Baudelaire &l’aire du Beau. Las flores del mal y algunos dibujos inéditos de Eduardo Hernández.

Por Noel Alejandro Nápoles González

Cuentan los chinos que hace muchos años hubo un pintor humilde que fue llamado, por su talento, a servir en la corte del emperador. Allí hacía su obra y vivía cómodo, pero su existencia era triste porque estaba lejos de los suyos y de sí mismo. Para obligarlo a pintar la que sería su obra cumbre, lo encerraron en una habitación y le fijaron una fecha. Cuando se cumplió el plazo, el emperador y sus acólitos entraron en la habitación y contemplaron un hermoso paisaje terminado en todos sus detalles, pero el pintor se había esfumado. Sólo unas huellas que se perdían hacia el horizonte del paisaje delataban su huída.

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