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 Los niños en Martí y Martí en los niños
Por Jesús Dueñas Becerra*
“Las cualidades esenciales del carácter, lo original y enérgico de cada hombre, se deja ver desde la infancia, en un acto, en una idea, en una mirada”.
José Martí.
Leer a Martí -a cualquier edad- es acariciar la mente y el espíritu humanos…, pero si esa “caricia” se descubre a edades tempranas de la vida (niñez y adolescencia) el placer es inefable…, porque entre otros “secretos”, el Apóstol conoce al dedillo los cuadrantes fundamentales sobre los cuales se estructura el alma infanto-juvenil; requisito sine qua non para alimentar el intelecto y estimular la imaginación y la fantasía de los “príncipes enanos” (imaginación y fantasía generadas por la prosa y el verso martianos, que incita a los pequeños lectores a “volar” al centro mismo de su yo íntimo, y en consecuencia, recibir ese regalo de luz que, desde ya, siembra la semilla que cuando fructifique les permitirá vivir en un mundo mejor, signado por el amor, el perdón y la alegría de ser útil a la Patria y al otro;premisas esenciales de la doctrina sustentada por el poeta mayor de la patria grande latinoamericana.
Para establecer comunicación con los niños, el Maestro emplea el mismo lenguaje y los mismos códigos utilizados por los “ismaelillos” en su universo lúdico, donde realidad y fantasía, mito y leyenda, se funden en cálido abrazo. Martí dedica a la niñez y la adolescencia -épocas privilegiadas en la vida de la persona humana- las páginas más bellas de su vigente obra literaria y periodística: la revista ilustrada La Edad de Oro es expresión genuina del amor inmenso que los “principitos” le inspiran al espíritu más libre y puro que ha conocido la historia.
Por otra parte, los niños se identifican con la obra martiana, porque en ella se reflejan sus vivencias, emociones, frases interiores y sentimientos. El precioso niño que hay en el fundador del periódico Patria se adueña de la pluma del escritor y el poeta… y deja correr su imaginación y su fantasía creadoras, para nutrir el intelecto y el espíritu de esas personitas únicas, especiales, irrepetibles, encantadoras, tan necesarias a la familia humana como el agua a los peces y el aire a las aves.
José Martí deja a la infancia y adolescencia de todas las épocas y de todos los tiempos un precioso legado espiritual, sintetizado en la frase
“Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud y en ti” (1).
NOTAS
- Valdés Galarraga, Ramiro. Diccionario del pensamiento martiano. La Habana: Editorial Ciencias Sociales, 2002: p. 323
* Crítico y periodista
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