..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4, Nro.161, Viernes, 2 de febrero del 2007

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Socialismo del Siglo XXI: Camino o destino
Por Jorge Gómez Barata

El fracaso del socialismo real confirma una regla del proceso de creación: entre una idea y un hecho media la realización, fase artesanal en la sin embargo, todo puede echarse a perder. En su versión marxista, el socialismo no estuvo erróneamente concebido sino mal realizado.

La coyuntura histórica y no únicamente el autoritarismo estalinista hicieron que, a la altura de 1945, el régimen social implantado en la Unión Soviética , fuera trasplantado a varios países de Europa Oriental y apareciera el llamado socialismo real cuyo primer defecto fue haber sido impuesto desde fuera en circunstancias extraordinariamente complejas.

En aquel proceso se solaparon varias tragedias: la prolongada ocupación nazi de Europa que implicó la más brutal represión, provocando la muerte de una parte importante de la intelectualidad y de los más calificados líderes obreros, políticos y luchadores sociales de todas las corrientes.

La liberación que corrió a cargo de las tropas soviéticas que, en un ambiente de ruina, miseria y dolor, no tuvieron otra alternativa que imponer un régimen de ocupación y paulatinamente instalar autoridades políticas, cuidando que en tales estructuras no se infiltraran elementos que hubieran colaborado con los nazis.

El hecho de que se tratara de países fronterizos con la Unión Soviética o muy próximos a ella que, en muchos casos, fueron utilizados como plataforma para agredirla, estuvo lleno de peligros, suspicacias e imposiciones. A la situación objetiva se añadieron rencores y el inesperado inicio de la Guerra Fría , que añadió nuevos peligros y tensiones a un panorama sumamente enrarecido.

Mientras en esos países, los más pobres y duramente golpeados por la guerra y la ocupación fascista, trabajosamente se edificaba un nuevo régimen político, en el occidente de Europa, la parte más desarrollada y menos quebrantada por la guerra, los aliados cumplían con más facilidad su tarea, entre otras cosas, porque el potencial económico de Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá e incluso Francia se había reforzado, y porque en esencia se trataba de restablecer el status quo de antes de la guerra.

Paradójicamente en los países nórdicos, Austria, Francia e Italia, accedieron al poder los representantes de las fuerzas políticamente más avanzados, entre ellos socialistas, socialdemócratas, socialcristianos e incluso comunistas, que habían participado en la resistencia a la ocupación nazi.

Esos elementos aprovecharon su influencia en la conducción del retorno a la democracia para elevar el protagonismo del Estado, ampliar el sector público de la economía e implementar políticas sociales avanzadas y controles que impidieran que el afán de lucro y la competencia, propios del capitalismo, condujera a la depauperación de los trabajadores y a la pobreza extrema de la población.

El hecho de que esos países nunca fueron colonias, ni hubieran estado impedidos de desarrollar los intercambios culturales, tecnológicos y comerciales y utilizaran todos sus recursos como fuente de acumulación para financiar el desarrollo, explica que incluso antes de la guerra, hubieran alcanzado un alto desarrollo endógeno, propicio para la aplicación de una variante socialista que, aunque reformista, en aquel entorno y en aquella coyuntura resultó eficaz.

De cierta manera y salvando importantes distancias, en Venezuela se da el caso de ser el único país no Europeo que se ha propuesto avanzar hacía el socialismo y cuenta con los recursos económicos necesarios para respaldar esa voluntad política. Allí el socialismo del siglo XXI no tiene que esperar por el desarrollo económico ni exigir sacrificios previos al país para cubrir sus necesidades y elevar su bienestar.

Los lucros del petróleo, la minería, la siderurgia, la industrial metal-mecánica, el turismo y los servicios, administrados por un sector público honesto y eficaz, puesto en función de prioridades correctamente definidas, permiten simultáneamente el desarrollo del país, desplegar la revolución cultural, emprender la renovación moral y avanzar en la elevación del bienestar.

Aunque la racionalidad y la mentalidad de ahorro deberán acompañar al proceso, la Venezuela Bolivariana no necesita sacrificar el consumo para realizar grandes programas sociales ni generar expectativas que luego no pueda resolver. El socialismo bolivariano puede ser también un socialismo bonito.

Enviado por su autor





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