..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4,Nro.164, Viernes, 23 de febrero del 2007

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Venezuela Rebelde
Turistas aristócratas, misioneros de Nuevas Tribus y médicos cubanos en Amazonas
Por Enrique Ubieta Gómez

Venezuela Rebelde Fragmentos de los capítulos IV Y V

Fragmentos de un capítulo del libro Venezuela rebelde. Solidaridad versus dinero, La Habana, Ediciones Abril, 2006 cuyo lanzamiento tuvo lugar el pasado 15 de febrero en la sala Fernando Ortiz de La Cabaña, durante la Feria del Libro.

El doctor Ricardo Carrillo había comprendido desde su llegada que era un privilegiado, porque otros colegas suyos conocerían ciudades más o menos bonitas, más o menos parecidas a otras ciudades del mundo, pero él conocería un lugar único, irrepetible, fascinante, la selva del Amazonas, y trataría con pueblos oriundos, de los que podía y debía aprender mucho. Y aunque tenía derecho a pedir traslado a los seis meses, se negó. Aprendió a disfrutar la comida tradicional basada en la yuca –el casabe, que los cubanos conocemos, y el mañoco, que se obtiene cociendo la yuca hasta deshidratarla, y de la que queda una masa granulada que los indígenas mezclan con agua–, a usar el arco y la flecha de los yekuanas y los yanomami, pero sobre todo, aprendió los nombres, las características y los efectos de las plantas medicinales de la región, que un anciano del pueblo le explicaba cada tarde. Su integración al universo de los pueblos indígenas con los que trató, fundamentalmente yekuanay yanomami, fue ejemplar. No es que todos los médicos se comporten así, pero Ricardo simboliza en este sentido al médico revolucionario cubano. Unos meses después, en Delta Amacuro, conocí a otro médico de iguales características: Pavel García Valido, quien vivía y trabajaba en los caños del Delta del Orinoco junto a los warao. Como quiera que la presencia médica cubana hoy abarca casi sesenta países y diversas culturas, los revolucionarios cubanos podemos y debemos generalizar las experiencias. La presencia de los médicos cubanos en los países más pobres y en las comunidades más abandonadas de todos los continentes, principalmente de África, América Latina y Asia es, en mi opinión, uno de los experimentos sociales más revolucionarios de la contemporaneidad. A veces, en el lenguaje ordinario del médico revolucionario quedan residuos de colonialismo, aunque la práctica descolonizadora y solidaria los desmienta; pero siempre es útil y sano rectificarlos. Uno de esos conceptos etnocéntricos es el de civilización: los indígenas no son “más civilizados” si usan nuestra vestimenta o hablan español. En todo caso, son o han sido más occidentalizados, que es una de las posibles formas civilizatorias. Pero no encontré en Ricardo ningún vestigio de contaminación en su lenguaje.

[…]En La Esmeralda hay una bodega típica de pueblo, bien abastecida por cierto, ala que concurren compradores de varias comunidades cercanas. Todavía es época de lluvias, así que el Orinoco está crecido, y como cada año, toca suavemente el muro que protege las mercancías; eso significa que se ha tragado ya casi dos cuadras de pueblo. De las pocas casas abandonadas que están más abajo, puede verse solo la parte superior de sus paredes y techos. Para llegar al mostrador de la bodega hay que dar un rodeo grande y bordear la zona inundada. El doctor Ricardo me presenta a Levis Olivos, el vendedor, un criollo despierto, un buscavidas que aterrizó aquí hace veinte años y espera irse algún día, cuando acumule el capital suficiente. No es el dueño, sino el encargado del establecimiento. No simpatiza con Chávez, aunque se lleva bien con los cubanos. Tiene 37 años y es soltero. Bromista y hablador, se enorgullece de ser amigo de grandes personalidades. Las fotos que cuelgan en la tienda no mienten: en una, aparece junto a George Bush padre, en la otra posa sonriente al lado de su “amigo” Gustavo Cisneros. “Es que trabajé en turismo”, me explica con satisfacción al ver mi asombro.

¿Específicamente dónde trabajaba?

La base de operaciones estaba en Puerto Ayacucho. Desde allí salían excursiones y expediciones hacia muchas zonas, zonas espectaculares, quizá con la misma belleza escénica que Culebra, la cuenca del Sipapo, que son los ríos Autana, Guayapo, Sipapo, Cuao, con unos paisajes espectaculares; zonas en donde han estado príncipes, reyes, gente de mucho dinero. ¿Usted acompañó a algún príncipe? He acompañado a muchas personalidades, he estado cerca de algunos condes, no de muchos, pero por lo menos de dos. (…)Bueno, ¿pero esas fotos fueron tomadas en esa época? Esas fotos…, sí. Yo estuve trabajando en un campamento turístico donde venía mucha gente importante, venezolanos, americanos, europeos, que venían a la famosa pesca del pavón, es un pez muy exquisito. Ahora, déjeme saber: por ejemplo, ahí veo a Bush padre, ¿donde se hospedaba él?, ¿dormía en un chinchorro? No, aquí hay campamentos especiales que tienen ciertas comodidades, como habitaciones privadas, camas, la opción de carpas a orillas del río, aquí hay una serie de campamentos que cumplen más o menos con esas condiciones que requiere el turista, independientemente de que sea de alto nivel. En el campamento Yutajé que está situado en el municipio Manapiare, donde hay unos atractivos naturales espectaculares como por ejemplo, el salto gemelo más grande del mundo, que está allí, ¿entiendes?, el Salto Ángel es único, pero este es un salto gemelo muy particular, y ahí estuvo el presidente Bush, los señores Cisneros, el actor Michael Douglas, en una oportunidad estuve cerca de él. Han estado también príncipes, duques, gente de mucho dinero, el príncipe de Luxemburgo estuvo por ahí… mucha gente. (…)

Y Cisneros ¿cómo es como persona?

Como persona, excepcional; un hombre con una capacidad…, el señor Gustavo Cisneros [1], un gran anfitrión, un hombre incluso…, tengo anécdotas espectaculares que si se miden en términos de condición humana, de respeto, de seriedad, son realmente dignas de poner en el sitio más alto.

¿Puede contarme alguna?

Mira, por ejemplo, mandar a bajar a un fotógrafo de un avión para que yo pudiera tomarme una foto con uno de sus invitados, con el señor George Bush padre, independientemente de toda su situación.

¿Era un invitado de Cisneros?

Era un invitado de Cisneros, como lo fue Jimmy Carter, como lo ha sido mucha gente que ha venido. Este es un sitio muy especial realmente.

¿Llegaban y se quedaban a dormir o venían por un día y se iban?

No, estaban instalados dos, tres días. A veces venían de su país de origen a Caracas, de Caracas venían al campamento Manaca, en aviones privados del señor Gustavo Cisneros.

¿Y de Bush tiene alguna anécdota?

Un tipo especial para mí. Me imagino que en su situación, que viene como temporadista (sic), como turista, relajado y con un objetivo digamos específico, que es pasarla bien, supongo que esa es la actitud que puedo de alguna manera interpretar de ellos, pues. Es como cualquier persona estresada, con toda digamos la presión del mundo, va a un sitio equis invitado, pagado, y yo supongo que la actitud que asume es de relajación, te saludan, te dan la mano, de repente comparten contigo un refresco, una galleta, este, bueno, y quizá también influye mucho tu capacidad, tu sensibilidad, cómo tú te muestras con ellos.

¿Ellos visitaban algunas comunidades indígenas, o solamente veían el paisaje?

Ellos venían realmente por un objetivo, ya que su agenda es muy ajustada, ellos iban a los Roques a pescar, venían aquí al Amazonas a pescar, pues, también veían indígenas, porque de hecho, las personas que trabajan en los campamentos son indígenas --muchos hasta casi ni hablan bien el español--,pero son los guías […] La mayoría trabaja en ellos, ¿qué funciones hacen?    Motoristas, guías de aves, guías de pesca, jóvenes que hacen el trabajo de mantenimiento, otros como planteros… Pero los turistas vienen buscando ese pez, el pavón; que los pescadores disfrutan mucho porque da mucha pelea, además de que es un ejemplar bellísimo, creo que tengo una foto ahí que les puedo mostrar. […]

La conversación se interrumpió porque llegaron unos clientes especiales en una lancha rápida, aunque ya Levis me había contado lo que quería saber. Como el río ha penetrado hasta el borde de la bodega, los posibles compradores saltan directamente desde la embarcación. Son rubios, y por la entonación, extranjeros. Hay un señor y dos mujeres. Una de ellas, muy decidida, separa botellas y paquetes en una caja. Se llevan al parecer alimentos para varios días. “Son misioneros norteamericanos de Nuevas Tribus”, me dice Ricardo. Ya había tenido algunas referencias de esa congregación. Le pregunto a Ricardo si ha tenido vínculos con ellos, pero me dice que muy poco, solo el que se deriva de su trabajo de médico. […]

Al día siguiente embarcamos Orinoco abajo en un bongo, el doctor Ricardo, Darío, maestro cubano y asesor integral de las misiones educativas, Alicia y yo. Viajábamos además con el equipo de fútbol de La Esmeralda, porque el objetivo primario de aquella excursión de la que nos servíamos nosotros, erala de asistir a los Juegos Deportivos de los pueblos indígenas del Alto Orinoco, a celebrarse en Culebra. La primera, y muy breve escala, fue precisamente en Tamatama. Allí, en un pequeño ángulo del pueblo, radicaba una posta militar migratoria. No puede olvidarse que el Orinoco bordea más abajo toda  la frontera sur de Colombia. Nos identificamos y anotaron como es costumbre nuestros datos. Mientras los demás se reportaban, caminé un poco por el pueblo. Esa visión rápida ratificó lo que había leído: casas de madera, bien hechas y espaciosas, con paneles solares, aire acondicionado, antenas parabólicas, mostraban un nivel de vida modesto, pero muy superior al de las comunidades indígenas de la región. El terreno había sido chapeado con implementos de jardinería, de manera que podía hablarse de césped. Era una exhibición de modernidad en un contexto casi natural, que permitía a los misioneros vivir con ciertas comodidades. Revelaba, por otra parte, que los misioneros disponían de recursos.

Los misioneros de Nuevas Tribus llegaron a Venezuela en 1946 y en 1952 se establecieron en zonas indígenas por tiempo indefinido, según el permiso que les concedió la dictadura de Pérez Jiménez. Fue el implante de un cáncer, que poco a poco fue extendiéndose, ramificándose: traían motores para las embarcaciones que acortaban a la mitad el tiempo de traslación fluvial; medicinas occidentales, que en ocasiones salvaron vidas; aviones para trasladar con urgencia enfermos graves; alimentos en conserva; construyeron sus casas con ciertas e inesperadas comodidades occidentales y se relacionaron con los indígenas. ¿Acaso todo eso no está bien? A cambio, los misioneros dejaron en claro que las tradiciones mágico-religiosas de los yekuanas y de los yanomami eran prácticas bárbaras que debían ser superadas, hicieron que se avergonzaran de su pasado, de sus costumbres, de sus bailes, de sus bebidas. Rompieron los esquemas de mando tribales, y los sustituyeron por la autoridad de la Iglesia y por indígenas evangelizados. Convivieron con los indígenas, es cierto, mostrando la tenacidad y la constancia de verdaderos fanáticos, a veces por toda una vida. […]

Hay un detalle final que enmarca todo este esfuerzo: las misiones de Nuevas Tribus, que cuentan con un financiamiento fluido y generoso, suelen asentarse en zonas de presuntos yacimientos mineros, generalmente sin explotar. Con ellos viajan ingenieros y geólogos de compañías transnacionales, que estudian los suelos y elaboran mapas de sus riquezas minerales. También, se dice, científicos de la industria farmacéutica investigan y recolectan plantas medicinales, e incluso prueban los efectos de sus nuevos fármacos en la población indígena. Tienen sus propios aviones y sus propias pistas de aterrizaje, por lo que las autoridades nacionales no siempre conocían quiénes llegaban y quiénes salían, qué traían y qué se llevaban. Realidades complejas: en un mundo sistemáticamente abandonado por las autoridades del país, las Nuevas Tribus ocuparon el espacio de padres protectores [2].[…]

Antes de que cayera la noche del segundo día, luego de pasar unos peligrosos rápidos, arribamos a Culebra. ¿Cómo describir esa comunidad, sin que me tilden de exagerado? El bodeguero-guía de turismo la había calificado de espectacular. Tenía razón. Era una amplia llanura, un espacio de ocio selvático, es decir, una tregua de malezas y árboles, entre dos macizos montañosos y un río. Pero cuidado, no lo he dicho todo. Tengo los pinceles en la mano. Ya está el boceto, me falta ahora situar los detalles, darle color: el río es, ya lo dije, el Cunucunuma, que a esta altura se hace más estrecho y rojizo, por la cantidad de minerales que contiene. Para añadirle fuerza al paisaje, el río se arremolina justo a la entrada del poblado, y provoca una fina lluvia de sonidos y espantos. Cruzando el río, después de una breve espesura, en lontananza, grandes montañas cierran fila, y establecen los límites espaciales del cuadro. Se trata del Huachamacare. En el límite opuesto, del otro lado pero más cerca, otro grupo montañoso, el Duida. Tras sus altas e intrincadas montañas se halla La Esmeralda, pero ante la falta de vías terrestres de comunicación, hemos navegado durante dos días, siguiendo la caprichosa madeja de idas y venidas de los ríos Orinoco y Cunucunuma. No puedo omitir el último, casi inverosímil detalle del paisaje, que en la descripción tal vez se torne excesivo o falso: ambos grupos montañosos ofrecen su propia cascada, como si compitieran en ganarse el asombro mayor. La del cerro Duida, quizás por su cercanía, impactaba más. Los yekuanas habían seleccionado este lugar para vivir, y ya por ello, merecían respeto. Pero estaban siempre alertas. No había un jodido occidental, como yo, que instintivamente no pensara en un hotel. Los Cisneros, y sus príncipes y reyes burgueses, no se lo perdían desde luego.

Estuvimos en Culebra tres días. El doctor Ricardo fue el padrino de los juegos. En la inauguración, los equipos desfilaron con sus uniformes de fútbol; aunque Venezuela es un país beisbolero, los indígenas que están más en contacto con el mundo occidental o criollo, son aficionados al fútbol, y lo juegan muy bien. Uno de los equipos competidores vivía en un poblado del interior de la selva, y sus integrantes habían caminado durante tres días para llegar a Culebra. El cacique o líder comunitario, habló en su lengua, y añadió algunas palabras al final en castellano. Entonces le cedió el puesto al doctor Ricardo para que este dejara inaugurado el certamen. También Darío, el maestro, dijo unas palabras. Durante el día, mientras los muchachos competían, Ricardo abría su consulta y atendía una interminable cola de pacientes. Darío se reunía con los facilitadores de las misiones educativas: la Robinson I y II. La esposa del enfermero yekuana, nos permitía utilizar su hoguera casera de troncos para cocinar o calentar las pocas latas de conserva que traíamos, y que amenazaban con acabarse más pronto de lo que habíamos previsto. Alicia y yo dormíamos en un supuesto chinchorro matrimonial, que puso a prueba la fortaleza de nuestra relación.

[…]¿Qué significa adoptar una posición colonizadora en el mundo indígena? ¿Cómo evitar que el llamado mundo occidental, extranjero o nacional, cambie de forma compulsiva las tradiciones culturales del indígena y lo manipule políticamente? En Venezuela, como en cualquier país latinoamericano, existe la creencia de que hacer política es hacer campaña electoral, y que adquirir conciencia, es identificarse con un determinado candidato coyuntural. Pero las misiones educativas no se conciben como instrumentos de compulsión electoral, sino como medio para incorporar nuevos conocimientos –también políticos, en su sentido amplio–, que permitan una verdadera toma de decisiones. La yekuana Felicita Tovar había aprendido a leer y a escribir en español, aunque no hablaba esa lengua con soltura (me entendía, pero prefería que un familiar tradujera lo que ella decía); la mayor ganancia de su paso por Robinson I, era de otra índole: su abrupta conciencia de ciudadana. Aquí los límites son precarios, porque históricamente los revolucionarios han obviado las peculiaridades del mundo indígena, basados en la creencia de que el conflicto central, decisivo, es el que se produce en el llamado “mundo civilizado”,entre obreros y capitalistas. En vez de “colonizadores malos” han sido –o han tratado de ser– “colonizadores buenos’ (y uso el término con toda intención provocadora): al procurar ciertos bienes inciden en (y transforman) sus tradiciones culturales. En Venezuela existe la posibilidad, y yo diría que la voluntad de superar esa omisión histórica. Los revolucionarios no son, ni pueden ser, evangelistas de signo inverso. Son muchas las preguntas que emergen de cualquier acercamiento al tema.

La incorporación de estos pueblos, históricamente marginados, a los beneficios de la modernidad (ya cargan con sus perjuicios) –entre otros, los de la medicina occidental–, no debe quebrar ni relegar sus tradiciones culturales.  Pero ¿qué hacer? Cualquier acción “externa” incide en la conservación de las tradiciones, pero ¿deben seguir tomando agua del río, como lo han hecho desde tiempos remotos, aunque ello sea causa de enfermedades que provocan la muerte y que pueden ser prevenidas? La inmovilidad no es salud cultural, pero la sustitución violenta de valores y creencias es un virus letal para una cultura. Para la antropóloga cubana Rosa María de Lahaye, el proceso de descolonización tiene una función primordial: “incluir de nuevo en la historia a los grupos colonizados como entes autónomos y crear la necesidad de una reestructuración del saber en ellos”. Una reestructuración del saber que parta de las necesidades propias. En una conversación sostenida con Francisco Sesto, ministro de cultura de Venezuela, éste puntualizaba las dos vertientes “prácticas” del concepto de cultura que el presidente Chávez impulsa, sin detenerse en teoricismos inútiles:

Una es la cultura en un sentido antropológico, de identidad, de lo que te identifica, tienes allí tus tradiciones, tus ritos –el presidente Chávez lo dijo en una oportunidad–, la cultura como lo que fuimos, lo que somos, lo que queremos ser. Es una visión de la cultura en la que no hay jerarquías, cualquier cultura es tan importante como la otra, no hay cultura desarrollada y cultura no desarrollada, ningún pueblo es más importante que otro, cada cual tiene su manera de ver el mundo, su forma de relacionarse, es una visión que tiene que ver en definitiva con el patrimonio, con la diversidad cultural, con lo intangible también, tiene aspectos de creación y se relaciona también con las artes, artes colectivas, visiones particulares. Es la cultura como hogar, como hábitat, como territorio, como alma colectiva. Después existe otra interpretación: la cultura en un sentido martiano de ser cultos para ser libres, la cultura como instrumento de liberación, de superación, decrecimiento espiritual, de un instrumento que nos permita caminar hacia una sociedad más justa. La cultura vista como manejo de información, decomprensión del mundo, de comprensión de las relaciones con la naturaleza, desconocimiento, conocimiento de la historia, de la geografía, y en el sentido que Martí lo dice, una persona puede ser más culta que otra, o un pueblo puede ser más culto que otro. Ahí hay jerarquías.

[1] Gustavo Cisneros Rendiles, el hombre más rico de Venezuela y el segundo de América Latina. Activo opositor al gobierno del Presidente Chávez;[2] El 12 de octubre de 2005, dos meses después de nuestro viaje al Amazonas, el Presidente Hugo Chávez anunciaba la expulsión definitiva e irrevocable de la misión Nuevas Tribus de Venezuela.  En el libro se expone la estrategia de la prensa opositora ante el anuncio de esa medida soberana.

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FRAGMENTO DEL CAPÍTULO V

La prensa defendía con las uñas el más importante valor del capitalismo, el dinero, la riqueza individual, y trataba de mover los resortes inconscientes que había sembrado en la mente de los consumidores. Dinero versus solidaridad, que es la verdadera traducción de capitalismo versus socialismo. Ser rico, o soñar con serlo, al costo que sea necesario, es la condición que otorga valora las personas, la que determina el éxito o el fracaso en la vida. Por primera vez, en Venezuela aparecía otra concepción de la vida, que no se centraba en el tener, sino en el ser. Los médicos internacionalistas cubanos eran un símbolo de esa nueva concepción. Mientras el gobierno revolucionario impulsaba las misiones sociales, y elevaba la calidad de vida de la población más pobre, ofreciéndole salud, educación, cultura y nuevas oportunidades de reinserción social y laboral, la prensa y la televisión opositoras estimulaban el individualismo, la esperanza en el enriquecimiento fácil, la idea de que la calidad de vida sólo puede sustentarse en la acumulación de dinero, en el consumismo, la idolatría por el american way of life. Guerra de ideas, de concepciones de vida, de patrones de conducta.

[…]Para quienes vienen de abajo la batalla por el éxito exige una entrega absoluta. Un buen matrimonio puede impulsar la carrera. Desde tiempos remotos sabemos que el matrimonio puede ser un negocio: las fiestas de quince reproducen el antiguo ritual de introducción social de las señoritas en el mercado de solteras casaderas. Pero en nuestros días, el matrimonio puede ser un negocio de beneficios mutuos. En el mundo del espectáculo (el artístico, el deportivo y el político) tanto el novio como la novia son productos en venta, y su relación es publicidad. Si mi esposa suspira ante la figura masculina de Brad Pitt y yo, no puedo negarlo, me derrito frente a Angeline Jolie, los empresarios querrán unir el voto de ella y el mío: el matrimonio de dos cuerpos “perfectos” es un negociazo. Ya se especula con el hijo que tendrán: Los medios estadounidenses publican simulaciones por computadora acerca del aspecto que podría tener el bebé de Brad Pitt y Angelina Jolie, cuyo nacimiento está previsto para el verano. De acuerdo con las imágenes electrónicas, tendrá ojos azul verdosos y labios sensuales. Destacados cirujanos plásticos, así como un profesor de genética de la Universidad de Berkeley, afirman que el niño sin duda será guapo, pues ambos padres “tienen una magnífica estructura ósea”.[1]

Pobre vástago que ya carga con exigencias prenatales: si no cumple las expectativas será un fracasado (concepto típicamente norteamericano).El patrón mercantil de las uniones sentimentales –belleza, fama o dinero–, se repite en América Latina:

Nuevamente una modelo acelera el pulso a uno de los ases del balompié. Se llama Raica Oliveira y para muchos es ahora, simplemente, “la novia de Ronaldo”, hecho que la ha ayudado en su vida profesional aunque ella se aferre a negarlo. […] Una de las marcas famosas brasileñas escogió a Raica para cerrar su desfile y lo hizo luciendo una camiseta con el número 9, el mismo dígito que lleva en la espalda su amado Ronaldo. […] Según la prensa de Brasil, los ingresos de la modelo han mejorado sensiblemente, pues de 2 220 dólares por desfile han subido a unos 6 660 dólares.

En Venezuela Alicia Machado, Miss Universo 1996, había iniciado una conveniente relación amorosa con el astro venezolano de Grandes Ligas Bob Abreu, pero ésta se rompió bruscamente cuando se dejó filmar mientras sostenía relaciones sexuales –no precisamente con Bob– para un conocido reality show de la televisión española. El escándalo provocó la ruptura de su noviazgo, pero “lejos de dañar su imagen, ha favorecido sus proyectos artísticos” –según un despacho de AP aparecido en la prensa venezolana.

Pero el negocio de la “buena” imagen se impone también en la política, que la democracia representativa gerencia como un proceso mercantil cualquiera: el candidato es un producto que debe venderse. Siete años de revolución bolivariana no han cambiado esa concepción en la oposición. No por obstinación, o por incomprensión de las nuevas realidades del país, sino por necesidad: la democracia representativa no admite (no puede ni debe admitir)otro tipo de relación con los electores que el de la oferta y la demanda. Lilian Tintori, bella y deportiva animadora de televisión, es la novia del alcalde opositor del municipio capitalino Chacao, Leopoldo López. El Nacional de Caracas le dedicó una página completa a ella:

Es novia del alcalde de Chacao, Leopoldo López, y ya tiene hasta un perro.¿Cuándo es el matrimonio? “El matrimonio es mi sueño. Tengo una relación larga y en cualquier momento sale la fecha, pero eso lo manda Dios. Además todo depende también del trabajo de ambos. Particularmente, desde que estoy con Leopoldo he crecido mucho de manera profesional y, por eso, todo avanzará según nuestras rutinas de trabajo. Mientras tanto, seguimos cuidando a nuestro perro de raza Jack Russell, al que le pusimos Chacao […].Unos días antes, El Universal, también de Caracas, incluía a Leopoldo López entre los rostros varoniles de moda, calificándolo de übersexual:“El nuevo perfil del hombre moderno no supone un cambio drástico respecto al metrosexual pues como éste también tiene una preocupación por la imagen personal  y por ir de compras, pero sin el mismo componente narcisista y egocéntrico”, describe Marian Salzman. […] George Clonney, Bill Clinton, Bono y hasta el gobernador de California, Arnold Schwarzeneger, quienes encarnan una imagen mucho más clásica de los hombres, se han convertido en íconos de los übersexuales. […] Los übersexuales, según el libro El futuro de loshombres, son atractivos, dinámicos y proyectan éxito. No conciben el fracasocomo una posibilidad.

Y con respecto al político antichavista dice: “es un hombre que hace deportes, que cuida su aspecto físico, su forma de vestir. Todo eso le proporciona además una imagen de virilidad”.

Pitt y Jolie, Raica y Ronaldo, Alicia Machado y Bob Abreu, Mariángel y Antonio Álvarez, Lilian Tintori y Leopoldo López, en fin, Barbie y Ken, son productos en venta. La prensa venezolana también recoge este último acontecimiento: “Una de las reconciliaciones más esperadas por las niñas de todo el mundo está apunto de producirse: Barbie, la muñeca más famosa de la historia, puede volver con Ken, su eterna pareja”. Para que las niñas no tengan dudas en su comportamiento futuro, el artículo explica que si Barbie ha aceptado nuevamente a Ken, es sólo porque “el rubicundo surfista abandonó su aspecto trasnochado para convertirse en un joven sofisticado”. Las objeciones que en los setenta se le hicieron a esta muñeca que introducía el cannon occidental de la belleza humana en el mundo infantil –y que contribuyeron a que las niñas gorditas o bajitas, negras o indígenas, se sintieran inconformes y avergonzadas de sus cuerpos–, fueron formalmente “zanjadas” con la producción de Barbies negras, asiáticas, latinas y hasta indígenas. Pero estas nuevas modelos no aportaron la diversidad estética que supondrían sus diferencias de cultura: aunque cambiaban de color, todas seguían el ideal de belleza de la rubia original. Era imprescindible la estandarización del mercado en torno al cuerpo humano.

Si la belleza física conduce al éxito, la industria que la procura es fuente de ganancias. En un país con excelentes médicos, pero desasistido en las zonas de mayor desamparo, florece la cirugía estética. No es desde luego una característica típicamente venezolana, sino una tendencia de este mundo loco en el que vivimos. Conste, eso sí, que no me opongo a que la ciencia proporcione el necesario equilibrio psicológico para la vida, que incluye la complacencia con el cuerpo propio (que no significa la aceptación sin condiciones del cannon de belleza trasnacional) y la plena recuperación del placer físico, un elemento no desdeñable de la felicidad humana. Pero un especialista en cirugía estética puede ganar mucho dinero, mucho más que uno en medicina familiar, y ese dato puede distorsionar el sentido de una labor útil o necesaria. Resulta paradójico, por no decir incongruente, que la Federación Médica Venezolana ignore y desprecie cualquier iniciativa de salud masiva del gobierno revolucionario, declare una guerra abierta a la Misión Barrio Adentro, y respalde la promoción de la cirugía estética. […]El suplemento semanal Eme del 15 de septiembre de 2005, que edita El Nacional, titula uno de sus reportajes centrales así: “Atrévete a remodelar. Lo más audaz de la cirugía estética llegó a Venezuela”. En otro artículo de esa misma edición dedicada a promocionar la cirugía estética el doctor Raúl Rodríguez Noguera, de la Unidad Médico Estética Silueta Perfecta, afirma: “Es un hecho que las niñas piden un aumento de senos como regalo de 15 años […] La cirugía plástica se perfila –bisturí en mano– como uno de los negocios más rentables de las clínicas y los médicos particulares”.

El negocio tiene otra dimensión: los pacientes deben elegir y comprar los implantes. Minorka Guzmán, representante exclusiva de la marca de prótesis francesa Sebbin, custodia su negocio como si vendiera joyas. La oferta es amplia, desde los 85 centímetros cúbicos, hasta los 615. Los costos por el par de prótesis oscilan entre un millón cien mil y un millón cuatrocientos mil bolívares, es decir, entre los 460 y 580 dólares. La población masculina ha empezado a solicitar con más frecuencia esos servicios. Según las estadísticas, apenas el 5 % de los hombres acudía en los años noventa a la cirugía estética, mientras que a partir del 2000, las solicitudes se han elevado al 15 %. Nuevos implantes atraen la atención de los clientes: las prótesis en pectorales y glúteos, por ejemplo, pueden costar entre cuatro y cinco millones de bolívares (entre 1 670 y 2 085 dólares, aproximadamente).Eso sí, se advierte, entre el 2 % y el 5 % de los pacientes masculinos sufre de complicaciones postoperatorias.

De cualquier manera, la prensa venezolana se encarga de reproducir cualquier noticia de impacto que promueva el interés por los servicios de cirugía estética y establezca pautas de comportamiento social. Selecciono sólo dos de ellas.

La modelo argentina Sabrina Sabrok, famosa en México por su enorme busto, dijo que se someterá a una última cirugía en su propósito de lograr el récord Guinnes de los senos más grandes. Sabrok, de 29 años, se ha practicado unas veinte operaciones para aumentar su voluptuosidad y mejorar su apariencia.[…] ‘Me gusta verme así, con el busto grande’, enfatizó, tras indicar que combate los dolores de espalda haciendo ejercicios. Con una asombrosa talla 42 G, la modelo señaló que tiene un compromiso pendiente con el público mexicano, el de caminar desnuda por una de las avenidas de la capital. Pero quizás esta otra noticia es más asombrosa:

¿Qué se le regala a un hombre que ya tiene todo? Jeannette, de San Antonio(Estado de Texas), cree haber encontrado “la última sorpresa” para su marido de largos años. Por 5.000 dólares (unos 4.200 euros), esta mujer de 40 años pudo volver a ser virgen. […] Los diseñadores de vaginas son la última moda de la cirugía estética, que ofrecen clínicas especializadas desde Los Ángeles hasta Nueva York, desde Atlanta hasta la frontera canadiense. Algunas pacientes llegan con un ejemplar de la revista Playboy en la mano para mostrar qué aspecto quieren tener “ahí abajo”, según cuenta el ginecólogo y propietario de la clínica, Joseph Berenholz en Detroit. […] Otro es el caso de mujeres que desean un segundo himen. En su mayoría provienen de América Latina o Cercano Oriente, y no quieren avergonzar a sus familias en su noche de bodas, contó recientemente Marco Pelosi al Wall Street Journal. A estas pacientes ‘las dejamos como si nunca antes hubiera pasado nada’, asegura Pelosi, quien pertenece a un equipo médico en una clínica de Nueva York, y sólo este año operó a unas 120 mujeres […] “La medicina también es un negocio”, confiesa el doctor Matlock [pionero de las cirugías estéticas en las partes íntimas de la mujer] sin rodeos. El profesional asegura que su “misión” es “simplemente” ayudar a las mujeres para alcanzar una vida sexual plena, según aseguró en el reality show Dr. 90210 del canal de cable E!.

[…]Curiosa definición. Las páginas sociales no tratan los problemas de la comunidad, sino los muy particulares del llamado jet set: noticias familiares, fiestas privadas, bodas y otras celebraciones que sólo deberían interesar a los parientes cercanos y a un puñado de amigos íntimos. La sociedad no es la sociedad, sino el exclusivo Club de socios ricos. ¿Por qué los periódicos dedican una o dos páginas completas a reseñar esas actividades? Hay una primera razón práctica: los festejados pagan, y la prensa vive de los anuncios y de las contribuciones que recaba por sus servicios. Pero la verdad es más compleja. En el sistema para cuya conservación trabaja esa prensa, las personas ricas son consideradas personalidades de forma automática: ejemplos individuales a seguir, por una parte, estilos de vida a imitar, por la otra, estos personajes son también ¿quién lo duda? los que deciden las cosas importantes del país, o quienes las decidían, en el caso de Venezuela. Es preciso aparentar que nada ha cambiado: los reyes y los príncipes destronados conservan su glamour, su aureola bendita, hasta que puedan ser restituidos. La sucesión de noticias sobre sus vidas privadas funciona como lo haría una telenovela: hay un público que sigue esas peripecias, que se emociona ante un nacimiento o una muerte, que llega a querer a personas que no conoce como lo haría un criado fiel de muchos años. Por eso también se reseñan detalles de la vida de la arcaica nobleza europea y asiática. Podría extrañar esa acuciosa presentación de reyes, emperadores y príncipes, junto a empresarios exitosos, supuestos defensores de la democracia capitalista. En realidad, esa amalgama cumple una función simbólica importante: Bill Gatees o Athina Onassis, son los nuevos príncipes de la democracia capitalista. Sus descendientes heredan la “sangre azul”, como ocurría en el pasado con los nobles de cuna. Si el capitalismo exigió primero la abolición de los privilegios de sangre, ahora los reivindica en la saga de los descendientes de los grandes millonarios.

No todas las familias que aparecen en las páginas sociales son efectivamente ricas, pero aspiran a serlo. Es importante que sea así, para que el lector medio se identifique con ellas, y quiera aparecer también. No todos son bellos, o populares –aunque el cronista social siempre dirá que sí lo son, y llenará de adjetivos pomposos cualquier descripción de sus benefactores–, porque el punto de partida es el dinero, el poder del dinero; pero por histórica acumulación de privilegios e injusticias sociales, son mayoritariamente blancos, rubios, altos, bien comidos. Y, por supuesto, todo lo elegantes que la ropa cara, la de marca, permite.

Durante los meses que viví en Venezuela, seguí el noticiario de la nobleza, al punto de que ya conozco a padres, hijos, primos, tíos y nietos de los diferentes principados, reinos e imperios (me refiero a Japón, no incluyo a la dinastía Bush); también por supuesto a reyes y príncipes destronados, que siguen recibiendo la misma atención y respeto de la culta prensa europea: estuve al tanto de sus conflictos, bodas y cumpleaños, de sus virtudes y defectos. La prensa los refleja en su aparente intimidad, aunque siempre en un tono que los hace parecer superiores, alcanzables solo para alguna que otra cenicienta, seres tan exclusivos como los superhéroes de los comics de moda, merecedores del cariño popular, no se sabe en virtud de qué extraños merecimientos biológicos. Nunca he visto un tratamiento semejante para los descendientes, por ejemplo, de Leonardo da Vinci, de Albert Einstein o de Pablo Picasso.

En Venezuela, los periódicos que siguen con más constancia los avatares de la nobleza europea son El Nacional y El Universal. Por ellos supe que Alberto II, el nuevo monarca de Mónaco –pequeño estado europeo de 2 Km2, con apenas 32 000habitantes, y por oscuras razones, un paraíso fiscal–, es un príncipe culto, sencillo, accesible, y aunque sorprendió al mundo al reconocer ser el padre de Alexandre, resultado de una aventura con una aeromoza de Togo, está considerado uno de los solteros más cotizados del planeta. Sonreí al comprobaren un reportaje fotográfico que los reyes, príncipes y princesas, “en algunas oportunidades se olvidan de la presencia de los fotógrafos y actúan como lo que son, personas de carne y hueso”.

Debí quizás sentir envidia del público londinense que podrá ver al menos 80vestidos de la Reina Isabel II, y algunas de sus joyas más famosas, como la Tiara Vladimir, un collar de esmeraldas, o sus dos broches de diamantes, y por supuesto, el brazalete de oro, zafiro, diamante y rubí, de la joyería Boucheron, que le regalara con su habitual fino gusto el esposo, duque de Edimburgo. La exposición celebrará su cumpleaños 80. Debí alegrarme también –como muchos lectores concienzudos– ante las noticias de embarazo o de nacimiento de nuevos príncipes, hechos que garantizarán seguramente la no extinción de los cuentos de hadas y princesas. El 2005 fue realmente pródigo en nacimientos y bautizos.

Si bien algunos acontecimientos fueron felices, como la aceptación final de las plebeyas Letizia, esposa de Felipe de Borbón y madre de la Infanta recién nacida, y Camilla, sustituta imposible de la inmortal Diana –Lady Di--, como esposa del príncipe Carlos, por las respectivas familias reales de España y Gran Bretaña, otros fueron tristes, como la renuncia que la princesa Sayazo hizo de sus privilegios, para casarse con el plebeyo Yoshiki Kuroda. El contraste era conmovedor: mientras la hasta entonces plebeya Letizia aprendía a ser princesa, la princesa de nacimiento Sayako aprendía a ser plebeya. La razón de tales cambios era el amor. La prensa fue exhaustiva en la descripción del cambio de vida:

Los preparativos de Sayako para vivir como una plebeya comenzaron hace varios meses. La televisión mostró a la princesa conduciendo un automóvil, pero protegida todavía por escoltas. “La princesa está practicando cómo conducir su carro con una licencia provisoria”, explicó un responsable del Palacio Imperial. Pero todavía tiene mucho para aprender. El semanario Shukan Shincho reveló en julio que Sayako, también conocida como la princesa Nori, jamás había hecho compras en un supermercado. Los medios de comunicación nipones señalaron que ella vivirá en un apartamento en un edificio de clase alta en el centro de Tokio.

[…]Los incautos piensan que la guerra a la Revolución bolivariana declarada por la prensa venezolana se encuentra solo en la manipulación noticiosa, en los titulares especulativos o en la batería diaria de artículos de opinión. En realidad, ese enfrentamiento directo no hace gran mella en los sectores populares. La polarización de intereses y el desenmascaramiento sucesivo de sus verdaderas motivaciones, alejó definitivamente del pueblo a esos “opinadores”. La guerra, sin embargo, es más sutil. Conservar y reproducir los valores del sistema es una tarea de primer orden. Y los valores que sustentan el sistema no son ni la democracia, ni la libertad; son el consumismo, el culto al dinero, el individualismo feroz, y sobre todo, la esperanza, es decir, la construcción de un oasis de atrezzo en el horizonte, alcanzable a golpe de suerte, bien sea a través del juego, de un buen matrimonio o por la simple malversación de recursos. […] Los sectores más humildes de la sociedad venezolana han mejorado sustancialmente su calidad de vida con las misiones sociales, pero estas son inútiles a largo plazo si tras cada acción no se produce una reflexión ideológica –no temamos a la palabra, las páginas sociales de la prensa son abiertamente ideológicas–, porque la gente ha sido acostumbrada a entender la mejoría únicamente como el aumento contante y sonante del dinero recibido. El capitalista (aquí incluyo al amo y al siervo) no mide los beneficios en servicios, sino en cifras de dinero en mano. Por eso la campaña electorera de la oposición habla de repartir dinero. La oposición no es enemiga de la corrupción como asegura demagógicamente: necesita promoverla, porque el día en que ésta deje de existir, la Revolución habrá triunfado.

[1] Se omite la enumeración de las referencias, que el lector podrá hallar en el libro. Aunque las noticias que aquí se comentan ocurren en cualquier lugar del planeta, casi todas están tomadas de la prensa venezolana. El seguimiento tiene límites temporales: se cierra en marzo de 2006. No importa que las noticias comentadas hayan tenido uno u otro desenlace posterior, porque lo importante no es la noticia en sí, sino su valor “sistémico”.

 



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