..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4,Nro.164, Viernes, 23 de febrero del 2007

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Respeto a la excelencia
Por Jorge Gómez Barata

No recuerdo de ningún político, excepto Fidel Castro, que haya estado en la pantalla de la televisión cubana por hora y media. La primogenitura corresponde al ex vicepresidente norteamericano Al Gore cuyo documental “La  Verdad Incómoda” fue exhibido y después repuesto por la televisión nacional que ayer mostró una actualización.

La audiencia cubana fue impactada, no sólo por el contenido y la factura del material fílmico, sino también por la imagen que de sí mismo proyectó el ex vicepresidente norteamericano quien, en una disertación referida al “Cambio Climático”, sopesa las actitudes y las opciones de los Estados Unidos que, en su calidad de mayor potencia económica, militar e industrial del planeta, ejerce un liderazgo político que, a su juicio, debiera completarse con un paradigma en materia ambiental, cosa que no ocurre.

Por medio de imágenes y datos eficazmente concatenados, ejemplos y argumentos, el ex candidato a la presidencia de los Estados Unidos, que en el año 2000 fue despojado de la victoria en beneficio de Bush, muestra una comprensión dialéctica del fenómeno ecológico contemporáneo y de las tragedias que amenazan a la especie humana.

La presentación, desprovista de retórica y de sentimentalismo y ajena a las diatribas que a veces acompañan al discurso ecológico, coloca en un contexto adecuado la irresponsable actitud de la administración Bush, que entre la negligencia y la indiferencia, unida a las concesiones a la codicia y el consumismo de un sistema social depredador, hace caso omiso a las advertencias científicas y se desmarca de los compromisos internacionales al respecto, incluyendo el Protocolo de Kyoto.

Habituados a la frivolidad y la arrogancia de hombres como Bush, Cheney, Rumsfeld y otros, resulta positivo descubrir esta faceta en la que un político norteamericano de primera línea, revela sensibilidades y preocupaciones legítimas, reclamando actitudes positivas y asumiendo con humildad que su país, el que más pudiera hacer, hace menos de lo necesario por el destino de la humanidad.

La anécdota respecto a la ausencia de prejuicios políticos y la  honestidad científica de la televisión cubana, al conceder más de tres horas en 15 días a un connotado político norteamericano, me hizo recordar a un analista que me comentó su juicio acerca de que, una de las razones por la que persistía el diferendo entre Cuba y los Estados Unidos era porque ningún presidente norteamericano había hablado con Fidel Castro que, por su parte, siempre ha manifestado disposición al diálogo.

Seguramente Al Gore no sabe que la audiencia cubana lo recibió atenta y preparada, entre otras cosas, por la incesante prédica de Fidel Castro, una especie de “rara avis”, un líder político estudioso y entendido de las materias ecológicas, sobre las que, a lo largo de varias décadas ha predicado incesantemente, abogando por una actitud respetuosa y consecuente hacía el medio natural.

Probablemente Al Gore no había ingresado en Harvard donde nació su compresión acerca de los peligros a que la humanidad se expone al descuidar el medio natural, cuando ya Fidel estudiaba las relaciones entre el pasto y el cáncer, participaba en el diseño de programas de reforestación, promovía acciones contra le erosión y la salinización de los suelos, exhortaba a preservar las marismas, los humedales, las dunas y los deltas e invitaba a científicos europeos y norteamericanos para instruir en el manejo sostenible de los suelos, los bosques, los rebaños, la fauna y la flora y auspiciaba la creación de organizaciones científicas para estudiar técnicas agropecuarias racionales.

La comprensión de Fidel sobre el tema alcanzó una nueva dimensión cuando en el 2006 proclamó lo que llamó una “Revolución Energética” basada en la adopción, entre otras, de medidas para la introducción masiva de equipos electrodomésticos eficientes, supresión del alumbrado incandescente e introducción de bombillos ahorradores, racionalización del alumbrado público, acomodo de las cargas y sustitución de equipos automotores por otros menos consumidores y desarrollo de investigaciones para la producción de energías no convencionales.

En su documental, Al Gore muestra una imagen de la galaxia, señala un punto diminuto que, según comenta, es la Tierra, el hogar del hombre y el lugar donde ha ocurrido todo lo que conocemos. En un píxel mucho más diminuto que aquel que alberga al planeta, están su país y el nuestro, separados entre otras cosas por la intransigencia de los líderes norteamericanos, que se niegan a reconocer los derechos de Cuba y sus esfuerzos, no sólo ecológicos, a favor del bien común.

No voy a desmentirme. El documental de Al Gore no es perfecto. No se refiere al hambre ni a la guerra, no alude a la carrera de armamentos ni a las pruebas nucleares, desestima fenómenos como el subdesarrollo, no precisa las responsabilidades del mercando y del consumismo y bordea el enfoque neoliberal. No obstante, su comprensión es un avance en los medios políticos de que él forma parte.

Gore integra el establismenth de un imperio al que un hombre, suponiendo que quisiera hacerlo, no puede cambiar; no obstante, con fina ironía dejó un mensaje esperanzador: “En  Estados Unidos, la voluntad política es un recurso renovable”, es decir, Bush pasará y eso significa una oportunidad para la tierra.

Enviado por su autor





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