..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 4, Nro. 195, Viernes, 28 de septiembre del 2007

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El Che y la subasta maldita

El título de la hermana argentina Adriana Vega, da nombre a este breve dossier, que recoge la indignación internacional por la blasfemia, por el insulto a la querida figura del Che:


El Che y la subasta maldita
Por Adriana Vega

Un apreciado compañero me envió desde El Salvador un mensaje urgente anunciándome una de las noticias más terroríficas y diabólicas que he recibido en los últimos tiempos cuando no escasean. Expresa que  un asesino agente de la CIA está por subastar objetos pertenecientes al Che, entre ellos un mechón de su cabello que cortó con afilada tijera  cuando yacía en la enfermería, todavía tibios sus restos.

Este siniestro excavador de sepulcros que osó tocar con sus manos la cabellera de uno de los hombres más dignos del Humanidad convirtiéndose en el Che de todos los desposeídos, no tiene calificativos. Si jugamos con nuestro vocabulario y decimos diablo, maligno, lucifer, sátrapa, indigno, vividor, especulador, sin escrúpulos, aberrante, absurdo y descarriado, llegaremos a otra conclusión mayor sobre el término que le cabe a esta perversa personalidad y lo señalaremos abierta y rotundamente como PSICÓPATA.

Lamentablemente la humanidad conoce demasiado bien la perversidad de los psicópatas  que predominan en todos los rincones del mundo, mayormente en los gobiernos y en las mafias. Ellos han encontrado en Miami el clima propicio para subsistir en su tela de araña venenosa, urdiendo siempre enredos malignos sin dormir por las noches. Apoyados en el delito, la avaricia y la usura que promueve un capitalismo feroz proyectado sólo en función de intereses del valor económico  porque no conocen  otros.

La prensa latinoamericana refleja hoy que un asesino del Che quiere “vender lo que no pudo matar”.

Expondré ante ustedes una somera figura del rematador psicópata…

Gustavo Villoldo Sampera  utilizó el seudónimo de Eduardo González y nació el 21 de enero de 1936 en La Habana aunque estudió en Estados Unidos. En 1958, durante la lucha contra la dictadura de Batista se relacionó con personajes del régimen tiránico y tuvo  gran amistad con connotados asesinos que le otorgaron un pomposo carné de capitán honorario. A fines de 1959, fue acusado de colaborador de la policía por delatar a jóvenes revolucionarios y abandonó el país definitivamente rumbo a Estados Unidos.

 En 1960 fue reclutado por la CIA para trabajar en los planes contra Cuba. Dos años después, como agente principal de los grupos de infiltración y sabotajes, realizó varias acciones terroristas. Asistió a Fort Benning, Georgia, para un curso de adiestramiento militar que compartió con los HERALDOS DE LA MUERTE  Luis Posada Carriles, Félix Rodríguez y Jorge Mas Canosa. Todo un club de amigos.

En Bolivia participó en  interrogatorios y torturas de detenidos. Se jactó públicamente de haber pateado y abofeteado el cadáver del Che, y de la decisión de cercenarle las manos.

Después de los acontecimientos guerrilleros orientados por la CIA Gustavo Villoldo Sampera se trasladó a Brasil y en abril de 1971 a México para coordinar planes de atentados terroristas contra funcionarios diplomáticos cubanos. Posteriormente fue enviado a Vietnam. Por algo será.

El 26 de agosto de 1976 prestó su nombre para la adquisición del National Bank of South, en Hialeah, Florida, propiedad de la CIA. El 14 de septiembre de 1978, los representantes del FBI Harry Brandson y Joseph Dawson, plantearon a su misma Agencia argumentos y pruebas de que Villoldo estaba involucrado en el tráfico de drogas y que una avioneta de su propiedad desapareció con dos tripulantes de origen cubano, mezclados con el narcotráfico. La CIA lo protegió  “desestimando” las pruebas
Este anti castrista ex agente  de Estados Unidos fue uno de los asesinos del legendario guerrillero Ernesto Che Guevara en 1967, y es quien ahora intenta subastar algunos  objetos de su propiedad. Todo un asesino confeso que pretende en su sórdida y decrépita vejez,  lucrar con su Botín de Guerra.

Mi recuerdo viaja hacia Hitler, Pinochet, Franco, Mussolini. Videla, actualmente al descerebrado de Bush y tantos otros energúmenos por el estilo.

“Miserable al fin, como no pudo ni puede matarlo, despedazarlo, desaparecerlo, ahora pretende venderlo”, dice el único rotativo [sic.] que circuló ayer en toda la isla de Cuba.

El órgano de las juventudes comunistas cubanas afirma  que “han pasado casi cuarenta años y todavía Villoldo no puede explicarse cómo su despreciable crimen no logró matar a aquel hombre torturado por él”.

El septuagenario actualmente reside por supuesto en Miami, y es pública su participación en el asesinato del Che Guevara en Bolivia en 1967 tras apresarlo herido. El mismo dirigió la captura del Guerrillero Heroico, ordenó su muerte, mutiló su cadáver y decidió el entierro en una fosa común descubierta hace diez años por un equipo de médicos forenses cubanos  y argentinos que el sujeto niega  porque  intenta también subastar  un supuesto plano del sitio de la hoy inexistente fosa.

Esta despreciable comadreja es  quien acaba de poner en  remate (qué palabreja) una serie de  objetos personales del Che robados a sus propios restos.

En 1967 Gustavo Villoldo Sampera, exiliado anti cubano usamericano, dirigió la captura del Che Guevara y la de sus hombres en Bolivia, ordenó su muerte, le cortó las manos para que no pudiera ser identificado y ordenó su entierro en  la fosa común descubierta hace  diez años por el equipo forense cubano-argentino.

En la actualidad no soporta su condición de criminal sepultado en el abandono, más cuando quien debía estar  desaparecido  en la desmemoria es el HEROE a quien enterró a escondidas en una pista recóndita de Valle Grande, Bolivia.

Villoldo se asoció vergonzosamente con el Heritage Auctions of Dallas, la mayor firma de subastas del mundo, para la venta de los objetos, que se realizará el próximo 25 y 26 de octubre.

Ambos esperan que las ofertas sobrepasen el millón de dólares.

RECORDANDO VALLEGRANDE

"Son las dos y media de la tarde del 9 de octubre de 1967 y está aterrizando el helicóptero. Veo descender al coronel Joaquín Zenteno Anaya y Félix Rodríguez a los agentes de la CIA, Gustavo Villoldo Sampera y Julio Gabriel García, y los bolivianos, teniente coronel Roberto Toto Quintanilla y el mayor Arnaldo Saucedo Parada.
Zenteno Anaya se dirige hacia donde se encuentra el general Alfredo Ovando con una comitiva que ha llegado desde La Paz. Los agentes de la CIA recogen los documentos de mis guerrilleros para efectuar un inventario.

A las cuatro y media  el helicóptero piloteado por el mayor Jaime Niño de Guzmán, transporta mi cuerpo. A través de reportajes  de prensa,  alcanzo a escuchar  la repercusión que ha provocado en Vallegrande la llegada de  mis restos, que  están conmoviendo a la población, porque en número crecido se traslada  primero a la pista y luego al hospital. La multitud intenta  arrebatar mi cadáver, pero efectivos del ejército se esfuerzan para evitar el asalto. El pueblo se vuelca a la pista y está decidido a no permitir mi acarreo hacia  ninguna parte. Los militares me desamarran, me sujetan a la plataforma externa del helicóptero y rápidamente me introducen a una ambulancia que a toda velocidad  me conduce al hospital “Señor de Malta”.

Christopher Rooper de la agencia de noticias Reuters, trasmite  que mi cadáver es retirado del helicóptero e introducido en un furgón Chevrolet  perseguido por ansiosos periodistas  que se trepan en el primer jeep que encuentran a mano. Nos dirigimos   hacia un pequeño local que hace las veces de morgue. Se  esfuerzan por impedir que espectadores y periodistas penetren al recinto. En la puja se destaca particularmente un individuo rollizo y calvo, de unos treinta años. No lleva insignia militar  sobre su uniforme  amarillento y parece hacerse  cargo de la situación desde el aterrizaje. Viaja conmigo en el furgón Chevrolet.

Ninguno de los jefes militares revela el nombre de esta persona, pero conozco muy bien que se trata de un exiliado cubano y que trabaja para la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos.

Desde el momento en que el helicóptero aterriza, la operación es puesta  en manos de este  esbirro en traje de campaña,  incuestionablemente un  representante del servicio de inteligencia de Estados Unidos y  cubano, por eso  el helicóptero aterrizó lejos de donde hay  un grupo de personas.

-Comandábamos un jeep para seguirlos y el chofer se las arregló para atravesar las verjas del hospital,- está contando uno de ellos con voz alterada- y el cadáver fue llevado a un cobertizo descolorido que servirá de morgue, cuando las puertas del camión se abrieron de repente y este agente americano saltó, emitiendo un grito de guerra:

- ¡Vamos a llevárnoslos para el demonio o para el carajo, lejos de aquí!”

Uno de los corresponsales le pregunta de dónde viene. -¡De ninguna parte! - es la respuesta insolente.

Mi cuerpo verde olivo es acarreado hacia cobertizo. Soy indudablemente el Che Guevara.

-Yo,  una de las pocas gentes que lo ha visto vivo.-dice el taimado.

Lo conocí en Cuba en una recepción de la embajada de 1963, y no tengo dudas de que es el cuerpo de  Ernesto Guevara- aclara nuevamente dándose importancia.

Es evidente que el cipayo me conoce y puede dar fe  sobre mi asesinato y  la traición a su patria liberada.  No ignora que  sé lo que él es, y  también que  no debería estar aquí porque ésta es una guerra en la  que Estados Unidos asegura no  tomar parte.

Tan pronto como mi cuerpo llega a la morgue, los médicos comienzan a inyectarme químicos. El agente americano hace esfuerzos desesperados para aguantar a las masas.
Es un hombre muy nervioso y observa iracundo con ojos de hielo cada vez que una cámara de dirige hacia él. Sin embargo se desplaza con autoridad entre  las tropas de Vallegrande, hablando con los oficiales de mayor graduación y en términos muy familiares.

Los agentes de la CIA Gustavo Villoldo  y Toto Quintanilla, me transportan a la lavandería del hospital  y al depositarme en el piso, el agente demuestra su condición moral dándome  una fuerte patada; después  me suben al lavadero  y golpea mi rostro mientras Toto Quintanilla toma huellas dactilares y ordena a una enfermera  que proceda a lavar mi cuerpo.

En el hotel Santa Teresita de Vallegrande, los agentes de la CIA y los militares bolivianos festejan mi muerte. Félix Rodríguez abre una botella de whisky y brinda con todos los presentes.

Los comentarios de que fui asesinado se escuchan cada vez más fuertes. La presencia de mi hermano Roberto en La Paz, su pedido de contemplarme y un movimiento de médicos bolivianos, exigen que se me realice una autopsia imparcial. Solicitan ayuda a sus colegas latinoamericanos colocando al alto mando militar  y a la estación de la CIA en La Paz en un grave dilema.

Algunas moscas comienzan a revolotear cerca de mi rostro golpeado. El esbirro traidor aparece con una tijera y me corta un mechón de cabello ensortijado por la humedad de la tierra. Una de las enfermeras esconde su lágrima. Entran y salen periodistas de todos los sitios, algunos muy afectados. La abuela Ana y mi madre me besan en la frente todavía tibia.

Debido a la demora de los peritos argentinos para  identificarme, ordenan cortarme las manos. La cabeza y el resto del cuerpo los incinerarán. Hay confusión en las medidas. Todo es revuelo e indecisión.

Por razones políticas han inventado la frase: “Soy el Che, valgo más vivo que muerto”. Resulta increíble que un hombre con un balazo en el cuello y otro cerca del corazón esté hablando, esas son las causas por las que no pueden exhibirme ante la gente y como no resuelven el problema de la identificación por ausencia de los  argentinos,  deciden que me las corten.

Toto Quintanilla acaba de expresar que los cubanos agentes de la CIA, dieron una orden que hacen aparecer como de la  superioridad.

Todo es un caos porque el doctor Martínez Caso se embriagó antes de la hora indicada y la tarea se la impusieron a otro médico llamado Moisés Abraham, al que ayudarán los agentes de la CIA y Toto Quintanilla. Amenazan de muerte a este médico por si él o su familia llegaran a filtrar la información, la hora y las circunstancias en que fallecí.

Otro agente de la CIA Julio Gabriel García, admite que  ordenó cortar mis manos y  cuando intenta tomar mis huellas digitales, encuentra las yemas muy arrugadas y tiene problemas con la decadactilar. Las trozan para  hacer el trabajo eficientemente y luego van a parar a un frasco con formol para su conservación.

Concluido este proceso me trasladan en un jeep hasta el cuartel del regimiento “Pando”. Son las dos de la madrugada del 11 de octubre.

Me aguardan cuatro tanques de combustible para la incineración y no pueden efectuarla por la cercanía del amanecer. Le temen al alto grado de susceptibilidad que estos acontecimientos provocarían entre los pobladores, unido a la presencia de periodistas y corresponsales extranjeros.

Determinan enterrarme con un tractor en la misma zanja y junto a  mis compañeros guerrilleros. En primera fila observa el traidor cubano norteamericano.

Mi cadáver del Che lo lleva el coronel Andrés Sélich en una volqueta conducida por su chofer Carlos Cortés”.

En argentina solemos decir: ni olvido ni perdón para estos usureros del diablo.
Juicio y castigo a los culpables. Nuestras treinta mil razones practicaron el camino y los valores de un Che que todavía vive hasta la victoria siempre.

¡Formemos tribunales de la humanidad para enjuiciar esta ruina!

Los datos históricos de esta nota se basan en el libro de Adys Cupull y Froilán  González titulado “Sin olvidos, crímenes en la Higuera”, recientemente presentado para el mundo en Rosario y a su vez extraídos de fuentes suministradas por el  FBI.


Vender lo que no pudo matar
Por Ricardo Ronquillo Bello

Han pasado casi 40 años y aún no puede explicarse cómo su despreciable crimen no pudo matar a aquel hombre. Se ensañó con el cuerpo hasta cortarle las manos.
Pretendía desaparecerlo en el infinito de las selvas bolivianas y sus huellas en la niebla de los tiempos. Pero este «muerto» testarudo no perece, renace... Y el criminal no sabe ni sabrá nunca cómo eliminarlo, borrarlo, deshacerlo.

La prueba de la impotencia de uno de los asesinos de Ernesto Che Guevara para lograr cumplir la orden que le dieron sus amos yanquis la tuvimos por una noticia esta semana.

Ahora se dice que subastará las huellas dactilares tomadas al cadáver, el mapa que utilizó para perseguirlo, los telegramas intercambiados con el entonces presidente boliviano René Barrientos, los mensajes interceptados entre el Che y sus seguidores, y un mechón de su pelo.

El ex agente de la CIA no soporta su condición de criminal sepultado en el olvido, cuando quien debía estar hundido en la desmemoria es aquel a quien enterró a escondidas en una pista recóndita en Valle Grande.

No entiende la milagrosa reaparición de su asesinado desde el mismo instante en que fue lanzado en su fosa clandestina. Mientras el último día de Gustavo Villoldo sobre la tierra en la que pretendió esconder su crimen se acerca, la imagen de aquel se le hace «fantasma» imborrable, aparición martirizante: lo mismo tatuaje, que santo, souvenir, efigie, boinas, estrellas, agitador de multitudes, guerrillero moderno...

Se deshace ahora de los «despojos» del Che porque no soporta nada que le recuerde la eterna y misteriosa existencia de este sedicioso, rebelde, insurgente inatrapable.

Porque no puede entender cómo es que no muere ese guerrillero cobardemente ultimado, mutilado. Y le humilla que si alguien le menciona sea solo porque se recuerda a su víctima. El destino le jugó una trampa: la infeliz evocación de su nombre depende de la gloria de aquel que pretendió borrar.

No sabe por qué aquel hombre con ojos y cuerpo de Cristo, que enseñó como trofeo de guerra en Valle Grande, se transformó de cadáver perdido en ícono.

Y, miserable al fin, como no pudo ni puede matarlo, despedazarlo, desaparecerlo, ahora pretende venderlo. ¿Será que sus amos le pagaron tan mal?

http://www.juventudrebelde.cu/opinion/2007-09-16/vender-lo-que-no-pudo-matar


Convocatoria internacional
Ante la aberración cometida por seres inescrupulosos que atacan la memoria de nuestro inolvidable Ernesto CHE Guevara, pretendiendo "subastar" cabellos y objetos pertenecientes a tan magna figura, urge la movilización internacional para evitar que dicha iniciativa siga su curso irrespetuoso:

CONVOCO A TODOS mis compañeros para que, mujeres u hombres, madres o padres, abuelas o abuelos, intelectuales, luchadores sociales, obreros, educadores, políticos y empleados dignos, repudiemos tamaño hecho llevando a Tribunales Morales de la Humanidad, presididos por Ramón, Antonio, Gerardo, Rene y Fernando, los Cinco Héroes Cubanos, a estos asesinos y traficantes de las pertenencias del Che.

Sugerimos crear Comités Mundiales donde denunciemos a quien venda o se atreva a comprar, lucrar, subastar, enajenar o aprovechar semejantes reliquias de la humanidad.

Asociación Cultural José Martí – ACUJOMA- República Argentina.

Se suman:

Amigos de la PAZ en COLOMBIA y en el MUNDO

Organización Antiimperialista Siempre en Guardia- Argentina.

Gerardo Cajamarca. Dirigente colombiano en el exilio.

Pepino Fernández, referente nacional de la UTD General Moscón, Salta.

Cristina Castello, Poeta Periodista

Marta Speroni. Militante. Solidaridad con los 5 Héroes Cubanos.

Carlos Loza, Delegado General Junta Interna de ATE, A.G.P.

Eduardo Espinosa, Delegado General Junta Interna ATE, Ministerio de Desarrollo Humano de la provincia de Buenos aires.

FETERA Federación de Trabajadores de la Energía de la Republica Argentina en CTA, Gabriel Martínez, Secretario de Organización.

Movimiento Nacional Oro Negro, Presidenta Ana Sacchi CTA Flores Autentica Aurora Tumanischwili Penelon, Domingo Greco, Jose Salvia, Guillermo López Luis Carreño, República Bolivariana de Venezuela.

Héctor Maulen Zamorano y el colectivo LIBERTAD A LOS 5.

Susana Rearte. Asamblea por la Escuela que Queremos.

Cristina Sarmiento. Asamblea Por la Escuela que Queremos. Argentina

Fernando Cardozo. Relaciones internacionales Central de Trabajadores de la Argentina –CTA-

Partido Comunista de los Trabajadores- Argentina

Red Sococaracas Latinoamerica

Red Anfictiónica, Venezuela

La Cabilla Ecológica, Venezuela

Eco XXI Venezuela

Socialismo Comunicacional Popular, Venezuela

Red Indígena Venezuela

Sociedad conservacionista de Caracas Venezuela

Romer Sandrea Fuenmayor, Cumana, Venezuela

Yndira Suarez Caracas Venezuela

Guillermo C. Cohen-DeGovia. Ciudadano Nuestroamericano.

Rosa C. Báez, Boletín Librínsula, Biblioteca Nacional de Cuba





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