..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4,Nro.166, Viernes, 9 de marzo del 2007

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El verdadero peligro
Por Jorge Gómez Barata

Muchos no recuerdan que la carrera de armamentos fue el principal componente de la Guerra Fría, un elemento que sofocó a la Unión Soviética, perjudicó su economía y contribuyó al colapso. Exactamente lo contrario le ocurrió a los Estados Unidos, que hizo de la producción y venta de armas una lucrativa rama económica.

Aunque en ambos bandos las necesidades y urgencias militares, contribuyeron a promover las investigaciones científicas en ramas tan decisivas como: atómica, aéreo-espacial, electrónica, informática, metalúrgica, comunicaciones, química y otras, únicamente los países capitalistas pudieron aprovechar esos procesos y obtener ventajas, no sólo militares sino también económicas y comerciales.

Las armas y los sistemas de armas, son los artículos industriales más costosos que existen, entre otras cosas, porque no satisfacen necesidades humanas ni contribuyen a crear riquezas, además de que la escala de la producción suele ser limitada. Producir armas es un mal negocio, excepto cuando se encuentra a quienes venderlas.

Durante décadas la esfera militar consumió las partidas más importantes de los presupuestos asignados a I+D (investigación y desarrollo), que inevitablemente se incorporan a los costos de producción, que se reducen en la medida en que aumentan las ventas o los resultados tecnológicos obtenidos se transfieren lucrativamente a otras ramas de la economía.

El hecho de que en Estados Unidos la producción de armamentos se  realice por la empresa privada, permite dar a los ingenios mortíferos el mismo status que a cualquier otra mercancía y, aprovechando el dinamismo que aporta el mercado, trasladar los conocimientos, materiales, aparatos, ingenios y sistemas a la economía civil donde, por su carácter avanzado, encuentran aplicaciones rentables. De ese modo, se reducen los costos y maximilizan los beneficios.

A lo anterior se suma que por razones políticas e ideológicas, incluso utilizando presiones y prohibiciones, Estados Unidos y otros países occidentales, monopolizaron el comercio mundial de armas y materiales militares, excluyendo totalmente a la Unión Soviética y otros países del socialismo real. En ese, como en otros casos, la ideología anticomunista funcionó como una formidable barrera proteccionista.

 En las condiciones de la economía estatal imperantes en la Unión Soviética y con la rigidez que allí implicó la planificación y dirección centralizada de la economía, especialmente la producción de armas y otros materiales de uso militar y el bloqueo occidental, fue prácticamente imposible aprovechar las oportunidades que técnicamente podía ofrecer la venta de armas.

A la filosofía internacionalista proclamada por el sistema soviético y su respaldo al movimiento anticolonialista y de liberación nacional, se sumó la naturaleza de algunas de sus alianzas políticas que conllevaron el suministro gratis y masivo de las armas, incluyendo avanzados y costosos sistemas. Mientras en la economía norteamericana las inversiones en la producción de armamentos se amortizaban por los efectos de la producción, las transferencias tecnológicas  y el comercio; para la Unión Soviética todo era gasto. Mientras uno se benefició, la otra se arruinó.

En el actual momento de las relaciones internacionales, Estados Unidos que libra varias guerras y prepara otras, reajusta las dimensiones de la OTAN sumando a ex países socialistas, instala nuevas bases militares y renueva los planes de Guerra de las Galaxias, ha desatado una nueva espiral en la carrera de armamentos que, inevitablemente es respondida por Rusia y China.

A los riesgos de seguridad que implica el enrarecimiento del clima político internacional, motivado por la proliferación de armas y sistemas militares de todo tipo y a la desconfianza que introducen los aprestos agresivos, se suman los devastadores fenómenos económicos negativos que genera la carrera armamentista de la que, con el fin de la Guerra Fría, la humanidad parecía estar de regreso.

El único peligro no es que las potencias se armen y consuman inútilmente cuantiosos recursos, sino en que, por la lógica de la  economía de mercado, los productores de armas están obligados a promover su venta y, con diversos pretextos, reales o fabricados, arrastran al mundo en su zaga armamentista.

Cuando son utilizadas, las armas producen resultados humanos desastrosos, más desde el momento mismo en que son adquiridas por países pobres, se constituyen en una  calamidad económica, entre otras cosas, porque aleja a naciones carentes de recursos de sus verdaderas prioridades relacionadas con el desarrollo y la lucha contra la pobreza.

Las armas con las que se pueden matar a hambrientos y enfermos, aunque no alimentarlos ni curarlos, no proveen seguridad, sino que crean riesgos. Un  país no es más seguro por tener más armas sino cuando tienes menos enemigos. La verdadera seguridad no radica en poseer armas más eficientes, sino en poder prescindir de ellas.

Enviado por su autor





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