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 Bush hizo el bufón de su fracasada política anticubana
Por Angel Rodríguez Alvarez *
Precedida de un inusual montaje publicitario, la retórica anticubana del presidente George W. Bush, cual emperador moderno, se dejó escuchar este miércoles durante 30 minutos, en la sede del Departamento de Estado.
En honor a la verdad, Bush decepcionó un tanto, pues había hecho pensar que traería en su agenda contra Cuba "algo nuevo", pero en realidad fue más de lo mismo, y la esperada escalada solo se produjo en el tono, más insolente y amenazante que nunca antes.
Solo unas frases bastaron para comprobar las razones de estas declaraciones totalmente descontextualizadas, producidas en un momento bien complicado para su gobierno, debido al creciente descalabro de sus tropas en Iraq, el voraz incendio en California y otros asuntos que se supone concentren prioritariamente la atención del gobernante.
Si para algo sirven sus bravatas y chantajes es para dejar claro, entre quienes todavía albergaban dudas en otras latitudes, que las pretensiones de su política apuntan a provocar un cambio de régimen en La Habana y llevar a cabo la reconquista onjerencista del país.
"La palabra de orden en nuestros tratos con Cuba -dijo en tono arrogante- no es estabilidad, la palabra de orden es libertad."
Se trata de un planteamiento irresponsable, clara invocación a la violencia y la subversión, ilegal y violatorio de las normas internacionales, para lo cual el Presidente de Estados Unidos no tiene derecho alguno y está, además, moralmente descalificado.
¿Por qué lo hace?, se preguntarán algunos poco informados.
Sencillo, se trata de una combinación de factores adversos que molestan los planes y ánimos del Ejecutivo.
Sabe que el tiempo se le agota y no ha cumplido lo prometido a las organizaciones terroristas y mafiosas, de "resolver el problema cubano".
Lejos de ver una Cuba sumida en el caos, dividida y debilitada, la Isla acaba de ofrecer una inobjetable demostración de unidad, pujanza, orden y disciplina, con las elecciones del pasado domingo 21, en las que ejerció el derecho al voto más del 95 por ciento de los electores, ejercicio democrático incomparable con la mascarada del año 2000, que lo convirtió en Presidente.
Observa que pese a los esfuerzos realizados en los últimos años para sumar a otros gobiernos a su cruzada anticubana, está cada vez más aislado.
No es para nada casual que la diatriba de la víspera tenga lugar seis días antes del debate en el Asamblea General de Naciones Unidas de la resolución sobre la necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por EE.UU a Cuba.
Sin dudas debe pesar mucho en su obsesión contra la mayor de las Antillas el hecho de que en los últimos 15 años la ONU demandó el cese de tal genocidio, y lo hizo en 2006 con el voto de 183 naciones, dejando al poderoso imperio en vergonzoso aislamiento.
Bush debía saber, a pesar de las estúpidas mentiras sobre la realidad cubana que le hacen decir quienes le escriben los discursos, que la Revolución cubana cuenta con el respaldo mayoritario del pueblo y que un levantamiento interno es absolutamente imposible. Sin embargo, introduce el tema, como parte del juego que le permita fabricar un pretexto para lanzar sus tropas.
Como parte de esa manipulación, mister president llega a obviar que los institutos armados cubanos están integrados por el pueblo, el mismo que derrotó la invasión mercenaria en Bahía de Cochinos, defendió la integridad de Angola, derrotó el apartheid y contribuyó a la independencia de Namibia, y ha montado guardia durante casi medio siglo para preservar la independencia del país y sus históricas conquistas.
Se trata de una política fracasada ante la cual solo le queda el recurso de hacer demagogia, amenazar y complacer a la mafia de Miami, a quien tanto debe.
Reales o fingidas las amenazas, vienen de un enemigo muy poderoso, lleno de odio y frustración, y autor de otras descabelladas aventuras bélicas, razones suficientes para que los cubanos, como dijo el canciller Felipe Pérez Roque, en su inmediata y contundente respuesta, se las tomen en serio.
*Ángel Rodríguez Álvarez, Periodista de AIN
La Casa Blanca elimina un centenar de preguntas en la “transcripción completa” de un foro sobre Cuba con el secretario de Comercio
Cubainformación/Cubadebate/Rebelión
La Casa Blanca anunció el pasado 24 de octubre un foro en Internet donde los ciudadanos de cualquier lugar del mundo podían preguntar al Secretario de Comercio, Carlos Gutiérrez, sobre la política de la Administración Bush hacia Cuba. Tras varias horas disponible, la web publica bajo el título “Transcripción completa” el resultado de ese foro.
Diversas organizaciones de solidaridad con Cuba solicitaron que los ciudadanos mandaran copia de su pregunta a la Asociación Cubainformación, con sede en el País Vasco en el Estado español, con el objetivo de comprobar que sus preguntas eran recogidas en la web y respondidas por el secretario de Comercio.
Tras consultar lo que denominan “transcripción completa” en la web de la Casa Blanca se puede comprobar que tan solo aparecen ocho personas, todas ellas en inglés y de nombres anglosajones.
Sin embargo, Cubavisión recogió al menos las preguntas correspondientes a 46 personas.
A continuación las preguntas publicadas y respondidas y seguidamente los 46 mensajes, con un centenar de preguntas que no fueron ni publicadas ni respondidas.
Un ejemplo, sin duda, del modelo de libertad de expresión y democracia que pone en práctica la Casa Blanca estadounidense.
PREGUNTAS RESPONDIDAS CON SU CORRESPONDIENTE RESPUESTA. Traducido por Mabel Rivas González, del Equipo de Traductores de Cubadebate.
Acá podrán ver otras preguntas que la Casa Blanca “desestimó”:
http://www.cubadebate.cu/index.php?tpl=design/especiales.tpl.html&newsid_obj_id=10187
Ver además, en este boletín: Defender a Cuba en la web: muy urgente
En Doce puntos de Cuba para Bush |
El fracaso de Bush contra Cuba
Por Manuel E. Yepe*
Los escasos partidarios que, según encuestas, conserva el Presidente de los Estados Unidos no pueden haber recibido con beneplácito el virtual reconocimiento de un nuevo fracaso en su discurso del 24 de octubre último, enteramente dedicado a Cuba, pero que percibieron más dirigido a Miami que a La Habana.
Cuando habían transcurrido ya cuatro días de que en el Sur de California comenzaran a arder enormes extensiones boscosas con grave peligro para las vidas y haciendas de millones de personas, olvidando su nefasta experiencia del ciclón Katrina en Nueva Orleáns, el Presidente encontró tiempo para reunirse en Washington, en el Departamento de Estado, con los cabecillas de los grupos de contrarrevolucionarios de origen cubano radicados en la Florida.
Fueron presentadas allí también algunas quejosas esposas de sancionados cubanos por delitos contra su patria, remunerados por la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana.
Según entendidos, Bush escogió el Departamento de Estado como sede del acto para contrarrestar ciertas tendencias que allí prosperan, favorables a un cambio de la política hacia Cuba en aras de la estabilidad en la región. El mensaje del Presidente fue claro: la palabra de orden para Cuba es "libertad" y no "estabilidad".
Los observadores más avezados consideraron inapropiado el momento escogido por Bush para su alocución, tres días después de haber tenido lugar elecciones municipales en Cuba con participación voluntaria superior al 96% de la ciudadanía, para ratificar –como ocurre cada 30 meses- el apoyo popular al proyecto político socialista cubano y su legitimidad democrática.
El efecto en la comunidad mundial del discurso de Bush quedó evidenciado una semana más tarde con los resultados de la votación en la Asamblea General de Naciones Unidas de la resolución de condena al bloqueo contra la isla:184 países condenaron a Estados Unidos y solo tres lo apoyaron (Israel, Palau y las islas Marshall).
Al "hablar duro contra el gobierno cubano", Bush satisfizo un compromiso contraído con sus aliados de la extrema derecha del "exilio cubano", desmoralizados por los peligros de su extinción como fuerza política en Estados Unidos que se les augura para cuando Bush y el partido republicano dejen la Casa Blanca tras las elecciones de noviembre de 2008.
El discurso presidencial exigía al gobierno de Cuba excarcelación de prisioneros políticos, respeto a los derechos humanos y a las libertades de asociación y protesta, entre otras viejas consignas que mejor podrían servir para la impugnación de su propia "Ley Patriótica", impuesta a raíz de su declaración de "Guerra contra el Terror".
Fueron, en realidad, las mismas "severas advertencias" que el actual mandatario y nueve antecesores suyos han utilizado para justificar la virtual guerra contra Cuba que libra Estados Unidos hace casi medio siglo. Pero fue un discurso cargado de odio e intenciones subversivas, con incitaciones a la revuelta de la población, llamados a la sublevación militar y a la traición contra el sistema de gobierno escogido por los cubanos.
Hubo tres "iniciativas" incorporadas al discurso, evidentemente con el ánimo de no limitarlo a una despedida lastimera: obsequio de computadoras y otorgamiento de becas de estudio en condiciones humillantes, y un fondo de ayuda para después de la "rendición".
La computación y las becas de estudios son campos en los que podrían desarrollarse innumerables proyectos promotores de amistad sin las prohibiciones con que el régimen de Bush les ha convertido en escenarios de agresiones contra La Habana.
Cuba exhibe un ejemplar desarrollo masivo de la computación, acorde a las características verdaderamente democráticas de la sociedad que construye y es también paradigma latinoamericano y mundial en materia de ayuda a otros pueblos en la educación.
El "Fondo de la Libertad" es una iniciativa destinada a recaudar miles de millones de dólares de otros gobiernos y organismos internacionales para apoyar la "reconstrucción post Castro" y la transición hacia la "democracia", después que el nuevo gobierno cubano demuestre haber establecido las "libertades fundamentales". Es un pastel apetitoso para los corruptos cabecillas de los grupos de la extrema derecha de Miami que el propio Bush presenta como "futuros dirigentes cubanos".
El discurso del presidente Bush parecía hecho por sus enemigos –y en tiempos de elecciones todo es posible en Estados Unidos. Por eso en la isla se le dio amplia difusión en la prensa radial, escrita y televisiva, ridiculizando de paso los presagios del mandatario de que los cubanos tendrían que "arriesgar sus vidas" para verle u oírle.
El mensaje del mandatario norteamericano contenía tantos desatinos y absurdos que no cesa de ser objeto de burlas y jocosos comentarios en Cuba:
"En Cuba es ilegal cambiar de trabajo, permutar casas, viajar al exterior, leer libros y revistas sin la aprobación expresa del estado." "Es contrario a la ley que más de tres ciudadanos se reúnan sin permiso." "Los programas de vigilancia del vecindario no vigilan a los criminales sino a sus vecinos para observar cuando salen y entran, y controlar las estaciones de radio que escuchan." "Hay largas colas para cubrir las necesidades básicas, reminiscencia de las colas soviéticas del pan del último siglo, mientras el régimen mantiene tiendas de comida totalmente abastecidas para turistas extranjeros, diplomáticos y hombres de negocio, como versión comunista del apartheid.""Estados Unidos brinda ayuda humanitaria a Cuba".
Quien unos días antes, para disponer de más fondos para sus guerras, había vetado una ley que ampliaba la cobertura de asistencia médica para incluir a millones de niños que en su opulento país no tienen seguro de salud, se dirigió a los escolares de la isla –máximos privilegiados de la sociedad cubana-, para decirles que tenían mucho en común con los niños de su país y que no debían temer al futuro.
Por mucho tiempo circularán en Cuba bromas acerca de estas necedades del Presidente de los Estados Unidos, una de las personas más poderosas del planeta, con facultades para desatar una guerra nuclear capaz de acabar con el planeta Tierra apretando un botón.
La Humanidad está en grave peligro.
*Manuel E. Yepe Menéndez es periodista
y se desempeña como Profesor adjunto en el
Instituto Superior de Relaciones Internacionales de La Habana.
Enviado por su autor |
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