..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4, Nro.160, Viernes, 26 de enero del 2007

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La educación como formación humana en José Martí y sus antecedentes en la tradición cubana de principios del siglo XIX. Felix Varela y José de la Luz y Caballero
Por Dra María Caridad Pacheco González, Centro de Estudios Martianos

2006

INTRODUCCIÓN

La educación como formación humana en José Martí tiene su fundamento en la “instrucción del pensamiento” y en la “dirección de los sentimientos” , y constituye el medio a través del cual se cultiva el hombre y se prepara para la vida, que no es más que llevar adelante su proyecto de vida a partir del sentimiento de identidad nacional y cultural.

En su artículo “Notas sobre una formación humana” (1948), Medardo Vitier significaba que este concepto resumía la esencia del hombre bueno, digno y solidario en el cual se vinculan la razón y los sentimientos de forma creadora y original.

De este modo, los valores éticos y la tradición nacional constituyen pilares en la estructuración de los fundamentos del ser nacional que no por ello asume acríticamente el pasado, sino que como reclamaba Martí, reconocía los valores universales que enaltecen la dignidad humana y conforman el marco conceptual de una axiología para la práctica social transformadora.

La tradición de este modo considerada, no es solo memoria, sino fuerza movilizadora capaz de desarrollar la sensibilidad humana y de revelar valores esenciales del hombre. Y en este sentido no puede obviarse que Rafael María de Mendive educó a Martí en la tradición de pensamiento concebido para crear una nación nueva, independiente y culta. Y Mendive fue a su vez fuertemente influido por la pedagogía y el pensamiento antiescolástico y liberador del padre Caballero, de Félix Varela y sobre todo, por el discípulo de éstos, José de la Luz y Caballero .

A través de estos pensadores le llegan a Martí las ideas de la ilustración europea así como las concepciones pedagógicas más profundas, renovadoras y modernas de la época. De esta tradición nacional se nutre Martí para encaminar el deber-ser en su doctrina de los valores que comienza con la filosofía electiva de la libertad de pensar, para continuar con la concepción de en qué pensar y contribuir a la formación de hombres de pensamiento y acción.

En esta primera fase del trabajo me he centrado en la hipótesis siguiente: El pensamiento educativo de José Martí se funda en la rica tradición del pensamiento pedagógico cubano, sintetizado en la obra de Félix Varela, José de la Luz y Caballero y en las experiencias adquiridas durante su estancia en Europa, América Latina y los Estados Unidos, pero para esta primera entrega de resultado parcial, solo me propuse  revelar los antecedentes y premisas a partir de la tradición cubana, ejemplificada en Varela y Luz.

El Dr Eduardo Torres-Cueva, ha destacado que aún está por hacerse un análisis de determinadas ideas de Martí que podrían encontrarse en Varela y en Luz, con toda la capacidad creadora de cada uno . En esta dirección, nos proponemos entregar un primer acercamiento al tema, lo que constituiría un modesto desbroce en el campo de la filosofía de la educación y de la concepción acerca de la formación humana que, en el sentido martiano, significa preparar al hombre para la vida, desarrollando una cultura de la razón y los sentimientos, formando hombres con ciencia y con conciencia, en fin, desarrollando una cultura del ser, pues Martí cree en la perfección del hombre y en la utilidad de la virtud.

EL PADRE FÉLIX VARELA: EL QUE PRIMERO NOS ENSEÑÓ EN PENSAR

El siglo XIX cubano en el plano de las ideas comienza con el Padre Félix Varela (1780-1953) y termina con  José Martí (1853-1895). El Presbítero Varela  recibe en 1806 la primera investidura clerical, y muy joven aún, en 1811 se ordena como sacerdote y obtiene mediante exámenes de oposición la cátedra de filosofía en el mismo Seminario de San Carlos donde había realizado sus estudios. A partir de  entonces, comienza para él una etapa en la que desarrollaría una labor docente e intelectual de gran trascendencia. Le corresponde  el gran mérito de haber sido el regenerador de la filosofía en Cuba y en gran parte de la América.

El sentido pedagógico que usó para sus clases de filosofía se basaba en el rechazo a la escolástica, cuyos métodos según su criterio hacían preponderar la memoria como fuente de conocimiento y él se proponía revolucionar la enseñanza de la época. Basándose en el método de Descartes, postulaba que “la experiencia y la razón son las únicas fuentes o reglas de los conocimientos” . De este modo despliega su labor docente con una liberal independencia de criterio que le causó no pocos enemigos.

En este contexto, adquiere una especial relevancia que Varela impartiera  clases y publicara  libros de texto en español, cuando las ordenanzas imponían el latín como lengua docente. Esta práctica ejerció un papel relevante en la formación del cubano que se formaba bajo su orientación y guía.

Pero no es solo su cátedra de filosofía lo que le ocupa, sino que también aboga por nuevos métodos de enseñanza, dirigidos a suprimir la rutina memorística y a desarrollar la capacidad pensante de los alumnos. Por encargo de la Sociedad Patriótica Amigos del País, a la que se integra como socio de número desde 1817, escribe “Máximas Morales”, y publica en colaboración con Justo Vélez un “Cuaderno de Orientaciones Morales y Sociales”,  libros destinados a las escuelas y a la educación de la juventud.

Se puede afirmar que una de sus más importantes aportaciones en el campo de la formación humana se asienta en el objetivo de formar seres humanos capaces de pensar con pensamiento propio y proyecciones éticas, empleándose en captar lo verdadero, lo bueno y lo bello en todas las dimensiones de la existencia. Varela había sentenciado en 1818: “El hombre será menos vicioso cuando sea menos ignorante. Se hará más rectamente apasionado cuando se haga más exacto pensador” . Precisamente no cultiva la ontología de la época por considerarla carente de utilidad para la práctica de la verdad y el bien y para la sensibilidad de la belleza, sin lo cual no concebía una educación interesante y atrayente para la mayoría de los estudiantes.

Como docente concebía la formación integral de sus alumnos, incorporando la formación científica, estética, filosófica, jurídica y religiosa como sustentación de una existencia ética. En este sentido, buscaba una participación  más activa del estudiante en el proceso de aprendizaje, para lo cual contaba  con la razón y la experiencia  como fuentes de conocimiento. Al crear una escuela pedagógica cubana en el XIX, Varela influyó en los métodos y estilos de enseñanza de los más prestigiosos maestros cubanos, entre los cuales se cuenta el propio Mendive, quien trasmitió al joven Martí la herencia de los padres fundadores para la creación de un modelo de hombre que respondiera a una vida justa y libre.

Consciente de que el atraso de la educación en Cuba provenía, entre otros factores, de los métodos escolásticos y de la preponderancia de la memoria como fuente de conocimiento, se propuso usar la razón, el entendimiento y el análisis, para enseñar a pensar a partir de la naturaleza, de la realidad inmediata y de las necesidades del país. No es necesario referir su interés cenital por barrer  la escolástica decadente que primaba en “San Carlos” y  en la Universidad “San Gerónimo” de La Habana.

Esta proyección de Varela, le aseguran un prestigio y una popularidad creciente entre sus alumnos, a tal punto que “nada se creía completo sin su cooperación y auxilio” . No puede obviarse  que a este reconocimiento contribuyeron especialmente las dotes oratorias del Padre y su reconocido altruísmo. Varela ofrecía clases gratuitas a jóvenes sin recursos o que tenían obligaciones laborales, y a estudiantes con dificultades en las materias que no tenían posibilidad de costearse clases particulares, y esto le atrajo grandes simpatías entre sus coterráneos.

Años después, en 1818, publica  Apuntes Filosóficos y Lecciones de Filosofía, logrando con ésta última obra la renovación de las ideas filosóficas y enseñar filosofía moderna en castellano. En vida de Varela se hicieron varias ediciones de este libro en los Estados Unidos y fue usado como texto para la enseñanza en México.

A estos libros se suma en 1819, Miscelánea Filosófica que se edita por segunda vez en Madrid en 1821 y una tercera en 1827 en Nueva York. Esta obra, fue definida por él como de entretenimientos y es una compilación de diversos temas, desde cuestiones de lógica hasta reflexiones acerca de la música, ámbito en el cual también había desarrollado vastos conocimientos.

Al obtener la cátedra de Constitución, consiguió una magnífica oportunidad de introducir en sus clases los conceptos de soberanía y libertad, así como la enseñanza de un nuevo patriotismo, surgido bajo la impronta de la expresión de un fuerte sentimiento de nacionalidad desligado de las limitaciones cada vez mayores de una burguesía esclavista, vinculada al sistema de plantación que comenzaba a insertarse en los patrones de producción capitalista. A este proceso de acceso a la modernidad, se conoció en España como Despotismo Ilustrado, y tuvo en América enorme resonancia, originando una nueva dimensión teórica y cultural más vinculada a los sentimientos y realidades patrias.

En este contexto, Varela parte hacia España y es electo diputado a Cortes en 1822.Todavía confiaba en el liberalismo español y en la posibilidad de que éste accediera a satisfacer las aspiraciones del patriciado criollo, pero el enfrentamiento con la realidad le permite percatarse que nada podía esperar de la Metrópoli. Abogó por la abolición de la esclavitud y por la independencia, con gran visión de estadista, pero vio triunfar la ceguera política de negreros y liberales, opuestos a cambios que pudieran provocar un estallido revolucionario, en el cual sus intereses pudieran peligrar.

Tras la restauración de la monarquía, la persecución contra los liberales constitucionalistas y la pena de muerte dictada contra Varela, se inicia una nueva etapa en su quehacer revolucionario que tendrá por escenarios diferentes ciudades de los Estados Unidos, país en el cual permanecerá  hasta su muerte. A pesar de haber residido durante 30 años en ese país, nunca  adoptó la ciudadanía norteamericana, y  asume una toma de conciencia nacional que lo conduce a una actitud independentista y revolucionaria cada vez más radical.  Su prosa clara, enérgica y permeada de aforismos integrados al contexto como se encuentran en la obra de Martí, se resumen en una obra capital, Cartas a Elpidio, que constituye su obra de mayor interés literario, pedagógico y filosófico.

En Cartas a Elpidio (1835-1838) trata acerca de la impiedad, la superstición, el fanatismo. Concebido para publicarse en tres tomos, el primero de ellos aparece en 1835 en Nueva York y se reedita en Madrid al año siguiente. En esta obra Varela señala normas de moral práctica vinculadas a la vida ciudadana, e inculca el amor a las ciencias, aconseja mostrarse liberal en las opiniones y censura los colegios que aplican métodos a base de castigos y premios, que solo servían para formar a hipócritas simuladores. La selección del título de su obra supone de por sí su afán de transformación de la sociedad y de formación de las nuevas generaciones porque Elpidio deriva del griego Elpís, que significa esperanza, por eso es muy probable que en este nombre, Varela simbolizara a la juventud cubana, significando precisamente su papel en la transformación de la sociedad, y al igual que Martí, su condición como esperanza del futuro.

No puede perderse de vista que el Padre aunque en el exilio, estaba muy al tanto de lo que ocurría en la Isla, y sabía que muchos de sus discípulos que en otra época se mostraban generosos, con grandes ideales y plenos de buenas intenciones, se  habían convertido a tenor de las condiciones históricos –concretas (persecuciones, divisiones internas, miedo a perder las propiedades, temor a la ingobernabilidad por la presencia de una población negra relevante, entre otros factores), en  conservadores aliados, beneficiarios e incluso servidores del despotismo y la opresión coloniales. Solo Saco, Luz y algunos más se mantenían fieles al legado del Presbítero. Por tanto es comprensible que el Padre Varela se propusiera  iluminar esas conciencias, incluso aquellas que se habían desviado del camino y para ello escribe El Habanero publicación con la cual pretende aconsejar, guiar, inspirar iniciativas e incluso atemperar caracteres exaltados además de defender la independencia de Hispanoaméricay Cartas al Elpidio, de cuyo mensaje el propio Varela ofrece su mejor síntesis cuando en uno de sus momentos medulares dice a Elpidio: “No ignoras que circunstancias inevitables me separan para siempre de mi patria. Sabes también que la juventud a la que consagré en otros tiempos mis desvelos me conserva en su memoria y dícenme no oye con indiferencia mi nombre. Diles, ellos son la dulce esperanza de la patria y que no hay patria sin virtud, ni virtud sin impiedad”.

En este fragmento, Varela reitera su concepto de Patria asentaba sobre bases eminentemente éticas, porque para Varela el patriotismo es un concepto clave en la formación de la juventud, lo que coincide con la apreciación martiana. Para Padre fundador, la ausencia del sentimiento patriótico puede conducir a los jóvenes  por los caminos de la indiferencia política y al desconocimiento de la virtud cívica.

Varela fija una tradición del pensamiento revolucionario con un importante componente humanista y su filosofía electiva, heredera de su maestro el Padre José Agustín Caballero, conducente a la libertad de pensamiento, la búsqueda de la verdad y la práctica de la virtud, se enlaza de forma coherente e integrada con la disciplina pedagógica.

Por ello puede afirmarse que la educación como formación humana en José Martí es resultado de un proceso en el cual desempeña un papel relevante la tradición patriótica y pedagógica de principios del siglo XIX, cuyo legado supo aprehender de forma creadora y original. Las lecciones de patriotismo que Varela  inculcó desde el púlpito y desde el aula, llegaron de forma ineludible al joven Martí a través de Mendive, poniendo de manifiesto desde sus primeras creaciones literarias, la profunda identificación con sentimientos morales y convicciones políticas emancipadoras.

JOSE DE LA LUZ Y CABALLERO, EL SILENCIOSO FUNDADOR

José de la Luz y Caballero (1800-1862) educó y preparó a la juventud cubana de la época para conducir a Cuba hacia los caminos del progreso y la emancipación. En este sentido hacía énfasis en la unidad indisoluble que debía existir entre ciencia y patriotismo, o entre ciencia y conciencia, y por ello estimaba que la moral era la principal fuerza propulsora de la sociedad.

Quizás por esta misma razón, la obra de Luz que más ha trascendido a través del tiempo sea aquella que dedicó a su pensamiento ético o ético-patriótico. Luz se pronuncia contra una ética racionalista de corte idealista subjetiva, propia del eclecticismo francés de Víctor Cousin, que tiene por objeto imponerse al hombre desde lo externo, sin atender al tiempo, las costumbres, su medio, normas de connivencia, todo lo cual forma a fin de cuentas el núcleo de una cultura popular. Tal ética se dirigía a formar un hombre pasivo para el cual los acontecimientos sociales no tenían significado.

Luz consideraba que aplicar la educación de la juventud a una idea más o menos exacta y preconcebida, era riesgoso en tanto podía arruinar la inteligencia de los sujetos, e inducirlo a la inercia y a la ciega obediencia. Por esta razón entendía que para educar a niños y jóvenes en valores esenciales, había que partir del orden de las cosas. Se ufanaba en decir que para la libertad de Cuba era él maestro, y este compromiso con la patria lo conduce a concebir una método pedagógico propio, enaltecedor de la verdad, que de categoría gnoseológica tratada solamente en materias filosóficas, deviene en gnoseología-moral, o sea, en conocimiento de la verdad, que interiorizada por los educandos crea una actitud consciente para la vida y la patria. Por eso solía decir: sólo la verdad me pondrá la toga viril.

La obra de la enseñanza es, según Luz, no solo transmisión de conocimientos sino que para el educador es fundamental el desarrollo armónico e integral de las facultades y sentimientos de los alumnos para moralizarlos, educarlo en el amor a la virtud y hacerle bueno, en una palabra.

Por eso el hombre, como un todo orgánico, es objeto principal  de sus reflexiones y tanto en la polémica como en sus aforismos, se aprecia esa preocupación central por lo humano, ya que “[¼] ninguna verdadera filosofía puede ser indiferente, ni expectante, en el problema siempre renovado y siempre urgente que presenta la humanidad” , a la vez que entiende el objeto de la filosofía  como la unión de la razón con los sentimientos, de tal modo que se integra a la acción práctica del hombre. Es a través de la teoría del método que se propone, siguiendo la senda de Varela, emplear la filosofía en función de la educación del hombre para la emancipación de la patria. “Formar al hombre con cuantas menos prevenciones sean posibles, es la gran obra de la filosofía. Fundar un plantel de ideas y sentimientos, así como de métodos, es la aclimatación que de ella nos proponemos hacer en nuestro suelo, escuela de pensamientos, ni eruditos de argentería, sino hombres de entendimiento, y más activos de corazón” .  Para él la emancipación espiritual debía fundar la emancipación política, creando las condiciones para su realización, por ello preconiza la conquista y defensa de la verdad, el conocimiento aplicado a la práctica en bien de la colectividad y la creación de sentimientos humanitarios. La filosofía de la educación en Luz, si bien condiciona la moralidad a la existencia de Dios, cultiva valores opuestos a aquellos generados por la sociedad colonial, que dan lugar al individualismo y a la falta de solidaridad cotidiana. “ No hay nada más repugnante a mis ojos - diría el insigne Maestro- que el esqueleto de egoísmo” . Se trata, por tanto, de una ética-humanista, de expresión patriótica y popular, porque comporta una identificación con el pueblo y con la moral que requiere la patria porque “Educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para la vida” .

El Maestro de El Salvador y Carraguao diferencia la educación de la instrucción, ya que la primera solo puede conducirla quien sea un evangelio vivo , es decir un hombre dedicado a la formación humana, paradigma de cultura, conciencia, responsabilidad, virtud y amor. Como Varela, prioriza los intereses colectivos por sobre los individuales, y la utilidad de grupos humanos sobre la utilidad individual.

En su misión de formar hombres con espiritualidad y capacitados para servir a su patria, Luz potencia valores como la sencillez, la modestia, la verdad, el amor, empleando los mejores modos de cultivarlos e interiorizarlos entre la juventud a partir, fundamentalmente de la autoperfección y la autocrítica. En presencia de la profunda desmoralización entronizada en la Isla, fundamentalmente por la existencia de la esclavitud, no halló mejor forma de enfrentarla que mediante la formación humana de la niñez y la juventud que acudía a sus aulas, para que aquella minoría privilegiada, beneficiada por el orden social vigente, pudiera tomar conciencia y decidiera romper con el sistema colonial y esclavista que oprimía a la patria.

Estas premisas hacen de su obra una fuente imprescindible para la formación humana,  que se incorpora de forma original en la formación del joven Martí a través del magisterio de Mendive. Precisamente el Apóstol de la independencia cubana, diría de Luz que “ ha creado desde su sepulcro, entre los hijos más puros de Cuba, una religión natural y bella, que en sus formas se acomoda a la razón nueva del hombre, y en el bálsamo de su espíritu a la llaga y soberbia de la sociedad cubana;[¼]” . El ideal martiano de preparar al hombre para la vida tiene en Luz su principal asidero, en tanto la sustentación en valores del proyecto de vida individual y social resulta esencial para otorgarle un sentido de identidad nacional y patriótico que junto a valores universales, conforman el marco conceptual para una práctica social transformadora.

José Martí realizó una Revolución consciente porque se apoyó en lo mejor de la tradición cubana, a través de múltiples aprehensiones teóricas y prácticas, que lo conducen a valorar lo humano como elemento articulador de condiciones éticas, políticas y culturales que, encarnadas en un sentido de la vida, desarrollan la sensibilidad humana y revelan valores.

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idem

Estas facultades oratorias se conocen por la propia obra del Padre, por el testimonio de alumnos y amigos y por la huella conservada en archivos y periódicos de la época, como es El Correo de Trinidad. Ver: Mons Carlos Manuel de Céspedes. Ob Cit, p.87-91

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José de la Luz y Caballero. Elencos y Discursos Académicos. Editorial de la Universidad de La Habana, 1950, p.151

Ibídem, p.184

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Ibídem, p.359

Ibídem

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