..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4,Nro.166, Viernes, 9 de marzo del 2007

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La Mujer en Martí
Por Jesús Dueñas Becerra *

“Sin sonrisa de mujer no hay  gloria completa de hombre”.
José Martí.

José Martí, Señor del verso y de la prosa, no sólo le dedicó a la mujer las páginas más tiernas de su obra literaria y periodística, sino también la percibió como fuente de inspiración de su encendida oratoria, que acariciaba el intelecto y el espíritu de quienes tuvieron el privilegio histórico de conocer al Apóstol y escuchar sus vibrantes discursos, cuyo leiv motiv era el amor a Cuba y a la mujer caribeña.

Para el fundador del periódico Patria, “[…] mujer [es] copia feliz de cuanto hay de animado y de bello [en la tierra y en el cielo]; dícese mujer, y se adivinan ternuras, abnegaciones, divinas locuras y promesas”, porque “[…] la ternura y la paciencia de la mujer [no sólo disponen el ánimo, remozan y regocijan el cuerpo y el alma, sino también] alcanzan lo que no consigue fácilmente el espíritu del hombre […], devorado por ansias e inquietudes que [lo] privan de la evangélica bondad que en la mujer abunda”, porque […] hay tanta bondad en [el alma femenina] que, luego [de] desengañadas, de desesperanzadas, de encallecidas, dan perfume”.

Martí aguijonea su intelecto y su espíritu con una pregunta: “[…] ¿Qué será de los hombres, el día en que no puedan apoyar su cabeza en un seno caliente de mujer?”; ser humano excepcional especialmente diseñado por Madre Natura para “[…] consolar, que es dar fuerzas para construir: he ahí [según el Maestro] la gran labor de las mujeres”.

El espíritu más libre y puro que ha conocido la historia describe, con maestría sin par, a la cubana que sufre los rigores del destierro: “[…] Cuándo más bella nuestra mujer […], que cuando con los dedos helados del destierro halla de su tarea para comprar el pan y el carbón. Cuándo, arrebujada en la manta la noble vejez, va la señora […] a su barril de despalillar. Cuándo, mientras el marido que cargó el rifle liberador prepara a los niños para hombres, ayuda con su industria al ejemplo y dicha de la casa desterrada, y al crédito que con la prueba de su virtud gana el país”.

A punto de estallar la gesta emancipadora de 1895, el Mayor General del Ejército Libertador escribe: “[…] se ordena ya el gran sacrificio, y es justo que se apresuren a premiarlo las mujeres, que son su corona natural”; por último, sentencia: “[…] las campañas de los pueblos sólo son débiles, cuando en ellas no se alista el corazón de la mujer; pero cuando la mujer se estremece y ayuda, cuando la mujer […] anima y aplaude, cuando la mujer culta y virtuosa unge la obra con la miel de su cariño […] la obra es invencible”.

La doctrina martiana influye en la generación del Centenario, formada por aquellas jóvenes aguerridas (Melba, Haydée, Celia y muchísimas más), que comandadas por Fidel, no dejaron morir el pensamiento latinoamericanista y antiimperialista del Apóstol; en consecuencia, se lanzaron a la lucha por la definitiva liberación de la Patria. En el ataque al Cuartel Moncada, en las montañas de la Sierra Maestra y en la clandestinidad, estuvo presente la mujer cubana con su dulzura, ternura y apoyo irrestricto a las heroicas acciones combativas que culminaron con el triunfo revolucionario el Primero de Enero de 1959.

En el Día Internacional de la Mujer es justo rendir cálido homenaje a esa criatura única, especial, irrepetible, encantadora, que desde la época de la colonia y hasta la actual batalla de ideas, ha estado al lado del hombre en cualesquiera de las contiendas a las que la Patria las ha convocado, porque las mujeres cubanas son las flores más hermosas que crecen en el "Jardín de la Revolución".

* Crítico y periodista





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