magen de Bertha von Suttner y la edición original en lengua alemana de su novela ¡Abajo las Armas! (imagen tomada de Wikipedia)

Nombrar las cosas

¡Abajo las armas! Un llamado vigente, un libro para no olvidar.

Por: Lisandra Leyva Ramírez

Nunca es un mal momento para hablar sobre la necesidad de la paz, pues como argumenta la siguiente frase atribuida al mexicano Amado Nervo: “Hay algo tan necesario como el pan de cada día, y es la paz de cada día; la paz sin la cual el pan es amargo”. Ni aún en circunstancias tan necesitadas de la unión y el entendimiento entre naciones como son las privaciones, rigores, y tensiones acarreadas en este 2020 por la pandemia del coronavirus, la solución de conflictos armados o el armisticio, han dejado ser una utopía en países como Colombia, Siria, Yemen, Irak, Afganistán, Sahel, y Sudán del Sur. Luego de haberse conmemorado otro 21 de septiembre (Día Internacional de la Paz) bajo la permanencia de esta problemática, es positivo reflexionar que la consecución de la paz no solo depende de las decisiones de los gobiernos, sino de la conciencia y la educación pacifista ostentada por cada ser humano. Forjar en una misma, en descendientes y seres cercanos, valores en favor del pacifismo mediante lecturas o juegos favorecedores de él desde la infancia, es una vía que cada ser humano puede poner en práctica. Motivo por el cual quiero rememorar a Bertha von Suttner y el valor de su novela ¡Abajo las armas! (1889).

La concesión del premio Nobel de la Paz ha resultado la más controversial de las categorías durante la trayectoria histórica de dicho evento, incluyendo este año 2020 debido a la nominación del actual presidente de Estados Unidos D. Trump. A la vez el Premio Nobel de la Paz ha sido la modalidad en la cual a las mujeres se les ha otorgado más galardones, un total de dieciocho, cifra pequeña en comparación con los más de noventa hombres que han sido premiados. A la primera de ellas, la condesa austriaca Bertha von Suttner, le fue concedido en 1905, y la última en recibirlo, la joven iraquí Nadia Murad Basee, lo obtuvo en el 2018 por abogar en contra de la violencia sexual como arma en guerras y conflictos armados.    

 Bertha von Suttner fue la persona que incentivó a Alfred Nobel a que destinara parte de su capital proveniente de la invención de la dinamita a la creación de un premio para quienes contribuyeran al logro de la paz mundial. Entre ambos se establecería una amistad luego de que en 1875 ella se trasladara a París y se le posibilitara trabajar por breve tiempo como secretaria de él. Años más tarde, en 1891, cuando Bertha fundó y presidió la Sociedad Austriaca de la Paz, A. Nobel sería uno de los ocho mil socios. 

La convicción de B. von Suttner acerca de la necesidad del pacifismo fue alimentándose con el decurso de los años por las cercanas experiencias que tuvo con diferentes circunstancias de conflictos bélicos. Conoció la guerra entre Austria, Francia, e Italia, cuando el ejército austriaco fue derrotado en Magenta y Solferino en 1859; tenía veintiún años en 1864 cuando aconteció la guerra de Prusia y Austria en contra de Dinamarca; además al estallar la guerra entre Rusia y Turquía en abril de 1877 la actitud de Bertha y su esposo Arthur sería disponerse a cuidar heridos en un hospital de campaña. 

En la trayectoria de su vida su comprometimiento con la causa pacifista fue persistiendo y solidificándose, así como su reputación expandiéndose por diversas naciones europeas. Razones por la cuales en 1891 participaría en el III Congreso Mundial por la Paz celebrado en Roma;

en junio de 1899 sería la única mujer participante en la I Conferencia Internacional de la Paz en La Haya; asistiría en 1903 a la fundación del Instituto Internacional de la Paz de Montecarlo invitada por el príncipe Alberto I,  y participaría en 1904 en el Congreso sobre la Paz en Boston, momento en el cual además fue recibida por el expresidente Theodore Roosevelt en la Casa Blanca. 

Su activismo antibelicista la hizo acercarse durante su vida a diferentes hombres con poder como el zar Nicolás II, el príncipe Alberto I de Mónaco, el magnate de la prensa William R. Hearst, y el industrial Andrew Carnegie, en busca de apoyo y financiamiento en pos de la causa pacifista y de la Sociedad Austriaca de la Paz, la cual presidió en un momento en el cual las mujeres en Austria no tenían la posibilidad de dirigir asociaciones. Dicha Sociedad contó hasta 1899 con un boletín mensual titulado de manera homónima a la novela que le conferiría reconocimiento internacional a Bertha von Sutter: ¡Abajo las armas! (1889). Anteriormente había sido publicado su ensayo High Life (1886) y su novela La era de las máquinas (1888), esta última bajo el pseudónimo de Alguien, también debido a necesidad económica ella se había visto precisada a escribir por entregas novelas de temática amorosa y relacionadas con la mentalidad de la clase burguesa de la sociedad. 

Bertha von Suttner tenía cuarenta y seis años cuando ¡Abajo las armas! (1889) se publicó en alemán bajo el respaldo de la editorial Edgar Pierson de Dresde. La notoriedad y fama de la novela iría en aumento mundialmente, lo cual provocaría su reedición en numerosas ocasiones y su traducción a más de veinte idiomas. En español sería la editorial Heinrich de Barcelona la institución que se responsabilizaría en 1906 de su primera edición en nuestro idioma. 

¡Abajo las armas! (1889) está conformada por seis libros, cada uno identificado según los años de diferentes campañas bélicas (1859, 1864, 1866 y 1870/1871) y momentos intermedios de paz.  Su narración proviene de la voz en primera persona de la condesa Martha Althaus, la protagonista. Su historia de mujer de clase burguesa y acomodada que pierde a dos esposos debido a las guerras, cuyo pensamiento va transformándose hacia el antibelicismo al pasar los años por tener experiencias dolorosas y traumáticas, como síntesis argumental y emotiva le posibilitó a la autora exponer el pensamiento colectivo que sobre la guerra tenía la clase social a la cual pertenecía, a la vez visibilizar la vida y funciones propias de las mujeres dentro de dicha sociedad. Poner en entredicho como virtudes positivas el orgullo de ser soldado y el coraje combativo en nombre del nacionalismo o el patriotismo o nacionalismo fue una de las cuestiones logradas por la autora mediante su novela.  

El transcurso de los años hace que la novela se resienta de un tono romántico ya totalmente inusual en la literatura de estos días, propio de las novelas amorosas de gusto popular en la sociedad vigente en los años en que se escribió, pero este aspecto no resta valía ni protagonismo a las reflexiones expuestas por la autora a lo largo de la novela sobre las guerras, cuanto conllevan de nefasto para las naciones, para todas las personas implicadas, y en particular para las mujeres. Desde el inicio de la novela la protagonista Martha Althaus resalta que los conflictos bélicos en ese tiempo pasado no tenían la misma repercusión para hombres que para mujeres, que a estas últimas les correspondía quedarse en casa y apoyar las decisiones de los esposos, padres u otros hombres implicados activamente en la contienda. 

La narración de los acontecimientos de la novela se va conjugando con dichas reflexiones y otras diversas provenientes de la conciencia de la autora en busca de lectores(as) que se identifiquen con su manera de pensar y con la causa pacifista. No fue indiferente B. von Sutter a la importancia de la educación, específicamente del modo de enseñar la Historia, para la existencia de seres humanos pacíficos: “Es la Historia, sin duda esa que hemos aprendido en la juventud, la que infiltra la admiración por la guerra, la que inculca al niño, desde su edad temprana, la idea de que el Señor de los Ejércitos decreta las batallas y que éstas, por así decirlo, son el vehículo sobre el que rueda el destino de los pueblos a través de los tiempos. Le enseña que la guerra es el cumplimiento de una ley natural cuyos efectos se dejan sentir de tanto en tanto…Leemos con indiferencia, con tranquilidad verdaderamente inaudita, las escenas espantosas que acompañaron todas las guerras antiguas y modernas, desde las bíblicas, las macedónicas, las púnicas, pasando por la guerra de los Treinta Años, hasta las napoleónicas, imaginándonos las imágenes de todas las grandes batallas, pero dejándonos ver únicamente uno de sus lados: el lado hermoso, el lado alegre.”

La contrapartida del pensamiento de la protagonista de la novela se encuentra en el personaje de su padre, el general Althaus, representante ideológico del militarismo austriaco, defensor de la guerra con la justificación de un bien mayor para la nación y de un afán de poder: “Hija mía, la vida de un Imperio, la vida de un Estado, tiene destinos más altos, de duración comparablemente mayor que la de los individuos. Éstos desaparecen generación tras generación, pero el Estado no sólo subsiste, sino que debe crecer en poderío, en territorios, en gloria; si se detiene, si se interrumpe, si es vencido por otros imperios, entonces desaparece. Es preciso, pues, que todos y cada uno de los miembros que integran el Estado persigan como objetivo supremo la grandeza, la prosperidad, el poderío de su imperio”.

En el ámbito reflexivo también B. von Sutter aprovecha el dialogar de sus personajes para introducir como tema y debate algunos de los libros y textos que en su época causaron repercusión en el pensamiento científico, histórico, y religioso. Son referenciados The Origin of Species (Robert Darwin, Ch., 1859), La vida de Jesús (Friedrich Strauß, D., 1835/1836), e History of Civilization in England (Thomas Buckle, H., 1857/1861), los cuales muestran las preocupaciones e intereses intelectuales de la protagonista y su segundo esposo, el barón Tilling, sus pensamientos discrepantes con respecto al de muchas personas de su esfera social, sus enjuiciamientos a la fe ciega en lo preceptos de la religión católica y al entendimiento de la Historia como ciencia únicamente formada por la vida de reyes o jefes de estado, por hechos como la guerra o la firma de tratados económicos o religiosos.

Realidad y ficción se van entremezclando en la novela debido a esas referencias literarias, al empleo narrativo de personajes y hechos bélicos reales como complemento de la historia de vida de la protagonista y de su familia; además por causa de los fragmentos de escritos periodísticos y de cartas que insertó la autora dentro de la estructura de la novela. Por ello quienes realicen la lectura de ¡Abajo las armas! (1889) y tengan interés en investigar un poco más acerca de las referencias realizadas por la escritora, podrán conocer aspectos de figuras históricas como la reina asiria Semíramis, el emperador francés C. Luis Napoleón Bonaparte, acerca de batallas como la de Solferino, sobre periódicos como el Neue Frankfurter Zeitung y el Fremden-Blatt, sobre documentos como El Tratado de Ribe de 1460, el Protocolo de Londres del 8 de mayo de 1852 y el Protocolo de la Paz elaborado entre 1617 y 1638 por el duque de Sully Maximilien de Béthenu, entre otros tantos ejemplos.  La realidad también fue enfatizada dentro de la narración por el naturalismo que les impregnó la autora a las descripciones relacionadas con los dolores, mutilaciones y horrores físicos causados por las batallas y las guerras. 

B. von Suttner no sería premiada en 1901 en la primera edición de la entrega del premio Nobel de la Paz, como probablemente ella esperaba y merecía, sino en 1905. En la ceremonia de entrega del premio, el 18 de abril de 1906, dictaría ante el Comité Nobel Noruego la conferencia 

La evolución del movimiento pacifista. No mucho tiempo después, en 1914, su afamada novela fue adaptada al cine con el título Ned med vaabnene por los cineastas daneses Holger Madsen y Carl Theodor Dreyer, y la incansable pacifista fallecería…poco antes de que el asesinato en Sarajevo del archiduque Francisco Fernando de Austria y su esposa Sofía Chotek, funcionara como detonante para el inicio de la I Guerra Mundial entre las grandes potencias militares e industriales de la época.  La proyección del filme Ned med vaabnene se prohibió por su sentido pacifista en Austria y Alemania hasta el final de la guerra.

Por la continuación de los conflictos bélicos en el mundo hasta la contemporaneidad pueden parecer mínimas, pocas, insignificantes, o utópicas, las acciones que las personas no implicadas activamente en la política o en lo militar podemos hacer en favor de la paz mundial. No obstante, tal como expresé inicialmente, el interés individual que muestre cada ser humano en su educación pacifista y la de sus hijos o hijas, es fundamental para la paz. Una buena actitud a la que incita la lectura de ¡Abajo las armas!  para poner en práctica desde la individualidad (1889) es cuestionarnos: ¿por qué asumir sin impactarnos que se creen diversos juguetes y juegos relacionados con la guerra y entregarlos a los infantes para el disfrute de ellos? ¿por qué aceptar sin contradicciones que exista en numerosas naciones el servicio militar obligatorio y que hombres y mujeres muy jóvenes se vean precisados a asistir tengan o no aptitud para ello? Problemáticas y justificaciones por supuesto surgen ante esas preguntas, de no ser así ya en este siglo XXI que vivimos se hubiera logrado la paz y el desarme de muchos países; pero mientras más personas aboguemos por la conciencia y la educación pacifista más posibilidad habrá de lograr ese bien para la humanidad. Ese es el motivo por el cual sin importar el paso del tiempo es necesario acudir a Bertha von Suttner y a su principal novela; por el cual hay que cuestionar que la entrega del Premio Nobel de la Paz recaiga en alguien con un pensamiento y una trayectoria tan auténticamente dedicada a la paz como la que tuvo ella. 


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