..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4,Nro.165, Viernes, 2 de marzo del 2007

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Lourdes González Herrero: Escritora Holguinera
“No le puedo reprochar nada a la persona que fui”
Por Leandro Estupiñán 

Habría querido conocerla antes. ¿Cómo era Lourdes González Herrero veinte años atrás? “De temer”, me comentó Antón Arrufat. Y, mirándola  a ella, fantaseo: Esas señoras, tan medidas, que caminan por la ciudad de Holguín - no importa a dónde - la miran pasar y Lourdes, abstraída, las ve desde su umbral como quien mira a un objeto de este mundo, que habita desde 1952. Pienso que piensa tifones de hojas sueltas, prendas íntimas, uñas, flores, vasos con alcohol, libros – su aliento huele a alcohol –. Puede que suelte una mala palabra y las señoras se aparten, abandonen la acera, murmuren bajito: “¡qué poetas!”:

  • ¿Le reprochas algo a esa mujer que fuiste?

“No le puedo reprochar nada porque sin ella yo no sería nadie en cuanto al análisis humano. Ni siquiera me habría aproximado a la Literatura, creo.”

  • Pero su vida debió trasformarse, calmarse, sedarse. Viéndola andar por estas calles uno cree que se trata de una persona más; sin embargo, quien conoce algo de ambientes literarios sabe que su nombre quiere decir un poco más. La he visto batirse en duelo verbal lleno de ironías y sarcasmos con otros escritores. ¿Te consideras una mala persona?

“Ni buena tampoco. Hago lo que puedo. Tengo buenos amigos y muy malos enemigos. No tengo mucho tiempo para pensar en los demás, realmente. Buena buena no debo ser, ni mala mala tampoco. Debo estar en una medianía.”

No la imagino despachando comidas en ese Paladar que tuvo, o dibujando planos en la EMPAI 13. En verdad, yo sólo la puedo pensar en contradicción con ella misma, relajada entre bocanadas de humo mientras mira al techo de su habitación, abstraída en su intimidad junto a la madre y el hijo, dos personas tan importantes para ella que le han hecho afirmar: “No me imagino la vida sin ellos. Son definitorios”.

  • Recientemente obtuvo Mención en el premio Casa de las Américas, noticia que ha pasado poco por nuestros medios. El mérito – además de pertenecerle a ella – es de la novela El amanuense. ¿Novela donde de manera biográfica reflexionas sobre la escritura? O, más o menos, ¿qué cuenta esta historia?

“Es una historia independiente de mí. Todas las experiencias parten de uno, el personaje se nutre de uno como los bebés en la placenta. La sangre del  personaje de la novela es mía, pero el amanuense es el amanuense. Es un hombre que tiene cuarenta y pico de años y no ha podido entrarle a la realidad de otra manera que a través de las palabras. No conoce otra relación con el mundo, ni creo que en el fondo le interese mucho. Está atrapado en las palabras”.

  • ¿Otras veces habías participado en el Casa?

“Nunca había participado. Acuérdate que yo recién he comenzado a hacer narrativa. El Casa de las Américas es el único premio internacional que tiene Cuba. Es la posibilidad de que te lean con otra mirada, una mirada desde México, Argentina. Es muy importante, ganes o no”.

  • Lourdes González también obtuvo el Premio Oriente con la novela Las edades transparentes, de próxima presentación. Una novela con la suerte de poseer la excelente edición de dicha casa editora, y que trae a su autora algo entusiasmada con el futuro de esta historia. Los últimos años los ha dedicado a la narrativa, no sin éxito. ¿Qué necesidades espirituales, o materiales, te han hecho enrumbar tu obra hacia la prosa poética?

“Fue un proceso largo en el que empecé siendo inconsciente y acabé consciente. Escribí Papeles de un naufragio, un libro al límite de mis posibilidades humanas, con una cantidad de conflictos que, de no escribirlos, no me habría podido salvar.

Tuve un muy mal año 96. Muy mal año 97. A finales del 96 escribo Papeles de un naufragio como una manera de salvarme, pero en ningún momento pensé en lo que hacía. Al contrario, creí que era un libro raro, extraño. Tanto me acomplejé que lo mandé al Premio de la Ciudad. Más allá no podía ser, por su rareza. Cuando las personas de cuyo criterio confío fueron exponiéndome lo que creían del libro, comencé a pensar en la narrativa”.

“Después escribí María Toda, para mí una descarga lírica. Era una deuda que tenía conmigo misma porque tuve la posibilidad de vivir dos vidas completamente diferentes. Una vida que la gente llamaría libertina, aunque yo le llamo intensa. Una intensidad que duró más allá de los 40 y que quería mostrar en la Literatura, por eso escribí María Toda”.

  • ¿Escribir prosa poética es andar sobre una cuerda floja?

“No, es solo usar lo mejor de las dos cosas. La aridez de la narrativa con la solidez de la poesía. He logrado hacerme de un estilo poético a partir de la amplitud de la prosa, más que del poema columnar”.

  • ¿Y, según tu punto de vista de lectora, qué debe tener una novela para ser buena?

“Debe tener una buena historia y debe poseer elementos de los libros no buenos. Un poquito de suspenso no viene mal, o un poquito de sentido del humor. Esa mezcla de situaciones utilizadas también en la Literatura no buena, en los bestseller, de cierta forma la agradecen los lectores”.

  • En Maria Toda, la protagonista empieza  a escribir en Santiago de Cuba en el 72, ¿empiezas a escribir ese mismo año?

“María Toda tiene mucho que ver con mi vida. Me llamo Lourdes María, de ahí el nombre.
Le debo mucho a Santiago. Le debo mi iniciación sexual verdadera. A veces uno tiene iniciaciones sexuales no definitivas, hasta que aparece alguien y dices ahora sí. Tuve un gran amor con un actor santiaguero, quizá la relación más placentera de todas. La atmósfera de Santiago de Cuba me llevó a afirmar que podía escribir. Le debo el haber empezado escribir poesía y mantenerme escribiendo poesía durante un año. Después renuncié a escribir por 13 años. Hay gente que asegura que yo empecé a escribir antes, pero no tengo conciencia de eso. Cuando uno vive una vida muy intensa hay cosas que van borrándose, o se van trasladando del lugar en la memoria. Yo tuve ese problema en María Toda. Pasé bastante trabajo para ubicar las experiencias”.

  • ¿El olvido es el precio que se paga por vivir intensamente?

“Sí. No hay mente que pueda aguantar eso. A lo mejor ni te imaginas lo intensamente que era mi vida”.

Lourdes Gonzáles dirige desde 1998 Ediciones Holguín, una editorial que poco a poco ha ido evolucionando hasta tomar su sello propio. Es un proyecto que parece agradarle: “Me he visto muy comprometida con este proyecto. No me pagan por dirigir nada. Soy especialista principal en la plantilla. No lo hago por dinero.

Tampoco por poder, porque las editoriales no son privadas. De modo que sólo podría hacerlo porque  me veo muy comprometida con lo que hago. Somos como una pequeña familia y encuentro que el proyecto funciona. Creo que estaré aquí hasta que me jubile.  Hasta ahora me siento bien en el trabajo”.

  • En los últimos tiempos has tenido éxito en los concursos literarios convocados a nivel nacional, ¿todavía no te animas a abandonar Holguín?

“¿Eso mismo me pregunto yo: ¿por qué no me voy?”

  • ¿Esta es una buena ciudad para vivir?

“Es una ciudad que conozco. Sé donde está la casa del chismoso, la del Albino, la del Vanguardia Nacional. Me conozco muy bien la ciudad y sus habitantes. No creo que sin trasladarse para La Habana mejore tu Literatura. Sólo permite que se acuerden de ti más fácilmente, o que les dé más pena no publicarte.  He tenido bastante suerte manteniéndome aquí”.

http://www.ahora.cu/modules.php?name=News&file=article&sid=1851





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