..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4,Nro.163, Viernes, 16 de febrero del 2007

 

Otras malformaciones: la burocracia
Por Jorge Gómez Barata

De Carlos Marx a Fidel Castro, todos los grandes líderes socialistas, han combatido la burocracia. La regularidad de la confrontación parece obedecer a particularidades que el sistema socialista reveló en la Unión Soviética y Europa Oriental y que favorecieron ese fenómeno, entre otras, el reforzamiento del papel del Estado.

Ocurrió así porque al tomar el poder y anular el efecto de los mecanismos reguladores que, de modo sutil e incluso invisible, ejercen los controles económicos y sociales en el capitalismo, el socialismo tuvo que procurar sucedáneos. El camino más corto fue usar la autoridad de quien la tiene y posee además las estructuras y los medios para ejercerla: el Estado.

Al abusar de los mecanismos estatales para ejercer la dirección de la sociedad, paulatinamente se trasladaron procedimientos administrativos a zonas donde resultan dañinos, incluyendo la actividad de los partidos políticos, los sindicatos, la administración de justicia y las organizaciones populares.

Entre los elementos que llevaron agua al molino del burocratismo está la necesaria socialización de los medios de producción, la tierra, el comercio y los servicios, a lo que se suman las responsabilidades asumidas por las instituciones públicas en el diseño y manejo de los sistemas de educación y salud, la promoción de la cultura y el arte, e incluso en el deporte.

La introducción de nuevas formas de propiedad y la supresión de dueños y patronos resultó más fácil que dotar a la clase obrera de una conciencia de dueños colectivos de los medios de producción y desplegar nuevos códigos morales, lo que obligó a acudir a controles administrativos que no resolvieron los problemas y en cambio, concedieron enormes cuotas de poder a la burocracia.

Al convertirse en gobernantes, administradores, inversionistas, financieros, agentes de bienes raíces y dirigentes del arte, la ciencia y las masas, la burocracia trascendió límites, usurpó funciones políticas y asumió liderazgos que no le correspondían.

El burocratismo se infiltró en el socialismo, presentándose no como problema sino como solución. De ese modo comenzaron a prevalecer las soluciones ejecutivas, el hábito de cumplir sin discutir las órdenes de arriba y se acudió a la autoridad antes que a la persuasión, creándose una ilusión de eficiencia que condujo a aberraciones como la militarización del trabajo, la estatización de los sindicatos, el establecimiento de restricciones a los medios de difusión y de cortapisas a la expresión artística.

La entronización de métodos burocráticos se percibió cuando se politizaron las instituciones estatales y se encomendaron a ministerios y organismo, tareas políticas, mientras, como parte de esas deformaciones, las instancias políticas suplantaban al gobierno y acudían a métodos administrativos.

Las formalidades comenzaron a prevalecer; las actas y los informes pasaron a ser más importantes que las personas y los procesos reales, en la vida de las organizaciones políticas se introdujeron rígidas jerarquías, se confundió la lealtad con el sometimiento y en nombre del “centralismo democrático” funcionó una especie de “obediencia debida”.

La regla se cumplió. La burocracia que como hierba mala creció en los países ex socialistas, resultó poseer rasgos afines a la de todas partes: refractaria a la democracia y la participación, insolente ante el control popular, ajena al trabajo de masas y hostil al diálogo y el debate. La burocracia detesta el control político, prefiere su propio orden, favorece el verticalismo y es capaz de confundir un partido con un ejército y un libro con un arma.

Por aquellos planos inclinados, en los países del socialismo real, se deslizó la autoridad de los partidos, sus vínculos con las masas y sus relaciones con las organizaciones populares y con la sociedad civil. De modo silente, avanzó una enfermedad degenerativa, más difícil de combatir porque quienes la padecen no la sufren. Los teóricos soviéticos y de los países de Europa Oriental, nunca dejaron de criticar el burocratismo, y tal vez nunca comprendieron que ellos mismos se habían convertido en burócratas.

Lo contradictorio de esta problemática radica, en que es imposible prescindir del Estado Socialista cuya competencia e influencia debe elevarse decisivamente.

El secreto parece estar en impedir que ese Estado se burocratice excesivamente, traspase los límites de su competencia y suplante a las instancias políticas. Del mismo modo, es preciso evitar que las organizaciones políticas se habitúen a depender de la administración estatal, se sometan a ellas, adopten sus métodos y lo que es peor, las suplanten o permitan ser suplantadas por ellas.

Imagen: Dibujo de Quino

Enviado por su autor





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