..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4,Nro.164, Viernes, 23 de febrero del 2007

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Los terroristas “bendecidos” por Estados Unidos
Por Stella Calloni

El gobierno de Estados Unidos no puede tomar decisiones con respecto a los grupos terroristas cubanos de Miami, porque ellos fueron, desde los años 60, el “ejército de sombras”, el asesino a sueldo que operaba en toda circunstancia de “guerras sucias” de creación y vínculos con escuadrones de la muerte, en crímenes de lesa humanidad  en los que la CIA -para la cual trabajaron y trabajan- necesitaba encubrirse.

Sobre esta situación nada más esclarecedor que lo informado en junio de 2006 por el periodista Jean Guy Allard sobre los trabajos sucios que realizaba en Irak el coronel del ejército norteamericano James Steele, quien asesora ahora a los escuadrones de la muerte, responsables de asesinatos en masa de iraquíes y de la mayoría de los atentados contra la población civil que se acusan  a la resistencia iraquí.

La presencia de Steele,” uno más de los famosos delincuentes de la Administración de (Ronald) Reagan, reciclados ahora por George W. Bush en operaciones encubiertas en Iraq” como señala Guy Allard, fue denunciada en 2005 por el congresista norteamericano Dennis J. Kucinich, en carta dirigida al Departamento de Estado.

Steele trabajó codo a codo con Félix Rodríguez y Luis Posada Carriles, ambos reconocidos terroristas, entre otros, en la guerra sucia en El Salvador y Honduras contra Nicaragua y dejaron miles de víctimas en esa región.

El coronel estadounidense, que carga sobre sus espaldas numerosos crímenes de lesa humanidad en Centroamérica aparece en fotos incluso con estos “buenos muchachos” de Miami y algunos congresistas de su país como Claude Piper de La Florida.

Precisamente Posada Carriles reportó a Steele en 1986 el derribamiento por parte de los sandinistas de un avión DC3 piloteado por el norteamericano Eugene Hassenfus que volaba ilegalmente sobre territorio nicaragüense. Fue este hombre, arrepentido por las consecuencias de su acción en la población civil, quien destapó aquel tráfico de drogas intercambiadas por armas para la contra, en lo que el mundo conoció como el escandaloso affaire “Irán-contras”.

“Además de su participación en las operaciones de abastecimiento de la contrarrevolución nicaragüense desde la base aérea salvadoreña de Ilopango, Steele es identificado como el creador de escuadrones de la muerte que sembraron el terror en este mismo país centroamericano en el periodo 1984-1986, con decenas de miles de víctimas” sostiene Guy Allard.

También informó sobre una investigación del estadounidense Robert Parry, quien basándose en documentos desclasificados pudo revelar, por primera vez en 1996, que fue efectivamente  Posada  Carrles quien  “ofreció a dos investigadores del FBI varios elementos nuevos sobre su participación en la enorme operación de tráfico de drogas y de armas que había realizado bajo las órdenes del coronel Steele, entonces oficial de confianza en El Salvador del coronel Oliver North y de sus jefes de la Casa Blanca”.

Posada  Carriles- en ese momento prófugo de la justicia de Venezuela donde estaba acusado por el siniestro atentado de octubre de 1976 contra el avión de Cubana de aviación, cuando volaba sobre Barbados y que dejó 73 muertos-también comunicó lo sucedido con Hansefus en Nicaragua a la mismísima Casa Blanca por intermedio de Félix Rodríguez.  ¿Y ahora la CIA pretende decir que su hombre en los territorios del horror estaba retirado desde mucho antes?.
Incluso, están documentadas las instrucciones que se le dieron a Posada  para tratar de borrar todas las pruebas sobre la escandalosa operación de Hasenfus.

“En un mensaje desclasificado que ilustra el nivel de colaboración entre Posada y Steele, fechado el 28 de marzo de 1986, un ex funcionario del Departamento de Estado, Robert Owen, indica cómo Posada, Félix Rodríguez y otro mercenario cubanoamericano nombrado Rafael "Chi Chi" Quintero habían decidido incorporar el tráfico de armas a un controvertido programa de ayuda humanitaria para alcanzar ‘mas eficiencia’ en el apoyo a los contrarrevolucionarios nicaragüenses”, señala también Guy Allard.

Posada ha reconocido que tanto Steele como el coronel Luis Orlando Rodríguez, (cubano-americano) habían cooperado en El Salvador  “más allá de sus límites".
Basándose en fuentes estadounidenses [...] y el informe del senador Kerry ante el Comité de Relaciones Exteriores del Congreso se conoció que “Félix Rodríguez Mendigutía se reunió con el coronel Sam Watson, representante de Donald Gregg en El Salvador, y el coronel Steele para discutir la estrategia de la lucha de los contras, en presencia de George Bush padre, entonces vicepresidente de Reagan”.
Con esta historia detrás, así como el trabajo que se tomó Bush padre- como jefe de la CIA- para ordenar la unión de los grupos terroristas cubanos de Miami en la Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unificadas (Coru) a mediados de 1976, se puede comprender desde cuán lejos y qué nivel de relación había entre unos y otros, lo que siguió de padre a hijos: el actual presidente  George W. y  Jeb, gobernador de La Florida.

Por supuesto en Irak el coronel Steele está en su gran momento. Allí los escuadrones de la muerte están funcionando, no sólo asesinando a casi 200 personas  por día, sino que realizan junto a fuerzas especiales, tanto de Estados Unidos, como de Gran Bretaña e Israel, los atentados contra la población civil
-que endilgan a la resistencia local- y que se multiplican porque la nueva estrategia de Bush en Irak es matar la mayor cantidad de población para gobernar sobre tumbas un país desolado.

Nadie escuchó el reclamo del congresista norteamericano Dennis J. Kucinich tratando de obtener en 2005 una copia de todos los  planes del Pentágono sobre el uso de miembros de las Fuerzas Especiales para constituir en Irak equipos de asesinato y secuestro, ni aún cuando la revista Newsweek el 8 de enero  mencionó  que se estaba optando por la “Opción Salvadoreña”.

Resulta altamente revelador que, mientras en Estados Unidos intentan mediatizar  la importancia de ese grupo de terroristas que actuó impunemente no sólo en la invasión brutal y fracasada de Girón en 1961 contra Cuba, sino en todos los atentados y sabotajes contra ese país, cada tema de revisión del terrorismo en América Latina desde los años 60 los encuentra en primera fila de acción.

Ya sean  centenares de atentados, acciones conjuntas con escuadrones de la muerte, en todas las guerras sucias que Estados Unidos   desarrolló en la región, en asesinatos, voladuras de aviones, bombazos y también en matanzas selectivas.
Ahí siempre están estos hombres de paja, que especialmente servían para que la CIA ocultara sus crímenes, como la Operación Cóndor, en el Cono sur, en los años 70-80.

Ahora ¿cuantos de ellos estarán trabajando para recolectar mercenarios en el mundo y poniendo su “experiencia” mortal al servicio de los escuadrones de la muerte iraquíes o de los atentados contra la población civil?. ¿Cuantos de aquellos terroristas y mercenarios que acompañaron la “opción salvadoreña” que dejó miles de víctimas, están ahora matando en Irak?

Siendo los terroristas bendecidos por Estados Unidos se entiende la cuidada protección que les dan.

De acuerdo a todos los documentos surgidos en las investigaciones sobre la Operación Cóndor, la criminal coordinadora de las dictaduras latinoamericanas en los años 70-80 los grupos terroristas cubano- americanos de Miami, fueron elementos esenciales en el armado de esa red que surgió de los planes contrainsurgentes de Estados Unidos en el esquema de la Doctrina de Seguridad Nacional.

De hecho desde los primeros juicios que se desarrollaron  en torno a actos criminales como el asesinato en Washington del  intelectual y político chileno Orlando Letelier en septiembre de 1976, esos grupos, que actuaron en acciones terroristas en toda la región, aparecieron como autores materiales, en operaciones conjuntas con las dictaduras del Cono Sur y otras.

Hombres adiestrados por la CIA y grupos especiales  de Estados Unidos -que integraron activamente- ellos fueron el ejército en sombras, conque los diversos gobiernos de Washington mandaban sus mensajeros de la muerte, en la guerra fría declarada al comunismo en el mundo para lo cuál se sembró de dictaduras Latinoamérica.

El juicio por el asesinato de Letelier y su secretaria estadounidense Ronni Moffitt, quienes murieron cuando una bomba colocada debajo del automóvil en que viajaban fue activada a control remoto en pleno barrio de las embajadas en Washington, no dejó lugar a dudas sobre el “trabajo en equipo” de los asesinos. El esposo de Ronny, Michael Moffitt, quedó gravemente herido y es hoy un testigo de ese tiempo.

La CIA y la policía política del dictador Augusto Pinochet (Dina) habían trabajado cuidadosamente en un armado donde los directores del atentado: Michael Townley agente de ambas instituciones de inteligencia y Armando Fernández Lario, oficial chileno, ingresaron a Estados Unidos con “pasaportes falsos” entregados por la dictadura paraguaya de Alfredo Stroessner (1954-1989) para actuar junto con los terroristas cubano- americanos como  Virgilio Paz, Guillermo e Ignacio Novo Sampol, Dionisio Suárez, Alvin Ross, y otros.

En Chile, Orlando Bosch – acusado en octubre de ese mismo año junto a Luis Posada Carriles por la voladura del avión de Cubana de aviación en Barbados que dejó 73 víctimas en Barbados- había tramado desde los años 73-74 con el dictador Augusto Pinochet y algunos de sus lugartenientes  esta “nueva guerra por los caminos del mundo” para eliminar personalidades que se oponían al dictador en distintos lugares.

Así llamaron los terroristas cubano-americanos a la saga de atentados cometidos en América Latina, Estados Unidos y todo el mundo, cuyos orígenes se remontan  a los años 64, cuando “grupos fascistas anticubanos habían proclamado que iban a atentar contra los intereses y personal de Cuba fuera del territorio de Estados Unidos” y cuyos promotores fueron entonces Felipe Díaz Rivero y uno de sus abogados Miguel san Pedro, del Movimiento Nacionalista Cubano (MCN) cuya fundación tuvo como elemento básico la práctica del terrorismo. Esto lo señala en su libro “Bajo las alas del Cóndor”, el investigador cubano José Luis Méndez Méndez.

Esa “guerra por los caminos del mundo” tan bien imitada en la criminal Operación Cóndor, “constituyó una escalada de agresión, una nueva modalidad que desplegaban las organizaciones terroristas tradicionales” dice Méndez Méndez quien logró reconstruir cronológicamente  las acciones terroristas contra su país y el mundo desde los años 60. Para marcar la diferencia el investigador cubano señala que “si en la década del 80 se ejecutaron 731 acciones contra las costas y embarcaciones cubanas y 156 actos terroristas en Estados Unidos y otros países, en la década del 70 esto varió radicalmente a 16  y 279 respectivamente”. Por eso en los 70 el mundo conoció sobre esos atentados de los cubano-americanos de Miami y nadie dudó que eran claves en el asesinato de Letelier, ex ministro del gobierno democrático de Salvador Allende en Chile derrocado por el golpe militar de  Septiembre de 1973.

Era decisión de Pinochet acabar con figuras políticas de prestigio en el exilio como Letelier, el general Carlos Prats, asesinado en Buenos Aires, por estos mismos grupos, en septiembre de 1974, o como sucedió un año después (1975) cuando intentaron matar a Bernardo Leighton y su esposa Anita Fresno en Roma, Italia, donde estaban refugiados. Ellos no murieron, pero quedaron gravemente afectados de por vida y el MNC se adjudicó este atentado, de lo cuál estaban sumamente orgullosos.
A pesar de todo lo que surgió en el juicio que llevó adelante en Estados Unidos el fiscal Eugene Propper por el asesinato de Letelier, los cubanos condenados  finalmente no cumplieron sus condenas, salvo un corto tiempo y con trato especialísimo para algunos mientras otros fueron declarados “prófugos” y siempre estuvieron “trabajando” como responsables de los trabajos sucios de la CIA:
Incluso recientemente en las investigaciones contra los crímenes de  la dictadura de Pinochet, una secretaria de la DINA, recordó, al relatar la historia del horror de la casa de Townley en Santiago- también laboratorio de armas químicas- que Virgilio Paz se hospedaba frecuentemente en el lugar.

En el camino de todas las investigaciones vemos como estos mismos grupos terroristas fueron mencionados en  el trazado de diversos atentados, algunos que no lograron llevar adelante, como el que estaba previsto para matar en México en 1975 al socialista chileno Carlos Altamirano y a otras reconocidas figuras de la política de ese país en el exilio.

Colaboraron con todas las dictaduras desde las centroamericanas, como los Somozas en Nicaragua, hasta las últimas en el Cono Sur. Fueron asesores de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) entre los años 73 y 76 y de todos los  escuadrones de la muerte de  América Latina, o de grupos de seguridad o “especiales”, conque contaron los dictadores de turno en distintos países para sus  acciones contrainsurgente de muerte y desaparición forzada.

La CIA pretendió después del atentado de Barbados, que Posada Carriles ya no estaba en su nómina en esa fecha porque  en realidad lo habían instalado desde 1969 en la seguridad de Venezuela -como especialista en lucha antisubversiva- donde además tiene otros crímenes por los cuáles responder. Entre 1974 y 1979 fue jefe de Departamento de la Dirección de Servicios de Inteligencia y Prevención (Disip) en ese país, durante la primer presidencia del socialdemócrata  Carlos Andrés  Pérez. Pero era la CIA el jefe real de Posada Carriles, que había logrado un inmejorable lugar para su empleado y una enorme impunidad en la región.
Junto con Bosch, ambos además  están señalados en una cantidad de atentados como  las bombas colocadas en embajadas cubanas de Argentina, Perú y México (enero de 1974) y también en el envío de cartas bombas a consulados cubanos. En octubre de 1974 se los señala como autores de la colocación de bombas en la embajada de Panamá en Caracas,  en contra de la política del general Omar Torrijos.

En el marco de lo que sería la Operación Cóndor, donde sus cómplices en la región les dejaban las manos libres, el 13 de agosto de 1975 atentaron contra el embajador cubano en Argentina, Emilio Aragonés. Esta acción se la acreditó Acción Cubana, pero con una invención, que bien explica Méndez Méndez creando un supuesto Consejo Revolucionario Anticomunista Latinoamericano (CRAL) como autor del hecho. “las ráfagas de ametralladoras y la metralla harán a los servidores castristas que no existen  comprender fronteras que detengan la acción de los hombres que aman la libertad [...] hubimos de acordar que fuera Acción Cubana y su dirigente Orlando Bosch quienes dirigieran esa primera acción y prometedora etapa que comienza”, decía el comunicado enviado a algunos medios argentinos.

Como señala Méndez Méndez  allí aparecía la supuesta composición  de esta alianza integrada por asociaciones anticomunistas de diversos países como Ecuador, Perú y México. Faltaba agregar entonces a la Triple A local que los apoyaba.

La lista de atentados registrados entonces asombra pero sólo citaremos algunas como el secuestro en Buenos Aires de dos diplomáticos de la embajada de Cuba en Argentina, que están desaparecidos hasta hoy. Según el jefe de la Dina, el  ahora detenido general Manuel Contreras, Michael Townley y Guillermo Novo Sampol fueron a Buenos Aires cuando los dos cubanos estaban en el Centro Clandestino de detención Automotores Orletti, donde desaparecieron, para “interrogarlos”, léase torturarlos y seguramente decidir su destino.  Cuando Contreras fue detenido por primera vez a mediados de 1990, no dudó en atribuir la Operación Cóndor, al ex presidente George Bush y sus hombres y entre ellos a los cubano-americanos de Miami.

Orlando Bosh colaboró activamente con la DINA. Estaban soñando crear con Pinochet y los grupos fascistas italianos una Alianza Anticomunista para operar en América Latina y Europa. Esto se puso en evidencia, cuando el intento de asesinato a Leighton en Italia, donde hubo colaboración con los fascistas italianos lo cuál surgió en los juicios en Italia claramente.

La lista de hechos, documentos y testimonios ya está sistematizada por diversos autores y nada se ha hecho. Todo indica que dada su conexión y trabajo para la CIA y el esquema de atentados y asesinatos  contra Cuba y los amigos de este país en el mundo, o por  la lucha anticomunista de sus jefes, ellos son los que más saben de lo que sucedió con la Operación Cóndor en toda la región y sobre sus tentáculos que siguieron apretando en el mundo.

Por lo tanto llegó la hora de que familiares, sobrevivientes y víctimas de las dictaduras acudan por vía de la justicia a demandar a Estados Unidos para que sea posible indagar a sus grupos de acción terrorista y también para que la CIA asuma lo actuado en esa historia del horror que dejó mucho más de 700 mil víctimas en América Latina.

En estos días, cuando  Luis Posada Carriles se declara con total cinismo e impunidad como inocente “de fraude migratorio y falso testimonio” en la ciudad de El Paso, Texas, que es por lo que se lo está juzgando  en Estados Unidos y no por sus crímenes o por el intento de asesinar junto a otros de sus viejos compañeros, al presidente Fidel Castro, durante la Cumbre Iberoamericana realizada en Panamá en el año 2000, es cuando está bueno recobrar la memoria y reclamar justicia.

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