..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4,Nro.164, Viernes, 23 de febrero del 2007

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Nombramientos y recomendaciones: ¿cuál filtro?
Por Leonardo Garnier, Ministro de Educación Pública, Costa Rica

Mientras transita en Cuba un evento de carácter netamente educativo como lo es la XVI Feria del Libro, en hermanos pueblos como Costa Rica es otro el panorama que se vislumbra. Veamos, en palabras de su Ministro de Educación, antiguo colaborador de este boletín, la situación en los inicios del curso escolar en su país:

No hubo caos, pero hubo problemas. Aunque no se presentó el caos que en algún momento temimos - y que algunos parecían predecir casi con satisfacción - lo cierto es que, una vez más, el inicio del curso lectivo no pudo ser lo ordenado y fluido que debiera ser.  De hecho, de no haber sido por el esfuerzo sobrehumano de una buena cantidad de funcionarios y funcionarias del Ministerio de Educación Pública y por las medidas de emergencia que se tomaron, el inicio de clases habría sido, en efecto, caótico. Al menos eso se evitó, aunque es importante reconocer que nos quedan aún situaciones por resolver a muchos docentes y centros educativos específicos.

Los problemas detectados, que esta vez fueron desde las tradicionales fallas del 'sistema' y los típicos errores humanos, hasta diversas formas de sabotaje (unas más evidentes que otras), no pueden verse como algo 'normal'. Tampoco puede verse como normal el manipuleo que por muchos años parece haber acompañado a los procesos de selección y nombramiento de personal en el MEP. Estamos hablando de la selección y nombramiento de aquellas personas en quienes vamos a delegar la dirección de nuestras escuelas y colegios y la educación de nuestras niñas, niños y jóvenes. No podemos jugar con eso.

Dificultades y costos del cambio

Cambiar estas prácticas, sin embargo, tiene sus dificultades y sus costos. Tiene dificultades técnicas, porque las reglas de la administración de personal de nuestro sistema educativo son absurdamente anacrónicas y complejas, con lo que se prestan a la confusión y el desorden; también porque los procesos administrativos y sistemas informáticos no han alcanzado la sofisticación ¿o la simplicidad? necesaria para administrar bien este sistema, minimizando los pasos manuales y los momentos en que se puede 'jugar' con el sistema. Pero el cambio además tiene costos, porque en medio del desorden, el exceso de interinatos y la complejidad se han abierto espacios para quienes, desde hace mucho tiempo, parecieran haber aprendido a sacar ventaja para ejercitar el tráfico de influencias o, incluso, para el mercadeo de códigos, plazas, traslados, recargos y demás opciones del menú ofrecido por el MEP a sus docentes.

Nótese que no hablo simplemente del tráfico de influencias políticas, que es el que más suele llamar la atención del público y la prensa; hablo de algo todavía más profundo, que es la posible mercantilización más o menos disimulada de muchos de estos procesos, de manera que hasta los grandes poderes parecen depender de quienes, enquistados en las grietas del sistema, controlan realmente el poder de decidir a quién se nombra, a quién no, dónde y en qué plaza, con qué recargo... a cambio, claro, de que el favor se devuelva o se pague de alguna forma.

Recomendaciones y filtros

Todo mundo habla ahora de las recomendaciones. Sin embargo, y contrario a lo que suele pensarse, el problema más grave no es que haya recomendaciones. Probablemente siempre las habrá: unas más sanas y sensatas, que buscan colocar un buen maestro o una buena directora en la escuela de su comunidad; otras más interesadas en ayudar al amigo, al pariente, al correligionario o al partidario; y otras con un poco de cada cosa. Pero insisto: el problema no está tanto en la existencia o no de las recomendaciones, sino en el papel que éstas jueguen en el MEP. Si todas las recomendaciones se canalizaran por el mismo camino, recibieran el mismo trato y se analizaran con los mismos criterios - es decir, si todas pasaran por el mismo filtro - al final, las recomendaciones mismas perderían sentido y prevalecerían los criterios que deben prevalecer: la calidad e idoneidad de quienes aspiran a un cargo docente o administrativo-docente. Y así debe llegar a ser, porque de la calidad de nuestros docentes y de las directoras y directores de nuestros centros educativos depende la calidad de nuestra educación, que es lo que todos decimos buscar. ¿O no?

Si el sistema filtrara por calidad e idoneidad, sólo un camino quedaría a quienes quisieran insistir en hacer recomendaciones por cercanía personal o política: recomendar candidatos de primera... o resignarse a que sus recomendaciones se vuelvan tan irrelevantes como un papel en blanco. Esto tiene que ser así porque no podemos tratar la educación pública como si se tratara de la educación de los hijos de otros. Nadie debiera recomendar a un docente a menos que estuviera dispuesto a tenerle como maestro o profesora de sus propios hijos. Por su parte, el MEP tendría que velar para que, con o sin recomendación, todos los aspirantes a educar a nuestras próximas generaciones pasen por el mismo rasero... y que de entre ellas y ellos, se escojan los mejores. Esa tiene que ser nuestra meta.
 
No hay garantías, hay oportunidades.

Pero las metas no se logran a base de buenos deseos ni se alcanzan de la noche a la mañana. Se construyen con imaginación, con esfuerzo y, sobre todo, con la convicción y el trabajo de mucha gente, de toda esa gente que por años ha visto que las cosas son como siempre son; que por años ha pensado que son así porque no pueden ser de otra manera; que por años ha tenido incluso miedo y no se ha atrevido a pedir, a exigir que sea de otra manera; y que por años, también, ha jugado el juego porque no tenía más remedio que jugarlo... o perder. Aún hoy, muchos tendrán ese temor porque ¡tantas veces se ha dicho... y tantas veces nos hemos quedado en el dicho! ¿Podrá ser distinto esta vez?

No lo sé. En política nunca hay garantías. ¡Sería tan fácil - y tan sin gracia - si las hubiera! Pero si sé que estamos frente a una oportunidad que hace tiempo no se presentaba. Sé es que hay mucha gente dentro del Ministerio que sueña con trabajar en un ambiente distinto, sin miedos, sin amenazas, sin tráfico de puestos; y sé que hay todavía más gente en todo el país que sueña con una Costa Rica capaz de llegar al desarrollo por la educación. No hay garantías. Hay oportunidades.

La opción está en cada uno de nosotros.

Enviado por su autor





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