Francisco de Paula Coronado, patriota y humanista

Por Emeterio Santovenia

En la noche del primero de diciembre del año de 1946, la Feria Cubana del Libro no estuvo alegre. A la bruma de la tarde había sucedido, ya puesto el sol, la inclemencia del tiempo. Pertinaz lluvia caía sobre los frágiles pabellones atestados de letra impresa. El pasajero revés producía tristeza. Esta tristeza pudo parecer conectada con un suceso ocurrido muy pocas horas antes en el camposanto de La Habana.

En la tarde de ese primer domingo de diciembre dejamos en el cementerio de Cristóbal Colón los restos materiales de Francisco de Paula Coronado. Cuando ya la pesada losa ocultaba el ataúd, y sus acompañantes en el último trecho de su camino terrenal rodeábamos la tumba del maestro y amigo a quien despedíamos de su paso por el mundo, quedaba por desear que desde la eternidad –desde aquella Eternidad en que el creyó siempre– su espíritu, el espíritu de Francisco de Paula Coronado, continuase asistiéndonos en el amor a Cuba.

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