..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4,Nro.163, Viernes, 16 de febrero del 2007

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Palabras de César López en la inauguración del 16 Feria Internacional del Libro de La Habana

Estimados amigos.-

Al inclinarse la tarde al occidente el recuerdo lleva a unos versos argentinos de Rafael Obligado y para superar la sombra doliente sobre la Pampa se ha convocado como País invitado de honor, precisamente, a la República Argentina.

Ahora bien, el hecho de que dos intelectuales cubanos compartan la dedicatoria no significa que esta fiesta del libro se limite a ellos.

Convite de la palabra, conduce a la cultura general, a todas sus manifestaciones, al sitio donde el libro señorea sin exclusiones de ningún tipo. Y como la Poesía es creación y la creación es fundamentalmente Poesía, me permito afirmar que esta Feria está dedicada a todos los creadores cubanos; pues Cuba, Isla o Archipiélago poéticos, comienza su consolidación desde el territorio para llegar a ser Nación y finalmente alcanzar la alta categoría de Patria con la Poesía. “Y toda la noche oyeron pasar pájaros” dice el Almi rante en su Diario y lo afirma, no para descubrirnos, sino para encontrar un mundo y a la vez encontrarse en el ámbito donde como ahora la tarde se inclina. Dulcemente al occidente. Y no deja de ser mundo propio y nuestro.

Decíamos que esa totalidad creativa, de la palabra, inserta en el tiempo, encontró su espacio en Cuba. Con Espejo de Paciencia, y sin soslayar el hallazgo del poema Florida, los poetas han sostenido nuestra nación, patria, verbo, aguas, tierras. Y al decir poetas, incluimos a los narradores, pensadores, historiadores, economistas, músicos, danzantes, pintores y escultores. Hombres y mujeres de buena voluntad que nos han construido el hogar, la casa, la ciudad, la Patria.

Por eso la ampliación que más que generosa ha de resultar histórica quiere abarcar a todos los cubanos para que esta decimosexta Feria del Libro sea total y ecuménica y así supere cualquier limitación que en el transcurso de los años pueda haber mostrado, soportado y sufrido nuestra cultura.

Un arco admirativo que arranca en José María Heredia (y no deja de tener en cuenta a precursores como Silvestre de Balboa, Alfonso de Escobedo, Manuel de Zequeira, Manuel Justo de Rubalcaba y Manuel María Pérez Ramírez...) y llega hasta Raúl Hernández Novás y Ángel Escobar, y no ignoraría a los grandes poetas del siglo XIX y del siglo XX con obra y vida plena y terminada. Y a los pensadores, novelistas, dramaturgos, situados firmemente en la cultura cubana donde lo mismo estarían Cirilo Villaverde y Ramón Meza como Ezequiel Vieta y Alejo Carpentier. En este puente están los nombres que casi no hay que enumerar; pero algunos zumban en mi oído: Gertrudis Gómez de Avellaneda, Joaquín Lorenzo Luaces, José Jacinto Milanés, Plácido, El Cucalambé, Manzano, Luisa Pérez de Zambrana, Julia Pérez Montes de Oca, Mercedes Matamoros, Juana Borrero y Julián del Casal, Mendive y la alta cumbre de José Martí...
Si transcurre el siglo XX los poetas insisten: Boti, Poveda, Agustín Acosta, Emilio Ballagas, Mariano Brull, Eugenio Florit, Nicolás Guillén, Dulce María Loynaz, Regino Pedroso, Samuel Feijóo, Dora Alonso, José Lezama Lima, Virgilio Piñera, Gastón Baquero, Eliseo Diego, Jesús Orta Ruiz... y otros y otros y otros. Rolando Escardó, Roberto Branly, Baragaño, Fayad Jamís, Heberto Padilla, Luis Suardíaz. ¡No hay que pedir perdón por la insistencia! ¿Verdad Hernández Catá, Carlos Montenegro, Lino Novás Calvo, Lydia Cabrera, Enrique Serpa, Félix Pita Rodríguez, Enrique Labrador Ruiz...? ¡Como nos acompaña José Soler Puig! ¡Y Fernando Ortiz, Mañach, Moreno Fraginals...!

Andan entre nuestras letras Antonio Benítez Rojo, Guillermo Cabrera Infante, Calvert Casey, Reynaldo Arenas, Severo Sarduy, Miguel Collazo, Jorge Luis Hernández y Jesús Díaz...

El libro es portador de la palabra, ésta alcanza el verso y así asciende de nuevo y como siempre a la Poesía. Palabra y Poesía que como realidad y símbolo nos obligan a mirar, vigilantes, con los ojos abiertos, a la Historia. Y como referencia insoslayable recuerdo, rememoramos todos a Juan Clemente Zenea, tan cerca en el lugar. Lo estamos mirando. Vencedor en el tiempo. Aquí en su espacio. En el tiempo. Alerta en su trayectoria. El poema. La palabra y la Poesía. “Y fuiste reparada donde tu madre fuera violada”. Nos apunta, susurra y grita San Juan de la Cruz. Para hacernos conscientes de que este lugar bélico y oprobioso donde el poeta, la Poesía , fueran humillados, con esta fiesta que hubiera parecido imposible en otra época, queda limpio y así ha de mantenerse para siempre.

Y de la misma manera que aquellos creadores se dieron a la palabra y a veces tuvieron que morir por ella; ahora, como obligación ética y estética, nosotros alzamos el mandato libertario del conocimiento y la honra por medio de los libros. Decimosexta Feria del Libro que pudiera ser dedicada a tantos autores y libros que estuvieron, están y estarán en nuestras vidas. Enumerar sus nombres no sería agobiante, pero la discreción impone cierto recato. Los siglos se repiten desde el XVII hasta el XXI en que vivimos... Sea esta Feria y las que vendrán, dedicadas a esas criaturas, mujeres y hombres que sostienen la Patria , en todo momento, alegrías y sinsabores, aciertos y errores. Insistencia en permanecer en lo que une, nos une más allá de fronteras artificiales, mecánicas y aprovechadas.

Y si se afirma la ampliación extensa del honor en la Feria para los escritores cubanos ¿no habría que proclamar algo similar y equivalente respecto a los Países? Es un honor gozoso que Argentina sea el país invitado, pero ello tampoco hace olvidar a las hermanas repúblicas de nuestra América. Martí ilumina y dicta lecciones perpetuas. Y esta Nuestra América muestra orgullosa sus orígenes y su Historia constante. De José Hernández y su Martín Fierro y Sarmiento y su Facundo a Julio Cortázar, el país da pie a la cultura amplia que estará, está ya, presente en esta Feria, respirando el aire de la América toda y abierta al mundo, al Universo, para lograr lo que algunos todavía consideran inlograble. Lo posible por imposible. Saber que lo perfecto no existe, pero sí la constante perfectibilidad.

La Feria es ecuménica, abarcadora, humilde y soberbia al mismo tiempo. Su meta, o una de ellas, es abrir las puertas del conocimiento deleitoso a toda criatura a nuestro alcance. Si se enseña a leer para superar el analfabetismo la obligación inmediata de los pueblos es facilitar libros para que quienes pueden hacerlo disponga de elementos para su cultura y constante superación y alegría. Para su vida. Por eso la Feria.

Como en la cita bíblica esta fiesta de acción y celebración cumple una meta, misión, destino: “Alzad vuestros ojos y mirad las regiones, porque ya están listas para la siega”.

Y no se trata de la explotación de muchos para provecho de unos pocos, sino de la dignidad plena del hombre. De la criatura humana. Gracias a todos. Feria del Libro: La Fiesta ha comenzado y es nombrable.

César López, La Habana , 8 de febrero del 2007

*Nació Rafael Obligado en un hogar de antiguo cuño porteño, el 27 de enero de 1851. Su infancia y su adolescencia transcurrieron, casi íntegras, en una estancia de sus padres - don Luis Obligado y Saavedra y doña María Jacinta Ortiz Urién - a orillas del río Paraná.
Inicia estudios en la Facultad de Derecho, pero los abandona en breve. Su vocación lo lleva al estudio de los clásicos, antiguos y españoles, "ansioso de lograr, dice su hijo Carlos, el dominio de la expresión sobria y limpia, que no solía preocupar suficientemente a los jóvenes poetas de su generación".
El paisaje familiar deja en él huella muy honda, tal como la vemos en las Poesías, aparecidas en 1885. Que se ampliarán más tarde. Muy corta, es verdad, pero ella basta para discernir a Rafael Obligado un lugar alto y de honor en Hispanoamérica.
Cásase en 1886; tres años después, en 1889, le nombran correspondiente de la Academia Española. Viaja muy poco, sin alejarse mucho de su patria, y en uno de estos viajes por las provincias mediterráneas argentinas recoge los elementos de sus Leyendas.
Es uno de los fundadores de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y su consejero y vicedecano en varias oportunidades. De ella recibe, en 1909, el doctorado honoris causa.
Sus últimos treinta años nos lo muestran alejado de toda labor literaria. Siente vacilar su salud y se traslada a Mendoza hacia fines de 1919. Su existencia, dividida entre el estudio y la meditación, el hogar y el manejo de sus posesiones rurales y su fortuna, se extingue allí el 8 de marzo de 1920. Sus restos descansan en su ciudad natal: Buenos Aires.

EL ALMA DEL PAYADOR

Cuando la tarde se inclina
sollozando al occidente,
corre una sombra doliente
sobre la pampa argentina .
Y cuando el sol ilumina
con luz brillante y serena
del ancho campo la escena,
la melancólica sombra
huye besando su alfombra
con el afán de la pena.

Cuentan los criollos del suelo
que, en tibia noche de luna,
en solitaria laguna
para la sombra su vuelo;
que allí se ensancha, y un velo
va sobre el agua formando,
mientras se goza escuchando
por singular beneficio
el incesante bullicio
que hacen las olas rodando.

Dicen que, en noche nublada,
si su guitarra algún mozo
en el crucero del pozo
deja de intento colgada,
llega la sombra callada
y, al envolverla en su manto,
suena el preludio de un canto
entre las cuerdas dormidas,
cuerdas que vibran heridas
como por gotas de llanto.

Cuentan que en noche de aquellas
en que la Pampa se abisma
en la extensión de sí misma
sin su corona de estrellas,
sobre las lomas más bellas,
donde hay más trébol risueño,
luce una antorcha sin dueño
entre una niebla indecisa,
para que temple la brisa
las blandas alas del sueño.

Mas si trocado el desmayo
en tempestad de su seno,
estalla el cóncavo trueno
que es la palabra del rayo,
hiere al ombú de soslayo
rojiza sierpe de llamas,
que, calcinando sus ramas,
serpea, corre y asciende,
y en la alta copa desprende
brillante lluvia de escamas.

Cuando, en las siestas de estío,
las brillazones remedan
vastos oleajes que ruedan
sobre fantástico río,
mudo, abismado y sombrío,
baja un jinete la falda,
tinta de bella esmeralda,
llega a las márgenes sola...
¡y hunde su potro en las olas,
con la guitarra a la espalda!

Si entonces cruza a lo lejos,
galopando sobre el llano
solitario, algún paisano,
viendo al otro en los reflejos
de aquel abismo de espejos,
siente indecibles quebrantos,
y, alzando en vez de sus cantos
una oración de ternura,
al persignarse murmura:
¡El alma del viejo Santos!

Yo, que en la tierra he nacido
donde ese genio ha cantado,
y el pampero he respirado
que al payador ha nutrido,
beso este suelo querido
que a mis caricias se entrega,
mientras de orgullo me anega
la convicción de que es mía
¡la patria de Echeverría,
la tierra de Santos Vega!.

Foto tomada de la carnal Jiribilla

 


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