Yo, sí puedo”, fue diseñado en Cuba y aquí ya hay 500 centros de alfabetización desde 2003. En el país, unas seis mil personas aprendieron a leer con ese programa. Y otras 3500 lo están haciendo. Los alfabetizadores, tanto cubanos como argentinos, son voluntarios.

Empezó como una prueba en Haití, en 2002, con clases que se emitían por radio. Poco a poco fue mejorando el sistema de aprendizaje hasta llegar a lo audiovisual, tal y como funciona hoy. Después de demostrar su capacidad educadora, fundaciones, municipios y hasta gobiernos nacionales y provinciales solicitaron el programa de alfabetización cubano “Yo, sí puedo”, para tener una alternativa ante la educación formal, que muchas veces no brinda respuestas efectivas. El proyecto, que se caracteriza por utilizar televisores y videos educativos para enseñar, llegó a la Argentina en 2003 y tres años después tiene más de 500 centros de alfabetización distribuidos por todo el país, unos 3500 participantes en la actualidad, más de 6000 graduados y unos 600 facilitadores, como se llama a quienes tienen la tarea de acompañar durante el aprendizaje al futuro alfabetizado. El “Yo, sí puedo”, creado por el Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño (Iplac) de Cuba, ya se aplica en algunos barrios de la provincia de Buenos Aires y en Capital Federal, aunque su repercusión es mayor en provincias como Jujuy –donde Tilcara fue declarado “municipio libre de analfabetismo” a principios de este año– y en Santa Fe, única provincia que adoptó el programa de manera oficial. También se aplica en Chaco, Corrientes, Río Negro, Neuquén, Córdoba, Mendoza.

Se expandió casi en silencio, pero a paso firme. Con ese andar llegó, además de la Argentina , a México, Venezuela –país declarado libre de analfabetismo y tomado como caso ejemplar–, Bolivia, Ecuador y Paraguay, donde ahora lo están adaptando al guaraní. También cruzó la frontera latinoamericana y desembarcó en Nueva Zelanda, lugar donde el programa cambió su nombre por el de Green Life, y Africa. El “Yo, sí puedo”, destinado a personas mayores de 15 años, es un programa de alfabetización cubano que enseña a leer y a escribir a través de videos educativos –cada juego de videos contiene 17 películas–, donde una profesora virtual brinda los primeros pasos en el aprendizaje. Además se utilizan las cartillas, una especie de manual enviado por el mismo Iplac, que contiene el alfabeto, los números y distintas oraciones para que la práctica sea más sencilla y constante.

En total, son 65 clases repartidas en tres meses y medio. La disposición horaria depende de los participantes, o del grupo, en los que el cupo recomendable es de 15 personas. Los centros de capacitación pueden funcionar en capillas, casas particulares, comedores, bibliotecas populares, clubes, escuelas; cualquier lugar sirve mientras haya una videocasetera y un televisor, y una cartilla y un facilitador.

En Argentina también se aplica en la provincia de Buenos Aires, en localidades como La Matanza y Mercedes, y hay algunas iniciativas para llevarlo adelante en Quilmes y Morón. En Capital Federal, es en el barrio de La Boca donde está empezando a aplicarse el “Yo, sí puedo”, a raíz del pedido de algunas organizaciones sociales.

El programa cuenta con varios coordinadores provinciales, cuatro coordinadores nacionales y diez asesores cubanos que viajan en grupo a los diferentes países, y de allí se reparten por provincias o municipios en los que se aplica el “Yo, sí puedo”, con el objetivo de supervisar las tareas de los grupos de enseñanza. Lía Salas es una de las coordinadoras nacionales y de las fundadoras de “Un mundo mejor es posible” (Ummep), organización que se formó para coordinar la implementación del programa en la Argentina y para monitorear los futuros centros de educación que se iban a abrir tras la llegada del método cubano al país, en 2003.

“Todo comenzó por un grupo de colegas, quienes detectamos problemas de analfabetismo en las bibliotecas –cuenta Lía Salas, bibliotecaria del Colegio Nacional de Buenos Aires– y en los comedores. Con un grupo de compañeros de distintas escuelas empezamos a impulsar el programa, que ya conocíamos, pero de manera informal. Luego nos enteramos de que el ‘Yo, sí puedo' se iba implementar en Venezuela y nos contactamos con otros compañeros que habían viajado a Cuba. Ellos, desde allá, se relacionaron con los educadores del Iplac, y así fue que nos mandaron tres juegos de videos, en mayo de 2003” , cuenta.

Poco a poco, distintas organizaciones sociales fueron solicitando el programa que en sólo tres meses enseña a leer y a escribir: “Comenzamos a implementarlo en la provincia de Buenos Aires desde julio de 2003 –recuerda–. Fuimos creciendo y tuvimos que armarnos de manera conjunta con unas 800 organizaciones entre movimientos sociales, grupos piqueteros y bibliotecas populares que querían llevar adelante la propuesta, en todo el país”.

La experiencia más destacada de Argentina es Tilcara, en Jujuy. Esa localidad del norte del país fue declarada libre de analfabetismo en enero de este año (ver aparte). Pero también se lleva a cabo en otras provincias como en Santa Fe, que se transformó en el único caso en Argentina donde una gobernación adoptó el programa de manera oficial, en enero de 2005.

“Hubo un convenio oficial entre Cuba, el Iplac y la gobernación de Santa Fe”, apunta Oscar Enamorado Hernández, coordinador general cubano en esa provincia.

“Comenzamos un estudio en los departamentos de 9 de Julio, Garay, General Obligado y Vera, porque allí residía la mayor proporción de analfabetos. Luego, el programa se extendió a toda la provincia”, relata, y agrega: “Este año llegamos a los mil alfabetizados, distribuidos en 137 grupo.”

“A nosotros –reconoce–, los cubanos que llegamos a otros países, nos asombra siempre lo mismo: el impacto del temor que les provoca a los alumnos, en un primer momento, el tema de aprender. Pero lo más importante es observar el cambio, cómo se van enganchando en el aprendizaje, es bonito formar parte de eso.”

El coordinador, que visita por primera vez la Argentina , es docente. Su trabajo, al igual que el de todos los asesores cubanos y facilitadores argentinos, es voluntario. Los profesores cubanos se quedan en el país por uno o dos años, según el tipo de convenio que se firme con el municipio, gobernación u organización, para que luego sea otro profesor quien venga y ocupe su lugar. “En el Iplac, donde yo trabajo en Cuba, nos preguntan quién está dispuesto a viajar en los llamados ‘bolsos de colaboración', que son los grupos que van donde se aplica el programa”, detalla.

Javier tiene 23 años y pasó su vida de hogar en hogar hasta que terminó en la calle. Gracias a las coordinadoras de un merendero al que iba por la tardes, en el barrio de porteño de Congreso, participó del “Yo, sí puedo” y aprendió a leer y a escribir. Después de meses de trabajo, se recibió. “Antes de estudiar de nuevo –dejó la escuela en cuarto grado– es como que estaba tapado por la niebla, pero son las vueltas de la vida”, relata.

“Mi vida fue complicada. Me fui de mi casa, en el Chaco, cuando tenía 12 años y me vine solo a Buenos Aires. Ahora puedo escribir historias de terror y poesías, que me gustan mucho”, cuenta desde una fundación en la que se internó, por propia voluntad y por consejo de terceros, para tratar su adicción a la cocaína, entre otras drogas (ver aparte).

Jorge Luis Véliz es uno de los asesores cubanos. Llegó a Córdoba el año pasado para coordinar las tareas de los grupos y de los facilitadores. En su país es profesor de matemática. “En Córdoba lo estamos haciendo en Villa Allende. En total hay 400 graduados, 233 personas estudiando. Es difícil instaurar nuevas formas de trabajo, pero se están dando pasos serios. Por eso estamos buscando ayuda de las universidades provinciales y nacionales, para que los jóvenes nos ayuden en la tarea de enseñar, como facilitadores, para los relevamientos”, apunta.

Para Lía Salas, el programa “es de los pueblos, ya no es cubano. Se adapta a cada lugar y se cambia cuando hay que cambiarlo. Al mismo tiempo facilita el acceso no sólo a la lectoescritura sino a la cultura del pueblo y a valores como la familia, las costumbres, la música, la literatura; a la gente que no tenía acceso a esto, por no saber leer ni escribir, se le abrió un mundo totalmente diferente”. “La clave es trabajar mucho en elevar la autoestima del participante. El nombre, con esa coma después del ‘Yo', pone énfasis en la cuestión del convencimiento. Un participante llegó a romper una mesa dándose fuerza repitiendo ‘Yo, sí puedo'”, recuerda, al tiempo que reflexiona: “Intentamos un seguimiento de los graduados, para impulsarlos a que sigan en la escuela, cosa que muchos hacen”.

Informe: Luciano Zampa.

Fuente: Página/12 - http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-71724-2006-08-20.html

 




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