..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4, Nro. 204, Viernes, 30 de noviembre del 2007

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Alzamiento  de Santiago de Cuba. 30 de noviembre de 1956

El alzamiento de Santiago de Cuba, compromiso contraído por el inolvidable Frank País con Fidel, demostraba la organización del movimiento revolucionario en contra de la sangrienta dictadura batistiana. A 51 años de estos sucesos, Cuba recuerda a los heroicos combatientes santiagueros.

  • Testimonio de Vilma Espín Guillois.

“Inolvidable ha sido para quienes tuvimos el privilegio de luchar a sus órdenes”, afirma Vilma Espín Guillois, destacada protagonista del alzamiento del 30 de noviembre de 1956 y una de las más valiosas y cercanas colaboradoras de Frank. Los materiales incluidos en su libro INOLVIDABLE FRANK, en las entrevistas, discursos, informes, presenta una valoración múltiple del entrañable héroe santiaguero, desde la honda mirada que conoció de su sensibilidad humana, sus elevados valores éticos y estéticos, sus dotes de organizador, su valentía y brillantes cualidades de jefe militar, lo cual unido a sus excepcionales condiciones de líder, a sus ideas políticas en defensa de la justicia y la libertad, cimentadas en un profundo conocimiento del pensamiento martiano y un gran fervor patriótico, lo convirtieron en el conductor de aquella acción heroica. Medio siglo después asombra su intrepidez y claras convicciones revolucionarias, y nos admira su firme decisión de unirse a Fidel, en quien reconoció al jefe indiscutible de la Revolución, a quien secundó eficazmente en el inicio de la gesta independentista del siglo XX, que tuvo un momento culminante en el desembarco del Granma. Los fragmentos que publicamos tienen no solo un valor testimonial, sino que están dichos de forma sencilla y diáfana, que humanizan al héroe y nos lo presentan como fue; Vilma expresa que... “no era difícil percibir cuánto de inteligencia, de nobleza, de sensibilidad y riqueza humana albergaba en él”

LA VÍSPERA HEROICA: EL ALZAMIENTO DE SANTIAGO DE CUBA

Frank estuvo con Fidel en México en agosto y en octubre. En la última reunión, Fidel nombra a Frank Jefe Nacional de Acción y, a propuesta de Frank, se toma la decisión de preparar una fuerte acción insurreccional armada en Santiago, acompañada de acciones diversas en varios puntos de Oriente y otros lugares del país donde fuera posible, a fin de retener al ejército batistiano e impedir que sus fuerzas acudieran a la zona del desembarco de Fidel y los demás expedicionarios.

...cuando Arturo (Duque de Estrada) recibe el telegrama de aviso, yo no sabía aún concretamente de qué se trataba. El día 28 hubo una reunión a la que yo no le di importancia, porque pensé que era una más de las muchas que teníamos para esto o lo otro, y resultó ser donde se reunieron todos los grupos de acción para preparar ya lo del 30. Por la mañana del 29, Frank habló conmigo y me explicó que ya había salido el barco, y eso quería decir que debíamos tener todo listo para la madrugada del 30.

En Frank, siempre sereno y comedido, estalló la euforia cuando fue a llevarles el telegrama de México a Haydée y a Armando. La euforia que aquel 30 de noviembre nos rebosaba el pecho al pensar que podíamos morir por la patria en ese día. Tras cumplir la orden de entregar el llamamiento al pueblo —grabado la noche anterior— a los que tenían que pasarlo por línea de radio y telefónica, nos encontramos con Frank y los demás compañeros al entrar en la casa de Santa Lucía, escogida por él para el estado mayor. A excepción del morterazo sobre el Moncada que no sonó, todas las demás acciones se iniciaron a las 7 según lo acordado. Unos minutos antes Pepito llamaba para comunicar que iniciaba el ataque a la Estación de Policía del Intendente, consciente de lo difícil de la misión, Pepito, el sustituto de Frank, al que vimos pasar con sus compañeros en carro repleto, con las armas en alto y uniforme verde olivo gritando "¡Viva Cuba Libre!", cuando llegábamos al estado mayor.

Para hablar del 30 de noviembre es necesario hablar de Frank País, es necesario hablar del pueblo de Santiago que en ningún momento fue simple espectador de la batalla, sino que la apoyó decididamente y, en el momento preciso, escondió a sus hijos de la barbarie batistiana, guardó armas y uniformes, ¡que no permitiría el pueblo santiaguero que se repitiera la masacre perpetrada tras el Moncada!... Y luego con dignidad, heroísmo y rebeldía supo llevar en hombros hasta el cementerio a los caídos en el combate, jurando frente a sus tumbas continuar la lucha, Pepito Tey, Otto Parellada, Tony Alomá, cada vida segada se hizo numerosa en herederos de sus ideales, prestos a empuñar las armas y a proseguir el combate.

Histéricos estaban los soldados que al otro día cruzaron con una ráfaga de ametralladora todo el frente acristalado de la funeraria cuando velábamos a Pepito.

La casa de San Jerónimo que Frank había utilizado a menudo para reuniones con algún compañero o grupo, o para refugio en algún momento antes de septiembre, pasó a ser ya el Cuartel General, como él lo llamaba, como punto de contacto de los compañeros de la Dirección Nacional, pero también de los compañeros de las células al terminar las acciones el 30 de noviembre para reportar. Allí, en la espera de saber de Fidel y, al mismo tiempo, mantener Frank el contacto con todos los que tenía que ver, nos mantuvimos por bastante tiempo.

La confianza de Frank estaba en la barriada que, consciente de lo que allí ocurría, se mantenía en guardia espontáneamente, nos avisaba de cualquier irregularidad por teléfono, y hospedaba a Frank cuando había sospecha de que registraran nuestro cuartel general. El pueblo vigilaba, actuaba.

A partir de que se tuvo ya contacto con Fidel, su afán en la propaganda era tener información lo más frecuente posible de Fidel, de los combates, de la Sierra, para contrarrestar las calumnias constantes de la prensa oficial...

El levantamiento del 30 de Noviembre de 1956 en Santiago de Cuba, demostró la fuerza pujante, la organización y disciplina que había alcanzado el Movimiento 26 de Julio, al realizar una acción de extraordinaria importancia para apoyar el desembarco dirigido por Fidel Castro y que daría inicio a la etapa insurreccional...

...el claro amanecer del 30 de noviembre no podrá borrarse jamás de la memoria de los que tuvimos la dicha y la honra de participar en aquellos hechos.

En la Sierra Maestra, Fidel al frente, nacía y se forjaba el Ejército Rebelde, ¡cuánto anheló Frank combatir allí junto a Fidel!, ¡qué fuerte la tentación de subir la montaña! "Nos toca quedarnos", nos dijo, "nuestro deber está aquí", y se dedicó en total entrega a cumplirlo.

Versión del texto tomado en:  www.granma.cubasi.cu/2006/11/28

30 de noviembre de 1956_ Santiago se vistió de verde olivo.       
Por ORLANDO GUEVARA NÚÑEZ Y PEDRO GARCÍA

Parecía una mañana igual a las demás. Pero la noche anterior
centenares de jóvenes no habían dormido por el ajetreo de los
preparativos y la tensión de la acción que se gestaba. Las fuerzas
de la tiranía batistiana, presintiendo algo grande, se acuartelaban.
Mientras, el yate Granma se acercaba a las costas de Niquero. Era
el 30 de noviembre de 1956.

Desde octubre de ese año, un grupo de jóvenes integrantes del
Movimiento Revolucionario 26 de Julio, capitaneados por Frank
País García, Léster Rodríguez, Pepito Tey y otros valiosos
combatientes clandestinos, preparaban el levantamiento armado
que a finales de diciembre debía secundar la expedición que bajo
el mando de Fidel Castro vendría desde México para reiniciar la
lucha armada.

Fue necesario adelantar la acción y el 27 de noviembre, Frank
recibía la indicación para el inicio del levantamiento. Tres días
bastaron para los preparativos. Santiago de Cuba asistía a una
nueva cita con la historia. A las siete de la mañana del 30
comenzaron los combates. Decenas de jóvenes estrenaron el traje
verde olivo: al brazo, el rojinegro brazalete del 26 de Julio. ¡Viva
Fidel!, ¡Viva la Revolución!, ¡Abajo Batista!, gritaban los valientes
soldados revolucionarios.

Un grupo de 28 combatientes —testimonio del propio Frank— ataca
la jefatura de la policía nacional, en la Loma del Intendente. En la
parte delantera combaten 20 de ellos, con Pepito Tey como jefe.
Otros ocho avanzan por la parte trasera, se posesionan de la
azotea y desde allí abren fuego contra la guarnición. Su jefe es Otto
Parellada. Paquito Cruz dirige otro pequeño grupo.

La fuerza atacada es superior en número. Unos 70 policías y 15
soldados. El combate es violento. El enemigo sufre varias bajas. El
primer revolucionario en caer es Tony Alomá. Pepito Tey avanza
con mayor ímpetu hacia la posición enemiga. Herido en una pierna
sigue combatiendo hasta el final.

También Otto Parellada es víctima del desigual enfrentamiento.
Ante la imposibilidad de tomar la estación de policía, se ordena la
retirada de los revolucionarios, no sin antes incendiar el edificio, que
es destruido por las llamas.

A poca distancia, los disparos rebeldes quebrantan la resistencia
de la Policía Marítima. Se toman prisioneros y armas, pero un
refuerzo enemigo, traído del cuartel Moncada, entra en acción. El
asalto se libra sin bajas de los estrenados combatientes.

La otra acción principal, el ataque y bloqueo del cuartel Moncada,
no llegó a ejecutarse, como consecuencia de la detención, durante
la noche del 29, de sus principales responsables, Léster Rodríguez
y Josué País. Por ese motivo no se disparó el mortero contra la
fortaleza. Las brigadas estudiantiles secundan el alzamiento.

Terminados los combates en los lugares escogidos, los valientes
asaltantes ocupan diversos puntos de la ciudad, y actúan como
francotiradores. La resistencia más fuerte tiene lugar en el Instituto
de Segunda Enseñanza. Al día siguiente aún se luchaba.
Una descripción realizada por Frank País caracteriza los
acontecimientos del 30 de noviembre de 1956 en Santiago de
Cuba.

"La ciudad amaneció bajo un tiroteo general. Armas de todos los
calibres vomitaban fuego y metralla. Alarmas y sirenazos de los
bomberos, del cuartel Moncada, de la marina. Ruido de los aviones
volando a baja altura. Incendios por toda la ciudad. El ejército
revolucionario dominando las calles y el ejército de Batista
pretendiendo arrebatarle ese dominio. Los gritos de nuestros
compañeros, secundados por el pueblo, y mil indescriptibles
sucesos y emociones distintos.''

Al concluir los combates, la persecución de las fuerzas de la tiranía
fue feroz, pero enfrentó un valladar decisivo: la solidaridad del
pueblo santiaguero. Las puertas se abrían para que los jóvenes
asaltantes entraran. Mucha gente del pueblo arriesgó así también
su vida ese 30 de noviembre.

SANTIAGO COOPERÓ MASIVAMENTE

Frank destacó cómo la población entera de Santiago de Cuba,
enardecida y aliada de los revolucionarios, cooperó masivamente
con ellos. "Cuidaba a los heridos, escondía a los hombres
armados, guardaba las armas y los uniformes de los perseguidos,
nos alentaba, nos prestaba las casas y vigilaba de lugar en lugar,
avisando de los movimientos del Ejército".

En la jefatura de la Policía Nacional, por ejemplo, los bomberos que
acudieron a apagar el incendio ayudaron a escapar a los detenidos
por la tiranía que allí estaban. Relataría uno de aquellos
combatientes. "Los bomberos nos sacaron disfrazados con sus
ropas y cascos con la mayor naturalidad, por delante de los propios
policías".

Durante la lucha, narra Asela de los Santos, una joven santiaguera
incorporada a la insurrección, a un combatiente se le cayó una caja
de balas. "Los proyectiles se regaron en la calle. Pasaban en aquel
momento un hombre con una carretilla y varios transeúntes y sin
pronunciar palabra, se agacharon y después de recogerlas
siguieron su camino".

El Granma arribó a playas cubanas el 2 de diciembre, 48 horas
después del levantamiento en Santiago. Las noticias eran
contradictorias, pero Frank siempre confió en que Fidel y los
expedicionarios llegarían a la Sierra. Por aquellos días le dijo a
Armando Hart: "Ahora, a unir los campesinos y realizar acciones,
que esto será una bola que nadie podrá detener".

Frank era tan organizado, afirma  la combatiente María Antonia
Figueroa, que después del levantamiento "el Movimiento quedó
intacto, no sufrió más descalabros que la pérdida de esos tres
compañeros (Pepito, Otto y Tony). Él ordenó enseguida recuperar
cuanta arma y bala encontráramos".

Tal como se había previsto, se puso en marcha otra fase de la
acción, mediante sabotajes a las comunicaciones, el transporte y
otras instalaciones. En muchas otras partes, los revolucionarios se
habían también lanzado a la lucha.

El apoyo a Fidel y a sus compañeros tomaría otras formas. En
marzo de 1957 Frank organiza y envía —como refuerzo del Ejército
Rebelde— a 50 combatientes, muchos de ellos participantes en la
heroica acción del 30 de noviembre. En junio de ese mismo año,
otro grupo, con igual fin, marcha a las legendarias montañas.

Muchos de los jóvenes que estrenaron el uniforme verde olivo en la
entonces capital oriental, caerían después en las propias calles
santiagueras.

Cuando a fines de diciembre de 1958 el Ejército Rebelde prepara el   asalto final a Santiago de Cuba, unos cien combatientes  revolucionarios armados estaban listos dentro de la ciudad para  entrar en acción. Las fuerzas de la tiranía se replegaban a sus guaridas y solo la rendición incondicional del Moncada evitó el   combate. Era el Primero de Enero de 1959.

Tomado de: http://www.latinamericanstudies.org/cuban-rebels/verde-olivo.htm





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