..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4, Nro.161, Viernes, 2 de febrero del 2007

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 Los perdurables arraigos de la hermandad
Una aproximación a la visión martiana de islas canarias

Por Dra María Caridad Pacheco, del Centro de Estudios Martianos

INTRODUCCIÓN

    A pesar de su definida postura independentista, el quehacer revolucionario de José Martí, Héroe Nacional de Cuba, y uno de los ilustres pensadores americanos de la segunda mitad del siglo XIX, no estuvo signado por el odio a España, sino por la justa apreciación de una España culturalmente mestiza y popular, que pudo valorar desde el propio medio familiar y en los años tempranos de su primer destierro.

Esta posición de principios impregna sus enjuiciamientos sobre el mundo hispánico, y muy particularmente, lo relacionado con paisajes, personajes e historia de Islas Canarias, lugar de nacimiento de su madre, Leonor Pérez, que probablemente conoció físicamente cuando , camino a Valencia en 1857, el buque en que viajaba hizo una escala en Tenerife.

Aunque sus valoraciones sobre la temática canaria no fueron expuestas en una obra orgánica, y se encuentran de forma fraccionada y dispersa en múltiples crónicas y escritos de diverso carácter, tienen la impronta de acercarse a los hechos históricos y a las personalidades con absoluta honestidad, realismo y simpatía. Ello obedece a que la inclaudicable postura martiana a favor de la causa por la liberación nacional de su patria, no lo llevó jamás a confundir la España, metrópoli colonial, de aquella otra, rebelde y libertaria, vinculada a nuestro propio pueblo por razones de historia y de sentimientos.

Sabía Martí que la Revolución no tenía que azuzar el odio y la enemistad contra el pueblo español, sino todo lo contrario, con los españoles residentes tanto dentro como fuera de la Isla, contaba para llevar a término la emancipación del pueblo cubano y para construir la república que habría de levantarse una vez alcanzada la independencia. En este sentido, ningún otro pueblo podía brindarle mayores pruebas de lealtad e integración social como el canario, cuyos hijos participaron de forma apreciable en la gesta independentista y aportaron sus saberes a la cultura material y espiritual de la nación cubana.

Un año antes del inicio de la guerra que organizó para lograr la independencia de Cuba, José Martí comentaba un artículo publicado por el francés Jules Clave en Le Monde Illustré, en el cual se apuntaba que en Cuba solo existía un obstáculo para la independencia, y era “el miedo de los españoles a ser maltratados por los cubanos después de la Revolución”. José Martí, hijo de un valenciano, Don Mariano Martí, y de una isleña de Canarias, Doña Leonor Pérez, nunca manifestó expresiones de odio hacia la tierra que vio nacer a sus padres; muy al contrario, mostró gran afecto hacia el pueblo español, y admiró su historia y espíritu de rebeldía, lo cual queda recogido en los principales documentos programáticos de la Revolución, tales como el Manifiesto de Montecristi y las Bases del Partido Revolucionario Cubano, así como en innumerables escritos literarios, artículos y discursos.

Entre éstos últimos se destacan los pronunciados el 10 de octubre de 1891 en Nueva York, el 6 de julio de 1892 en el Liceo Cubano de Tampa y el 31 de enero de 1893 en Hardman Hall. De esa raigal postura emana su disposición de llevar a cabo una guerra generosa y breve, en la que los españoles buenos “no tendrán nada que temer de un pueblo que no se lanza a la guerra para la satisfacción de un odio que no siente, sino para el desestanco de su persona y para la conquista de la justicia”.

Aunque el hecho de ser hijo de padres españoles fue un factor esencial para adoptar una política sin odios hacia el pueblo hispano, y para comprender con mayor celeridad la manera de pensar y actuar de aquel conglomerado social, José Martí tomó conciencia muy temprano de su mestizaje cultural, que bajo el signo de una lucha histórica contra el colonialismo, le permite conocer y discernir la existencia de una América de origen y cultura comunes. Por ello no vacila en afirmar:

¿Qué importa que vengamos de padres de sangre mora y cutis blanco? El espíritu de los hombres flota sobre la tierra en que vivieron, y se le respira. ¡Se viene de padres de Valencia y madres de Canarias, y se siente correr por las venas la sangre enardecida de Tamanaco y Paracamoni, y se ve como propia la que vertieron por las breñas del cerro del Calvario, pecho a pecho con los gonzalos de férrea armadura, los desnudos y heroicos caracas!

Pero su origen familiar no solo le permite identificarse con su mestizaje cultural, sino que le abre la posibilidad de vislumbrar que, dentro de la sociedad española decimonónica, hay una masa de españoles humildes, no identificados con la política colonial, que por afinidad de intereses e historia, podían tomar parte en la lucha de liberación nacional del pueblo cubano. Por ello al hacer una crítica al Partido Autonomista de Cuba, hace la siguiente anotación:

Es que no ha podido allegarse [el PA] las fuerzas indispensables para el triunfo, ni para el goce pacífico de él, ni para la vida sana de la patria, aun dentro de la libertad incompleta, o desdeña el trato veraz con todos aquellos que se hubieran puesto del lado de la libertad contra España, si hubiese citado a guerra común por la libertad, como debió citar, a los que por culpa de España padecen como nosotros de falta de libertad, y la hubieran defendido, y la defenderán tal vez en el suelo en que nacen sus hijos y en que viven —al andaluz descontento, al isleño oprimido, al gallego liberal, al catalán independiente— ¡somos hombres, además de cubanos, y peleamos por el decoro y la felicidad de los hombres!

¿Cuál fue la primera influencia recibida por Martí en el ámbito de la lucha social? Además de la situación económica, política y social que caracteriza a la colonia y que ha de marcar su infancia y adolescencia, la influencia más directa fue la de su hogar sencillo, donde el padre, valenciano, ejerció profesiones muy modestas, desde menestral de cordelería hasta celador de algunos barrios de La Habana y terminó en la más absoluta pobreza por su actitud digna y honrada que no le permitió doblegarse ante la dádiva o la fuerza. Su madre, rompiendo todos los cánones de la época, había aprendido a leer y escribir a espaldas de la autoridad paterna, y una vez constituida una familia propia, había sabido guiar con rectitud a los hijos, principalmente al primogénito que desde edad muy temprana daba pruebas de su intransigencia ante la situación de opresión colonial en que vivía su patria.

En más de una ocasión el patriota cubano proclamó la humildad de su origen: “ Pues mi padre, Sres., fue un soldado; pues mi madre, Sres., aunque por su heroica entereza y clarísimo juicio, la tenga yo por más que princesa y más que reina, es una mujer humilde”, y enfatizó el papel desempeñado por sus padres en su formación ético-moral: “¿Y de quién aprendí yo mi entereza y mi rebeldía, o de quién pude heredarlas, sino de mi padre y de mi madre?”, señalaría con justicia. Puede decirse que el amor de Martí por “los pobres de la tierra” empezó en el hogar.

Al margen de los sentimientos y algunas características físicas que un biógrafo le señaló como “derivaciones de lo guanche”, el conocimiento acerca del Archipiélago canario le viene a Martí por la relación íntima que sostiene con la madre, quien es lectora y crítica de sus primeras obras literarias. En la casa de su niñez había un canario amarillo que quizás le recordaba a la madre su isla lejana,  y  sería objeto de inspiración poética en sus años de madurez . Por aquellos “días perpetuos de la infancia”, publica el poema Abdala en La Patria Libre, periódico que sale a la luz en enero de 1869 en virtud de una frágil libertad de imprenta que decretan las autoridades españolas. Muchos han visto en este poema el drama que el joven vivió de niño en su hogar, por el temor de los padres a las consecuencias que acarrearían sus ideas patrióticas, por lo que el personaje de Espirta, se ha identificado con Doña Leonor, de tal modo que en una de sus escenas, el guerrero, suplica:

“¡Oh madre, no llores! Volad cual vuelan
nobles matronas del valor en alas
A gritar en el campo de los guerreros:
¡Luchad! ¡Luchad, oh nubios! ¡Esperanza!

Cuando circulaba este poema, específicamente el 22 de enero de 1869, ocurre el incalificable atropello y crimen que es conocido como “los sucesos del Teatro de Villanueva”. En una función de dicho teatro, se dieron vivas a un actor de nombre Carlos Manuel, en clara alusión al iniciador de la gesta independentista, y esto fue suficiente para que los voluntarios atacaran el recinto, dejando un saldo considerable de civiles muertos y heridos. En estos hechos pudo estar involucrado Martí, quien se encontraba lejos del hogar. Años después en los Versos Sencillos alude a la represión colonial y a la valentía de su madre, quien desafiando la balacera y los desmanes de las autoridades, no vaciló en ir a buscarlo aquella noche.

XXVII
[...]
A la boca de la muerte,
Los valientes habaneros
Se quitaron los sombreros
Ante la matrona fuerte.

Y después que nos besamos
Como dos locos, me dijo:
“¡Vamos pronto, vamos hijo:
la niña está sola: vamos!”

Es muy sugerente el hecho de que Martí siempre asociara a su madre con la valentía y el clarísimo juicio. Ella será siempre para el hijo modelo de entereza y de resistencia ante las adversidades de la vida, capaz de trabajar y asumir la pobreza con dignidad, cultivando acendradas virtudes, estoicas y cristianas, entre su numerosa prole. Es la mujer capaz de asumir la administración de los bienes de la familia cuando el esposo asume el cargo de Juez Pedáneo en  Caimito del Hanábana,  es quien redacta las cartas dirigidas a la más alta autoridad del país, para solicitar la libertad del hijo condenado a una larga pena de cárcel por infidencia, y quien durante su encarcelamiento, lo visita y reconforta. Allí en medio de las penurias que lo agobian, en una foto donde viste su traje de presidiario y el grillete al pie, escribe:

Mírame, madre, y por tu amor no llores:
Si esclavo de mi edad y mis doctrinas,
Tu mártir corazón llené de espinas,
Piensa que nacen entre espinas flores.

Conmutada la pena de cárcel por la deportación, Martí parte hacia España en el vapor Guipúzcoa, desde el cual se ha especulado pudo haber visto la tierra de nacimiento de su madre, quien de seguro le narró historias y costumbres de su terruño. Años después algunos de estos relatos familiares pudieron haberle inspirado para abordar diversos temas relacionados con la identidad canaria.

En La Edad de Oro, revista que publicó para los niños de América, alaba la habilidad del canario en el juego del palo y en la danza del palo encintado y hace alusión a la enseñanza de la lucha canaria en las escuelas. En un apunte acerca de su paso por Isla Mujeres al mencionar sus carnavales, describe con mucho detalle al canario “de bordada pantufla, calzón amahonado y camisa azul” que se divertía en sus playas.

En los Cuadernos de Apuntes, a mediados de 1880 se hace eco de algunas teorías del arqueólogo e historiador francés Charles Etienne Brasseur, quien afirmaba que los indígenas americanos tuvieron su origen en Canarias y que Cuba, como Haití, sirvió de espacios de tránsito hacia el continente, y cuando alude a la trayectoria de Le Plongeon, un erudito americano que encuentra involucrado en el comercio de objetos patrimoniales de Islas Mujeres, no deja pasar la ocasión para recordar que este hombre “ha subido en Canarias a la meseta azufrada del Teide”.

La madre, quien se quejó en más de una ocasión por su intransigente lucha anticolonialista, que ponía permanentemente en riesgo su vida y restaba seguridad y bienestar a la familia, ya viuda, viajó en noviembre de 1887 a Nueva York donde residía el hijo desde 1881, para llevarle un anillo grabado con la palabra CUBA, hecho con un eslabón de la cadena del grillete que llevó en presidio. ¿No fue ésta en cierto modo una aprobación al destino revolucionario que el hijo había elegido? Si este hecho no bastara, solo habría que recordar la carta de despedida a la madre, el 25 de marzo de 1895, que Unamuno calificara como una de las oraciones más bellas de la lengua :

Madre mía:
Hoy, 25 de marzo, en vísperas de un largo viaje, estoy pensando en Ud. Ud se duele, en la cólera de su amor, del sacrificio de mi vida; y ¿por qué nací de Ud con una vida que ama el sacrificio? Palabras, no puedo. El deber de un hombre está allí donde es más útil. Pero conmigo va siempre, en mi creciente y necesaria agonía, el recuerdo de mi madre.
Abrace a mis hermanas, y a sus compañeros. ¡Ojalá pueda algún día verlos a todos a mi alrededor, contentos de mí! Y entonces sí que cuidaré yo de Ud con mimo y con orgullo. Ahora, bendígame, y crea que jamás saldrá de mi corazón obra sin piedad y sin limpieza. La bendición.

Su
José Martí
Tengo razón para ir más contento y seguro de lo que Ud pudiera imaginarse. No son inútiles la verdad y la ternura. No padezca.

 

Los isleños en Cuba

      El único texto que Martí dedicó íntegramente a Islas Canarias, fue publicado en el periódico Patria, el 27 de agosto de 1892, apenas unos días antes de partir al encuentro de un amigo isleño al cual había conocido en los días en que era el presidiario No 113 de la Primera Brigada de Blancos. El canario Joaquín Montesinos era de aquellos hombres a quienes Martí valoraba como “otros tantos cubanos”, porque desde muy temprano se había incorporado a la causa de la independencia cubana. Era él quizás uno de los tantos seres humanos que le motivaron aquellos apuntes que bajo el título de “Españoles” tenían, según Fina García Marruz,  “algo de fila de soldados que se aprestasen a una batalla” .

El texto comienza con una semblanza del amigo, en la que subraya su condición de “bravo canario”, recuerda los días de confinamiento, la fuga espectacular de la cárcel y admira las cualidades de aquel “noble isleño”, que aún ya entrado en años y sin muchos recursos, se ha puesto a disposición de la Revolución Cubana. Por ello pregunta de forma enfática “¿Quién, mejor que este isleño, podrá llamarse cubano?”.

Lo esencial de la respuesta a esta pregunta puede encontrarse en su discurso pronunciado el 26 de noviembre de 1891, conocido con el título de “Con todos, para el bien de todos” y en la carta- testamento a Federico Henríquez y Carvajal, fechada en Montecristi el 25 de marzo de 1895, en vísperas de su partida a los escenarios de la guerra. En el primero proclama: “¡Por la libertad del hombre se pelea en Cuba, y hay muchos españoles que aman la libertad! ¡A estos españoles los atacarán otros: yo los ampararé toda mi vida! A los que no saben que esos españoles son otros tantos cubanos, les decimos:-“Mienten!”. En la carta al amigo dominicano, expone: “Me arranco de Ud., y le dejo, como mi abrazo entrañable, el ruego de que en mi nombre, que solo vale por ser hoy el de mi patria, agradezca, por hoy y para mañana, cuanta justicia y caridad reciba Cuba. A quien me la ama, le digo en un gran grito: hermano. Y no tengo más hermanos que los que me la aman”.

Como expresión de esa escritura de la modernidad que se hace patente en Martí, el retrato de un individuo puede derivar en una reflexión acerca de los valores intrínsecos de un determinado conglomerado humano, y eso es lo que ocurre en el texto citado. A partir del individuo, brinda un bosquejo histórico-sociológico del pueblo canario y de sus aspiraciones.

Ni es raro que el hijo de Canarias, mal gobernado por el español, ame y procure en las colonias de España la independencia que por razón de cercanía, variedad de orígenes, y falta de fin bastante, no intenta en sus islas propias. Míseras viven, sin el regalo y alegría con que pudieran, las poéticas Canarias; y no cría bajo español aquella volcánica naturaleza más que campesinos que no tienen donde emplear su fuerza y honradez, y un melancólico señorío, que prefiere las mansas costumbres de su terruño a la mendicidad y zozobras de la ingrata corte. ¿Qué ha de hacer, cuando ve mundo libre, un isleño que padece del dolor de hombre, que no tiene en su tierra nativa donde alzar la cabeza, ni donde tender los brazos?
Del bien raíz suele enamorarse el hombre que ha nacido en la angustia del pan, y cultivó desde niño con sus manos la mazorca que le había de entretener el hambre robusta; por lo que ha salido el isleño común, mientras no se le despierta su propia idea confusa de libertad, atacar, más que auxiliar, a los hijos de América, en quienes el gobernante astuto les pintaba el enemigo de su bien raíz. Pero no hay valla al valor del isleño, ni a su fidelidad, ni a su constancia, cuando siente en su misma persona o en las de los que ama, maltratada la justicia o que ama sordamente, o cuando le llena de cólera noble la quietud de sus paisanos. ¿Quién que peleó en Cuba, dondequiera que pelease, no recuerda a un héroe isleño? ¿Quién, de paso por las islas, no ha oído con tristeza la confesión de aquella juventud melancólica? Oprimidos como nosotros, los isleños nos aman. Nosotros, agradecidos, los amamos. Pronto va a tener Montesinos la ocasión suspirada de servir a Cuba”.

Y con la frase final, exhortaría a los isleños radicados en Cuba a incorporarse a una lucha que era también suya, en tanto la guerra que se preparaba no era contra el español “sino contra la codicia e incapacidad de España”, contra “el dominio de castas” y el “provecho ilegítimo de pocos”, y en esa magnífica batalla, los canarios humildes y luchadores, que eran la inmensa mayoría de los radicados en Cuba, podían brindar un apoyo esencial. De hecho ya habían realizado aportes sustanciales a la Guerra de los Diez Años (1868-1878), pero la revolución que se iniciaba no solo se proponía alcanzar la ansiada independencia, sino también construir una república en revolución que suprimiera la estructura colonial que sobrevivía en muchas repúblicas latinoamericanas.

Durante muchos años las publicaciones identificadas con los intereses de las clases opresoras en Islas Canarias resaltaban los méritos de aquellos que combatieron en las filas del Ejército español durante las guerras de independencia, y los valores de la nacionalidad eran utilizados para convencer a muchos españoles de que los independentistas cubanos odiaban a España y a sus hijos. Esto se hacía con el objetivo de frenar las ansias libertarias tanto en el archipiélago como entre los emigrados.

La historia recoge la participación de canarios a favor de la Metrópoli colonial, tal es el caso que menciona Martí del político, diplomático y periodista Fernando León y Castillo(1842-1918), que descolló como orador parlamentario, cualidad que alabó el Apóstol al mismo tiempo que criticó su postura intransigente respecto al dominio de España sobre Cuba y Puerto Rico. No obstante, estas fuerzas fueron minoritarias porque en las filas del Ejército Libertador, en las del Partido Revolucionario Cubano, y en las de los núcleos clandestinos, actuaron miles de canarios y sus descendientes. Si los canarios eran el 41% de los españoles que lucharon junto a los mambises cubanos y los españoles eran unos 15 mil, hay razón para afirmar que esta participación fue destacada.

      En este sentido no puede obviarse que el 83% de los canarios que emigraron durante el siglo XIX, escogieron a Cuba como destino . En esta particular preferencia migratoria quizás haya influido la similitud geográfica por la condición de insularidad tanto de Canarias como de Cuba, pero existían otros vínculos históricos y espirituales sin los cuales sería difícil comprender la masiva participación canaria en la guerra del 95.

      Martí supo apreciar que la identificación de la mayoría de los emigrantes canarios con el ideal emancipador en Cuba, pasaba no solo por la fuerza y arraigo de las tradiciones familiares, de las cuales él mismo era exponente, sino también por el estado de rebeldía que generaba el pueblo canario debido a la situación de penuria económica que padecía y de los obstáculos impuestos por la Metrópoli española a su realización nacional.

     Según un artículo publicado en “Las Canarias”, se apuntaba que uno de los más grandes contingentes de españoles que participaron en las revoluciones del 68 y el 95 provenía de las islas africanas y esto se explicaba “por una mayor exaltación en el concepto de la Democracia(sic) y por un más interno grado de irritabilidad ante los desafueros de los gobernantes coloniales”. Esta apreciación tiene puntos de contacto con el concepto de cubano que Martí emplea en su antológico discurso “Con todos y para el bien de todos”, cuando en su concepción, por tal se puede considerar al ser especialmente dotado para todo lo que signifique independencia, apertura y libertad en el sentido ontológico que este término entraña. De este modo resaltaba que nada debían temer los españoles de una Revolución que se hacía por la dignidad plena del hombre.  Ya él había hablado de “la fuerza gloriosa de las islas, que parecen hechas para recoger del ambiente el genio y la luz” .

     Pero Martí no solo se refirió a la participación de los canarios en los escenarios más visibles de enfrentamiento entre la metrópoli y la colonia. Personalidades isleñas que desplegaron su accionar en otros campos, también motivaron la atención suya, y el caso más destacado fue el del escritor canario Benito Pérez Galdós.

Visión martiana de Benito Pérez Galdós

Pocos meses antes de marzo de 1874, el famoso novelista y dramaturgo canario visitó Zaragoza para preparar la redacción de su Episodio nacional relacionado con esa ciudad y poder ambientarse en los lugares heroicos donde pretendía recoger testimonios acerca de los asedios de las tropas francesas. Aproximadamente en esta época, José Martí arriba a esta región de España para concluir los estudios universitarios, y existe la probabilidad no confirmada, de que ambos escritores se encontraran en alguno de los muchos lugares que los escritores y artistas frecuentaban.

José Martí no expuso en una obra orgánica su apreciación crítica acerca de las creaciones literarias de Benito Pérez Galdós, tal y como hizo con otros escritores norteamericanos, franceses o españoles. Sólo aparecen algunas observaciones o criterios breves, la mayor parte incluidos en trabajos de diverso carácter, pero que comprueban el conocimiento que tenía acerca de la obra galdosiana.

De la extensa obra de Galdós menciona al menos cuatro novelas: Marianela, Gloria, La de Bringas, y El amigo Manso, lo cual no significa que hayan sido las únicas objeto de su atención. Es un hecho cierto que Galdós era conocido en los medios artísticos y literarios de Cuba, por lo tanto no es osado admitir que Martí, observador sagaz y lector atento de cuanta obra de valor se publicara en la época, pudiera haber leído otras novelas además de las mencionadas.

Es necesario apuntar que Martí mostraba en cada ensayo sobre arte y literatura aspectos parciales de un pensamiento integral, en el que la política, la historia, la moral, la estética, por solo mencionar algunos, formaban parte de una unidad creciente y fecundante. De este modo, cuando glosa con entusiasmo en La Opinión Nacional de Caracas un libro de Leopoldo Alas (“Clarín”), no puede dejar de mencionar que Marianela y Gloria “son libros que debieran estar en todas las manos”, y las razones que le asisten las explica más adelante, cuando afirma:

[...] Gloria, como Marianela, no son sólo obras literarias, sino benéficas. Cierto que no añaden gran cosa al lenguaje, al cual nada quitan tampoco; pero ¡cuánta dulzura ponen en el corazón! ¡con cuánta rectitud deciden en lo difícil! ¡cuán cariñosamente advierte a los hombres de los peligros tremendos de la intolerancia! ¡cómo luego de leer esos libros, se siente como si de súbito hubiera enriquecido nuevos quilates nuestro espíritu!

A la luz de sus concepciones, de ese pensamiento integral que ya mencioné al inicio, Martí comprendía en toda su magnitud la misión redentora que correspondía al arte como obra de empresa ético-moral.

Por ello, al resumir sus impresiones acerca de estas novelas, expresa: “No tenemos paz con lo inútil, ni con lo falso. No se tachará de eso por cierto a la tierna Gloria ni a la tristísima Marianela”. Para Martí los valores de la novela no se reducen a su estilo literario o a sus técnicas narrativas, hay para él valores de más marcada trascendencia que son los éticos y morales, por eso califica estas novelas de “obras benéficas”. Es significativo que resaltara justamente en estas creaciones el tema ético: en Gloria, se destaca la intransigencia religiosa, y en Marianela, los problemas sociales que sufren los obreros, están en el telón de fondo de una historia sentimental. En la última de las obras mencionadas, el personaje de Florentina llega a expresar:

[...] Soy partidaria de que haya reparto, de que los ricos den a los pobres todo lo que tengan de sobra [...] ¿Por qué esta pobre huérfana ha de estar descalza y yo no?

No puedo dejar de relacionar esta frase del personaje galdosiano con uno de los poemas más conocidos de Martí, ”Los zapaticos de rosa”, publicado en La Edad de Oro, en el cual la protagonista le ofrece a una niña pobre y enferma sus zapatos aduciendo que ella tiene más, y sería injusto ver sufrir a la infeliz teniendo la posibilidad material de remediar en algo su pobreza.

Entre sus apuntes se puede leer también un breve fragmento de la novela La de Bringas, que reflejaba en cierto modo su propia e íntima situación personal:

Las raras prendas de que estaba adornada parece que tenían su complemento en otra fórmula de la distinción humana, la desgracia, privilegio de los seres que se avecinan a lo perfecto.

No en pocas ocasiones a través de su obra, y especialmente en sus poesías, se pueden encontrar ideas similares a esta, tanto desde el punto de vista del contenido como de la forma. Si bien es muy probable que la expresión objeto de su atención no la relacionara directamente al curso de su vida, es innegable que en el devenir adquirió un carácter profético sobrecogedor.

Otros acercamientos de Martí a la obra de Galdós se encuentran en dos breves y sugerentes textos titulados “Prosa de próceres” y “España”, de fecha no precisada, aunque todo parece indicar que datan de la década del 80. En ambos hace comentarios acerca del uso de la lengua española por parte de diferentes escritores. Bien se sabe que Martí conocía las singularidades de la lengua en que se había educado, por lo que sus juicios tenían la impronta del profundo conocedor. Del escritor canario dice en el primero de los textos mencionados, que su español parece “agua clara que corre entre guijas” y en el segundo de los escritos expresa:

[...] Ese castellano que habla Pereda en casi todos sus libros, un castellano redondo, sano y dorado: no como esa otra lengua de Pérez Galdós, muy sabia y concisa; pero que denuncia haber estado mucho tiempo en los batanes. Muy escarmenada: relamida se diría en pintura. Por mucho quererlo ser no es bastante plástica.

Resulta muy interesante el modo como Martí califica la prosa de Galdós, utilizando términos de la tecnología (batanes eran máquinas para batir cueros, paños y otras materias) y de la pintura (relamida se identifica con la pintura repulida o recompuesta) .Esta descripción quizás obedezca a las propias características de la obra de Galdós, marcada por su nítido realismo. Gran observador de la vida humana y de las costumbres de las diferentes clases y sectores sociales de su tiempo, don Benito pudo reflejar con notable veracidad las atmósferas de los ambientes y las situaciones que describe, como los retratos de lugares y de sujetos. Al servirse del lenguaje para identificar a sus personajes en ocasiones este resulta algo ramplón (cuando habla y vive en sus páginas un personaje ramplón, por supuesto) y esto hizo que muchas veces se le acusara de lo que no era. Lo que si no ofrece la menor duda es que Martí demuestra con estos criterios tener conocimiento acerca del estilo del notable escritor canario.

Otras indagaciones del Apóstol de Cuba acerca de Galdós se relacionan con la novela El amigo Manso, obra que debió de ser detenidamente estudiada por él, en tanto aparecen en ella varios personajes cubanos. Precisamente sobre el tratamiento que da a estos en el contexto de la novela, Martí dedica algunas anotaciones en sus “Fragmentos”, donde apunta:

[...] Si el novelista quiso tipos, ¿por qué buscarlos entre las excepciones? A nosotros que tenemos a América por nuestra, no nos da mucho que Pérez Galdós, tan glorioso y nuevo en aquello que conocemos se muestre de aquella ignorancia de n/ cosas [...]

Es fácil comprender el hecho de que, siendo Martí un predicador constante a favor de los derechos de la mujer como parte consustancial de su condición de luchador por la justicia y la Revolución Cubana, no recepcionara en forma entusiasta el personaje de la cubana en El amigo Manso, caracterizada en la novela por su rusticidad y falta de modales, en cuyo hogar predominaba el desorden y la anarquía. Había que añadir que Martí alentaba criterios estéticos no realistas, y no olvidemos que Benito Pérez Galdós es uno de los grandes autores realistas del siglo XIX. Martí fue el iniciador del modernismo y en este sentido hay que valorar algunos comentarios sobre la narrativa realista.

No obstante, aproximadamente durante el mismo período en que se refiere a la novela antes mencionada, valora a Benito Pérez Galdós como un literato minucioso, trabajador y patético, hijo no de los libros sino de la naturaleza, lo cual hace pensar que después de todo, Martí pudo apreciar debajo de las letras del prolífico escritor un alma sangrante.

En fin, el pueblo canario, solidario y humilde, que Martí conoció en el seno del hogar y la emigración, estuvo en el centro de sus meditaciones y esperanzas, y fue fuente y raíz de su formación humana. Por ello el pensamiento del Héroe Nacional de Cuba es simiente y forja de los perdurables arraigos de la hermandad que unen a los pueblos de Cuba y de Canarias.


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___________. España en Martí. Universidad de Alicante, Casa de las Américas, Alicante, La Habana, 1997.

<< Doña Leonor Pérez Cabrera, natural de Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias, madre de José Julián Martí y Pérez. (Tomado de http://www.trabajadores.cubaweb.cu/marti/iconografia/iconografia.htm)


Sobre el particular no se poseen datos definitivos. Luis Toledo Sande, en su libro “Cesto de llamas” plantea como hipótesis que en el viaje de la familia Martí-Pérez a Valencia en 1857, probablemente hicieron una escala en Tenerife (Ver: Cesto de llamas. Biografía de José Martí. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1996, p. 16). Por su parte, Adys Cupull y Froilán González afirman que “ al parecer a principio de 1858 la familia Martí-Pérez viajó a Canarias y a fines de ese año o principio de 1859 Mariano y Leonor comenzaron los preparativos del regreso”(Creciente agonía. Los padres de José Martí. Editorial Gorki, Madrid, 2003, p.61). Si tomamos en consideración la cronología martiana elaborada por Ibrahím Hidalgo Paz, los padres de Martí parten hacia Valencia a mediados de 1857 y permanecen allí hasta mediados de 1859 (José Martí. 1853-1895. Cronología. Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2003.), lo cual hace poco  probable su paso por las Afortunadas. Más recientemente la investigadora Olivia Cano Castro, de la Asociación Canaria de Cuba ha encontrado en los archivos de Santa Cruz de Tenerife nuevos datos que demuestran que Dn Mariano Martí, padre del Apóstol, se encontraba en esa villa en 1859 y por tanto, el pequeño Pepe pudo haber estado junto a sus padres y hermanas en Canarias en esa fecha(Presencia de Martí en Tenerife...¿mito o realidad?. Trabajo inédito) No obstante, se hace necesario continuar indagando acerca de este aspecto poco explorado y conocido en la vida de José Martí.

Mariano de todos los Santos Martí y Navarro nació en Valencia el 31 de octubre de 1815. En 1852 contrajo matrimonio en La Habana. A su llegada a Cuba, desempeñó funciones como artillero del ejército español, subteniente de infantería y celador. En 1862 fue designado como capitán juez pedáneo en la localidad conocida como Hanábana, Colón, Matanzas. Hizo después un breve viaje en plan de trabajo a Honduras Británicas. En 1874 partió hacia México donde permaneció hasta 1877 en que embarcó para La Habana. Durante varios años se dedicó a la compra-venta de inmuebles y llegó a poseer pequeños negocios que le permitieron durante un tiempo tener cierta holgura económica, pero la numerosa prole, su rectitud y honradez y la condena a trabajos forzados del hijo le hicieron empobrecer. Falleció en La Habana, el 2 de febrero de 1887.

Leonor Antonia de la Concepción Micaela Pérez y Cabrera nació en Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias, el 17 de diciembre de 1828. Hija de un teniente músico de artillería, arribó con su familia a Cuba en 1842. Contrajo matrimonio en 1852 con Mariano Martí, sargento primero del Cuerpo de Artillería. Residió en México (abril de 1874-marzo de 1877). Agobiada por la tensa situación que vivía el país, viajó a Tampa en abril de 1898, donde permaneció hasta fines de agosto, en que partió de regreso a Cuba. Falleció en La Habana, el 19 de junio de 1907.

José Martí: “La Revolución”, en Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1991, t.3, p.79 (1894) [En lo sucesivo, las referencias de textos de José Martí remiten a esta edición, representada con las iniciales OC, y por ello solo se indicarán tomo y paginación]

José Martí: “Autores americanos aborígenes”, OC, t. 8, p. 336 (1884)

José Martí: Discurso en conmemoración del 10 de octubre de 1868, OC, t.4, p. 243 (1889)

José Martí: Fragmentos, OC, t. 22, p. 17 (sin fecha)

Jorge Mañach. Martí el Apóstol. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1990, p.16.

José Martí. Versos Sencillos, OC, T 16, p. 100 (1889).

José Martí: Versos Sencillos, OC, t. 16, p. 103. (1889)

José Martí: I Brigada- 113, OC, t. 17, p. 29. (1870)

José Martí: “Un juego nuevo y otros viejos”, OC, t. 18, p. 336. (1889)

José Martí: “Islas Mujeres”, OC,t. 19, p. 31. (1875)

José Martí: Cuadernos de Apuntes, OC, t. 21, p. 336. (Sin fecha)

José Martí: “Islas Mujeres” Ob Cit, p. 30

Fina García Marruz. “Un domingo de mucha luz”. En: Temas Martianos, Tercera Serie, Centro de Estudios Martianos, 1995, p. 18

Joaquín Montesinos y Trujillo nació en Islas Canarias, alrededor del año 1837. Muy joven viajó a Cuba a la que llegó a querer como a su propia patria y combatió el despótico régimen colonialista que la oprimía, por lo que sufrió prisión en la cárcel de La Habana, donde conoció a Martí. Los unió un sincero afecto por sus similares conceptos de la justicia. Posteriormente se radicó en Santo Domingo, donde permaneció hasta 1899. En los viajes que Martí realizó a ese país antillano, siempre lo visitaba y el 15 de marzo de 1895 fundó el Club General Cabrera, con el propósito de recaudar fondos para el Partido Revolucionario Cubano. Los servicios prestados a Martí y a Gómez para iniciar la guerra del 95 fueron importantísimos. En 1899, poco después de terminada la guerra, liquidó todos sus negocios y regresó a La Habana, donde murió el 27 de marzo de 1911 en la mayor pobreza (Ver: Luis García Pascual. Entorno Martiano. Casa Editora Abril, La Habana, 2003, p. 178)

Fina García Marruz, Ob Cit, p.34

José Martí: Discurso en el Liceo cubano de Tampa, OC, t. 4, p. 277. (1891)

José Martí: Carta a Federico Henríquez y Carvajal, OC, t. 4, p. 112. (1895)

José Martí: “Los isleños en Cuba”, OC, t. 4, p. 423-424. (1892)

José Martí: “Nuestras ideas”, OC, t. 1, p. 321. (1892)

José Martí: “Noticias de España”, OC, t. 14, p. 94 (1881).

Ver: José Martí: “Escenas Europeas” de La Opinión Nacionalde Caracas, OC, t. 14, p. 213-214 (1881); 457 y 504 (1882).

Ver: Paz Sánchez, Manuel de y Octavio Rodríguez “Presencia canaria en las filas del ejército mambí”(inédito) y Alfredo Martín Fadragas.” Un canario-cubano que luchó por la independencia de cuba (inédito)

Jesús Guanche. Los procesos etnoculturales en Cuba. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1983, p. 37

La regresión económica y la ofensiva rentista de los terratenientes, generaron un aumento de la miseria rural, al descomponer las bases de las “economías campesinas tradicionales”. En esta situación  los nuevos proletarios encontraban un mercado de trabajo saturado y con salarios muy por debajo del nivel alcanzado a comienzos del siglo XIX, lo que unido a la hambruna casi general de 1847 y el cólera morbo de 1851 en Gran Canaria, originó un éxodo masivo a Cuba, Puerto Rico y otras regiones del continente americano, el cual ganó en intensidad entre 1834 y 1855. Ver: Colectivo de autores. Historia de Canarias .Ediciones del Cabildo Insular de Gran Canaria, las Palmas de Gran Canaria, 1995, p. 382-383

Manuel de Paz Sánchez y Rodríguez Delgado, Octavio. “Presencia canaria en las filas del ejército mambí (1895-1898). En: Stranae Enmanuelae MarreroOblatae. Universitas Canariarum. Lucunae. Ad. MCMXCIII, p.253

Cintio Vitier. Obras 6,  Temas Martianos1.Editorial Letras Cubanas, La Habana, p.86

Manuel García Guatas. La Zaragoza de José Martí. Institución “Fernando El Católico”, Zaragoza, 1999, p. 135.

José Martí, OC, t. 23, p. 266 (1882).

José Martí, op. cit., p. 290.

Ibídem.

Benito Pérez Galdós, Obras Completas [Introducción, biografía y censo de personajes galdosianos por Federico Saíz de robles], Editorial Aguado, Madrid, 1942, p. 730.

Revista mensual, fundada y redactada enteramente por José Martí, que vio la luz en Nueva York(1889). Solo llegaron a publicarse cuatro números, los cuales han aparecido en forma de libro, suscitando una calurosa recepción entre los lectores de todas las edades. Es considerado un clásico de la literatura infantil, y por serlo de veras, de la literatura.

José Martí, op. cit., t. 22, p. 222 e/ 1885 y 1895.

José Martí, op. cit., t. 15, p. 184 (sin fecha).

Ibidem.

Ver: José G Quintas, op. cit.

Por la intensa labor política, educativa y de concientización que llevó a cabo Martí entre los más amplios sectores de emigrados cubanos y puertorriqueños en los Estados Unidos, sus contemporáneos le dieron en vida los honrosos calificativos con los que se le designa en Cuba, las Antillas y en América Latina, aún en nuestros días: el Apóstol y el Maestro.

José Martí, op. cit., t. 22, p. 21, 22 (e/ 1885 y 1895).

Ver José Martí, op. cit., t. 10, p. 132 (1884).



 


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