..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4, Nro.161, Viernes, 2 de febrero del 2007

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Para una valoración de la labor revolucionaria de José Martí
Por Ana Margarita Oliva*

Para hacer una valoración de la labor revolucionaria de José Martí debemos tener en cuenta la situación de Cuba en los momentos en que nace el Maestro, bajo el signo de la rebeldía contra la despótica metrópoli y el ansia incontenible de independencia y libertad. Hay en Martí, en todo, la política, las letras, la actividad, un estilo que difiere radicalmente del que se observa en la vida de los cubanos nacidos, digamos unos veinte o treinta años antes que él. Mientras estos se proyectan hacia el pasado, o de alguna manera, no son capaces de superarlo totalmente, él vive disparado hacia el futuro que intuye primero, razona después y empieza a construir con afán en los últimos años de su corta existencia.

Podemos decir que la adolescencia y la niñez de José Martí transcurren en momentos singulares de la patria y del mundo. Existía una crisis estructural del sistema esclavista de trabajo, a cuya sombra crecieron condiciones técnicas de carácter capitalista, tanto en la industria azucarera como en la del tabaco. La depresión económica tiene consecuencias políticas de suma importancia que desemboca en la revolución de 1868.
Tales son los fundamentos de su personalidad que por eso encuentra una vía para expresarse en 1868, estos años de 1868-1870 (Guerra de los Diez Años) fueron decisivos en su carácter y en su hombría. Martí se incorpora a la guerra idealmente y al calor de sus nobilísimos sentimientos y del ejemplo y las enseñanzas recibidas en los hogares cubanos de Mendive y Valdés Domínguez, que para él fueron su verdadero hogar. A los dieciséis años comenzó a luchar por la independencia de su patria. De su vida en presidio, de los horrores que allí vió y de los malos tratos, sufrimientos y martirios que padeció escribe El Presidio Político en Cuba impreso en Madrid en 1871, donde hace una vibrante denuncia contra el despotismo español. También fue el periódico el medio que eligió para librar las primeras batallas como en Patria Libre con el poema dramático Abdala y El Diablo Cojuelo esto fue en Enero de 1869.

Durante su permanencia en España hasta el año 1874 no olvida la labor de luchar por la independencia de su patria. La permanencia de Martí en España y el estudio posterior que hizo con motivo de sus empeños revolucionarios de las clases sociales y de las instituciones españolas lo llevó a adquirir una firme convicción de que del estado español, Cuba no podía lograr jamás ni libertad ni justicia. Era absolutamente imprescindible la urgente necesidad de la separación por medio de la revolución, de la metrópoli que la esclavizaba y explotaba.

Martí fue el jefe, el dirigente, el guía y el organizador del partido extremo de la Revolución de 1895, cuando hablo de partido extremo me refiero al movimiento independentista cubano o sea a la tendencia que el Maestro personificó y también al PRC fundado por éste en 1892, la cuna fue en Tampa, E.U.

Desde 1881-1892, permanece ininterrumpidamente José Martí en los EE. UU. consagrado casi por completo a la gran obra revolucionaria independentista que culminaría en los campos de Cuba Libre, el 24 de febrero de 1895. El PRC representa un cambio cualitativo en la lucha en la lucha política y social; el movimiento independentista rebasa su fase primitiva y elemental de agrupación tras un caudillo o un grupo concreto o una asociación de alcances locales y programa estrecho, para entrar a través del orden adecuado a la nueva situación histórica, a su solución inmediata: la formación del partido político revolucionario, aglutinador, ordenado sobre la base de un proyecto enraizado en los problemas vigentes en el país y en la historia revolucionaria precedente. Este PRC no destruye ni elimina la mentalidad política del 68, sino la renueva y la supera.

También influían negativamente los recelos de algunos sectores de veteranos de la Guerra Grande (1868-1878) y de la emigración, que no olvidaban las experiencias negativas del pasado, y creían que estas se repetirían. Argumentaban que de nuevo se intentaba hacer de Nueva York, donde residía Martí, el centro de la dirección de las demás localidades, a las que exigirían subordinación.

Contra esta falsedad se pronunció el propio Martí, quien explicó que cualquier tentativa de solicitar que un "grupo de emigrados funja como señor de los demás" sería repelido con indignación, lo que advirtió "para que jamás renazcan los recelos que la mala guía de la época anterior pudo sembrar entre los emigrados revolucionarios".

Para alcanzar y materializar la unidad se imponía una meridiana exposición de los fines inmediatos y los objetivos por alcanzar. Separarse de España solo constituiría un primer paso, al que debería seguir la constitución de una república regida por métodos democráticos. Tal había sido la concepción del gobierno establecido en la manigua insurrecta durante la Década Heroica. Después de esta, no era posible tener una meta más noble, que las grandes mayorías identificaran totalmente con sus aspiraciones.

Solo con métodos democráticos sería alcanzada la cohesión de la mayoría de las fuerzas de la patria tras un objetivo común, único modo de fortalecerla frente a los enemigos internos y externos. La República era, para Martí, el ideal de la Revolución , el objetivo hacia el que debían dirigirse todos los esfuerzos. La guerra que convocó sería el medio que haría posible realizar las grandes transformaciones necesarias al país, mediante las cuales se alcanzaría una nueva forma de organización política de la sociedad que, con la plena participación del pueblo, encauzaría la justicia social y el reordenamiento económico.

No cabía en su mente que un país atrasado, recién salido de la podredumbre esclavista y del totalitarismo colonialista pudiera llegar a constituirse en una nación próspera si era marginado algún sector, por su extracción social, por el color de su piel, el género o la nacionalidad. Solo dejaría de contarse con los que por su propia voluntad se apartaran u opusieran al proceso transformador.

Este no podría darse por concluido hasta alcanzar el bienestar de cada uno de los integrantes del conglomerado humano. No se trataba de un igualitarismo absurdo, sino de la solución de las necesidades de cada ciudadano mediante los resultados del trabajo, único modo de potenciar la dignidad humana y desplegar los mejores valores humanos, lo que excluía al individualismo egoísta, pues los beneficios debían corresponder a la mayoría, y no a un grupo en particular.

Martí alzó su voz contra lo que escindiera, apartara o acorralara a los hombres, y resumió todo un programa político-social en la frase que caracterizaría la República a fundar: "Con todos, para el bien de todos".

E s de destacar también dentro de su labor revolucionaria durante esta larga etapa de vida norteamericana sus cinco discursos conmemorativos del 10 de Octubre de 1868, dos discursos en el Liceo Cubano de Tampa, en el 1891, en Cayo Hueso, los pronunciados en Hardman Hall Nueva York, en 1893, y otros muchos de los que solo se conservan notas y fragmentos. Vale destacar el amor de Martí a los pueblos de Hispanoamérica, consideró a todos estos pueblos como patria común cuando le escribe a Manuel Mercado en una carta de diciembre de 1889: mis tierras de América, todo este pensamiento quedó muy bien concretado en su admirable trabajo Nuestra América

Martí, que supo como ningún cubano descubrir los latidos patrióticos de su pueblo, impulsar la formación de estados de opinión, aunar voluntades, organizar y orientar, comprendió que en las emigraciones cubanas del Sur de los Estados Unidos, especialmente las de Tampa y Cayo Hueso, no contaminadas por el lodo del régimen colonial, estaba lo más noble y puro del alma nacional y la simiente segura de fertilizar, de la grande y definitiva obra revolucionaria que se proponía llevar a cabo.

Hay que destacar dentro de su labor política y revolucionaria que desempeñó cargos representativos consulares del Uruguay, Argentina y Paraguay. Ostentó la representación de Sociedades Culturales Hispanoamericanas, como la Academia de Ciencias y Bellas Artes. Y especial mención merecen, también, sus estudios luminosos sobre el Tratado Comercial de 1883 entre los EE.UU. y México y la Conferencia Monetaria de las Repúblicas de América, de 1891.

Su pensamiento cobra vigencia cada día, él se manifestó enérgica y categóricamente

Contra las tendencias anexionistas, contra el peligro del coloniaje yanqui, alerta sin cesar, buscando, en la fortaleza de la República , la defensa de la independencia que iba a conquistar y e x presó: “Ningún cubano honrado se humillará hasta verse como un apestado moral, por el mero valor de su tierra, en un pueblo que niega su capacidad, insulta su virtud y desprecia su carácter.”

Fidel Castro nuestro máximo líder ha sido el principal seguidor y continuador de sus ideas éticas y patrióticas como martiano porque como él expresara: “José Martí es el autor intelectual del Asalto al Cuartel Moncada”. El pueblo junto a Fidel y como fiel exponente de esta ideología puede reverenciar con sinceridad a José Martí, porque somos el partido radical y revolucionario de hoy; el partido que en la etapa presente del desarrollo de la sociedad cubana ocupa el lugar que él ocupara, con grandiosidad inalcanzable, en su época. Los cubanos tenemos que cumplir con el legado que nos dejó para ser dignos de su memoria.

*Ana Margarita Oliva es trabajadora de las Sala Especializadas y Presidenta del Club Martiano “Juan Marinello” de nuestra Institución. Este trabajo lo dedica a nombre de la Asociación al recién celebrado natalicio de nuestro Apóstol.

 





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