..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4, Nro.161, Viernes, 2 de febrero del 2007

 

José Martí: la dignidad de un pueblo
Por Tadeo Sevilla

Martí está de moda, como siempre, en boca de todos los que se sienten con el derecho de desbarrar de sus contrarios. De mártir de Dos Ríos y Apóstol de nuestra Independencia, hasta convertirse en emblema de los alabarderos del neo anexionismo que cobra fuerza entre los cubanos que pululan sus miedos en cualquier refugio, más allá de las costas de la Isla:

....“La justicia es adecuarse al presente sin merma ....importante del ideal que se persigue”

<< Dibujo realizado por Lorenzo Iván Medina, de 16 años, cursa el segundo año de Polimodal (Secundaria). Es un apasionado del dibujo, en este momento está trabajando en unos bocetos para ilustrar un pequeño libro de cuentos que narran sucesos políticos de la historia reciente de su nuestro país. Su padre envió recientemente como regalo un cuadro de su autoría a -nuestro- Comandante en Jefe.

Últimamente José Martí sale a relucir en todas las discusiones y sus memorables palabras se usan sin distinción de partido y hasta una norteamericana que aspiró a ser reelecta como jueza en Miami, utilizó los versos de “La Rosa Blanca” en su campaña política. Suerte que su espíritu sigue iluminando los destinos de la isla, desde la bóveda sagrada que conserva sus restos en Santa Ifigenia.

 “La política -decía el Apóstol cubano- es el arte de inventar un recurso a cada recurso de los contrarios, de convertir los reveses en fortuna; de adecuarse al momento presente sin que la adecuación cueste sacrificios, o la merma importante del ideal que se persigue, de dejar de tomar empuje, de caer sobre el enemigo, antes de que tengan sus ejércitos en fila y su batalla preparada”.

Esa ha sido la meta más ingente de los que tratan de salir adelante con su proyecto social en Cuba, a pesar de las presiones, los ataques y las infamias de los que aspiran a hundir en el océano a la mayor de las Antillas.

La Revolución Cubana, con sus virtudes y defectos, sigue demostrando, a la altura de media centuria, que es un proyecto sólido y creíble, a pesar de los embates de un poderoso enemigo a solo noventa millas de distancia, que no perdona la dignidad de un pueblo que se niega a ponerse de rodillas. Un proyecto social que se convirtió en emblema de los desposeídos, de los que solo tienen la tierra y el aire como único tesoro.

No asustan las reacciones de los que esperaban ver desaparecer a la Revolución de 1959 desde la distancia frívola de un exilio que hoy se resigna a la marginación y al mutismo y no le quedan más alternativas que especular sobre sus propias soledades. Difícil resultará vivir con la impotencia de haber crecido sin aportar nada valedero a la Patria que les dio vida y solo servir para lamentarse como chiquillos majaderos que reclaman lo que no se han sabido ganar.

Para estos personajes que abandonaron la tierra natal a su suerte y que la historia va condenando al olvido y al silencio, es más fácil pedir favores, aunque con ello se ponga en riesgo la soberanía y la dignidad. Por supuesto que se regala impunemente lo que no se conoce, a cambio de recibir simples migajas como premio a su cobardía. Y esperan que el mundo se encargue de castigar a la Revolución Cubana, que simplemente, le devolvió la dignidad y el decoro a muchos seres humanos que vivieron por años bajando la mirada ante sus explotadores, los mismos que todavía se esperanzan en regresar para castigar la osadía de enfrentarlos.

No hay más remedio que apelar al ideario martiano. “¡Los traidores, o los infelices! Los de alma baja, nacidos para adular; o los de espíritu de pobre, a quienes la rebelión y la miseria aterran! ¿Quién no ha conocido, en los bancos del colegio como en los de la vida, al que hace la ronda, como gallina enamorada, al maestro, al rico, al poderoso, y al mísero de corazón que, sin ser malo, va por miedo donde los malos lo llevan?”
 ¿Hay algo que se acerque más en la actualidad a los que hacen la corte a las potencias sedientas de poder y de riquezas para ver destruida por hambre su propia tierra?

Premonitoriamente José Martí describió a los que hoy aspiran a cambios sin esfuerzos propios y apelan a la ayuda de un poderoso que cobrará con creces y con sudores ajenos. De los que esperan regresar y revivir una república que negoció sin titubear prosperidad por sumisión.

Una de las grandes preocupaciones que tienen muchos de estos exiliados viscerales que solo almacenan odio y frustración es, desde su miope perspectiva, la supuesta inmovilidad del pueblo cubano en estos decisivos momentos que vive la Patria.

Llevan muchos años esperando ver como esa masa humana que se debate en las más impresionantes penurias, provocadas además de los errores, en buena medida por el más criminal, prolongado y despiadado embargo comercial que haya conocido la historia moderna, se lance a las calles y reclame los “derechos” que suponen en el exilio, se les debe restituir.

Una suerte de martirologio masivo que permita regresar con el garrote en la diestra a los que abandonaron todo, llenos de pavor, ante el empuje de un pueblo que sacudió violentamente a los representantes de una sociedad putrefacta y corrompida, que por demás, llevan cuarenta y ocho años soñando en recuperar.

No pueden comprender porque están ciegos y la historia les está cobrando su traición. Y los pueblos siempre tienen la razón, de la mano de sus inspiradores.

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