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 Asesino del Che subastará reliquias guevarianas
Por Jesús Dueñas Becerra*
“El crimen es cobarde”.
José Martí.
El señor Luis Villoldo, “un abuelo retirado de 71 años de edad”, según la imagen edulcorada que ofrece de ese siniestro personaje la periodista Luisa Yanes, 1 en el artículo “A subasta reliquias del ‘Che’ Guevara”, publicado en la página digital del periódico The Miami Herald, es el matón a sueldo de la tenebrosa CIA que persiguió con saña al legendario Comandante de América, lo asesinó el 8 de octubre de 1967 en la escuelita pública de “La Higuera” y lo despojó de sus pertenencias como “trofeo de guerra”. Luego de 40 años de oscuro silencio, el tristemente célebre veterano de la frustrada invasión a Bahía de Cochinos sale de la cloaca miamense donde se esconde, para anunciar al público norteamericano la subasta de una “numerosa colección de objetos que pertenecieron al […] guerrillero [argentino-cubano],” 2 y además, hacerles el juego sucio a los periodistas europeos Maité Rico y Bertrand de la Grange, quienes desestiman la información relacionada con el hallazgo de los restos del Che en Bolivia hace una década, y en consecuencia, califican ese hecho histórico de “[…] solemne mentira inventada por Fidel Castro”. 3
De acuerdo con la citada fuente, el señor Villoldo declaró a la prensa floridana que “es hora de dejar el pasado atrás […] ”, 4 y que se siente orgulloso por haber dirigido la misión conjunta de la CIA y del ejército boliviano para liquidar la guerrilla internacionalista comandada por el Che, a quien acusa de ser un “asesino a sangre fría y en parte culpable de la destrucción de la vida de su padre y su posterior suicidio poco después del triunfo [revolucionario] que llevo a Fidel Castro y al [Héroe de la Batalla de Santa Clara], su mano derecha, al poder”. 5
En esas “emotivas” declaraciones, un psicoanalista ortodoxo tendría material suficiente para rastrear los más tortuosos rincones del componente instintivo del inconsciente freudiano de ese “defensor a pistoletazo limpio de la libertad, la democracia y los derechos humanos”, según los concibe el presidente estadounidense George W. Bush, y al final descubrir que las únicas motivaciones que tenía el señor Villoldo para emprender esa feroz cacería humana que culminó con el asesinato del invicto comandante no eran otras que satisfacer un deleznable deseo de venganza, no sólo por la supuesta culpa que él le atribuía al Che en el deceso de su progenitor, sino por la aplastante derrota infligida a los mercenarios cubano-americanos en Playa Larga y Playa Girón hace casi medio siglo, y recibir el dinero ensangrentado con que el amo imperial premió esa “hazaña”, que haría entrar a Ernesto Guevara de la Serna en los anales de la historia contemporánea, y por ende, en la inmortalidad.
Por otra parte, el señor Villoldo espera que, con la asesoría de Heritage Auctions of Dallas, la mayor firma de subastas del mundo, “las ofertas que se hagan superen el millón de dólares”. 6 Si el lector albergara alguna duda acerca de las verdaderas motivaciones que impulsaron al ahora “anciano” exiliado a eliminar físicamente al Che y robarle sus pertenencias, él mismo disipó -con meridiana claridad- cualquier duda al respecto. El “aguerrido luchador anticastrista y antiguevariano” olvidó el aforismo martiano de que “del dinero, se ha de ver desde la raíz hasta el último ápice, porque si nace impuro [o manchado de sangre], no da frutos buenos […] 7
El asesino del Guerrillero Heroico se jacta de estar en posesión de un “mechón de cabellos quemados por el sol […]”, 8 que pertenecían a su víctima; argumento esgrimido por Villoldo, la mafia miamense y los enemigos de la Revolución Cubana en todo el orbe, para poner en tela de juicio la autenticidad de los restos del Che y sus compañeros de la guerrilla boliviana.
Lo que desconocen esos hombres sin ética, sin moral, carentes de sentimientos humanos o patrióticos, que solo piensan en el “dinero [que] quema [y deshonra]”, 9 es que el Gobierno Revolucionario sería incapaz de mentir (ni aun piadosamente), en algo tan sagrado, tan sensible, que está enraizado en la mente y en el alma de los cubanos de buena sangre y buen corazón y de las personas que en los más disímiles lugares del planeta aman y respetan la lección magistral de ética, humanismo y espiritualidad que nos legara quien ofrendó su preciosa vida por la libertad de la patria grande latinoamericana soñada por Bolívar, Martí y el Che.
He decidido finalizar este artículo con una de las recomendaciones que Don Emilio Castelar, 10 eminente orador y periodista hispano, les hacía a sus discípulos: “polemizar es -ante todo y por encima de todo- la confrontación de hechos objetivos, pero en modo alguno la expresión de conflictos subjetivos entre quienes ejercen ese libre y soberano derecho”. Y para concluir, les aconsejaba que fueran dueños -pero no esclavos- de sus emociones externas y que no transitaran otro camino que no fuera el de la razón… salpicada –pero no en exceso- de ligero apasionamiento.
El lector comprobará in situ si pude llevar a “puerto seguro” las coordenadas trazadas por el insigne maestro español.
NOTAS
- Yanes, Luisa. “A subasta las reliquias de ‘Che’ Guevara”. www.miamiherald.com
- Idem.
- Rico, Maité y Bertrand de la Grange. Citados por Jesús Dueñas Becerra, en “Poderoso Caballero es… Don Dinero”. LIBRÍNSULA (La Habana). 4 (172); 20 de abril del 2007 www.bnjm.cu/librinsula.
- Yanes, L. Ob. Cit (1).
- Idem.
- Idem.
- Martí, José. Citado por Jorge Sergio Batlle, en José Martí: aforismos. La Habana: Centro de Estudios Martianos, 2004: p. 112,
- Yanes, L. Ob. Cit. (1).
- Martí, J. Ob. Cit. (7): p. 112.
- Castelar, Emilio. “España y la lengua española”, en Los titanes de la oratoria. Buenos Aires, Ediciones Anaconda, 1944: pp. 93-103.
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