Año nuevo, vida nueva…

Por Marlene Vázquez Pérez

Como para dar la razón al viejo adagio que nos sirve de título, hemos empezado el año 2010 con un cambio sustancial en nuestra vida cotidiana, si bien efímero: todos andamos ateridos (algunos adoloridos), vestidos y revestidos, más elegantes que de costumbre, gracias a las bajas temperaturas de este enero invernal.

Pero si algo trae el año nuevo es una suerte de calor humano que se impone al frío, y fortalece la esperanza renovada, el deseo de un futuro mejor. La gente se comunica con más soltura, y eso rebasa a familiares y amigos, hasta los desconocidos se felicitan mutuamente en la calle, tal vez con la secreta intención de que de tanto repetirla, la frase  adquiera valor de conjuro, y la felicidad, esa entelequia inalcanzable a plenitud, se vuelva tangible y cercana.

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