..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4,Nro.166, Viernes, 9 de marzo del 2007

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El Pavonato (un boceto para mañana)
Por Roberto Ginebra

Ante el llamado de Arturo Arango a los jóvenes para intervenir en el debate, la lectura de diferentes correos de varios intelectuales cubanos y la necesidad de un pronunciamiento en torno a la situación que se ha creado con “el caso” de Luis Pavón Tamayo, me parecen pertinentes algunas reflexiones de urgencia.

Toda responsabilidad, asumida o no, adquiere otra relevancia en el aquí y ahora. Momento definitorio en la futuridad de la Revolución Cubana, por causas conocidas, que merece tacto y valentía. Escindirnos hoy, fragmentar en pedazos la coherencia de un sueño (con desaciertos de raigambre humana y hondura espiritual inabarcable)... NO, un rotundo y estrepitoso NO. Hemos superado el pavonato, el regreso de su fantasma es apenas una maniobra de la intolerancia derrotada. Ambos bandos (quienes piden camino y altura; quienes piden desprecio y castigo) tienen argumentos de pelea, verdades como puños; pero quienes en ambos bandos estimulan la postura intransigente del viejo o el nuevo dogma,  son representantes de la misma escuela del pavonato. Aquellos que, en otro minuto del pasado siglo, hicieron la travesía del ocultismo stalinista para poner en una pira a la cultura nacional; censores condenados por la dialéctica de la luz, que pretenden reivindicarse de su ayer, y acaso regresar a su pedestal de barro y de silencio, sólo tienen paso a la puerta del infierno propio. Los que retoman, aprovechando la herida abierta, una actitud de alma en ruinas, para invocarse Condes de Montecristo, estimulando otra “cacería de brujas y hechiceros” con el favor y la fortuna de la ponzoña del tiempo, también son el enemigo.

Y digo “enemigo” con expresa intencionalidad. Todas las épocas, TODAS, tienen su pavonato intrínseco, y denunciarlo es un deber cubano. El pavonato de los setenta no lo viví, no había nacido. No me creo en capacidad de juzgarlo, porque sólo cuento con retazos. Pero el pavonato es una actitud, un gremio oscurantista, y contra ese, me sumo en fuerza y razón.

Los hacedores de la historia nueva se lo han ganado por derecho, no por reclamos de venganza, ni por la suerte de la balanza invertida. Y creer otra cosa es un desatino que puede convertirse en incalculable descalabro. No hay espacio en Cuba para el pavonato, por el aprendizaje generacional que nos trajo aquel decenio negro doloroso, y el peligro que se cierne es que los árboles nos impidan ver el bosque, como decía el Che en El Socialismo y el Hombre en Cuba. Centrarse en Pavón, Serguera, Quesada, etc…  y deslindarse de la política cultural macabra de los setenta es una superficialidad imperdonable. Ellos fueron, sí, la cabeza de la hidra, pero no su corazón. A la raíz del mal hay que ir, sin odio, sin ofensas, sin adulteraciones de la historia, con el valor definitivo que nos compromete y la seguridad irreversible de las revoluciones.

Más allá de la coyuntura que ofrece “ésta época” y de lo trascendental que resulta (ya nos alertaba Padura) cerrarle la puerta a la desmemoria, me parece que el desafío de esta nueva pelea cubana contra los demonios, implica mesura. Asumir (ya está dicho), aprovechando la eventualidad, la postura de nuevos inquisidores, es argumento tan nefasto como la indiferencia y el oportunismo de muchos cambia casacas (de hoy).

No somos herederos del pavonato, somos, con mucho, herederos de José Martí, quien nos dejó desde su inmortalidad, aquella sentencia que regresa a mi memoria:

“Criticar no es morder [...] es señalar con noble intento el lunar y desvanecer con mano piadosa la sombra que oscurece la obra bella”

La Habana, 26 de febrero y 2007.

Enviado por su autor



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