Meditar el tiempo*

Por Katiuska Blanco

Atento al desvanecimiento de la luz al oscurecer, el hombre se fabricaba invariablemente sus propias, temblorosas y pálidas  iluminaciones de aceite para despedir a las sombras y la soledad, sumergido en las páginas de algún autor famoso, sobre la historia de un pueblo,  las doctrinas de algún pensador, las teorías de un economista o las prédicas de los apóstoles o de un reformador social. Deseaba conocer todas las obras.

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