..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4,Nro.165, Viernes, 2 de marzo del 2007

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Entrevista a Ambrosio Fornet
Por Rosa C. Báez

Para nosotros, bibliotecarios “de ley”, Ambrosio Fornet será siempre, y sobre todo, el autor de “El libro en Cuba”, y no por desmerecer o desconocer el resto de tu obra literaria, si no porque este libro, en específico, ha resultado hito y paradigma para los que ejercemos esta noble tarea:

Ambrosio: recientemente resultó tu nombre de obligada referencia, debido a la Conferencia que dictaras en Casa de las Américas, reproducida en este boletín [y que, recordamos, formara parte del ciclo "La política cultural del período revolucionario: Memoria y reflexión", organizado por el Centro Teórico-Cultural Criterios]. Esto dio carácter de exclusividad a la misma y fue reflejada en muchos medios como un hito o un rompimiento en lo concerniente al tratamiento “abierto” sobre el tema de la literatura durante el quinquenio gris o, de alguna forma también, sobre la intencionalidad del tratamiento en Cuba a las figuras de la intelectualidad en la diáspora. Sin embargo, en una rápida búsqueda en el multiusado Google encontramos esta nota, probatoria de tu interés en estos estudios desde hace muchos años:

“Desde 1993 Ambrosio Fornet viene editando en La Gaceta de Cuba -uno de los órganos literarios de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC)- algunos dossiers destinados a dar a conocer en el país la literatura cubana del exilio y la emigración. A lo largo de cinco años estas entregas han incluido diversos enfoques así como algunas de las obras representativas de ensayistas, cuentistas, poetas y novelistas hasta ahora desconocidos en la Isla. Estos dossiers han tenido una función muy importante dentro de la cultura cubana de la última década. Han hecho posible recobrar ciertos fragmentos de nuestra memoria colectiva.

I. Para una reflexión colectiva, sep.-oct., 1993, pp. 18-35.

II. (Otros) cuentos cubanos, mar.-abr.,1994, pp. 32-40.

III. El discurso de la nostalgia, jul.-ago, 1995, pp. 32-51.

IV. El (otro) discurso de la Identidad, sep.-oct., 1996, pp.16-26.

V. Erotismo y humor en la novela cubana de la diáspora, jul.-ago., 1998, pp.32-51.

Luego, en el año 1998, todos los materiales publicados en La Gaceta de Cuba se editaron en el libro Memorias recobradas. Introducción al discurso literario de la diáspora.

  • ¿Qué puede decirnos Ambrosio Fornet sobre esta Conferencia y sobre su estudio continuado sobre estos temas que mencionáramos?

Sobre la conferencia –que ha circulado ampliamente por vías electrónicas y que será publicada en la revista “Casa de las Américas”—puedo decirte dos cosas: que vino a llenar un vacío de información y que ha renovado el interés por el análisis crítico de nuestra política cultural. Después de la primera sesión de debates sostenida el 30 de enero en la Casa de las Américas, hubo otra, también multitudinaria, llevada a cabo el 23 de febrero en el Instituto Superior de Arte (ISA), y allí se puso de manifiesto el deseo de participación de los jóvenes y su capacidad para detectar  nuestras deficiencias, sobre todo las que se relacionan con la actividad de los medios de comunicación masiva. El nivel cultural del público joven ha subido y es lógico que se exija más de los medios, que no siempre están a la altura de las nuevas exigencias.

  • Recientemente concluyó la primera etapa de la XVI Feria Internacional del Libro. ¿Qué ganancias obtuvo Ambrosio Fornet de este nuevo encuentro con el libro y los autores?

Las ganancias fueron considerables. Además de entrar en contacto con las novedades y descubrir algunas que a lo mejor se me hubieran escapado de no ser por la Feria, me complació la forma en que se desarrollaron los homenajes a César López y Eduardo Torres Cuevas, así como a los nuevos premios nacionales (Leonardo Acosta de Literatura y Desiderio Navarro y Juan Valdés de Edición), todos centrados en sus méritos respectivos…

La Feria, dedicada este año a la Argentina, me dio además la posibilidad de saludar personalmente y de escuchar, en sus intervenciones, a autores admirados y queridos, como David Viñas, Noé Jitrik, Tununa Mercado y Lilia Ferreira, esta última la viuda de Rodolfo Walsh, que tantos lectores tiene en nuestro país. Además, mi esposa y yo pudimos llevarles a nuestros dos nietos sendos cuadernos de Mafalda dedicados (y dibujados) por el mismísimo Quino, a quien ellos admiran tanto como sus abuelos y sus padres desde que aprendieron a leer muñequitos. Fue también una grata experiencia presenciar las entrevistas de Magda Resik a Viñas, a Gianni Vattimo y a Elena Poniatowska, así como el espectacular performance de Jesusa Rodríguez, y asistir a la inauguración de la exposición de fotos de Javier Narváez, el joven mexicano que nos ha unido a tantos de sus amigos en una magnífica galería fotográfica.

Tuve, además, la satisfacción de presentar la antología de cuentos de Roberto G. Fernández *Entre dos aguas* –el autor, lamentablemente, no pudo venir, para darle la cara a sus numerosos admiradores de la Isla-- y de presentar mi propio libro “Carpentier o la ética de la escritura”, publicado por Ediciones Unión. Todavía debo añadir el placer de asistir a la presentación de dos libros de mi hijo Jorge: “Los nuevos paradigmas” --que el año pasado obtuvo el premio de ensayo Alejo Carpentier—y “¿Para qué sirven los jarrones del Palacio de Invierno?”, publicado por la Editorial Oriente. Sé que me perdí unas cuantas cosas pero, como ves, las que pude disfrutar –y los libros que pude conseguir-- bastaron para justificar el esfuerzo de llegar hasta allá, hasta las populosas callejuelas de La Cabaña.

  • Aunque hemos leído tus opiniones al respecto, nos gustaría comentaras a nuestros lectores la diferencia entre el mundo editorial para los autores cubanos, antes y después de 1959, según tu percepción como Editor.

Es una diferencia tan radical que podría resumirse en dos palabras diciendo que para los autores cubanos no existía un “mundo editorial” antes del 59. Si uno quería publicar un libro tenía que costear la edición, y si quería venderlo tenía que rogarle a algún librero que le aceptara dos o tres ejemplares en depósito, o como decíamos entonces, en “consignación”. De hecho, tratar de vender un libro en lugar de regalarlo se consideraba algo ofensivo. En una situación como esa, ¿cómo hablar sin sarcasmo de “mundo editorial”?

  • Hemos leído que preparas una segunda parte de “El libro en Cuba”, ¿podrías comentarnos cuándo podremos contar con tan sugerente propuesta?

“El libro en Cuba” abarca únicamente lo que me permití llamar, tomándome una atrevida licencia, el “movimiento editorial cubano” de los siglos XVIII y XIX. Demoró mucho tiempo en publicarse, de manera que su aparición en 1994 me cogió cansado. No llegué a entrar en el siglo XX. Pero hace un tiempo el Centro Juan Marinello programó un ciclo de conferencias sobre el tema de los proyectos culturales del siglo XX y me pidió que me encargara de los proyectos editoriales. Elaboré entonces un texto que fue publicado en la “Revista Bimestre Cubana” y que abarcaba muy someramente la etapa de la república burguesa, es decir, el período 1902-1958.

El gran editor de esa etapa fue sin duda Fernando Ortiz, que desde los años veinte acometió los más ambiciosos proyectos editoriales que se emprendieron en la Cuba prerrevolucionaria: la Colección de Libros Cubanos y la Colección Cubana de Libros y Documentos Inéditos o Raros. Poco después inició el español Jesús Montero su Biblioteca de Historia, Filosofía y Sociología (donde el propio Ortiz publicó en 1940 su “Contrapunteo…”) y Emeterio Santovenia la publicación de las obras completas de Martí y otros textos incluidos en los volúmenes de la Editorial Trópico. Como colecciones más al alcance del público cabría mencionar los Cuadernos de la Dirección de Cultura, los de la Oficina del Historiador de La Habana, la colección de Grandes Periodistas Cubanos, proyectos todos en los que estuvieron involucrados José María Chacón, Emilio Roig, Aureliano Sánchez Arango y Raúl Roa, por ejemplo… Después vinieron los movimientos editoriales universitarios (el de La Habana, con Agramonte y Entralgo a la cabeza, y el de Las Villas, con Samuel Feijóo), y otros particulares,  como el del grupo Orígenes… Se trata, en fin, de un panorama que tengo bastante estructurado, como fenómeno bibliográfico, pero no suficientemente investigado como fenómeno editorial, de manera que si no logro sacar tiempo de otras actividades para volver a sepultarme en bibliotecas y archivos, el segundo tomo de “El libro en Cuba” va a tener que seguir esperando (por mí o por los que vengan detrás).

Haré lo posible por no aplazarlo demasiado.

Espero nos disculpes por esta invasión de tu ocupado tiempo, y te invitamos a continuar como lector de este boletín y si fuera dable, como colaborador habitual de nuestros espacios, muchas gracias, Ambrosio.





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