..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4,Nro.165, Viernes, 2 de marzo del 2007

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Fidel siempre

Desde lo hondo del recuerdo nos revolotea en la mente una frase leída años ha, donde su autor, presumiblemente el propio Cardenal, manifestaba que cuando Fidel hablaba, hasta sus enemigos callaban para escucharlo…  El mundo continúa atento a su mejoría, esperando su regreso. Y para ello y por ello, nuevos artículos aparecen en Web, que hoy compartimos con ustedes:

Fidel Castro: palabras mayores
Por Ernesto Cardenal

Para quienes hemos conocido a Fidel Castro (y lo queremos y admiramos) es difícil hacer una breve semblanza de él. Porque contrario a lo que pueden pensar los que sólo lo conocen por los periódicos (muchas veces hostiles a él) no es un personaje simple de definir sino sumamente complejo.

Ante todo hay que decir que es una personalidad genial. Pero no es solamente un genio, sino muchos genios. Se le conoció primero como un genio guerrillero. Después se ha revelado ser también un genio como estadista: uno de los más grandes estadistas de su tiempo, destacándose sobre todos ellos por haber gobernado tantos años con gran habilidad, o si se quiere con mucho éxito, enfrentándose al poder más grande del mundo en condiciones tan desiguales.

Hay que agregar además que es un gran genio de la oratoria, yo diría que no sólo es de los más grandes oradores de su tiempo sino de toda la historia. Es asombroso ver cómo cautiva al auditorio, en Cuba y en cualquier otro país, hablando horas y horas, sin tener los discursos escritos como lo hacía Demóstenes, y a veces sin haberlos preparado siquiera, completamente improvisados.

A diferencia de sus rivales los presidentes de Estados Unidos, que al decir de Gore Vidal no pueden escribir sus propios discursos sino tienen alguien que se los escriba, y a veces ni siquiera los pueden leer. Es un genio también en una gran cantidad de conocimientos. Es profundo en temas de agricultura, en temas de medicina, en economía (tal vez el más grande experto mundial en cuanto a la deuda externa), en electrónica, recursos energéticos, y muchas cosas más.

Gabriel García Márquez me ha contado del acierto y profundidad con que ha analizado por la mañana una novela suya que acababa de leer la noche antes. Hace unos pocos años decidió estudiar la Teología de la Liberación, de la que no sabía nada, y algunos teólogos de esta teología me han contado cómo había llegado a ser un experto en ella.
Podría agregar también que es genial en cuanto a la memoria: yo mismo soy testigo de cómo un tema inconcluso del que había conversado conmigo hacía diez años lo retomó cuando me volvió a ver diez años después (siendo tantas las personas que él ve).
También es famosa su facilidad para retener los números y para hacer operaciones matemáticas instantáneas.

Como alguien que lo ha tratado personalmente algunas veces, puedo atestiguar que es una personalidad fascinante: afectuoso, de voz muy suave, cortés, y aun tierno.
Familiariza con cualquiera desde el primer momento. Es ingenioso, ocurrente, y siempre hace reír… Todo esto explica que para el pueblo de Cuba haya sido un personaje indispensable, que haya gobernado por tanto tiempo (no por las armas, pues no gobierna por las armas) y que tenga tan inmensa popularidad. Y también que tenga los enemigos que tiene.

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Y Fidel faltó a su funeral
Por Roberto Montoya, Sodepaz

Fidel Castro reconoció más de una vez que hasta sus más estrechos colaboradores ni saben muchas veces hasta último momento si va a asistir a una cumbre iberoamericana o a tal o cual evento internacional, debido a las estrictas medidas que le impone su equipo de seguridad.

Pero sin duda la cita del Comandante que desde julio pasado provocó más expectativas, en uno y otro sentido, en un caso para que acudiera a ella con urgencia y en otro rogando para que no lo hiciera nunca, era... la de su propio funeral.

Porque desde el mismísimo momento en que Fidel Castro anunció de su puño y letra que debido a una compleja intervención quirúrgica, su responsabilidad de hombre de Estado le obligaba a delegar sus responsabilidades en sus hombres más cercanos y en las instituciones claves sobre las que se apoya el régimen, la gusanera de Miami (no confundir con el resto de cubanos que por una u otra razón ha salido del país), la Administración Bush y el resto de enemigos de la Revolución en el mundo de toda la vida empezaron a descorchar las botellas de champán. De la euforia y las risas pasaron a la sonrisa, luego a morderse las uñas y posteriormente a preocuparse al ver que ni el Comandante se moría ni el pueblo cubano se lanzaba a las calles para festejar a pesar de que no había mayor presencia policial ni ninguna del Ejército en todo el país.

Cuba estaba en calma, la gente comentaba el tema en las calles, pero la normalidad era absoluta.

¿Es que la población es indiferente? Claro que no lo es. Pero sabe también que por más importante que haya sido y sea Fidel para la Revolución, ésta es importante en sí misma, por lo que ha hecho, por las conquistas sociales que ha logrado su pueblo, como ninguno de su entorno, en educación, salud, en soberanía. Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional del Popular, decía en octubre pasado a este periodista que el cambio generacional ya se había producido en Cuba hacía tiempo y que la prueba es que la edad media de los 600 diputados que la componen es de 45 años. Otro tanto sucede en el actual gabinete. Hoy coexisten tres generaciones en el poder, la continuidad y a su vez la regeneración de ideas está asegurada.

¿Que todo el mundo es por eso feliz y se vive de maravilla? Pues claro que no. El propio régimen reconoce que gracias a haber superado el periodo especial, el actual crecimiento económico pese a la persistencia del bloqueo, se empiezan a acometer problemas crónicos muy retrasados como los de vivienda, transporte público y escasez de alimentos entre otros. Y la mano de Raúl también empieza a notarse, a la hora de exigir a los funcionarios menos burocracia y más eficacia del Estado frente a las necesidades cotidianas de los ciudadanos, algo que seguramente agradecerán todos.

http://sodepaz.es/index.php?option=com_content&task=view&id=7&Itemid=3

Tomado de http://www.rebelion.org/noticia.php?id=46995

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Castro, Maquiavelo, Posada y Bush
Por Saul Landau, Progreso Semanal

Gobernantes imperiales y exiliados cubanos violentamente obsesionados necesitan del programa “Ningún Niño Abandonado” de Bush para acelerar los procesos de aprendizaje y no seguir repitiendo los errores. ¡Oigan, en lo que se refiere a la política hacia Cuba, solo han pasado cuarenta y ocho años!

Fidel Castro, por otra parte, aprendió rápido. Usó a Washington y a Miami para improvisar material para tres capítulos de futuras ediciones de El Príncipe, de Maquiavelo, el texto clásico acerca del realismo político.

Capítulo 1: “¿Exportar los enemigos internos a los enemigos externos?”

En 1959 los revolucionarios cubanos tomaron el poder. Inmediatamente Washington dio la bienvenida a los más hostiles oponentes de Cuba. O Fidel exportó al enemigo nativo hacia su enemigo mayor. Los cubanos anticastristas se convirtieron en un serio problema para la sociedad norteamericana –y lo siguen siendo. Una vez que un gobierno se convierte en cómplice del terrorismo, como hizo la CIA con miles de cubanos que odian a Castro, institucionaliza el terrorismo en su propia cultura. Solo en la década de 1960, la CIA envió, financió y equipó a exiliados cubanos para que realizaran miles de intentos de asesinato y misiones de sabotaje y destrucción contra su antiguo país. Algunos de los que realizaron asesinatos y misiones de sabotaje se comprometieron vocacionalmente con tal “trabajo”.

Irónicamente, ahora Bush realiza una guerra contra el terrorismo y ampara a terroristas anticastristas. Luis Posada es prueba del dilema. Cables de la CIA recientemente desclasificados demuestran que Posada notificó a oficiales de la CIA en septiembre de 1976 acerca de sus planes para sabotear un avión cubano a reacción sobre Barbados. Los oficiales de la CIA no se lo impidieron ni notificaron al gobierno cubano. En octubre, sus agentes hicieron estallar la bomba. Setenta y tres pasajeros y tripulantes perecieron.

Agencias norteamericanas trabajaron íntimamente con Posada en actos de terrorismo.

¿Explica esto la renuencia del gobierno a acusarlo de terrorismo –a pesar de la evidencia pública-- o a deportarlo a Venezuela donde sería juzgado? Los abogados del Departamento de Justicia se retuercen las manos por tales “incongruencias”, porque en 1971 el gobierno de EEUU firmó la Convención para la Supresión de Actos Ilegales contra la Seguridad de la Aviación Civil. El Artículo 7 de ese documento dice: “El Estado Firmante en cuyo territorio se encuentre al supuesto culpable, si no lo extradita, sin excepción alguna e independientemente de que el delito haya sido cometido o no en su territorio, debe presentar el caso ante las autoridades competentes con el propósito de procesarlo”.

Orlando Bosch, el coautor con Posada del sabotaje del avión, también escapó de ser procesado. Es más, en 1990, Papito Bush amnistió a Bosch. Reside ahora en Miami. Bosch aún se regodea cuando describe hazañas orgásmicas como disparar una bazuca contra un barco polaco en el puerto de Miami en 1968 o derribar el avión cubano de pasajeros en 1976.

En enero de 1965, Bosch lanzó bombas de fósforo sobre un central azucarero cubano. Él le dijo a la prensa de Miami: “Si tuviéramos los recursos necesarios, Cuba ardería de un extremo a otro”.

El 10 de noviembre de 2002, Bush advirtió a los miembros de la ONU: “Algunos gobiernos aún se hacen de la vista gorda ante los terroristas, con la esperanza de que la amenaza les pase por el lado. Están equivocados. Los aliados del terror son igualmente culpables e igualmente responsables”. Los congresistas por la Florida seguidores de Bush, Lincoln y Mario Diaz Balart e Ileana Ros Lehtinen, consideran a Bush un patriota, no un terrorista.

Sin embargo, los miamenses comprendieron lo que significaba traer a terroristas a su seno: bombas en autos y asesinatos. Estos incluyeron la bomba en el auto de Rolando Masferrer en 1975, una explosión en una oficina de Correos en 1976 y un intento de asesinato con bomba contra Emilio Millán. Cubanos anticastristas realizaron una ola de violencia en las décadas de 1970 y 1980, incluyendo el asesinato del ex canciller chileno Orlando Letelier en Washington y de un diplomático cubano en Nueva York.

En el 2000 Al Gore no resistió las tácticas usadas por los enemigos de Castro. Puede que incluso él guarde resentimientos acerca de los cubanos de la Florida que ayudaron a robar las elecciones del 2000. Un testigo de Miami vio autobuses de personas de la tercera edad en un colegio electoral. Él saludó a su tío abuelo, que mantuvo la ciudadanía cubana. “Es mi deber como ciudadano cubano votar por George Bush”, declaró el anciano.

Funcionarios que hacían el recuento de votos informaron que cubano-americanos entraban a las salas de conteo enseñando la pistola bajo la chaqueta y ordenando: “Dejen de contar”.

Sin embargo, para Castro la ausencia de tales personas en Cuba hizo posible la rápida consolidación del poder revolucionario. Los líderes norteamericanos, que no han aprendido la lección de más de 48 años importando la oposición, continúan alentando que botes llenos de cubanos desembarquen en territorio de EEUU. Gracias a la Ley de Ajuste Cubano de 1966, ellos pueden adoptar el status de refugiados y un rápido acceso a la tarjeta verde.

¿Han pensado los que toman las decisiones en aplicar ese status a los chinos, indios o mexicanos? Bush y los que desprecian a Castro en la Florida parecen tener una obsesión solo con Fidel, un trastorno mental que hace imposible pensar con claridad.

Capítulo 2: “Cómo obsecionar a los propios enemigos”

La obsesión bloquea el aprendizaje y la claridad de pensamiento. Después de 48 años de violencia inútil y hostilidad lingüística desenfrenada, Orlando Bosch continúa conspirando. En diciembre de 2001, entre la visita al gerontólogo y al proctólogo, Bosch, de 81 años, alardeó de haber mandado explosivos a Cuba ese mismo mes.

A finales de enero de 2007, los “fans” de Posada se reunieron para apoyar al envejecido coautor del sabotaje al avión. “Pero no solo se reunieron”, informó un editorial del 30 de enero en el Sun-Sentinel del Sur de la Florida. “También atacaron a dos contra-manifestantes al perseguir a los jóvenes hasta su auto mientras los golpeaban, pateaban y escupían. Es esta la razón por la que los exiliados se marcharon de la Cuba de Fidel Castro: para abrazar la libertad y el derecho inalienable a cosas tales como libertad de palabra. A no ser que la palabra esté en desacuerdo con la de ellos”.

El editorial terminaba diciendo que activistas como esos “le dan mala fama a Miami”. Las autoridades norteamericanas arrestaron a Posada hace dos años después de que celebrara una conferencia de prensa para anunciar su presencia. Acusado de sospecha de haber entrado ilegalmente al país, ahora se enfrenta a acusaciones de fraude de naturalización y seis cargos de mentir a funcionarios de EEUU. Irónicamente, como observó el Sun Sentinel, “Decenas de personas murieron en el sabotaje que se sospecha que Posada preparó. El gobierno de EEUU tiene claras evidencias que relacionan a Posada con el sabotaje. Eso solo debiera servir para mantenerlo bajo custodia, incluso aunque no se le acusara de los delitos inmigratorios”. Pero, preguntó el editorial, “El gobierno ha demostrado una tendencia a ceder bajo la presión política de la comunidad de exiliados cubanos, pero ¿por qué hacerlo?

La respuesta, incluso como han comprendido los obsesivos Posada y Bosch, estriba en la historia de complicidad del gobierno con el terrorismo. Antonio Veciana dio dos ejemplos de esa cooperación. En 1971 Posada se unió a Veciana, fundador de Alpha 66, para asesinar a Castro en Chile, adonde iba a ir de visita el líder cubano. Los morbosos de los laboratorios de la CIA inventaron un arma que cabía dentro de una cámara de 16 mm que los asesinos, haciéndose pasar como periodistas, usarían para dispararle a Castro en su conferencia de prensa en Santiago de Chile. Así que, rió Veciana, la CIA hizo posible un plan terrorista. Los asesinos-camarógrafos a sueldo se acobardaron. Así que Posada contrató a otras personas para dispararle a Castro en Caracas, a su regreso a Cuba.

Esto también fracasó. Cinco años después, Posada destruyó el avión cubano de pasajeros. “Escapó” de una prisión venezolana –sus amigos de Miami sobornaron a los carceleros—y a mediados de la década de 1980 se unió al Tte. Cnel. Oliver North para reabastecer a los Contras. En la década del 90, Posada fue el autor intelectual de sabotajes contra la industria turística cubana, y como resultado murió un turista italiano y varios hoteles sufrieron grandes daños. Documentos desclasificados muestran que tuvo ayuda y financiamiento de sus compinches de Miami. Brigadas norteamericanas de antiterrorismo lo sabían.

Antiguos y actuales funcionarios norteamericanos se han manchado por su complicidad con los planes de Posada y de Bosch. No es de extrañar que el gobierno se niegue a procesarlos, además de la deuda que la familia Bush tiene por las elecciones de la Florida.

Capítulo 3: “Lograr que los enemigos financien la economía

Castro se ha salvado de más de 650 intentos de asesinato. Su venganza emergió después del colapso de la Unión Soviética. A medida que la economía de Cuba caía en espiral en 1991, Castro logró que los obsesivos exiliados mantuvieran su tesorería. Para mediados de 1996, el Banco Central de Cuba estaba ingresando mil millones de dólares en remesas anuales provenientes de EEUU. Hasta el rabiosamente anticastrista conductor de un programa de radio, Armando Pérez Roura, pagó, no fuera que su familia “muriera de hambre”. ¡Como si fuera cierto!

En el 2005, los burócratas de la Tesorería de EEUU, igualmente obsedidos con “castigar a Castro”, amenazaron a los bancos extranjeros que manejaban cuentas cubanas en dólares. Así que el gobierno cubano anunció que los cubanos tenían que cambiar sus dólares por pesos convertibles cubanos o sufrir multas monetarias. A las pocas semanas, el Banco Central de Cuba acumulaba mil millones de dólares: ¡un préstamo gratuito!

Mientras se recuperaba de su operación quirúrgica del año pasado, Castro debe haber reído por la manera en que los violentos desechos que Bush había adquirido se habían vuelto embarazosos. En Google aparece la declaración de Bush el 26 de agosto de 2003 en St. Louis Missouri: “… si alguien da refugio a un terrorista, si alguien apoya a un terrorista, si alguien alimenta a un terrorista, es tan culpable como los terroristas”.

¡Seguro qué sí! En el 2001, el Departamento de Justicia de Bush procesó a cinco cubanos que se habían infiltrado en grupos terroristas de la Florida para evitar el terrorismo. Intimidados –por los terroristas--, los miembros del jurado de Miami los condenaron…

Irónicamente, en Google no aparece ninguna referencia de que Bush se haya excluido a él o a miembros de su gobierno en su advertencia. Pero la consistencia, como Bush ha dicho, es una virtud de las mentes pequeñas. Se olvidó decir que la inconsistencia es la virtud de los sin mente.

El nuevo libro de Landau, Un mundo de Bush y de Botox, será publicado en febrero por Counterpunch Press. Su nuevo filme, Aquí no jugamos golf, está disponible en DVD en roundworldmedia@gmail.com

Fuente en inglés: http://www.progresoweekly.com/index.php?progreso=Landau&otherweek=1171864800

Tomado de http://www.rebelion.org/noticia.php?id=46996

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Yo y Fidel
Por Ron Ridenour, Rebelión
Traducido para Rebelión por Germán Leyens

1 al 8 de enero de 1959. Los revolucionarios cubanos dirigidos por Fidel Castro, Che Guevara y Camilo Cienfuegos liberan una ciudad tras otra. Fidel llega triunfante a lo que era la ciudad de la mafia: La Habana.

Yo era un aviador frustrado en la Fuerza Aérea de USA, estacionado en una base de radar en las afueras de Oklahoma City. Odio a los militares.

Cuando la Unión Soviética intervino en Hungría, cursaba mi último año de universidad. Quería seguir los pasos de mi padre y combatir a los comunistas. Mi padre había dejado su trabajo en una fábrica a fin de unirse a la Fuerza Aérea, para defender a su país después que los fascistas japoneses bombardearon Pearl Harbor.

Después del fin de la guerra, continuó su carrera como soldado imperialista.

Lo vi por última vez en la base militar de USA en Wiesbaden, Alemania donde estaba estacionado en 1968. Se “divorció” de su calidad de padre.

La Revolución Cubana me había inspirado para sumarme a las fuerzas contra los imperialistas y luchar por el derecho del pueblo a vivir en cualquier parte del mundo. La primera manifestación en la que participé fue el 19 de abril de 1961, en protesta por la invasión de Playa Girón apoyada por USA.

  1. Ese día de acción inicial me acercó a Fidel Castro: el primero de cuatro “encuentros.” Él, como Che, es el soñador del pueblo, y es también el práctico, el que guía el sueño hacia la práctica, haciéndolo funcionar hasta nuestros días para once millones de cubanos a pesar de asperezas y errores inevitables.
  1. 12 de octubre de 1987. El comandante Fidel colocó su autógrafo en mi primer libro publicado: “Sandinistas yanquis”. Lo había visto de lejos después de un maravilloso discurso hecho en Matanzas, Cuba, en el 20 aniversario de la conmemoración del asesinato de Che en Bolivia, el 9 de octubre de 1967 – un asesinato ordenado por la CIA, el servicio de inteligencia apoyado por mi padre.

Yo había ido a Cuba por primera vez. Fue una parada en mi misión para apoyar a la guerrilla del FMLN en El Salvador. Pasé dos meses en Cuba, y estaba feliz de ver todo lo que habían logrado en el camino al socialismo, basados en puro coraje y en una moral revolucionaria nutrida por el idealismo de Che y de Fidel, y de tantos otros dirigentes y trabajadores, soldados y gente de la seguridad. Cientos de intentos de asesinar a Fidel por fuerzas terroristas, monstruosos militares y presidentes en mi patria, habían sido y son impedidos por esos hombres y mujeres dedicados.

El Ministerio de Cultura me invitó a vivir y trabajar en Cuba, primero como consultor y escritor para la Editorial José Martí y luego como periodista-traductor para Prensa Latina. Viví allí durante ocho años en las mismas condiciones que los cubanos. Durante ese tiempo no tuve una sola ocasión de hablar con Fidel, pero asistí a conferencias de prensa en las que estaba presente.

A medida que acumulaba experiencias y conocimientos sobre el funcionamiento de la sociedad, vi muchas asperezas y problemillas. Me molestaban personalmente las reuniones a las que los trabajadores podíamos asistir como parte de nuestro trabajo, nuestras organizaciones de manzanas, o, para otros, el Partido Comunista y otras organizaciones de masas. La mayoría de la gente quería que dejara de hablar y de hacer preguntas, porque se querían ir a casa.

Comencé a comprender que la mayoría de los cubanos no pensaban que podían hacer un impacto significativo en la toma de decisiones, ni en su trabajo, ni en lo político. Y yo me sentía demasiado limitado en mi propio trabajo. No podía escribir sobre el verdadero estado de la economía o cuestionar políticas decididas desde arriba. Eran áreas tabú. Sentí que un sentimiento de desilusión se apoderaba de mí.

Quería hablar al respecto con Fidel. Era un hombre ocupado. No respondió a mi solicitud de una entrevista. Había tantos y quién era yo para ocupar su tiempo. Así que hablé con Fidel en mis sueños. A menudo estaba enojado con él pero siempre lo quise y lo admiré. Descubrí lo que la mayoría de los cubanos siente por El Comandante, El Presidente, El Secretario General, El Jefe del Consejo de Estado, El Hombre, El Caballo.

  1. En mis sueños con Fidel, me veía a menudo en medio de una pesadilla asesina: Estoy en una multitud, parado cerca de donde habla Fidel. Mis ojos inquietos ven un intento de asesinato contra la vida de nuestro líder. Me lanzo sobre él y recibo la bala. Me despierto, pero no transpiro como me pasa cuando tengo una pesadilla sobre la pérdida de mis propios hijos, que me rehuyen por anti-USamericano.

Esta pesadilla me persiguió a Dinamarca, en 1996, donde todavía vivo. Volví a fines de 2005 para una reunión de tres meses con “el último bastión del socialismo” y “con” Fidel.

Sigue tan perspicaz como siempre y aún más tranquilo. Gran parte de lo que se propuso en su lucha tiene éxito. Y ahora tiene, por lo menos, a dos fuertes, valerosos y honestos líderes latinoamericanos a su lado, al lado del sueño bolivariano de la unidad latinoamericana. Estas semillas pueden germinar hasta una transformación socialista regional que podría asegurar la independencia y el crecimiento de Cuba y de muchos otros países.

Durante mi retorno, visité a muchas personas que había conocido y conocí a otras nuevas. Hice trabajo voluntario en “mi” antigua granja cooperativa, miré las noticias y los foros, leí numerosos artículos y libros.

Enrique Oltuski, viceministro de la Industria Pesquera y autor de “Pescando Recuerdos” explicó con precisión lo que pasa con Fidel y el pueblo. Cito lo que escribió sobre Fidel:

"Cuando cae la noche, entonces se le siente latir junto a la tribuna. Se le oye agitarse como el mar cuando choca contra las rocas. O murmurar en éxtasis, como el ruido de las olas sobre la arena. Depende de lo que esté diciendo Fidel.

"Porque esta cosa mágica sucede tan solo cuando habla Fidel. Cuando ya han caído las sombras y la gente no se ve bien, pero se sienten unos a los otros. Entonces sobran los ojos. Basta escuchar y sentir como se van fundiendo el pueblo y Fidel. Entonces ya no hay multitud y orador; sino un pueblo que habla por la boca de un hombre. Fidel es la voz y el pueblo su cuerpo. Porque después de todo Fidel representa hoy a la Patria."

¡Y llegó el día!

  1. Como corresponsal del periódico inglés Morning Star me invitaron a recibir al recién elegido presidente de Bolivia, el modesto luchador indígena Evo Morales, Un grupo de periodistas extranjeros y nacionales estaba en la pista de aterrizaje junto con cientos de estudiantes bolivianos que estudian medicina en Cuba. Pronto aterrizó el avión de Evo. Los periodistas estábamos tensos, sin saber si nos permitirían formular nuestras urgentes preguntas.

Yo había preparado una pregunta para la nueva esperanza de Bolivia: ¿Cómo se propone enfrentar y ganar el inevitable conflicto entre su programa humanitario y el de los especuladores de las corporaciones transnacionales?

Lo que ocurrió a continuación me tomó por sorpresa. El Hombre llegó y rápidamente estrechó las manos del entusiasta joven boliviano. Yo estaba de pie al lado del último boliviano. Repentinamente Fidel se detuvo frente a mí. Su gran mano derecha se extendió ligeramente, moviéndose todavía en un ritmo automático.

Mi mano se alzó entusiasta para tomar la suya. Luego cuatro Rons hablaron al unísono:

- El Ron revolucionario: Oh, quiero estrechar su mano, abrazarlo, decirle todo lo que significa para mí, para nosotros.
- El Ron periodista: Ahora tienes que hacerle una buena pregunta. Está aquí, esperándote.
- El ego de Ron: Dile cuál es tu objetivo en Cuba. Quieres que se te publique un libro para que los cubanos puedan leerte, para que puedas ser alguien en este país de tu corazón.
- El Ron de corazón cubano: No debes tocar la mano de El Comandante. Recuerda que supuestos periodistas trataron de matarlo en Chile en 1971 con una pistola oculta dentro de una cámara de televisión. Los guardias de Fidel pensarán que soy un asesino en potencia.

El último Ron detuvo mi mano. El periodista Ron, confundido, no pudo pensar bastante rápido para dominar a los otros Rons y le hizo a Fidel la pregunta para Evo: "¿Cómo piensas que Morales puede vencer en la inevitable contradicción con las transnacionales en Bolivia?

Fidel, realista como siempre, respondió: “Tiene que preguntarle a Evo Morales”. Qué estúpido soy, pensé, y el Presidente se fue caminando.

Más tarde, conté esta historia a dos periodistas cubanos. Dijeron que yo debiera haber atraído su atención diciéndole que yo fui el que quemó su pasaporte yanqui y renunció a su ciudadanía frente a la Sección de Intereses de USA en La Habana, en enero de 1991, para protestar contra su guerra en Iraq.

El día siguiente, le conté esta historia a Antonio García Urquiolla. Era un capitán de barco con el que había navegado y agente doble infiltrado dentro de la CIA, sobre el que había escrito en “Backfire: The CIA’s Biggest Burn”. La CIA había querido que ayudara a asesinar a Fidel.

Su respuesta fue: “¡Ron ganó la batalla de los Rons!”

Ron Ridenour es miembro de Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=46916





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