..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4, Nro. 183, Viernes, 6 de julio del 2007

 

 

Perseguidos por los conocimientos
Al hombre, lo humano (I)
Por María del Carmen González Rivero.

Las posibilidades para la técnica se abren precisamente donde son insuficientes las capacidades del hombre. Si el hombre no es capaz de trabajar en condiciones de temperaturas super altas o super bajas, lo hace la técnica, si no es capaz de hacer movimiento a un ritmo necesario, se encarga de cumplir sus funciones la técnica, si no puede asimilar bastante rápido la información corriente, lo ayudan las memorias electrónicas. Aunque en lo que se refiera a las funciones auténticamente humanas, el hombre no necesita sustitutos, pues nunca querrá privarse de la alegría del pensamiento creador, de la actividad exploradora, del brillo del talento intelectual y artístico, de los deleites emocionales. En dos palabras, a la técnica, lo técnico; al hombre, lo humano.

La tarea de las Tecnologías de la Información y de las Comunicaciones (TIC) no consiste en duplicar el talento, el genio la inspiración, sino en crear las condiciones óptimas para la manifestación de esas cualidades del hombre. Los intentos por crear modelos de cerebro y sistema nervioso no están provocados por el vanidoso afán de crear un hombre artificial, sino que persiguen un objetivo verdaderamente grande: liberar al hombre del trabajo relacionado con operaciones mecánicas muy trabajosas que vacían el cerebro y no llevan implícita una satisfacción creadora.

Me preocupa la idea de cómo conservar la originalidad de cada individuo en nuestro siglo de civilización industrial, de divulgación masiva de los conocimientos, de “igualdad de alimentación espiritual” y estandarización de las cosas. Aprendemos por los mismos manuales, leemos las mismas novelas recomendadas por los críticos, vemos los mismos filmes, manejamos las mismas máquinas.

Pienso que el peligro de estandarización de la personalidad no consiste en ninguna manera en la accesibilidad de la cultura y los conocimientos, sino, ante todo, en el contenido de la alimentación espiritual que se divulga. Además, el hombre no es un aparato de memoria mecánica que absorbe indiferente la información. El hombre no es lo que consume en forma de alimentación espiritual o material. Al hombre lo hace original no tanto lo que él lee, escucha y mira, sino cómo percibe todo ello.

Traigo una historia que confirma lo que digo:

En 1835, en el gimnasio de la pequeña ciudad de Tréveris, estudiaban en el curso final 32 alumnos. Pertenecían a las capas medias de la sociedad, escuchaban  a los mismos pedagogos, leían los mismos manuales, educaban su gusto artístico leyendo poesías: Goethe, Shakespeare; desarrollaban sus capacidades de pensamientos leyendo obras de Rousseau, Voltaire y una serie de filósofos olvidados en la actualidad. Al parecer, existe una completa igualdad de alimentación espiritual. ¡Pero lo diferente que fueron los resultados! Aquella promoción dio a Prusia trece curas católicos, siete abogados y altos funcionarios, dos médicos.  ¡Y la misma promoción dio al mundo a Carlos Marx!
La humanidad se enfrenta a muchos problemas; por ejemplo, el perfeccionamiento del sistema socialista de enseñanza, de manera que la especialización se combine óptimamente con la universalización, la asimilación de los conocimientos, es la capacidad de pensar de manera creadora, engendrando un conocimiento nuevo.

Hoy nos referimos con frecuencia a la técnica cuando hay que referirse al hombre, sufriendo, diría yo, “un alucinamiento de semejanza con la máquina”. Cargamos la memoria de las computadoras con una multitud de información de todo género y suponemos que el hombre debe comportarse de la misma manera y el mal será menor cuanto mayor sea el volumen de sus conocimientos.

En realidad: ¿hay alguien que en nuestro tiempo no se esfuerce por obtener conocimientos? Mejor seria decir que los conocimientos nos “persiguen”. Torrentes de informaciones caen sobre nosotros de todas partes: radio, prensa, televisión, sin hablar ya de los sistemas de enseñanza, capacitación, perfeccionamiento, y qué decir de Internet.

El hombre siente orgullo por sus conocimientos que se convierten en factor de prestigio y estimación. Parece que cuanto más sabe el hombre, tanto más inteligente y talentoso es, más viva es su personalidad. Aunque nos convencemos con frecuencia de que no siempre es así...

Alguien, dijo hace dos mil años: “El conocer mucho no significa ser inteligente”.  Estoy convencida de la justicia de este aforismo:más ¿qué decir  de los que afirman que  “el conocimiento es la fuerza”?. La fuerza no consiste en el conocimiento como tal, sino en el dominio del mismo, en la habilidad de pensar independientemente, de manera original, creadora.

No nos lleva a la altura la cantidad de conocimientos acumulados, sino cómo esta formado el intelecto; hacer estos conocimientos activos, los convierte en instrumentos para producir nuevos conocimientos, nuevos valores.

Si no es así, entonces los conocimientos no son nada más que un medio de adorno, un atributo de moda.

En los últimos tiempos se han publicado en la prensa muchos artículos que insisten en el método de la “lectura rápida”. Dicen que en las condiciones de “la explosión informativa”, este método tiene una importancia especial: saber leer un libro voluminoso en horas y minutos contados. Pero ¿quién lo necesita? ¿Para qué competir en este sentido con las computadoras que pueden asimilar megabit  de información en plazo muy reducido?

Precisamente en las condiciones de esta “explosión”... ¿no consiste el verdadero problema en que leemos demasiado sin pensar demasiado en lo que hemos leído, en que la abundancia de la información consumida se queda desordenada y desarreglada? ¿Qué es lo que se puede imprimir en la cabeza y en el corazón del hombre después de leer obras tales como Fausto o la Guerra y la Paz por el método de “lectura rápida”?.
“Las revistas y libros de divulgación científica ofrecen, a veces, una mezcla de diferente información que se prepara teniendo en cuenta cualquier gusto, cualquier lector. ¡Cuántos son los torrentes de semejante información que se arrojan sobre el hombre anualmente!

¿Dónde se encuentra la salida? Elaborar un mar de información,  “filtrarlo”, generalizar el material acumulado por la ciencia; escoger de toda la historia del conocimiento científico, la llama viva del pensamiento, convertirla en la energía del intelecto de cada personalidad, encender con su ayuda la antorcha de búsqueda y acelerar la corriente de conocimientos del pasado hacia el futuro. Esta es la gran tarea que se plantea hoy con toda fuerza: hasta ahora la energía intelectual de la humanidad ha sido orientada casi por completo hacia la producción de nuevos conocimientos. En la actualidad crece la necesidad de orientar una parte considerable a arreglar los conocimientos ya acumulados, a hacerlos el medio más útil para el desarrollo del intelecto y las capacidades de la personalidad.

En un plazo histórico relativamente reducido la sociedad cubana llegó a ser una sociedad instruida. Desde luego, es uno de los más considerables logros del socialismo. Aunque, ¿no se encuentra ella ante la necesidad de una transformación  más grandiosa y nunca vista?: hacer toda la sociedad más culta e inteligente.

La palabra intelectualidad o la nueva forma de llamarla, Alfabetización informacional, no debe entenderse aquí como un grupo profesional o social, sino como un determinado nivel cualitativo del desarrollo de la personalidad.

El siglo nuevo no exige contemplaciones, sino acciones. El hombre ha comprendido que necesita conocimientos, conocimientos y más conocimientos. Aunque sus posibilidades sean limitadas, la salvación es la especialización estrecha, el trabajo, el estudio, otra vez el trabajo y otra vez el estudio.

Enviado por su autora





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