Las olas traen los versos

Por Katiuska Blanco

El hombre se incorporó, tomó el catalejo del velador y alzó la vista más allá del cristal de la habitación hacia los horizontes infinitos del océano. Luego acercó la mirada a los rompientes. De súbito, el hombre fijó el lente en la cresta de las olas que acercaban y alejaban un madero con persistencia obstinada. Se volvió hacia Matilde, aún perdida entre las sábanas, y le dijo: "El mar me ha traído un escritorio".

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