..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4, Nro.161, Viernes, 2 de febrero del 2007
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¡Sin OEA hemos ganado la pelea!
Por Mariagny Taset Aguilar

La frase "Con la OEA o sin la OEA ganaremos la pelea" circulaba en boca de los revolucionarios cubanos a inicios de los años sesenta, cuando el imperialismo yanki movilizaba sus millones e influencias para maniobrar contra Cuba y agredirla, desde el seno de la Organización de Estados Americanos (OEA). Era una prueba de que no renunciaríamos a nuestra independencia ante los designios de Washington y sus aliados americanos.

El asiento previamente ocupado por el entonces presidente Osvaldo Dorticós, quedó desierto tras el boicot contra Cuba en que devino la VIII reunión de la OEA en Punta del Este.

En aquellos tiempos, la administración Kennedy presentaba "la defensa hemisférica contra el comunismo internacional y su penetración en Cuba", como un problema continental que debía ser resuelto bajo la guía de Estados Unidos. El 15 de enero de 1962, ya el presidente aseguraba que Cuba "no tiene lugar en el sistema interamericano" y que "la voz del hemisferio hablará contra las dictaduras de izquierda, sostenidas y apoyadas desde el exterior del hemisferio".

A fin de definir tal situación, una semana después los cancilleres de América se dieron cita en Punta del Este, Uruguay, para asistir a la que se conoció como la VIII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores Americanos. Según la prensa de la época, fue una de las más falsas y dramáticas conferencias celebradas jamás, pues nunca se había visto tan desesperado al imperialismo, ante la incapacidad de sus representantes para persuadir a los asistentes al encuentro, aun con el apoyo de Guatemala y Colombia, que de manera servil protagonizaron con fuerza la ofensiva anticubana.

Nuestra delegación partió hacia Uruguay encabezada por el entonces Presidente de la República Osvaldo Dorticós Torrado, e integrada también por el canciller Raúl Roa García, y otros notables diplomáticos.

En aquel encuentro, y como días antes lo había afirmado Fidel, Cuba "sentó al imperialismo en el banquillo de los acusados". Sus patrañas fueron nuevamente desenmascaradas ante la opinión pública mundial, pese a que los debates estuvieron matizados por intercambios privados que ocasionaron cambios repentinos de posición de varios países. Algunos presionados por Estados Unidos mediante el soborno, el chantaje y las promesas de ayuda monetaria.

Dean Rusk, secretario de estado norteamericano al frente de su delegación, proponía ayuda financiera mediante la famosa Alianza para el Progreso (AP), auspiciada por Washington y en vigor desde agosto de 1961, a raíz de la Conferencia del Consejo Interamericano Económico y Social de la OEA , celebrada también en Punta del Este. La AP no era entonces más que un instrumento de chantaje diplomático para comprar votos contra nuestro gobierno.

Desde el principio, Rusk mostró la intención de aplicar a Cuba sanciones económicas y militares, condenando nuestros vínculos con los entonces países socialistas. El 26 de enero pidió la adopción de una serie de estas medidas, y recomendó que el Consejo de la OEA , con sede en Washington, se encargara de determinar el método y la fecha en que debían aplicarse.

Rusk reclamó que se declarara que "las actividades actuales de Cuba constituyen un peligro común y constante para el continente", y planteó la suspensión de relaciones económicas de los países americanos con la nación caribeña. También solicitó que se nos excluyera del sistema interamericano, y se creara "una nueva comisión especial de seguridad", dependiente de la Junta Interamericana de Defensa, para que aconsejara a los países miembros de la OEA "medidas individuales y colectivas contra cualquier acto de amenaza o agresión".

Pero no pudo obtener apoyo a sus afanes intervencionistas ni la aprobación de las severas sanciones que deseaba imponer. Contábamos con el respaldo de varios países como Brasil y México, quienes apoyaban el precepto de autodeterminación y no intervención en los asuntos internos de otros pueblos. Estados Unidos apenas logró la ilegal exclusión de Cuba de la OEA , con el mínimo de votos.

Un día antes de la propuesta de Rusk, el presidente cubano leía en la declaración formal acerca de nuestra posición al respecto:

"Si lo que se pretende es que Cuba se someta a las determinaciones de un país poderoso (¼ ), si lo que se busca es que Cuba capitule, renuncie a las aspiraciones de bienestar, progreso y paz, que animan su revolución socialista y entregue su soberanía, si lo que se intenta es que Cuba vuelva la espalda a países que le han demostrado una amistad sincera y un respeto cabal; si, en una palabra, se intenta esclavizar a un país que ha conquistado su libertad total después de siglo y medio de sacrificios, sépase de una vez: ‘Cuba no capitulará'."

Y el 30 de enero de 1962, durante el debate sobre la resolución que proponía excluirnos de la OEA , ratificaba:

"Vinimos convencidos de que se tomaría una decisión contra Cuba (¼ ) pero eso no afectará el desarrollo de nuestra Revolución. (¼ ) Vinimos para pasar de acusado a acusador, para acusar al culpable aquí, que no es otro que el gobierno imperialista de Estados Unidos."

Más tarde, tras enumerar los logros de la Revolución cubana y denunciar el verdadero carácter de la organización como bloque político-militar bajo el mando del imperialismo yanki, afirmó que de esta cita Estados Unidos "no sacó todo lo que quería", porque "Cuba dentro o fuera de la OEA , continuará manteniendo relaciones con los países socialistas".

La resolución fue aprobada al día siguiente, bajo el título "Exclusión del actual Gobierno de Cuba de su participación en el Sistema Interamericano". Obtuvo 14 votos a favor (Estados Unidos, Guatemala, El Salvador, República Dominicana, Colombia, Venezuela, Uruguay, Nicaragua, Costa Rica, Honduras, Panamá, Perú, Paraguay y Haití), seis abstenciones (Brasil, Argentina, México, Chile, Bolivia y Ecuador), y la oposición de Cuba.

Esta fue una violación flagrante de la Carta de la OEA , que no contiene normas expresas que sirvan de base para suspender o excluir a un país miembro del sistema interamericano, principal razón por la que varios países se abstuvieron de votar. Demostraban así que emprendían el camino hacia una política exterior independiente.

Pese a las amenazas y presiones estadounidenses, la aprobación apenas fue lograda por los 14 votos imprescindibles, dos tercios estrictos que no incluían a ninguno de los llamados países grandes de la región. Por aquellos días, la prensa extranjera reconocía el duro golpe que había significado la reunión de Punta del Este para el gobierno yanki.

Incluso William L. Ryan, corresponsal de la agencia norteamericana Associated Press, reconocía que aunque Estados Unidos había logrado dos tercios de la votación, "el otro lado obtuvo la votación de dos tercios de la población latinoamericana".

Y añadía: "Parecía que luchaban con sombras (¼ ) La fuerza de Castro es tan obvia que es significativo el hecho de que la aislada Punta del Este, a la cual solo un camino bien guardado conduce, fue casi el único lugar en la América Latina considerado seguro para celebrar la conferencia hemisférica".

http://granma.co.cu/2007/01/30/nacional/artic04.html

 





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