..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4,Nro.164, Viernes, 23 de febrero del 2007

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Escribir es… amar
Por Jesús Dueñas Becerra*

 “[…] No merece escribir para los hombres […] [quien] no sabe amarlos”. José Martí

Los asalariados de la literatura “disidente” y la prensa “independiente”, defensores “a bombazo limpio” de la libertad, la democracia y los derechos humanos, se autoproclaman “ángeles guardianes” de la libertad individual y de expresión, “asfixiadas” por el “castrismo”…, pero, en la práctica (criterio de la verdad), sólo protegen a quienes tienen, saben o sirven (para matar o para que los maten en la “cruzada antiterrorista” desarrollada por la poderosa nación norteña en Afganistán e Irak), según la concepción filosófico-antropológica sustentada por la sociedad capitalista neoliberal: el hombre vale por lo que tiene, sabe o sirve y no por lo que es.
Escritores y periodistas (con fronteras y sin ellas), que claman por la “libertad de prensa” para atacar con saña al gobierno de la isla caribeña…, pero jamás han osado escribir una sola línea para denunciar los crímenes cometidos por el gobierno estadounidense y mucho menos para exigirles responsabilidad penal a los autores intelectuales y materiales de la sanguinaria Operación Cóndor llevada a cabo en los países del cono sur americano en la década de los setenta del pasado siglo o del monstruoso atentado terrorista, que el 6 de octubre de 1976 costó la vida a todos los pasajeros y tripulantes de un avión civil cubano… por sólo citar algunos ejemplos que la memoria histórica de la humanidad NO puede ni debe olvidar.            
De acuerdo con esa línea de conducta dictada por el imperio, los flamantes “paladines” de la libertad individual y de expresión dejan fuera de su “protección” a millones y millones de seres humanos… porque, sencillamente, carecen de “valor de uso”; en consecuencia, van a engrosar las filas de los “excluidos” o “marginados” del american way of life, paradigma virtual que fundamenta el dolarizado quehacer literario y periodístico de esos “ardientes defensores” de la libertad, la democracia y los derechos humanos, según los concibe el presidente norteamericano George W. Bush.
Ahora bien, esos escritores y periodistas “anti-castristas”, salvo rarísimas excepciones, NO pueden disimular el odio, el resentimiento o la ira que subyace en el mensaje que transmiten al lector a través de obras literarias o artículos de prensa (plana o digital), cuyo objetivo común es desacreditar los logros sociales de la Revolución Cubana en los últimos 47 años o lastimar la integridad de los científicos, artistas, intelectuales, educadores, deportistas, que viven y crean en la mayor de las Antillas.                                 
El propósito de este artículo no es otro que explorar el oscuro origen de esas emociones negativas que condicionan el discurso mediático de los enemigos del socialismo caribeño.
Ante todo, habría que explicar que el odio o amor descentrado se define como antipatía y aversión hacia alguna persona o cosa, cuyo mal se desea, mientras que la ira se describe como pasión violenta que mueve a indignación y enojo.
Si la medicina tradicional china percibe la salud como el estado de armonía entre el cuerpo, la mente y el espíritu, no cabe duda alguna de que el odio, el resentimiento y la ira alteran esa armonía, y consecuentemente, producen un desequilibrio biopsicosocioespiritual que desajusta a la persona, cuyas relaciones con el otro y con su entorno están mediatizadas por esas mezquinas emociones. 
¿En qué escondidos parajes de la mente del homo sapiens se “ocultan” esos enemigos de la salud humana? El odio, el resentimiento y la ira se localizan en el componente instintivo del inconsciente freudiano, donde se halla lo peor del hombre, lo que nos acerca a la ancestral bestia salvaje que llevamos dentro.
El odio, el resentimiento y la ira paralizan a la persona y bloquean su desarrollo intelectual y espiritual, porque no le permiten amarse ni amar, ni ver con los ojos del alma la bondad y belleza que hay en el otro y en la diversidad; por otra parte, afectan la autoestima, el autoapoyo, el autorreconocimiento y la autorrealización, bases de la salud psíquica y espiritual del ser humano.
Los más eficaces antídotos contra el odio, el resentimiento y la ira son el amor y el perdón, porque nos ayudan a descubrirque el hombre vale por lo que es y que su esencia íntima es buena y sana, no obstante todo lo que pueda argumentarse en contra de esa verdad antropológica, que una vez interiorizada e incorporada a nuestra conducta ético-profesional, nos permite vivir en perfecta armonía con nuestro yo y con el universo del que formamos parte indisoluble. Entonces, y sólo entonces, desaparecerán el odio, el resentimiento y la ira que inspiran a esos detractores de la sociedad cubana y les facilitará escoger “[…] en silencio la forma más apropiada para expresar lo que [conciben] al calor del afecto […]” 1 y no a la sombra de esas enfermizas emociones que empequeñecen y esclavizan al soberano de la creación y le hacen olvidar que “[…] fortalecer y agrandar vías es la [principal] faena del que escribe”. 2

REFERENCIAS

  1. Martí, J. Citado por Jorge Sergio Batlle. En: José Martí: aforismos. La Habana: Centro de Estudios Martianos, 2004: p. 132.
  2. Ibid.: p. 135.

<<En la foto R. Rivero con Aznar
* Crítico y periodista.





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