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Entrevistas

Entrevista a Víctor Ángel Fernández (Primera parte)

Alejandro Zamora Montes

Víctor Ángel Fernández es el intelectual cubano que elaboró la novela Caballo de Troya, considerado el primer libro electrónico en nuestro país. Librínsula accedió a las oficinas de Cubaliteraria para conocer una microhistoria fascinante, de las tantas que pululan en este archipiélago. A través de las palabras de Víctor, uno va comprendiendo que la ontología de nuestro proyecto social es sumamente compleja al tiempo que rica en dimensiones culturales, teniendo como trasfondo esencias relacionadas con procesos de resistencia, retrocesos, utopías y genialidades.  

Víctor, muchas gracias por su tiempo. ¿Cómo y cuándo es que usted comienza a interesarse por el universo de las nuevas tecnologías? ¿Proviene del ADN familiar?

No, soy el primero de esta historia en la familia. El problema es que yo me gradúo de técnico de nivel medio en una especialidad –como parte del técnico de Geofísica para petróleo– que se llamaba cartulista sísmico. O sea, todo el tema relacionado con todos los cálculos para investigaciones del petróleo, aunque también se puede usar para minerales. Esto me lleva al cálculo analógico. Tengo en mi casa una regla de cálculo que me fue entregada cuando me gradué. Tengo un libro de las tablas matemáticas donde tú tenías (del uno al mil) la raíz cuadrada y raíz cúbica de no sé cuántos números. Del Centro de Investigación del Petróleo que está ubicado en Vía Blanca, la mayor parte fueron compañeros míos, incluso algunos de los jefes fueron mis compañeros de estudio. Eso fue la parte analógica, completamente. ¡No había más remedio! A tal punto que éramos quince cubanos en la oficina y treinta y pico de soviéticos. Y algunas de esas cosas se verificaban y calculaban con ábacos. En esa parte europea el uso del ábaco daba una serie de posibilidades tremendas. ¿Y qué había en nuestro país en aquellos momentos? Máquinas eléctricas, algunas máquinas de saldo directo y esas cosas, pero las más comunes eras las eléctricas: dientes, cables y algunas poleas. Se acabó la historia. De pronto, en 1970, llega al Ministerio de Minería una Commodore Al1000. Es una computadora de mesa, si es que se puede llamar así, pero con varias condiciones. Era digital, primero que todo, tenía cuatro memorias digitales y permitía el control sobre 16 operaciones que podías hacer en un ciclo. La empezamos a utilizar primero para sacar la raíz cuadrada, ya que en las fórmulas para hacer las investigaciones del petróleo se usaba mucho. A diez de últimas no era más que velocidad igual a espacio sobre tiempo, pero cuando tú vas a la formula real y profunda de velocidad, hay que poner aceleración, raíz cuadrada de no se cuánto, etc. Hay dos ingenieros geofísicos cubanos (uno ya fallecido), que se metieron profundamente en eso. Estoy hablando de Ariel López y Héctor Díaz. Todo esto que te cuento es cuando yo aún era técnico, pues me gradué de la universidad en 1978. Ese año, 1969, se graduaron cuatro ingenieros pertenecientes a la segunda graduación de ingenieros geofísicos de Cuba. También estaba Suyí, Paquito, y otro más que no recuerdo su nombre. Ariel específicamente era especialista en Sísmica, y Héctor Díaz, que se gradúo summa cum laude en Ucrania, era especializado en gravimetría. Dos tipos "fuera de liga", estelares. Hay tres formas de hacer ingeniería geofísica para investigaciones. 1. Sísmica, que consiste en medir una explosión, medir el movimiento de la tierra, algo que vemos a cada rato cuando en Santiago de Cuba se mueve la tierra. 2. Gravimetría. O sea, a partir  de medidas gravimétricas en la tierra, y 3. Magnetometría, a partir de medidas determinadas. Eso te permite al final hacer un perfil como si cortaras la tierra igual que una naranja. Y a partir de una serie de formaciones puedes calcular si existen condiciones o no para que haya petróleo. Eso es Geofísica en un minuto y medio. Tanto Ariel como Héctor se dedicaron a programar para esto, y tuvieron la genialidad de que con 16 operaciones no les alcanzaba. ¿Entonces, que hacían? La operación 16 daba un resultado que cuando tú lo volvías a cargar te daba para otras 16 operaciones, y al final lograron 64 operaciones porque el último daba un dato. Ese dato se pasaba y rompía de nuevo, cargando sobre la memoria. Un día me llamaron y me mandaron para un curso de programador –ya a partir de esa preparación en lo que era el Centro de Investigaciones Digitales–, matriculé en la universidad la licenciatura en matemática. Soy una persona que me gusta la matemática aplicada, me gusta mucho más el cálculo que el análisis, y en aquel momento del curso 72-73, aunque la carrera se llamaba Licenciatura en Ciencias de Computación era demasiado matemática pura, en mi opinión. Puede que alguna gente especialista difiera, pero te repito, es sólo mi opinión. Aprobé la asignatura de programación y dejé la carrera. Esa es la historia. Entonces pasé a ocupar la plaza de programador, que tenía la gran ventaja que significaba 29 pesos más de salario, cuando en ese momento era dinero. Yo ganaba 163 pesos y pasé a ganar 192. Entonces matriculé en la universidad, llegué a la bibliotecología y lo que me movió fundamentalmente fue el tratar de automatizar algunos procesos dentro de la bibliotecología y usar algunas computadoras. Y así fui pasando, hasta que llegó un momento determinado que yo decía que había programado para casi todos los tipos de computadoras que había en Cuba. Porque para la Elliot 803 de la universidad (yo no trabajé para ella) me tocó coger programas que se habían hecho para la misma en Algol, y yo tenía que pasarlos a Fortran 4 y 10H. Para la CID en todas las variantes, para la IRIS10, la IRIS50. Todas las versiones del Came desde la 1020 hasta la 1055 en los años 80. Fue la última para la cual programé: P1, Algol, Cobol, todos los DBase posibles, etc. 

Según aparece en el libro Redes, comunicaciones y el laboratorio de informática, de los autores José A. Yáñez Menéndez y Alberto García Fumero, en los años setenta comenzó el diseño y construcción de la minicomputadora cubana CID-201 en conjunto con los países del CAME (Consejo de Ayuda Mutua Económica), considerada por no poca bibliografía especializada como la primera computadora cubana. ¿Es correcta esta afirmación?  

Sí, el problema es que ahí hay que ponerle el apellido. La CID-201 es la primera computadora digital cubana. ¿Porqué razón? Porque hubo una anterior a esa, la llamada SILNA 999 que era una computadora analógica, no digital, que se desarrolló en la Universidad Central de Las Villas. Hay un artículo en el periódico Vanguardia muy bueno, el cual cito mucho, titulado: SILNA 999, la computadora olvidada. http://www.vanguardia.cu/images/vanguardia_digital/documentos/edicion-impresa/2014/vanguardia/07-12/pag5.pdf

Por eso, cuando se habla de Cuba es muy importante ponerle apellido. La CID es la primera computadora digital, y la SILNA es la primera computadora analógica. Esta segunda era completamente producida en nuestro país, de la cual la gente de la Universidad Central de Las Villas se siente muy orgullosa. Llegó a hacer muy pocas cosas. Según cuenta uno de los profesores, en algún momento determinado ellos se movieron para no sé que, y llegó alguien y la desarmó. Esas cosas de nosotros los cubanos. Eso es lo que hace rica la historia cubana. Lo más importante de todos esos proyectos es la cantidad de conocimientos que te va dejando, los cuales permiten un salto. En el año 1998 hay una investigadora inglesa que conozco por Internet. Ella estaba haciendo una investigación. Mi nombre existía ya, porque en aquel entonces era el jefe de informática y además webmaster del periódico Trabajadores. Ella me escribe porque su proyecto consistía en utilizar el acceso a Internet para la alfabetización básica –no para la alfabetización electrónica–, sino para la alfabetización de las personas en el mundo. Y yo le digo: mira, tienes 37 años de atraso, porque en Cuba la alfabetización se hizo en el año 1961. O sea, la Internet en Cuba va a servir para millones de cosas, pero no para alfabetizar a nadie. Eso ya pasó, esa es una historia vieja. Y ella dijo: ¿Cómo? Bueno, terminó viniendo a La Habana, la llevé incluso al Museo de la Alfabetización y terminamos escribiendo un capítulo del libro entre los dos sobre este tema, ya que lo anterior forma parte del desconocimiento que no pocas veces existe sobre nuestro país. En realidad, la pregunta había surgido en esta investigadora ante el hecho de cómo Cuba había logrado avanzar tan rápido estando bloqueada, etc. Allí intercambiamos porque había toda una historia. O sea, para ubicarnos mejor… los dos compañeros que crearon la CID tuvieron que buscar una cantidad de información no solamente para programar, sino también para construir. En software y hardware quiero decir, con todos esos elementos. Las personas que inventaron la SILNA en Las Villas, la misma historia. Todos los que estaban en otras variantes haciendo cosas íbamos –soy tan viejo que formo parte de esa historia– acumulando conocimientos, información, para lograr este desarrollo. En los años 70 entraron las CID. ¡Ya estábamos preparados! En 1976 los soviéticos dejaron una 1020, que era la máquina aquella que traían para la exposición que hubo en los jardines del capitolio. Dicha máquina había recorrido todos los países y decidieron dejarla al final en nuestro país. Y todo esto, como siempre se dice: si tú tienes una naranja y yo tengo una naranja, intercambiamos y al final seguimos con una. Si tú tienes una idea y yo tengo una idea, ya tenemos ambos dos ideas. Nosotros tenemos la semilla, si de pronto aparece el campo fértil, pues ya llegamos. 

Según el volumen literario citado anteriormente, nuestro país se conectó plenamente a la red Internet el 6 de octubre de 1996. ¿Existieron antecedentes de intentos de conexión a redes antes de los años noventa? 

Sí. En el año 1983, específicamente el 19 de abril de 1983, que se conmemora el 20 aniversario del IDICT, en aquel momento, Instituto de Documentación e Información Científico-Técnica, y hoy Instituto de Documentación e Información Científica y Tecnológica, se crea una conexión vía satélite desde La Habana hasta Moscú. Y de Moscú a los países socialistas, y de ahí se salía incluso a países como Japón, Estados Unidos, Austria, entre otros. Se entraba a diferentes bancos de datos existentes en estos territorios. Algunos eran libres, otros eran pagos pero no estaban bien cubiertos, y entonces los cubanos entrábamos y buscábamos información. El proceso era conocido como tele-acceso: desde el Vedado (donde está el Instituto de Matemática, frente a la Embajada China) hasta la planta telefónica ubicada en Águila. De ahí a la planta de Jaruco, de Jaruco al satélite, del satélite al Instituto de Intercambio Automatizado de Información en la Unión Soviética. Con una característica: todo esto había que hacerlo entre las doce de la noche y las ocho de la mañana, porque son ocho horas de diferencia con respecto a Europa. De hecho, algunas personas plantean que dado los protocolos que se utilizaban y el intercambio de datos, era este una suerte de acceso a lo que existía como Internet en aquellos momentos en el mundo. Esta es una discusión complicadísima.