..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4,Nro.165, Viernes, 2 de marzo del 2007

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La prensa cubana: algunas reflexiones teórico-conceptuales
Por Jesús Dueñas Becerra*

[…] ¡Tiene tanto el periodista de soldado!”.
José Martí.

Los problemas inherentes al quehacer periodístico en la mayor de las Antillas generaron en mi intelecto y en mi espíritu la necesidad inaplazable de escribir este artículo, cuyo objetivo no es otro que contribuir al enriquecimiento teórico-conceptual de los temas que, en la actualidad, centran la atención y el interés de quienes ejercemos la noble profesión dignificada por Varela, Martí y el Che.

Para José Martí, la prensa “[…] no puede ser, en estos tiempos de creación, mero vehículo de noticias, ni mera sierva de intereses, ni mero desahogo de la exuberante […] imaginación”,   porque el periodismo “[…] no es aprobación bondadosa o ira insultante, que no deja espacio a la libre emisión de […] ideas; es proposición, estudio, examen y consejo”.

El poeta y ensayista Juan Marinello percibe el periodismo como “[…] puente de información y entendimiento”, mientras que la escritora y periodista Mercedes Santos Moray, lo caracteriza como “[…] profesión que ha de conjugar sentimientos, percepciones, emociones e ideas como las nuestras”, porque se sustenta en la justicia y la belleza…, y si se ejerce con amor y maestría nos sensibiliza para apreciar mejor ese sol del mundo moral que iluminó al Apóstol desde la cuna hasta su lamentable deceso en Dos Ríos.

El periodismo es, en síntesis, una disciplina de la comunicación social, fundamentada en una sólida estructura teórico-metodológica, filosófico-ideológica y ético-humanista, y caracterizada, básicamente, por transmitir información íntegra y veraz, con objetividad científica e impecable profesionalidad.

Julio García Luis, decano de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de La Habana, advierte que el profesional de la prensa, “[…] en tanto resumen de su tiempo, es una mujer u hombre con anchísimos horizontes, capaz de tratar los temas más diversos y de utilizar la lengua con belleza, emoción y un propósito siempre elevado”, porque, según el fundador del periódico Patria, “no hay monarca como un periodista honrado”.

Ernesto Vera, figura emblemática de la prensa cubana, refiere que el periodista enaltece su profesión cuando describe “[…] los hechos [con precisión y los narra de] la más bella forma. O sea, la ética y la estética en unidad indisoluble de comunicación […], capaz de elevar [al autor y al lector], de hacerlos mejores [personas] por más cultos”, mientras que el diplomático y periodista Carlos Lechuga opina que el comunicador social “[…] debe […] ser claro y ameno en lo que narra o reflexiona, pero también debe […]” acariciar con su discurso ético-humanista la mente y el alma del otro, para establecer esa relación “mágica” emisor-receptor.

Para el periodista estadounidense Clarence Page, galardonado con el Premio Pulitzer en 1989, el profesional de la prensa, “[…] independientemente de las habilidades para escribir y expresarse, necesita salud de pensamiento [y de espíritu, agregaría yo], para llegar a las esencias, persistir con las preguntas, no darse por vencido, ser leal. Hay que entregarse con […] pasión a lo que uno hace, es como si la profesión fuese nuestra madre”, porque “[…] todo lo que [sientes por ella] lo [expresas] en el texto”.

De acuerdo con esa vigente línea de pensamiento, el ejercicio periodístico, en cualesquiera de sus especialidades y especializaciones, nos exige calzar nuestro trabajo con un ineludible referente ético.

La ética periodística nos obliga a defender las causas justas y los valores universales del humanismo (en particular, los derechos del hombre), y respetar la esencia íntima de la persona, así como el carácter distintivo, el valor y la dignidad de cada cultura. Con apoyo en esa formulación ética, el periodista, además de amar su profesión con todas las fuerzas de su ser y entregarse a su recto ejercicio en cuerpo, mente y alma, debe desempeñar tres funciones básicas: buscar la verdad, que no es otra que el ser humano en su contexto sociocultural; valorar al hombre por lo que es, no por lo que tiene, sabe o sirve; y llevar en el corazón un sueño de justicia y solidaridad, porque, al decir del Maestro, “[…] “sabe mirar a través del alma” y “ […] va en el bando de los que aman y fundan”.

El padre Félix Varela, gigante del periodismo revolucionario hispano-cubano-americano, sintetiza el alcance de dichas funciones en una de sus frases antológicas: “[…] Yo renuncio al placer de ser aplaudido, por las satisfacción de ser útil a la Patria”
Por otra parte, el objetivo fundamental de la prensa es convertir en arte-ciencia el acto humano de comunicarse con el receptor, y cuando el periodista “corre” detrás de la noticia o del “palo” periodístico (genuina expresión de creatividad e iniciativa en nuestra profesión), o busca el lead o la pregunta adecuada en una entrevista, está haciendo uso de la inteligencia emocional, que no es otra cosa que el arte de poner nuestras relaciones afectivas y emocionales en función de la optimización de la relación con el otro o no yo.

Si el artista de la palabra escrita utiliza la inteligencia emocional como recurso efectivo para comunicarse con el receptor, está incursionado consciente o inconscientemente en el campo de la martiana ciencia del espíritu. Por consiguiente, Psicología y Periodismo se interrelacionan entre sí y configuran, en la práctica, una unidad dialéctica.

   
La prensa (plana, radial, televisiva, digital) es el vehículo idóneo de que disponemos para reflejar nuestra realidad política, social, científico-técnica y cultural, y describirla de forma tal, que estimule la inteligencia y alimente el alma del receptor, y en consecuencia, lo invite a crecer… desde todo punto de vista.

Si los periodistas cubanos interiorizamos e incorporamos a nuestro saber-hacer esas coordenadas que pautan el ejercicio de nuestra profesión no habrá poder mediático en el orbe capaz de secar esa fuente inagotable de patriotismo, ética, humanismo y espiritualidad que emana y dimana de la praxis periodística revolucionaria…, por la sencilla razón de que, según el más universal de los cubanos, “[…] a un enemigo no se le puede vencer si no se tienen las mismas cualidades que él tiene, o más”. Dudo mucho que los periodistas “independientes” (o mejor, asalariados del imperio), con el empleo de burdas mentiras o verdades tergiversadas, puedan acallar las voces de los verdaderos representantes de la prensa cubana, dignos herederos del legado intelectual y espiritual dejado por Varela, Martí y el Che.

* Crítico y periodista.





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